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Para ser Buen Ciudadano
Ciudadana y ciudadano de esta patria americana en donde el "me-da-la-gana" es lema republicano.
Hoy vengo como escribano a denunciar convencido al miserable, al bandido, al desleal y al canalla.
Dispuesto a dar la batalla, yo soy El Entrometido.
Pero primero charlemos sobre nuestros propios males y en sinceros tribunales nuestros delitos juzguemos.
Sé que vendrán los blasfemos a denostar mi intención, pero confío en la acción de las personas de bien que dan y ejercen también el derecho de opinión.
Para sacar adelante esta América Morena hay que romper la cadena de autocompasión sedante.
Ya se ha culpado bastante al mundo de nuestra suerte, que el gringo, que Dios, que el fuerte, que la Colonia, que el clima, que la bota que está encima, que los dedos de la muerte.
Cierto que hay en nuestra historia jornadas negras y duras, épocas tristes y oscuras, pestes, miasmas y escoria.
Pero hay momentos de gloria, de grandeza solidaria, cuando la gente ordinaria —como ustedes, como yo— se detuvo y dijo "no" a la maldad mercenaria.
Porque la historia no eso que estudiamos en la escuela, es la infinita candela que alumbra nuestro progreso.
Si el bien lo llevamos preso en cárceles de egoísmo, si alzamos el conformismo afiebrados y suicidas, haremos de nuestras vidas un camino hacia el abismo.
Así que vamos andando evitando hacer las cosas que en otros son horrorosas y en nosotros contrabando.
Vamos en el mismo bando defendiendo los derechos de todos, que los pertrechos sean justicia y verdad.
La responsabilidad tiene márgenes estrechos.
Empecemos por lo breve, por las cosas más sencillas; alcen, no arrastren las sillas, y séquense cuando llueve.
Cada falta, por más leve, que tenga su consecuencia, poco a poco la experiencia de nuestros viejos errores hará germinar las flores serenas de la decencia.
Respetemos la luz roja y detengamos el carro; apaguemos el cigarro en el bar que nos aloja.
Tributemos sin congoja, paguemos nuestros impuestos y si adquirimos repuestos que las "piezas importadas" no sean partes robadas por pájaros deshonestos.
Donde dice "no estacione", caracho, no estacionemos, respetemos los extremos que el reglamento dispone.
Se presume y se supone que somos civilizados, evitemos altercados y peleas callejeras.
Para no tener ojeras no vivamos trasnochados.
No es gracia comprar "pirata" porque la piratería es delito, felonía, que rompe, destruye y mata.
"Porque sale más barata" no es razón, es desatino; si abrimos ese camino será mejor el más lobo, siendo así, pues entro y robo la casa de mi vecino.
Y eso de "me traigo cosas" que no pagan arancel —disculpen que sea cruel—, es delito, primorosas.
¡Cuántas decentes esposas se reparten estas listas de productos que "turistas" trajeron "para vender"!
Esas, mañana o ayer, se llaman contrabandistas.
No compremos sin factura, ni busquemos cada día sobornar a un policía con cínica caradura.
No arrojemos la basura a la calle, por favor, procedamos con honor, con dignidad y honradez, cortemos la pequeñez que germina alrededor.
No arreglemos "por lo bajo", no robemos nuestra empresa, no hagamos "bajo la mesa" chanchullos con desparpajo.
Honremos nuestro trabajo, que la familia nos vea como dueños de una idea de vida noble y honrada.
No estudiemos "de pasada" ni copiemos la tarea.
El licor es divertido, no es divertido un borracho que habla cada mamarracho y apesta a burro podrido.
Tomemos, pero medido, con calma, con sensatez, que no llegue la embriaguez a turbar la inteligencia, que una absurda competencia no acabe en estupidez.
En las palabras pongamos el color de la verdad, demos con sinceridad golpes, abrazos y ramos.
Si sabemos dónde vamos, ¡caray!, seamos puntuales, y procuremos modales a nuestra bestialidad porque la mediocridad es el mayor de los males.
Obedezcamos al padre, respetemos a los hijos, no juguemos acertijos con el amor de la madre.
Cuando la violencia ladre desleal en los oídos, escapemos de los ruidos que turban nuestra vigilia; siempre espera la familia a los hijos bien nacidos.
Actuemos como mujeres y varones de verdad, con paz, con sinceridad, cumpliendo nuestros deberes.
Obreros y bachilleres, jornaleros y doctores, ciudadanos y electores, recordémonos que somos responsables de los tomos que guardan nuestro errores.
Es tiempo de madurar como nación y cultura, de ponernos a la altura de nuestra historia y lugar.
Busquemos el bienestar, la salud de nuestros hijos, seamos limpios, prolijos, íntegros y solidarios, no seamos arbitrarios, ni apañemos revoltijos.
Si asumimos los derechos y los deberes de ser, echaremos al ayer nuestras faltas y deshechos.
Viviremos satisfechos, hermano junto al hermano, grande, pequeño y mediano, una familia completa.
Esa es mi simple receta para ser buen ciudadano.
Y nada más, solamente fueron sencillos consejos —¿si aconsejan los conejos por qué no este penitente?—.
Cada cual sea consciente de la vida que ha vivido, elija ser un bandido o elija ser responsable.
¡Honor para el honorable!
¡Salud!
El Entrometido.
México D.F., 10 de junio del 2007 |
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