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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

 
 

10 mandamientos sobre

cómo cambiar el Perú?(*)

 

La llave para la solución de los problemas actuales en el Perú es más simple de lo que aparenta. Las soluciones siempre están a nuestro alcance y sólo depende de nosotros poder mejorar e impulsar el desarrollo de un país, al que nuestros hijos se sentirán orgullosos de pertenecer.

 

No necesitamos grandes politicólogos ni fórmulas secretas, tampoco de líderes egresados de universidades extranjeras de renombre, cuyos únicos fines son lucrar con nuestros intereses. Tampoco necesitamos tener como "aliados estratégicos" a países con dinero o de "outsiders" que se definen los días anteriores a las elecciones, menos aun necesitamos de expresidentes "arrepentidos" y que han "aprendido" de sus errores (gallina que come huevo, aunque le quemen el pico, así tenga un discurso fantástico y embriagante).

La solución es simple:

 

¡ SÓLO NOSOTROS PODEMOS CAMBIAR AL PERÚ!

 

¡NADIE MÁS LO PODRÁ HACER!

 

 

Los 10 mandamientos:

 

1. ¿Encuentra Ud. absurda la corrupción que hay en la policía?


Solución: ¡Nunca soborne, ni acepte sobornos!

 

2. ¿Considera Ud. absurdo el robo?
 

Solución: ¡Exija la factura en todas sus compras!

 

3. ¿Cree Ud. que es un absurdo el desorden causado por los vendedores ambulantes?
 

Solución: ¡Nunca les compre nada! La mayor parte de sus mercaderías son productos robados, falsificados o de contrabando.

 

4. ¿Le parece a Ud. absurdo el poder de los narcotraficantes y de los comercializadores de drogas?
 

Solución ¡No compre ni consuma drogas!

 

5. ¿Es para Ud. un absurdo el enriquecimiento ilícito?  

 

Solución: No lo admire... ¡denúncielo!

 

6. ¿Piensa Ud. que es absurda la cantidad de mendigos que se encuentran en los semáforos, las calles o en cada esquina?
 

Solución: ¡Nunca les de NADA! Dirija su ayuda solidaria directamente a los centros de su confianza.

 

7. ¿Encuentra Ud. absurdo que la ciudad siempre esté sucia y maloliente?
Solución: Simple ¡Solamente tire papelitos y basura, EN LA BASURA!

 

8. ¿Considera Ud. un absurdo que haya revendedores de entradas para espectáculos artísticos o partidos de fútbol?
 

Solución: No les compre, aunque eso signifique perderse el evento o el partido.

 

9. ¿Es para Ud. absurdo la congestión del tránsito vehicular en su ciudad?
 

Solución: Nunca cierre los cruces, estacione en los lugares habilitados y respete las reglas de tránsito.

 

10. ¿Está Ud. indignado con el desempeño de sus representantes en la política?


Solución: Nunca más vote por ellos y haga correr la voz entre sus amigos acerca de su desaliento y los nombres de quienes le decepcionan. Estamos pasando por una fase de falta de civismo y patriotismo.

 

Necesitamos cambiar nuestro comportamiento para que podamos vivir en un país, donde tengamos el orgullo de decir: ¡YO SOY PERUANO!

Al permanecer indolente, Ud. no contribuye con nada; por lo tanto, ¡no puede reclamar!

 

Practique los puntos con los cuales Ud. está de acuerdo e intente practicar también aquellos con los cuales no lo está.

 

Y, sobretodo, divulgue este mensaje, pues así estará contribuyendo para un Perú mejor.

 

¡Necesitamos mejorar!

 

 

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(*) Este mensaje llegó a nuestro correo electrónico, sin nombre del autor.

Lo insertamos por considerarlo apropiado a nuestra realidad.

     
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Para ser Buen Ciudadano

© José Luis Mejía

 

 

Ciudadana y ciudadano

de esta patria americana

en donde el "me-da-la-gana"

es lema republicano.

 

Hoy vengo como escribano

a denunciar convencido

al miserable, al bandido,

al desleal y al canalla.

 

Dispuesto a dar la batalla,

yo soy El Entrometido.

 

Pero primero charlemos

sobre nuestros propios males

y en sinceros tribunales

nuestros delitos juzguemos.

 

Sé que vendrán los blasfemos

a denostar mi intención,

pero confío en la acción

de las personas de bien

que dan y ejercen también

el derecho de opinión.

 

Para sacar adelante

esta América Morena

hay que romper la cadena

de autocompasión sedante.

 

Ya se ha culpado bastante

al mundo de nuestra suerte,

que el gringo, que Dios, que el fuerte,

que la Colonia, que el clima,

que la bota que está encima,

que los dedos de la muerte.

 

Cierto que hay en nuestra historia

jornadas negras y duras,

épocas tristes y oscuras,

pestes, miasmas y escoria.

 

Pero hay momentos de gloria,

de grandeza solidaria,

cuando la gente ordinaria

—como ustedes, como yo—

se detuvo y dijo "no"

a la maldad mercenaria.

 

Porque la historia no eso

que estudiamos en la escuela,

es la infinita candela

que alumbra nuestro progreso.

 

Si el bien lo llevamos preso

en cárceles de egoísmo,

si alzamos el conformismo

afiebrados y suicidas,

haremos de nuestras vidas

un camino hacia el abismo.

 

Así que vamos andando

evitando hacer las cosas

que en otros son horrorosas

y en nosotros contrabando.

 

Vamos en el mismo bando

defendiendo los derechos

de todos, que los pertrechos

sean justicia y verdad.

 

La responsabilidad

tiene márgenes estrechos.

 

Empecemos por lo breve,

por las cosas más sencillas;

alcen, no arrastren las sillas,

y séquense cuando llueve.

 

Cada falta, por más leve,

que tenga su consecuencia,

poco a poco la experiencia

de nuestros viejos errores

hará germinar las flores

serenas de la decencia.

 

Respetemos la luz roja

y detengamos el carro;

apaguemos el cigarro

en el bar que nos aloja.

 

Tributemos sin congoja,

paguemos nuestros impuestos

y si adquirimos repuestos

que las "piezas importadas"

no sean partes robadas

por pájaros deshonestos.

 

Donde dice "no estacione",

caracho, no estacionemos,

respetemos los extremos

que el reglamento dispone.

 

Se presume y se supone

que somos civilizados,

evitemos altercados

y peleas callejeras.

 

Para no tener ojeras

no vivamos trasnochados.

 

No es gracia comprar "pirata"

porque la piratería

es delito, felonía,

que rompe, destruye y mata.

 

"Porque sale más barata"

no es razón, es desatino;

si abrimos ese camino

será mejor el más lobo,

siendo así, pues entro y robo

la casa de mi vecino.

 

Y eso de "me traigo cosas"

que no pagan arancel

—disculpen que sea cruel—,

es delito, primorosas.

 

¡Cuántas decentes esposas

se reparten estas listas

de productos que "turistas"

trajeron "para vender"!

 

Esas, mañana o ayer,

se llaman contrabandistas.

 

No compremos sin factura,

ni busquemos cada día

sobornar a un policía

con cínica caradura.

 

No arrojemos la basura

a la calle, por favor,

procedamos con honor,

con dignidad y honradez,

cortemos la pequeñez

que germina alrededor.

 

No arreglemos "por lo bajo",

no robemos nuestra empresa,

no hagamos "bajo la mesa"

chanchullos con desparpajo.

 

Honremos nuestro trabajo,

que la familia nos vea

como dueños de una idea

de vida noble y honrada.

 

No estudiemos "de pasada"

ni copiemos la tarea.

 

El licor es divertido,

no es divertido un borracho

que habla cada mamarracho

y apesta a burro podrido.

 

Tomemos, pero medido,

con calma, con sensatez,

que no llegue la embriaguez

a turbar la inteligencia,

que una absurda competencia

no acabe en estupidez.

 

En las palabras pongamos

el color de la verdad,

demos con sinceridad

golpes, abrazos y ramos.

 

Si sabemos dónde vamos,

¡caray!, seamos puntuales,

y procuremos modales

a nuestra bestialidad

porque la mediocridad

es el mayor de los males.

 

Obedezcamos al padre,

respetemos a los hijos,

no juguemos acertijos

con el amor de la madre.

 

Cuando la violencia ladre

desleal en los oídos,

escapemos de los ruidos

que turban nuestra vigilia;

siempre espera la familia

a los hijos bien nacidos.

 

Actuemos como mujeres

y varones de verdad,

con paz, con sinceridad,

cumpliendo nuestros deberes.

 

Obreros y bachilleres,

jornaleros y doctores,

ciudadanos y electores,

recordémonos que somos

responsables de los tomos

que guardan nuestro errores.

 

Es tiempo de madurar

como nación y cultura,

de ponernos a la altura

de nuestra historia y lugar.

 

Busquemos el bienestar,

la salud de nuestros hijos,

seamos limpios, prolijos,

íntegros y solidarios,

no seamos arbitrarios,

ni apañemos revoltijos.

 

Si asumimos los derechos

y los deberes de ser,

echaremos al ayer

nuestras faltas y deshechos.

 

Viviremos satisfechos,

hermano junto al hermano,

grande, pequeño y mediano,

una familia completa.

 

Esa es mi simple receta

para ser buen ciudadano.

 

Y nada más, solamente

fueron sencillos consejos

—¿si aconsejan los conejos

por qué no este penitente?—.

 

Cada cual sea consciente

de la vida que ha vivido,

elija ser un bandido

o elija ser responsable.

 

¡Honor para el honorable!

 

¡Salud!

 

El Entrometido.

 

México D.F., 10 de junio del 2007

     
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