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Nuevamente
llega el día de los festejos por el "Descubrimiento de América", al que la
historia parece haber cambiado por el otro concepto del "Encuentro entre
dos Culturas" o "Día de la Hispanidad"; empero, para una gran mayoría,
sigue siendo la apropiación ilícita de un continente y el desmedro
inhumano de una raza, que había alcanzado un lugar muy especial en
una etapa de la historia. Sus vestigios se siguen descubriendo e
igualmente asombrando a la humanidad.
Los
historiadores nos han demostrado que antes de Colón, otros intrépidos navegantes
ya habían llegado a tierras americanas; pero éste romántico amante de la
vida marina y soñador frenético de los insondables designios del destino,
cambió la historia de la humanidad, no aquel 12 de octubre de 1492; cuando Rodrigo
de Triana, divisara tierra y lo proclamara a todo pulmón; sino
mucho antes, cuando lleno de fe y convicción en su sueños, inicaba sus
tratos con los reyes de España Isabel la Católica y Fernando de Aragón,
para la realización de su travesía.
"La Niña", "La
Pinta" y "La Santa María", tres pequeñas caravelas, si se les compara con
las embarcaciones modernas; fueron por muchos meses, el hogar de los
circunstanciales acompañantes de Colón en su camino a la gloria; la
mayoría simplemente huidos de la justicia.
A partir de
entonces nuestra cultura, inició su camino a través de una simbiosis, un
sincretismo producto de la fusión de esas dos culturas; luego del doloroso
encuentro entre los falsos "Wiracochas" y sus místicos adoradores.
José Martí, el
gran poeta cubano dijo en su libro “El Indio de Nuestra América”:
“El indio
americano hoy es forajido, renegado y hasta ratero, pero cuando llegó la
conquista, ellos eran, reyes, gobernantes, poetas y guerreros; ellos
conocían la lengua de las estrellas...”.
Esta afirmación,
muestra la estatura étnica y civilizada a la que habían llegado nuestros
antepasados en América en 1492. La arquitectura, la astronomía y otras
ramas del arte y de la ciencia, no fueron esquivas al entendimiento y
capacidad de los Incas. De tal forma, no se puede afirmar tajantemente que
los españoles trajeron civilización alguna.
Sin embargo, no podemos negar que somos descendientes de aquella denigrante
esclavitud, que por cierto no mermó nuestro espíritu de lucha; ya que fue
renovada
por los precursores, los próceres y patriotas nuestros, quienes en los
campos de batalla a la que la historia los hizo presentarse, limpiaron el
honor de una civilización que fue atropellada y vejada.
Sí, somos
descendientes, de aquellos "conquistadores"; que alguna
vez estuvieron en posesión de gran parte de los Estados Unidos, país al
cual hemos emigrado en busca de mejores oportunidades. Parecería que
imbuidos de esas ansias de aventura y conquista, soñamos como Colón, ya no
que la Tierra es redonda, sino que también podemos encontrar nuestro
dorado, pero esta vez con sacrificio y esfuerzo, sin denigrar a nadie.
Mucho antes de
la llegada de los "Peregrinos", la presencia hispana era notoria en América
del Norte. Louisiana, que en aquel entonces comprendía 13 de los actuales
estados de EE.UU., perteneció por casi 4 décadas a España. La perdió con
Napoleón Bonaparte y Francia la vendió a EE.UU.en 1803.
La Florida fue
fundada en 1513, por el acaudalado español Ponce de León, quien fuera
gobernador de la Isla de San Juan, hoy Puerto Rico. Le puso ese nombre
pues la descubrió en Pascua Florida y por más de 300 años perteneció a la
corona española. En 1819 fue anexada a los EE.UU.
El Marqués de
San Miguel de Aguayo fundó las misiones de San Antonio de Valero y el
Fuerte de San Antonio de Bexaer (El Alamo), en Texas, estado que fue
anexado en 1845 a los EE.UU. y al final de la guerra de México, anexó además casi la
tercera parte del país hispano.
El Gran cañón
del Colorado, fue descubierto por el español Francisco Vásquez de Coronado
en 1540. Los estados de Oregon, Washington, Columbia Británica e inclusive
Alaska, fueron explorados por los españoles Francisco de la Bodega, Juan
Pérez y Bruno Haceta. En San Francisco, Juan Bautista de Anza, también
español, fundó la misión-presidio de San Francisco de Asís. En 1898,
cuando España perdió Cuba, Puerto Rico y Filipinas, en su Batalla contra
EE.UU., anexó otra cantidad de hispanos a su nación.
EE.UU. se libró
del coloniaje inglés luego de muchas batallas, pero una de las más
importantes fue la de Yorktown, que fue financiada con dinero y joyas
donadas en gran parte por hispanos. Allí pelearon soldados latinos
comandados por el español Bernardo de Gálvez, quien luego fuera nombrado
gobernador de Louisiana. Estos derrotaron a los ingleses en el Golfo de
México y a lo largo del Mississippi, Mobile, Alabama y Pensacola.
Los hispanos
somos el grupo étnico inmigrante más condecorado, desde las batallas
contra el coloniaje inglés hasta la guerra del Golfo Pérsico e inclusive
la guerra en Afganistán; entre ellos muchos peruanos.
El
hispanoamericano, también ha sabido desempeñarse en muchos otros campos
aparte del bélico. Hay científicos, legisladores, empresarios,
industriales, artistas, astronautas; etc.; imbuidos de una gran meta: "conquistar",
la llamada tierra de las oportunidades.
Nosotros, "los
conquistadores" de la era moderna, debemos tomar conciencia de lo que esta
celebración significa. Somos un grupo étnico en constante desarrollo y
ascenso, que hemos dejado tierra, familia y
amigos en la "conquista" de aquellos ideales a los que nos lleva nuestro
esfuerzo y tesón. Hemos llegado a otras tierras, a bordo de otras "caravelas",
otras "Niñas", otras "Pintas" y otras "Santa Marías"; con igual intensidad
por conocer el más allá; ...el "abismo", al borde de los amplios mares.
Posiblemente con el mismo espíritu que Colón, sin desmerecer su hazaña;
igual queremos tener nuestra propia gloria. Festejemos ésta, aun cuando la otra, nos deje un sabor
amargo en el recuerdo. (LARS) |