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Y con mayor satisfacción, -un poco ególatras- nos regocijamos cuando es un compatriota el que surca los senderos aun en trocha, "...haciendo camino al andar", como dijo el poeta.
"...una ventana de reflexión e inmersión directa a las historias que almacena la diáspora latinoamericana de Europa, que nace a consecuencia de mi tardío descubrimiento como heredero de una cultura vasta e interminable".
Decidimos conversar con él electrónicamente y preguntarle un poco sobre sus inquietudes.
He aquí lo que nos dijo:
Prieto por culpa de un antepasado Leonés que huyó no sabemos de qué, para pelear por España en la independencia de Cuba y que acabó apoderándose de una gran parte de las montañas de Tarma - Perú, en un pueblito llamado Palca, en el cual se erige la primera plaza de toros del Perú, y quizás una de las primeras del nuevo mundo.
¿Viviste siempre en la Sierra del Perú?
Nací en la sierra, crecí en la selva y fui al cole en Lima, en un colegio tristemente célebre, el "Leoncio Prado", de donde fui expulsado por decir que el ejército peruano era especialista en derrotas. Salí del país por el susto protector de mis padres que a pesar de ser apristas, intuían un futuro incierto para un país dirigido por el ego.
Un día de invierno, junto a mi ex-esposa, compramos un coche de segunda en Washington y decidimos recorrer América al revés, contra la corriente de miles de compañeros latino-americanos que subían, porque nosotros íbamos al sur. De donde ellos prácticamente huían.
Luego trabajé en un banco Suizo: trajes impecables y cierto asco a la improvisación. Reaccioné, estudié cine y aprendí que el cine se estudia muy rápido y se hace muy lenta, metódicamente. Y viví en Egipto donde jugaba fútbol a las 4 a.m. en un barrio popular de El Cairo que olía a jachís. Ahí aprendí que todos somos iguales. Y viví en Río, donde me conocían hasta los "camelos" como el imparable comedor de "feijao". Ahí aprendí que todos somos igual de frágiles.
Y viví en Valencia donde nació Areia, la luz de mis ojos, donde aprendí otra vez, que estamos desordenados. Ahí aprendí a ser hombre. Luego, antes y después comí un ceviche de atún de lata en Haifa. Hice anticuchos de corazón de pollo en una pensión pulgosa de Buenos Aires. Robé papel higiénico de los súper hoteles de La Habana. Vendí arroz en bolsita en Matanzas. Jugué fútbol en una lancha que surcaba el lago Titicaca. Le quite la silla a Rigoberta Menchú en una ceremonia con Shamán. Invité sin éxito pero con carcajadas a Luís Berlanga a una orgía de mentiras, y le dije a un diputado francés de izquierda, que hablaba como un diputado francés de derechas.
Y ahora estoy empujando el proyecto de magazín televisivo que intenta re-contar la historia de la diáspora, un carrito difícil pero alegre, en el París del poeta padre César Vallejo, contra todo y con muy pocos de nuestro lado…
¿Y por qué en París precisamente?
Porque aquí, en la ciudad sin sonrisas me he dado cuenta que nosotros los latinos, somos especialmente iguales en el desorden pero diferentes en las dificultades de querer aceptar nuestra esencia.
Gracias Rubén. Te deseamos éxitos en esta brillante empresa. (LARS).
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