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En el presente trabajo, utilizando escritos de viajeros que estuvieron en el Perú la primera mitad del siglo XIX, escritos que no han sido tomados como fuente en ninguna investigación a pesar de que algunos historiadores como Basadre y Núñez llamaron la atención sobre la importancia de sus relatos, se va a documentar la llegada y difusión del vals en el Perú en la primera mitad del siglo XIX, llegada que se produjo no sólo a Lima o Arequipa, como se creía, sino que ya en esa época el vals era bailado en casi todo el Perú. Esperamos que esto ayude a entender mejor las dinámicas de construcción de identidades y los cambios en la utilización del vals como elemento distintivo y diferenciador de los grupos sociales a las que este género ha estado sujeto desde ese entonces.
En la historiografía de la música peruana existen numerosos vacíos de investigación. Uno de esos vacíos está relacionado a un género musical que siendo creado en el extranjero se peruanizó conservando su nombre: El vals. Esta transformación fue producto de un largo proceso que no ha sido debidamente documentado. En los primeros estudios sobre el vals, en la década del 70, se acuñó la idea, de que el vals llegó a Lima a mediados del siglo XIX (Santa Cruz 1977, y otros). Recientemente se han publicado dos textos relacionados con el vals (Llorens y Garrido 2009; Borras 2009), pero ninguno aborda el período de gestación del vals, sino más bien estudian el vals a partir de fines del siglo XIX y de principios del siglo XX. Para tratar de cubrir ese vacío se ha recurrido a los escritos de diversos viajeros que estuvieron en el Perú en el período señalado, los que han sido ordenados de manera cronológica. El lector interesado en profundizar el tema puede remitirse directamente a ellos.
El vals, cuyos orígenes se remontan a danzas campesinas alemanas y/o francesas del siglo XVIII como el ländler y la volta, se adueñó de los salones europeos en el siglo XIX y a partir de entonces comenzó a expandirse al mundo entero. Según Hugo Riemann:
También fue a comienzos del siglo XIX que el vals tomó características nacionales. Se distinguía el vals francés, el vals alemán y también el vals español, aunque la jota fue muchas veces confundido con el vals. Ese, o esos, fueron los valses que llegaron al “Nuevo Mundo”.
El vals llegó a América a principios del siglo XIX. Carlos Vega, musicólogo argentino, en su obra El origen de las danzas folclóricas, cita testimonios sobre el vals que se bailaba en Buenos Aires entre 1804 y 1806 (Vega, citado en Hess, op.cit, p. 128). Por otro lado, tenemos el relato de viajes del inglés William Stevenson, quién estuvo en Chile, Perú y Ecuador entre 1804 y 1824. En 1808, en Guayaquil, escribió lo siguiente:
Stevenson estuvo en Lima y recorrió la costa peruana desde Lima hasta el Ecuador, Cajatambo, el Callejón de Huaylas, Conchucos, Huamalíes y Cajamarca, pero no menciona el vals, sino otras danzas. ¿Es que no se bailaba el vals en el Perú de entonces, o no tuvo oportunidad de observarlo? No podemos dar una respuesta a esa pregunta aunque nos inclinamos a creer que, si el vals ya se bailaba en Argentina y Ecuador, era muy probable que también se bailara en el Perú, sólo que Stevenson, no lo vió bailar (Los viajeros como él no investigaron sobre la música y/o danzas sólo describían lo que veían en sus viajes).
Oscar Flores Calderón, autor del libro Historia y belleza del criollismo afirma que en 1814 se creó el vals “Cadenas de amor” con versos fraccionados de Melgar y música de Emiliano Condeso (Flores, 1991, p. 27). Lamentablemente Flores no cita la fuente de donde ha obtenido ese dato; más adelante, en la pequeña biografía de Melgar que se encuentra en su libro, dice que Emiliano Condeso sacó a luz el vals “Cadenas de amor” en 1820 y que existe una edición del año 1879 en la biblioteca Lilly de la Universidad de Indiana (ibíd., p. 116).
En 1946, En “Fénix”, Revista de la Biblioteca Nacional del Perú, se informó del donativo de una copia fotostática del manuscrito inédito del presbítero, nacido en Tenerife, Antonio de Pereyra y Ruiz quién fue Sacristán Mayor de la catedral de Arequipa y que en 1815 escribió estas líneas sobre los arequipeños y el vals:
Manuel Acosta Ojeda, en un artículo sobre el vals (Ojeda 1997), citó este documento, aunque, como parecía un documento aislado, no se le otorgó importancia alguna; pero, como veremos más adelante, el vals, se bailaba no sólo en Arequipa, sino también, en Cuzco, Puno y también en Lima.
La declaración de la independencia en Lima, el 28 de julio de 1821, causó júbilo en gran parte de la población limeña, lo que fue celebrado con bailes organizados por el cabildo y por el mismo San Martín; testigo presencial de ello, el viajero inglés Basilio Hall escribió lo siguiente:
Se sabe que para estos festejos fue contratada una orquesta dirigida por Fray Cipriano Aguilar a quién se pagó la suma de 127 pesos; también se pagaron 25 pesos al argentino Matías Sarmiento, músico mayor del regimiento Nº 8, del Ejército Libertador “para ser distribuidos entre los músicos que tocaron el 28 de julio” (Gamio, 1971, pp. 318,323). ¿Cuál fue la música en esa ocasión? ¿El vals estaría presente en esos bailes? Aunque no se puede dar una respuesta definitiva a esa pregunta, desde nuestro punto de vista creemos que sí.
El relato del viajero inglés Robert Proctor, quién llegó a Lima en mayo de 1823, puede ayudarnos a tener idea de cómo eran los bailes en esos años. Proctor, el 25 de ese mes asistió a uno dado por los argentinos residentes en Lima con motivo del aniversario de la independencia de su patria. A este baile asistieron los militares de todas las naciones que en ese momento estaban en esta ciudad. El relato es el siguiente:
Dos años más tarde, en Arequipa, en los bailes que fueron parte de la celebración de la independencia y del triunfo patriota en Ayacucho, el vals estuvo presente. Henrich Witt, viajero alemán que permaneció en el Perú desde 1824 hasta 1890, estuvo en esa ciudad durante las celebraciones y escribió lo que sigue:
El sábado 9 de diciembre de 1826, segundo aniversario de la batalla de Ayacucho, Witt se encontraba visitando la ciudad de Puno y vio que “las damas y caballeros de Puno, estaban bailando en la plaza, (…). El retrato de Bolívar se encontraba bajo un pabellón y todo el tiempo los indios infatigables, caminaban y bailaban por las calles.” (Op. Cit.:115). Continúa su relato el domingo 10, con las siguientes palabras:
En 1827 visitó Cerro de Pasco y Huánuco y por sus relatos sabemos que en esas ciudades ya se bailaba el vals. El 15 de noviembre se encontraba en Cerro de Pasco y después de visitar los socavones de las minas de Yauricocha escribió:
Tres días después asistió a una cena donde bailó bailes típicos y un vals:
Witt, viajero incansable, continuó su periplo y el 24 de noviembre llegó a la ciudad de Huánuco. El jueves 29 antes de continuar viaje escribió:
Witt continúa su relato el Viernes 30, en la hacienda Quicacan, allí describió unos músicos que ya en ese entonces tocaban el clarinete y ejecutaban valses:
Witt estuvo en el Cuzco los primeros días de febrero de 1828. Ahí, poseedor de buenas cartas de recomendación, alternó con las principales familias de la ciudad. El martes 12 de ese mes, asistió a una fiesta en la casa de doña Eulalia Camara y escribió lo siguiente:
Una semana después, continúa relatándonos sus reuniones con la alta sociedad cusqueña:
Unos años más tarde, Eugène de Satigues, viajero francés, que estuvo en Arequipa en la misma época que Flora Tristán, escribió estas líneas, en 1834:
El documento del que se tenía conocimiento y se creía el más antiguo sobre el vals en Lima, es un artículo aparecido en “El Comercio” del 2 de octubre de 1839. En él se describe una fiesta dada por el general La Fuente el 24 de setiembre, día de la fiesta de la Virgen de las Mercedes, en la que se bailó la “valsa alemana”:
Finalmente tenemos los escritos de Paul Marcoy (alias Lorenzo Saint Cricq), otro viajero francés que recorrió el sur del Perú dejando amenos relatos. Uno de ellos da cuenta de una fiesta realizada en una hacienda en Lauramarca (Quispicanchi, Cuzco), en 1843, con motivo de celebrar a Nuestra señora de las Nieves, patrona de Lauramarca donde bailó valses:
Durante más de una hora, valsadores y valsadoras giraron a cuál mejor, no interrumpiendo su movimiento circular más que para secarse la frente y vaciar la copa. Pasado este tiempo, habiendo sido declarado por unanimidad el vals demasiado rígido y afectado para satisfacer la necesidad de movimiento de que todos parecían desposeídos, se lo sustituyó por la danza del país como más movida. Desde el Maicito hasta la Moza mala, desde el Zambacueca hasta el Pajarito, todo el repertorio local fue pasado en revista para mayor alegría de nuestras chacareras, que declaraban divertirse como locas.” (Marcoy 1941, tomado de El Perú visto por viajeros Tomo II, 1973, p.63. PEISA, Lima).
Como se desprende de lo expuesto, el vals ya era bailado en el Perú en la primera mitad del siglo XIX en reuniones sociales de la aristocracia. En los escritos de los viajeros, el vals, o los diferentes valses, se distinguen de las danzas nacionales y es todavía mucho después que se comienza a hablar del “vals peruano” (con esa denominación se publicaron una serie de valses en la década de 1870). A parte de estas referencias, no se ha podido ubicar ninguna partitura que hubiera podido darnos idea de cómo era la música de esos valses. No nos atrevemos a afirmar que los valses se transmitían sólo de manera oral a pesar de que como hemos señalado sólo se conocen partituras para piano de la década de 1870; en cambio, sobre la manera de bailarlos, ya en esa época llamó la atención de los viajeros el hecho que algunos lo bailaran diferente: “enriquecido con toda clase de movimientos de los brazos y de los hombros”.
En el Perú el vals parece haber seguido un camino inverso a su difusión en Europa, donde de danza campesina se transforma en el baile de los grandes salones. En nuestro país, de bailarse en las reuniones de los aristócratas y terratenientes provincianos y en los bailes de los altos mandos militares y diplomáticos extranjeros en Lima, el vals, sin abandonar las altas esferas, pasó a bailarse entre los sectores populares y se transformó en “vals peruano” y en Lima, en “vals criollo”. Pero esa transformación es ya materia de otro artículo.
Lima, marzo del 2010
luissame@hotmail.com
——————————— [1] Bachiller en Educación, con estudios de musicología en la Université de Genêve, Suiza, y con un diplomado en Estudios Musicológicos Peruanos por el Conservatorio Nacional del Perú. Ha sido profesor en la Escuela Nacional de Folklore “José María Arguedas”. Ha publicado y realizado diferentes investigaciones sobre música peruana de la cual también es intérprete.
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BIBLOGRAFÍA
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