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ISAAC GOLDEMBERG

Escritor - Poeta

 
 

La Tapada

 

 

 

 

 

Ilustración:

 

Pancho Fierro

 

     

 

A propósito de la burqua, prenda aun utilizada por la mujeres afganas en el nuevo milenio bajo amenza de flajelo como castigo, nos viene a la memoria nuestra grácil limeña vestida con manto y saya de la época colonial; atuendo con algunas similitudes a la primera; pero que no se usaba con un sentido negativo o degradante, sino como expresión de una coquetería innata de la mujer limeña.

 

Fue su traje de paseo, el que solamente se usaba en Lima.

 

La saya era una especie de falda grande, de diseños calados y bordados, con pañolones de seda de flores grandes bordadas en vivos colores; con una correa, para ceñirse a la cintura; confeccionada en seda, que generalmente era de color azul, castaño, negro o verde. Por abajo sólo permitía apreciar un diminuto pie distintivo de la mujer limeña, que mostraba medias también de seda, envuelto en un zapato de badana o raso bordado.

 

El manto era igualmente de seda china vaporosa y compacta o de cachemira de la India, que se amarraba a la cintura, subía por la espalda y cubría la cabeza y parte del rostro, del cual se dejaba sólo ver un ojo

 

Esta forma de vestir de nuestra limeña de antaño, vivió sus mejores épocas en las corridas de toros, las procesiones; los Portales de la Plaza Mayor; "...a las once de la mañana en la calle de Mercaderes" o acaso la Alameda de los Descalzos, bello lugar en el bajopontino barrio del Rímac, donde los atardeceres de los fines de semana eran testigos del garbo y belleza de quienes se escondían bajo tal vestimenta. Claro que muchas veces, algún "don Juan" o acaso un "viejo verde", luego de lanzar su mejor repertorio de piropos se vió defraudado al descubrir bajo aquellas prendas, las facciones de alguna no muy agraciada doncella; pues era casi imposible, conocer la configuración de un rostro femenino, que mostraba solo un ojo, aun cuando brillase como mil soles. Así, esta vestimenta, les permitía muchas veces a las tapadas, "tomar el pelo" a esos galanes circunstanciales.

 

Esta especie de torneo, en el que los "conquistadores", tratando de encontrar una belleza angelical y aquellas féminas vestidas como para que los galanes adivinasen su suerte; daban lugar a escenas tan raras como divertidas; en las que muchas veces algún marido usaba todo su repertorio ante una escurridiza belleza, para al final descubrir que estuvo seduciendo a su propia novia o esposa. Estas pintorescas escenas, dieron lugar a que el poeta limeño Manuel Ascencio Segura, escribiera algunas picarescas comedias como "La Saya y el Manto", que luego se escenificaban en los teatros de Lima, para el deleite de la población.

 

La ordenanza talibán, ordenaba que las mujeres se taparan con la burqua, pues de otro modo eran consideradas inmorales. Igualmente, las "tapadas" limeñas también tuvieron que enfrentarse a ciertos moralistas virreynales, quienes consideraban que por el contrario, al estar "tapadas" las limeñas con el manto y la saya, incurrían en una especie de inmoralidad, atentando contra las buenas costumbres; dando lugar a que en 1561, el cuarto Virrey del Perú, Diego López de Zúñiga y Velasco, dictara la primera ordenanza prohibiendo el uso de dicha prenda. A esta prohibición se unieron luego otros virreyes como Jerónimo Fernández de Cabrera, Baltazar de la Cueva y Pedro Fernández Castro; quienes durante sus respectivos gobiernos, expidieron iguales decretos.

 

La historia dice que inclusive la Iglesia quiso intervenir en esta situación y en un Concilio presidido por el Arzobispo Santo Toribio, se trató de prohibir el ingreso de las damas a los templos e inclusive, la asistencia a las procesiones con dicha vestimenta; bajo pena de sufrir la excomunión. El alboroto que armaron las limeñas fue tal que los Virreyes y el mismo Arzobispo, tuvieron que dar marcha atrás; lográndose solamente que las "tapadas" asisitiesen "destapadas" o sea sin usar manto, a las festividades religiosas. Aducían que el refulgente Sol capitalino, quemaba su suave piel; además querían mantener su privacidad a la hora de prestar algún servicio humanitario, permaneciendo en el anonimato.

 

La moda del manto y la saya, poco a poco se fue perdiendo en el curso de la historia de la Lima que se fue; esfumándose todo ese romanticismo al que dio lugar. Fueron cambiado las modas y la vestimenta que se mantuvo en boga por casi 3 siglos, se vio destronada por la moda parisina, con la que se inició la influencia extranjera en nuestra capital.

 

El manto fue reemplazado por la manta, que impediría para siempre a las limeñas, volver a esconder el rostro y años más tarde, la influencia andaluza haría suplantarla por la mantilla.

 

 

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© Luis A. Ramírez S.

Editor

     
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