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Juegos que jugaron los limeños en el siglo XX
Por: “El Cochero del Virrey”
Arroz con leche
De las rondas, la más popular era el arroz con leche, que se realizaba con un número impar de participantes. Situándose un niño al centro y los otros girando alrededor suyo cantaban.
Arroz con leche me quiero casar con una señorita del Portugal que sepa coser que sepa bordar que sepa abrir la puerta para jugar.
Con esta sí con esta no con esta señorita me caso yo.
Al concluir la canción se rompía la ronda y los niños se abrazaban por pareja, quedando siempre uno, que era el que pasaba a ocupar el centro de la ronda.
En Buenos Aires escuche otra versión del Arroz con Leche que mixturaba este con Doncella del Prado, ronda muy conocida en Lima practicada desde sabe Dios cuando:
Arroz con leche, Me quiero casar, Con una señorita, De San Nicolás, Que sepa coser,Que sepa bordar,Que sepa abrir la puerta,Para jugar.
Yo soy la viudita, Del barrio del Rey; Me quiero casar, Y no encuentro con quien.
Elige vos, Que aquí tenes cien.
Con esta sí, Con esta no, Con esta señorita, Me caso yo.
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Dale a la Mocita
Sujetando las manitos del bebe y al son de la melodía, se le hacía tocar su cabecita repetidamente.
Dale, dale, daleDale a la mocita Con la piedra grande Con la más chiquita Dale, dale dale Dale, a la mocita.
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De Compras
Otro juego por el estilo de los anteriores, era el que tomando la mano del niño se le decía.
Cuando tu mamá te mande a comprar carne, no compres de por aquí, porque hay mucho hueso. (Y se le pellizcaba suavemente el antebrazo)
Ni de por aquí, porque hay mucho pellejo. (pellizcando esta vez, la parte interna del brazo)
Si no por aquí. (Y se le hacia cosquillas en la axila)
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Don Sequi
Otro juego limeño de niñas ya casi olvidado
Recuerdo nítidamente a las chicas pequeñas practicar este juego, que no era precisamente una ronda. Se jugaba individualmente o se ubicaban las niñas en fila con los brazos en jarra iniciando una serie de saltitos al ritmo de esta tonada:
Don Sequi, don Sequi, Don Sequi de la culequi. A lo gallo, a lo gallo, A lo gallo y al galpón.
Los saltos los realizaban juntando y separando las cañas de sus piernecitas y moviéndose a los costados y de adelante hacia atrás y de atrás hacia delante, cayendo de rodillas al final de la tonadilla. Era impresionante observar la resistencia de las pequeñas en este juego que repetían una y otra vez.
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Doncella del Prado
Se cantaba en ronda con una niña al centro
Ronda
Doncella del prado que al campo saliste a recoger flores de marzo y abril.
Niñita
Yo soy la niñita del Conde Laurel que vengo a jugar y no encuentro con quién.
Ronda
Pues siendo tan bella No encuentras con quién escoge a tu gusto que aquí hay más de cien.
Niña
Yo escojo a esta niña por ser la más bella por ser la primera de todo el jardín.
Al terminar, la niña solista abrazaba a otra niña elegida por ella, que pasaba a ser la doncella del prado.
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El Ángel de la bola de oro
Se regia para elegir entre los participantes a tres niños que hacían los papeles de, San Pedro, El Ángel de la Bola de Oro y el Diablo de los siete mil cachos.
Luego de elegidos, el diablo y el ángel se apartaban, en tanto, San Pedro se dedicaba a otorgarle a cada niño el nombre de una fruta. Tú te llamarás durazno, tú manzana, tú níspero, tú chirimoya, tú plátano, tú lúcuma, etc.
Finalizado este bautizo masivo, el diablo y el ángel se encontraban habilitados a tocar las puertas del cielo; produciéndose el dialogo siguiente:
Toc, toc, toc.
San Pedro - ¿quién es? El Ángel - El Ángel de la bola de oro. San Pedro - ¿qué deseas? El Ángel - Una fruta. San Pedro - Qué fruta. Ángel - Una pera.
Al llegar a esta solicitud especifica, San Pedro debía responder de acuerdo a las circunstancias; si había algún niño bautizado como pera, respondía así:
San Pedro -Tenga Usted la pera y que le haga provecho.
Retirándose el ángel con el niño, al que ubicaba en un rincón previamente establecido.
Si no se hubiera bautizado a ningún niño como pera, la repuesta era ésta:
San Pedro - Váyase al peral que aquí peras no hay.
Retirándose el ángel con las manos vacías. Luego, le tocaba el turno al diablo, que procedía de la misma forma y diálogo; repitiéndose las visitas a San Pedro, tantas veces como fuera necesario, hasta terminar con la existencia de las celestiales frutas.
El juego concluía, con un ejercicio de fuerza entre el ángel y el diablo, ayudados cada uno de las frutas que hubiese recibido en sus diversas visitas al cielo.
Se pintaba una línea, con tiza o carbón que no faltaba en los viejos hogares limeños; San Pedro hacía las veces de juez colocando al ángel y al diablo frente a frente, teniendo cada uno de ellos, atrás y asidos de la cintura formando fila; a las frutas conseguidas.
San Pedro, daba la orden de empezar, y el grupo que lograba jalar al otro obligándolo a cruzar la línea, era el equipo ganador.
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El Grano en la Nariz
Esta canción, es un couplet, cantado en los teatros y cinemas de Lima en los años 16 y 17 del siglo XX. Pegó tanto en el gusto de nuestros abuelos, que aun se escucha decir a alguien. – ¡Por qué soy tan infeliz tengo un grano en la nariz!....o....diálogos como éste.
– Tienes un granito en la nariz... siendo respondido. – Pero no soy infeliz.
Días del asesinato del poeta Yerovi, del asalto al tren de la Oroya, del duelo de “Carita” y “Tirifilo”, de las confusiones que produjo a los sandungueros limeños la introducción del sistema decimal.
La versión que les presento a pesar que se la escuché millones de veces a la abuela y a su hermana mayor, algunas veces graciosamente cantada a dúo; no la recordaba en su integridad, y siendo parte de esos recuerdos medios jodidones que lo ponen sentimentaloide a uno, no puedo reservarme el comentarles la complacencia que experimenté al descubrirla en “El cancionero de Lima” N.-106 de la imprenta Ledesma, volumen pequeño, humilde, casi oculto en un anaquel de la sala de música de la Biblioteca Nacional.
Se las transcribo con grato placer.
I
Como soy tan infeliz tengo un grano en la nariz -juy-trila-la-lara. Este grano me emborracha Y me huyen las muchachas Juy-juy-trila-la-lara.
II
Un mancebo de farmacia Dice que el grano me engracia Juy-juy-trila-la-lara. Y el se cree que yo le creo Pero yo sé que estoy feo Juy-juy-trila-la-lara.
III
Esa niña que me mira Al ver el grano suspira Juy-juy-trila-la-lara. Y le dice a su mamá; ¡Ay Jesús! Que feo está Juy-juy-trila-la-lara.
IV
Al pasar por Espaderos tropecé con un pulpero Juy-juy-trila-la-lara. y un puñete me pegó pero al grano no le dio Juy-juy-trila-la-lara.
V
Mi madre quiere casarme y se sonríe al mirarme Juy-juy-trila-la-lara. y cuando salgo a pasearme me lo tengo que tapar.
VI
Al bailar una dancita se me pone mi carita Juy-juy-trila-la-lara. que ya no le cabe más Juy-juy- por Santo Tomás Juy-juy-trila-la-lara.
VII
Tengo un cheque circular que no me quieren cambiar Juy-juy-trila-la-lara. ¿Saben ustedes por qué? - Porque el grano se me ve. Juy-juy-trila-la-lara.
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El Huevito
Siendo los infantes más grandecitos; en sus primeros años, se jugaba con ellos tomando sus deditos y diciendo.
Este niñito, se compró un huevito –se le tomaba el dedo meñique– Este compré la manteca –el cordial– Este le echá salsita –el anular– Este lo cocinó –el índice– Y este pícaro gordo sé lo comióóóóó –el pulgar–
Produciendo las carcajadas del infante.
En los libreros de la avenida Grau en Lima, encontré hace unos pocos años lo que presumo fue un libro de lectura bastante antiguo Se encontraba sin pasta y sólo eran unas veinte hojas unidas en el que aparecía la siguiente versión firmada por Ismael Parraguez, la cual anoté sin un fin preciso y la transcribo confesándoles que de tanto leerla, pareciera haberla escuchado de pequeño; pero sin duda, si fuera así, no fue de las más populares:
Este es un hacendado este un escribiente este es el presidente este es un abogado y este un niño mimado.
El Cancionero argentino Popular Cuyano, de Juan Draghi Lucero, nos trae esta otra.
Este compró un guebito, éste lo puso a asar; éste le echó sal; éste lo revolvió, ¡Y éste picaro mataco se lo comió¡(sic)
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Esconde la Patita
Este juego consistía en sentarse todos los jugadores en un lugar donde las piernas pudieran colgar y balancearse al ritmo de la tonada con la que se regía. Uno de los niños o algunas veces un mayor, cantaba la tonadilla dando palmadas pierna por pierna de los participantes, obligando al dueño de la pierna que se tocaba cuando se pronunciaba la ultima palabra de la tonada, a esconderla o dejarla quieta, reiniciando nuevamente el juego hasta que solo quedara una piernecita que pertenecía al ganador.
Para este juego, conocí dos tonadillas con sus variantes y mis hijas mayores me alimentaron con otra que paso a entregárselas:
Pim Pim San Agustín
Pim pim San Agustín, a la meca, a la seca la tortoleca, el hijo del rey paso por aquí comiendo maní a todos les dio menos a mí. Palo con palo cu cu ru cu para que salgas tú.
A la abuela le conocí otra versión, ya en desuso en épocas de mi infancia.
Pin, zoropín la seca, la meca, la tuturumbeca el hijo del rey paso por aquí vendiendo jabas a seis maravedís mariquita la jonda éste que se quede y éste que se esconda.
Un amigo arequipeño, nacido en los años cuarenta, me dictó la siguiente versión.
Tin, tin, San Agustín la torta, la meca, la peca el hijo del rey paso por aquí comiendo maní a todos les dio menos a mí palos con palos para los caballos tite la cue para que escondas la patita hedionda.
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Los Maderos de San Juan
Esta otra tonadita que se usaba para el mismo juego, era de las más populares..
Aserrín, aserrán los maderos de San Juan piden pan, no les dan piden queso, menos eso piden ají, eso síiiiiiiii.
Las abuelas la cantaban así.
Aserrín, aserrán los maderos de San Juan piden queso, piden pan los de Roque alfandoque los de Rique, alfeñique los de Trique, triquitrán triqui, triqui, triquitrán triqui, triqui, triquitrán.
El Maestro don Ricardo Palma, en su tradición “La honradez de un ánima bendita” nos entregó la siguiente:
Aserrín, aserrán, los maderos de San Juan; los del rey aserran bien; los de la reina también; los de duque truque, truque; los de dique trique, trique.
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¡Hola! ¡Hola! Camarón con Cola
Los Chiquillos, se formaban en hilera agarrándose de la cintura y a la voz de ¡hola! ¡hola! Camarón con cola, comenzaba el juego. El que ocupaba el primer lugar, que simulaba ser la cabeza de un gigantesco camarón, debía evitar ser atrapado por el que ocupaba él último lugar que hacía las veces de la cola, no pudiendo romperse la hilada en esta operación a riesgo de perder validez la acción y reiniciarse el juego con los jugadores en la misma posición.
La motivación consistía, en que la cabeza atrapada pasaba a ocupar el segundo lugar, rotando ágilmente la posición de los jugadores quienes no se comprometían con nadie para poder así avanzar y ser protagonistas principales.
Lo costeante del juego, rico en jalones, caídas y risas, lo hizo muy popular en los años treinta y cuarenta del siglo XX.
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Juegos de Palmadas o Zen Zen
Juego de palmadas o zen zen; hoy menos popular que décadas atrás,aun lo practican las niñas, tocándose mutuamente las palmas de las manos rítmicamente al son de diversos estribillos.
La Serpiente
Debajo del puente hay una serpiente, verdad que sí, verdad que no, si te mueves o te ríes te daré un pellizcón.
Con su variante.
Debajo del puente hay una serpiente, verdad que sí, tilín , tilín, verdad que no, tolón tolón, si te mueves o te ríes te daré un pellizcón.
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El Balcón
Me caí de un balcón con y me hice un chichón chon chon vino mi mamá, me quiso pegar vino mi papá, me quiso ahogar vino mi abuelita la pobre viejecita -y me dijo- sana, sana, colita de rana.
La misma con ligeras variantes .
Me caí de un balcón con con y me hice un chichón chon chon me sobé con algodón, don don vino mi mamá, me quiso pegar vino mi papá, me quiso matar (otras decían, me quiso ahorcar) vino mi abuelita la pobre viejecita (o viejita) me dio un centavito y me hizo callar (...y dejé de llorar) calla, calla, calla, cabeza de papaya vamos a la playa, no dejes la toalla.(o, Vamos a la playa comiendo papaya).
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El Barquito
Me Caí de un barquito, ito ito se me vio mi calzoncito ito ito. Vino mi mamá, me quiso pegar vino mi papá, me quiso matar vino mi abuelita, la pobre viejita me dio un centavito y me hizo callar.
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Luna, Lunera
Luna, lunera, cascabelera. Ojos azules, boca morena llena de migas y bien caballera sale el caballito blanco alumbrando todo el campo sale el caballito negro alumbrando todo el cielo salen las monjas, con sus toronjas salen los frailes, con sus costales luna, lunera, cascabelera ojos azules, boca morena llena de migas y bien caballera.
El maestro don Ricardo Palma en su tradición, “Los panecillos de San Nicolás” nos entrega la siguiente tonadilla:
Luna, lunera, cascabelera, cinco pollitos, y una ternera.
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Las Calaveras
Cuando el reloj marca la una, las calaveras salen de su tumba chúngala, cachúngala, cachúngala. Cuando el reloj, marca las dos, las calaveras hacen el dos, chúngala, cachúngala, cachúngala. Cuando el reloj marca las tres, las calaveras se lavan los pies chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las cuatro, las calaveras se comen un gato chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las cinco las calaveras se dan un brinco, chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las seis las calaveras se chupan los pies chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las siete las calaveras revientan un cohete chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las ocho, las calaveras comen bizcocho chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las nueve las calaveras se bañan en la nieve chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las diez las calaveras saltan otra vez chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las once las calaveras toman su lonche chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca las doce las calaveras se comen un tofee chúngala, cachúngala, cachúngala Cuando el reloj marca la una las calaveras vuelven a su tumba, chúngala, cachúngala, cachúngala.
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Cuando Era...
Cuando era bebe, bebe, bebe, me arrullaban, me arrullaban, me arrullaban. (chupeteaba, chupeteaba, chupeteaba) Cuando era niño, niño, niño, chupeteaba, chupeteaba, chupeteaba. (estudiaba, estudiaba, estudiaba) Cuando era joven, joven, joven, estudiaba, estudiaba, estudiaba. (coqueteaba, coqueteaba, coqueteaba) Cuando era adulto, adulto, adulto, trabajaba, trabajaba, trabajaba. Cuando era anciano, anciano, anciano, bastoneaba, bastoneaba, bastoneaba. Cuando era muerto, muerto, muerto, apestaba, apestaba, apestaba. Cuando era ángel, ángel, ángel, aleteaba, aleteaba, aleteaba. Cuando era diablo, diablo, diablo, pellizcaba, pellizcaba, pellizcaba.
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Popeye
Po-pe-ye Popeye el marino, soy soy, soy, comiendo espinaca parezco, una vaca, Popeye el marino, soy, soy, soy.
Su padre fue marinero, nero, nero, su abuelo también lo fue, fue, fue por eso Popeye es un gran marino. Popeye el marino soy, soy, soy.
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Me Casé
Yo me casé, con una de mi barrio que tenía piojos y se los saqué con agua salada caña de azúcar esencia de limón, limón, limón, limón si te mueves o te ríes te daré un pellizcon.
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La Paloma
Había una paloma; punto y coma, salió de su nido; punto seguido, fue a Marte; punto aparte, tuvo dos hijitos; dos puntitos vino un animal; punto final.
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Mariquita
Mi mamáMe regaló lo lo lo,Una linda muñequita ita, ita, Que se llamaba Mariquita ita, ita, Con la eme, con la a, con la r, Con la i, con la q, con la u, Con la te, con la a, Mariquita, ita ita.
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MensúMensú, mensú, mensú,a la calera love que te loveEscalera, calavera, estropajo, escarabajo, donde está minina haciendo gelatina para su mamita donde está el ratón haciendo panetón para su papito de todo corazón donde está el ají el ají está aquí.
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La Panzota
Tocando cada una de las partes señaladas del bebe, se concluye el juego haciéndole cosquillas en la barriguita.
Ese pelito de San Pedrito Esos ojitos de los gatitos Esa boquita de Ña Catita Esa ñatita que cochinita Y esa panzota que esta grandotaaa.
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Los Estudiantes
En esta ronda que probablemente tenga muchos siglos de existencia y que sin duda nos llegó de España, los niños regían para saber quien iría al exterior de la ronda (un niño) y el resto se dividía en dos grupos iguales uno de los cuales era encerrado por el otro que rondaba.
Se daba inicio al juego cantando a coro los que rondaban.
Ron, roon, Felipito, Felipón que cosa es ese ruido que pasa por aquí; que de día ni de noche no nos deja ni dormir
El niño que se encontraba afuera cantaba.
Somos los estudiantes que venimos a rezar en una capillita de la Virgen del Pilar Con un pañuelo de oro y otro de plata salga que salga por esta puerta falsa.
Al decir esto, todos los niños que estaban al interior de la ronda trataban de salir por debajo de los brazos de los que rondaban, intentando ser impedidos por estos bajando las manos asidas a la del compañero y pegando los cuerpecitos en lo posible. En estas circunstancias se armaba un zafarrancho de padre y señor mío. Los que lograban salir, pasaban a engrosar las filas del inicialmente solitario estudiante que cantaba al exterior. La ronda se repetía hasta la salida del último niño, ocasión en que se trocaban los puestos.
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Matatiru Tiru La
Un juego tan popular como el arroz con leche es el Matatiru Tiru La, que no es propiamente una ronda sino más bien la escenificación de una galante solicitud hecha por un decidido mancebo y la respuesta de la previsora madre de la doncella; la que en algunos casos era acompañada en la respuesta a coro por sus eventuales hijas.
Las niñas, tomadas del brazo se situaban frente al galán; el niño, con las manos atrás iniciaba el canto avanzando y haciendo retroceder a las niñas, las que a su vez, al contestar avanzaban, tocándole al niño retroceder.
-Buenos días, su señoría matatiru, tiru, la.
-¿que quería su señoría? matatiru, tiru la.
-yo quería a una de sus hijas matatiru, tiru, la.
-¿a cual de ellas Usted querría? Matatiru, tiru, la.
-Yo quería a........... Matatiru, tiru la.
En que oficio la pondría matatiru, tiru la.
La pondría de lavandera matatiru, tiru la.
Ese oficio no me gusta matatiru, tiru la.
La pondría de cocinera matatiru, tiru la.
Ese oficio no me gusta matatiru, tiru la. La pondría de princesa matatiru, tiru la.
Ese oficio si me gusta matatiru, tiru la.
El maestro José Gálvez, en sus “Estampas Limeñas” nos cuenta que el juego se cerraba con:
-Pues hágamosle la fiesta Matantirum tirum lan...
Y no como se concluye en la versión que les alcanzo, que es la que conocí en los inicios de esta segunda mitad del siglo, además, en los tiempos del Patricio, en Lima, según observamos por su relato, no se decía matatiru tiru la, sino matatirum tirum lan. En su “Cancionero Popular Cuyano”, Juan Draghi Lucero dice: Matantirurirurá. Ramón Laval en su “Folklore de Carahue-Chile”, publicado en Madrid en 1916, le dice Madundirum dirumdá y Juan Alfonso Carrizo, en “Antología de cantares tradicionales del Tucumán”, Matuntiru lirola.
Nimias diferencias, para coplas que se transmitieron de generación en generación, por, sabe Dios cuántos años en nuestra querida América Latina.
Una idea de la antigüedad de la tonadilla nos la da, Don Francisco Rodríguez Marín en su obra “Cantares populares españoles”, obra de cinco tomos, que en su capítulo sobre “Varios Juegos Infantiles del Siglo XVI”, incluye esta versión brasileña.
O Rapaz.- Bon día, meu senhorio, Manda ó tiro-tiro-lá. Coro.- Que é que vocé quier? Manda ó tiro-tiro-lá. O Rapaz.- Quero uma de vossas fillas, Manda ó tiro-tiro-lá. -Ecolhei a que quizerdes... -Quero dona...(fulana) -Que officio tem voce? -Meu officio á zapateiro... -Este officio ñao me agrada...
No he tenido la satisfacción de tener en mis manos el trabajo de Rodríguez Marín, la referencia la tomo de la concienzuda obra de Juan Alfonso Carrizo, citada en anteriores líneas.
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Mi Patria y mi Bandera
Federico Barreto
Desde que ví la luz, mi pecho anida, Dos amores; mi patria y mi bandera. Por mi patria el Perú yo doy la vida Por mi bandera, el alma el alma entera.
Esta canción a la bandera era entonada por todos los escolares de las primeras décadas de este siglo en todas las formaciones y veladas cívicas, pertenece al escritor tacneño, Federico Barreto; nacido en 1872. Este poeta peruano es autor de la letra del vals argentino ¡Ay Aurora! Al cual Gardel le puso música. Sobre esto, comenta Aurelio Collantes en su trabajo titulado “La canción criolla” lo siguiente:
“...En tierras mapochinas, el dueto gaucho de Gardel y Razzano concurre una tarde de remolienda de 1917, a una típica reunión de huasos, realizada en una quinta brava de las afueras; allí entre francas libaciones de chicha baya, aprendieron la tonada chilena La Yeguecita y un vaporino peruano obsequio al Zorzal Argentino el poemario Algo Mío; de Federico Barreto, gustándole mucho el soneto titulado Queja a Dios, al cual pone música en ritmo de vals argentino y lo institucionaliza con el nombre de ¡Ay Aurora!...”
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Mira para Arriba
Mira para arriba. (Cuando éste alzaba la cabeza, se le decía al niño) Cosquillas en la barriga.
O la variante.
Mira para arriba. Pim bola. (Tocándole suavemente con el anular o el índice la garganta)
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Mundo, Rayuela, Avión
Visitando Jerusalén en los años 90, traje el recuerdo de una visión familiar de tres niñas árabes que jugaban al “mundo” en Jerusalén y que originó el comentario de mi instructor israelí Dor Eleazar, cuando le expresé mi sorpresa por la universalidad de este pasatiempo, “... es explicable -me dijo- la rayuela es la expresión más simple de los laberintos acondicionados, para representar el mito del viaje del alma, hacia el cielo y su origen debe perderse en el tiempo...”
Por aquellos años, no tenía la menor presunción que escribiría sobre los juegos y el comentario de Eleazar, hombre de vasta cultura, fueron parte de los muchos que le escuché sobre una variedad de temas. Estos motivos y el tiempo transcurrido, explicarán que lo puesto en boca de mi instructor, no es una transcripción textual, pero guarda el sentido y la información que me transmitía.
El juego se practicaba ya en la Roma de los Cesares y el Foro Romano, conserva una curiosa prueba de ello; un “mundo” pintado en el suelo, que invita a los de traviesa imaginación, figurarse a Calígula o Nerón, teja en mano dando saltitos para llegar a la partida.
Se puede observar sin extrañarnos, en el paisaje urbano o rural de países tan lejanos entre sí, a grupos de niños que juegan alegremente al “mundo”. En China, Bolivia, Francia, India, México, Alemania o Estados Unidos. Se le denomina en otros lugares rayuela, el sol y la tierra, el cielo y la tierra, el sol y la luna, el avión, el aeroplano, el pijije, la golosa, etc. siendo España, sin duda donde este universal entretenimiento posee mayor cantidad de nombres y variantes.
En Tabasco se le llama, cojo pie; en Badajoz, calajanso, teta, chinche y también rayuela; cruzeta y corozo en Córdoba; en Huelva escanchuela, en Logroño, truco; en Sevilla, pique, pico, teje, teta, toldos y soria; en Soria se le denomina calderon; en Avila, pitajuelo y en Madrid truquemele.
Este, como todos los entretenimientos populares, precisa de muy poco, una tiza, que muchas veces era un trozo de yeso arrancado de la pared (antes también se usó el carbón) y una teja.
El juego radica esencialmente en pintar en el suelo un sendero dividido en diez cajones, arrojar la teja a uno de éstos y realizar un recorrido saltando en un pie, recogiendo la teja en el retorno.
Cuando jugábamos mundo hace cincuenta o más años, lo hacíamos con más “profesionalismo” que los chicos de ahora, por ejemplo, éramos incapaces de usar cualquier cosa como teja. Ubicábamos un ramal de cañería de plomo (de la red de gas en inexplicable desuso en Lima) y cortábamos un trozo que luego doblábamos y chancábamos con una gran piedra; La abuela nos acondicionaba saquitos de arena, de frijoles o de maíz, y todas estas como verés querido lector, eran tejas por excelencia, poseían el peso y consistencia ideal. Yo alcancé a jugar con todas ellas, siendo mi favorita la de cañería de plomo. A mis hijas las ví jugar, con cáscara de plátano, cosa que era ya demostrativa de la ligereza que se observaba en los preparativos del juego, pero hace unos días observé una atrocidad. Una parejita de niños de nueve o diez años, que jugaban mundo cerca al comercio de sus padres, utilizaban a guisa de teja un apretado y húmedo montoncito de papel higiénico, que al ser arrojado hacia el correspondiente cajón por las “sacrílegas” e infantiles manitas, se desintegraba en trozos que acompañados de profusa lluvia salpicaba alrededor. La repuesta al cisma podría ser, que las cañerías de plomo se acabaron y que las abuelas no cosen ya saquitos de arena.
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Padrino Sebo
Esta costumbre de aspecto lúdico y a la vez lucrativo practicada en los bautizos desde la colonia hasta los años 60 del siglo XX, consistía en que el padrino debía arrojar monedas al salir de la iglesia; los palomillas del barrio enterados siempre de los horarios bautismales, esperaban en la puerta de los templos para beneficiase de la generosidad del padrino que de negarse era perseguido insistentemente hasta obligarlo a pagar el impuesto a la costumbre, algunas veces el padrino se intentaba escapar o no satisfacía las expectativas de los pedilones muchachos los cuales coreaban este efectivo estribillo:
¡Padrino sebo¡ ¡Pata e candao! No tiene plata Y quiere ahijado.
y esta otra versión.
¡Padrino sebo!¡Pata e candao! ¡Bolsillo seco! ¡Calzón cagao!
Huelga decir que nadie quería ser tildado de amarrete, pobretón y menos de “calzón cagado”, debiendo ir bien provisto de las pesadas monedas de la época.
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Pollito Asado
Cuando los bebes tenían algunos meses, las abuelas con la finalidad de llamar la atención de las criaturas y de ejercitarles el movimiento de las manos, les cantaban abriendo y cerrando los puños.
Pollito asado apimentado a la pucha, a la pucha que esta quemao.
Y esta otra versión.
Qué rico pollo Muy bien asado Por un poquito Ya se ha quemado.
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¿Tiene Huevos?
Este es el nombre de un clásico juego limeño de esos que van perdiéndose en el olvido; nos lo recuerda el Patricio Don José Gálvez en sus Estampas Limeñas: “...hasta en los juegos infantiles había la esquinera preocupación. Había uno muy lindo. Don Ricardo Palma dice es netamente limeño. El muy noble caballero de Croix, Virrey del Perú en las postrimerías del siglo XVIII era muy aficionado según nuestro tradicionalista, a los huevos frescos pasados por agua caliente... El encargado de buscarlos era su mayordomo Julián de Córdoba, quien llevaba su avaricioso cuidado, hasta el punto de tener un aro y una balanza para medirlos y pesarlas. Los pulperos en la Plaza de Armas, se hartaron del mayordomo regateador y, acordados de consuno, no le vendieron más huevos, diciéndole fuera a buscarlos a otra esquina. El señor Virrey supo los atrenzos de su fámulo y preguntole:
– ¿Dónde compraste hoy los huevos? – En la esquina de San Andrés, Señor. (San Andrés, queda a 8 cuadras de la Plaza Mayor).
Pues, replicó el Virrey, mañana iras a la otra esquina por ellos. Y así nació según nos cuenta don Ricardo Palma, el juego de las esquinas y de los huevos...”
En épocas de mi chiquititud, (años 50 del siglo XX) este juego aún no se había extinguido y alcancé a jugarlo en muchas ocasiones, en él participaban cinco niños que luego de regir cuatro de ellos se colocaban en igual número de esquinas, formando un cuadrado y el quinto niño, se aproximaba a cualquiera de los otros e iniciaba el siguiente diálogo interrogándole:
– ¿Tiene huevos? Contestaba el interrogado – No hay, búsquelos en la otra esquina.
En tanto se producía él dialogo; con suma rapidez, los otros niños corrían intercambiándose de esquinas, es en esos momentos que el niño preguntón, que en tanto dialogaba miraba de reojo los movimientos que se realizaban en las esquinas vecinas debía de aprovechar para ocupar una de ellas, el niño que quedaba sin lugar, reemplazaba de inmediato al preguntón, debiendo realizar tantas visitas a las esquinas, como tiempo le costara ocupar una de ellas.
Francisco Rodríguez Marín, en “Varios juegos infantiles del siglo XVI”, Madrid, tipografía de archivos 1932 nombra al juego de “La candelita” que trata de las mismas reglas que el “Tiene Huevos” limeño y que se jugaba en España 200 años antes.
El niño preguntón en este caso se acercaba a una esquina y preguntaba:
– ¿Una candelita? Siendo respondido – A la otra casita.
– ¿Una candelita? – A la otra esquinita.
Y así, hasta que alguien se descuidaba y el preguntón ocupaba una esquina.
Por lo relatado podríamos especular que el juego de “La candelita” se jugaba en la Lima de aquellas épocas cuando ocurrieron los hechos en que participó don Teodoro de Croix XXXIV Virrey del Perú, que gobernara por 5 años 11 meses y 21 días desde el 6 de abril de 1784 al 25 de marzo de 1790. Siendo pues, probablemente el juego de ¿Tiene huevos? Una derivación producto de la travesura limeña atenta a perpetuar con sus ocurrencias los cuadros anecdóticos de la ciudad.
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Tonadillas para Regir
Para los tantos juegos de patio que practicaban los niños, era imprescindible tener un mecanismo para elegir quiénes iniciaban, a qué grupo se integraría cada jugador o quién iniciaba el juego. Las tonadillas eran esa deliciosa forma en que se dirimían estas necesidades.
El hecho de ser los niños los que la empleaban, contribuyó a que se produjeran muchas variantes, por lo que no pretendo sostener que las que aquí aparecen son las versiones más autenticas y/o valederas pero sin duda, si de las más populares.
Diremos como en el billar: bola al centro y a ajustar que ahí les van las tonadillas con que se regía en la Lima del XIX y del XX antes de la llegada del Yan kem pó.
Periquito
Periquito y su mujer se sentaron a comer Periquito no comió y de pena se murió.
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Felipito
Felipito, Felipón tan chiquito y barrigón con su suegra y su mujer se sentaron a comer Felipito no comió y de pena se murió.
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Por la Calle La Merced
A, b, c, ch la cartilla se me fue por la calle La Merced no me pegues mamacita (maestrita) que mañana la traeré.
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La Gallina pupujada
La gallina pupujada puso un huevo en la enramada puso uno, puso dos, puso tres, puso cuatro, puso cinco, puso seis, puso siete, puso ocho pan y bizcocho para el perro mocho Tuturutú para que salgas tú.
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De Tim Marín
De tim Marín de dopim hue de tútara, mátara (túcara, mácara) Títere fue yo no fui, fue tete pégala, pégala que ella fue.
Con esta otra versión:
Tim marín de dó pingué búscala, mátala que ella fue. Yo no fui fue Tete pégala, pégala que ella fue.
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Metropolitana
Por la metropolitanaun camión, que pasaba por España. -me dijo, niño ven aquí -dije, no quiero venir, Entonces tendrás que salir.
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Taita Huaranguito
Taita Guaranguito Mató a su mujer Con un cuchillito de palo Del tamaño de él Pirí, pirí pon Pirí, pire pin Este muchacho salga de aquí.
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-Manzanita del Perú ¿Cuántos años tienes tú? -nueve años. -1, 2, 3,4, 5,6,7,8,9.
(al llegar a Tú, respondía con su edad el niño que hubiese sido señalado con la última silaba y contándose los años de éste, ganaba o perdía, según lo acordado el niño al que le tocara el último año).
o esta otra
Naranjita del Perú cuantos años tienes tú todavía no lo sé pero pronto lo sabré - !siete! Tengo uno, tengo dos, tengo tres, tengo cuatro, tengo cinco, tengo seis, tengo siete.
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Congorito
Dicen que ya viene, no se sabe quién. Todo el mundo corre caramba, Tú corres también.
(Del cancionero criollo, que fue usada para regir en los años cincuenta).
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Pinocho
En la casa de Pinocho, todos cuentan hasta ocho, 1,2,3,4,5,6,7,8.
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Pito Colorito
Pito, pito, colorito; dónde vas tú tan bonito, a la acera verdadera, pin pon, afuera.
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Periquito el Bandolero
Periquito el bandolero se metió en un sombrero el sombrero era de paja se metió en una caja la caja era de cartón se metió en un cajón el cajón era de pino se metió en un pepino el pepino maduró y Periquito se escapó.
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La Vieja
Uno, dos, tres, cuatro; una vieja mató un gato, con la punta de un zapato, el zapato se rompió y la vieja se cayó. (*)
(*) El Doctor Oreste Di Lullo, en su “Cancionero popular de Santiago del Estero” publicado en 1940 en Buenos Aires, por A. Baiocco y Cia. Editores, finaliza esta tonadilla con: y la vieja se embromó.
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Avelino
Avelino fue por vino Rompió el jarro en el camino y su madre lo azotó con el rabo de un cochino pobre jarro, pobre vino pobre poto (culo) de Avelino.
Edna Garrido, en su “Folklore infantil de Santo Domingo” nos entrega una tonadilla similar en la que el protagonista no es Avelino sino Antonino:
Antonino fue por vino, quebró el jarro en el camino ¡Pobre jarro, pobre vino, pobre culo de Antonino!
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Perico de los Palotes
Perico de los palotes Es un viejo petimetre De pera y de bigote A quien la ropa le queda Apretada como cuete Tú perdiste, tú saliste Vete, vete, vete.
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Tonadilla para un Repique
Esta tonadilla era usada a principios de siglo para distraer a los bebes y evitar se asustaran con el repique de campanas, muy comunes en Lima hasta principios del siglo XX, realizando el ejercicio y cantando con atronador acompañamiento.
Ají con pan Ají con pan las tripas gordas del sacristán Ají con queso Ají con queso las tripas flacas del burro tieso.
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Tortitas de Manteca
Tortitas de manteca para la mama que da la teta.
Tortitas de cebada para el papa que no da nada. Tortitas y tortones, para los muchachones sin calzones.
Esta tonada muy común en Lima y otras ciudades de la costa peruana, también se entonaba en otros pueblos de América Latina, que compartiendo raíces comunes, nos ofrece paralelismos culturales frecuentes, Edna Garrido de Boggs en su “Folklore infantil de Santo Domingo, nos entrega esta versión:
Tortica de manteca, pa mamá, que da galleta; tortica de cebada, pa papá, que no da nada; Tostones pa papá, que da calzones.
Din, din, din... El dedito en el bordin, Don, don, don... el dedito en el bordón.
Dale a mucita, en la cabecita. Dale a la muzuela, en la cabezuela, din, din, din. (Sic).
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Yases
El juego de los yases, se deriva del antiguo juego de las tabas, que se jugó desde las épocas de la Grecia Antigua. Se le denominó “astrologoi”, y era en sus orígenes, más una herramienta de sortilegio que un juego de niñas.
Inicialmente se usaban falanges de carnero o de ciervo, fabricándose posteriormente de marfil y aun en oro y plata. Las niñas a través de los siglos, lo jugaron con las pepas de algunos frutos o con piedrecillas, tirando una por alto y recogiendo otra u otras del suelo.
En España se le llamaba, chinas o cantillas; en Cuba, chinata; taquichuela en Paraguay, pasote en Puerto Rico, mato o matos en México, payana en Argentina, pallalla o chinas en Chile y en el Perú, zapatero; nombres estos que entraron en desuso en los años cuarenta, cuando; por ese prurito huachafo que tenemos los latino americanos de norteamericanizar todo lo que se pueda, se les enseñó a las niñas que le llamaran “jacks” nombre hoy castellanizado, como yases.
Lo que se encuentra en duda es si este juego se practicó por estos lares, antes de la llegada de los españoles. En los años 1600 se le llamaba en aimara, chulusita; pero la sola existencia de este vocablo, consideramos no prueba su origen nativo; por ejemplo, rodar el aro en aimara se decía siticusitha y a los palitroques o bolos, sincusitha; en quechua cincuni y al ajedrez taptana, denominaciones éstas que no inducen a dar partida de nacimiento americano a estos juegos.
Hasta hace pocos años, y probablemente hasta hoy en menor escala se juegue en Antabamba, provincia de Apurímac, a la pispischa, de sorprendentemente semejanza con el antiguo juego griego “pentalita” que quiere decir, cinco piedras. La pispischa que se jugaba con seis piedrecillas podría ser tranquilamente una derivación del juego de pichca o pichacana que se jugaba en el incanato, y consistía en arrojar una especie de dados de madera, hueso, piedra o simplemente de papa.
En el año de 1958, realizándose en Pachacamac la limpieza de la rampa de una pirámide perteneciente al periodo intermedio tardío, se halló uno de estos dados con los que se jugaba la pichca, el cual tiene forma de pirámide trunca y que se puede observar actualmente en el museo de sitio de estas ruinas, situadas a pocos minutos de la ciudad.
El limeño juego llamado zapatero, curiosamente contaba con un pase denominado pis pis, que se nos antoja, término pariente del antabambino pispischa. Dicho pase consistía en arrojar una de las seis piedrecillas y con el dedo índice tocar el piso recogiendo luego las cinco piedrecillas restantes para recibir antes de que llegara al suelo la piedrecilla que se arrojaba al aire.
En México, se observa parecida circunstancia; ya que a un juego similar a la pispischa peruana, ellos la denominaban matatena en azteca, maitl, mano; telt, piedra y tena, llenar.
De lo que no debe existir dudas, es que antes de la llegada de los españoles, existieron jugadores en el Imperio, nos refiere el Inca Garcilaso de la Vega, en el tomo cuarto de los Comentarios Reales, del término quechua, chunka camayoc, el cual traduce con el significado de tahúr o perpetuo jugador(*).
Don Ricardo Palma, en su tradición “Sistema decimal entre los antiguos peruanos”; del tomo V de sus “ Tradiciones Peruanas”, cita literalmente a Garcilaso... Todos los juegos se llaman en quichua Chunca (diez), porque todos los números van a parar al deceno. Los peruanos tomaron pues, el número diez por el juego y para decir juguemos, dicen chuncasun, que en rigor de significación es contemos por dieces... (Comentarios Reales, capitulo XIV, libro XX).
Presumo un paralelismo cultural, que puede apreciarse también con claridad en juegos como el del trompo y el mundo que se jugaron en otras latitudes desde tiempo atrás.
Comentaremos que en Piura, se juega aun con fréjoles, una variante, llamada “La Chunga”, para el cual las niñas se aprovisionan de fréjoles de diversos colores, en igual número, eligiendo cada una de las participantes su color, luego de mezclarlos, la primera jugadora toma un puñado y los arroja hacia arriba, voltea la muñeca dejando la palma hacia abajo, intentando recibir con el dorso de la mano la mayor cantidad de fréjoles, estos los tira nuevamente hacia arriba voltea la mano y recibe los fréjoles.
En este juego se mezcla la habilidad y el azar, porque la ganadora es la niña que alcance a tomar el mayor número de fréjoles de su color elegido al principio del juego.
Pero diremos como los jugadores de billar de aquellos tiempos antañones, bola al centro y ajustar, y vayamos de lleno al grano.
En Lima, como dijéramos líneas arriba se jugaba al zapatero hasta los años cuarenta más o menos, apareciendo en seguida, la versión del ahora familiar juego de yases, que se juega, empleando cinco o seis piezas de plástico o metal, con forma de un aspa atravezada por un eje y una pelotita de jebe; él numero de jugadores acostumbra a ser 2, 3, 4, y hasta cinco niñas.
Se rige para determinar el turno tirando cada una los yases y recibiéndolos con el dorso de la mano. La que más yases recibía, iniciaba el juego, continuando con la jugadora que hubiera alcanzado la segunda colocación en esta ronda inicial y así sucesivamente, o algunas veces sólo se tomaba en cuenta a la ganadora y se continuaba por la derecha. En caso de que una jugadora recibiera la totalidad de yases en la regida, ganaba el derecho de omitir uno de los lances convenidos, además de volver a regir. Sin embargo en los últimos años, las niñas determinan la sucesión, apresurándose a decir primi, según, terci, para establecer de esta forma el primero, segundo o tercer lugar.
El juego consiste en arrojar la pelota al aire y recoger los yases antes de que la bola toque el suelo, realizando una serie de lances o pases en un orden predispuesto, siendo él más popular los que nombramos a continuación: Chanchito, Levis, Pasada, Levis con palmada (Chinita ligera), Pasada con palmada (Tacu tacu), Levis con doble palmada, Pasada con doble palmada, El puente, La araña, Mariposa, Comidita, etc.
—————————— (*) En quechua se denomina pucllay al jugador, pukllaq a jugar y pukllana al juguete.
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