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ANECDOTAS

 

 

 

 

 

 

 

Juegos que jugaron los limeños en el siglo XX

 

Por: “El Cochero del Virrey”

 

 

 

Arroz con leche

 

 

De las rondas, la más popular era el arroz con leche, que se realizaba con un número impar de participantes. Situándose un niño al centro

y los otros girando alrededor suyo cantaban.

 

 

Arroz con leche

me quiero casar

con una señorita del Portugal

que sepa coser

que sepa bordar

que sepa abrir la puerta

para jugar.

 

Con esta sí

con esta no

con esta señorita me caso yo.

 

 

Al concluir la canción se rompía la ronda y los niños se abrazaban por pareja, quedando siempre uno, que era el que pasaba a ocupar el centro de la ronda.

 

 

En Buenos Aires escuche otra versión del Arroz con Leche

que mixturaba este con Doncella del Prado, ronda muy conocida en Lima

practicada desde sabe Dios cuando:

 

 

Arroz con leche,

Me quiero casar,

Con una señorita,

De San Nicolás,

Que sepa coser,
Que sepa bordar,

Que sepa abrir la puerta,

Para jugar.

 

Yo soy la viudita,

Del barrio del Rey;

Me quiero casar,

Y no encuentro con quien.

 

Elige vos,

Que aquí tenes cien.

 

Con esta sí,

Con esta no,

Con esta señorita,

Me caso yo.

 

 

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Dale a la Mocita

 

 

Sujetando las manitos del bebe y al son de la melodía,

se le hacía tocar su cabecita repetidamente.

 

 

Dale, dale, dale

Dale a la mocita

Con la piedra grande

Con la más chiquita

Dale, dale dale

Dale, a la mocita.

 

 

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De Compras

 

 

Otro juego por el estilo de los anteriores,

era el que tomando la mano del niño se le decía.

 

 

Cuando tu mamá te mande a comprar carne,

no compres de por aquí, porque hay mucho hueso.

(Y se le pellizcaba suavemente el antebrazo)

 

Ni de por aquí, porque hay mucho pellejo.

(pellizcando esta vez, la parte interna del brazo)

 

Si no por aquí.

(Y se le hacia cosquillas en la axila)

 

 

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Don Sequi

 

 

Otro juego limeño de niñas ya casi olvidado

 

 

Recuerdo nítidamente a las chicas  pequeñas practicar este juego, que no era precisamente  una ronda. Se jugaba individualmente o se ubicaban las niñas en fila con los brazos en jarra iniciando una serie de saltitos al ritmo de esta tonada:

 

 

Don Sequi, don Sequi,

Don Sequi de la culequi.

A lo gallo, a lo gallo,

A lo gallo y al galpón.

 

 

Los saltos los realizaban juntando y separando las cañas de sus piernecitas y moviéndose a los costados y de adelante hacia atrás y de atrás hacia delante, cayendo de rodillas al final de la tonadilla. Era impresionante observar la resistencia de las pequeñas en este juego que repetían una y otra vez.

 

 

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Doncella del Prado

 

 

Se cantaba en ronda con una niña al centro

 

 

Ronda

 

Doncella del prado

que al campo saliste

a recoger flores

de marzo y abril.

 

Niñita

 

Yo soy la niñita

del Conde Laurel

que vengo a jugar

y no encuentro con quién.

 

Ronda

 

Pues siendo tan bella

No encuentras con quién

escoge a tu gusto

que aquí hay más de cien.

 

Niña

 

Yo escojo a esta niña

por ser la más bella

por ser la primera

de todo el jardín.

 

 

Al terminar, la niña solista abrazaba a otra niña elegida por ella, que pasaba a ser la doncella del prado.

 

 

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El Ángel de la bola de oro

 

 

Se regia para elegir entre los participantes a tres niños que hacían los papeles de, San Pedro, El Ángel de la Bola de Oro y el Diablo de los siete mil cachos.

 

Luego de elegidos, el diablo y el ángel se apartaban, en tanto, San Pedro se dedicaba a otorgarle a cada niño el nombre de una fruta. Tú te llamarás durazno, tú manzana, tú níspero, tú chirimoya, tú plátano, tú lúcuma, etc.

 

Finalizado este bautizo masivo, el diablo y  el ángel se encontraban habilitados a tocar las puertas del cielo; produciéndose el dialogo siguiente:

 

Toc, toc, toc.

 

San Pedro - ¿quién es?

El Ángel - El Ángel de la bola de oro.

San Pedro - ¿qué deseas?

El Ángel - Una  fruta.

San Pedro - Qué fruta.

Ángel - Una pera.

 

Al llegar a esta solicitud especifica, San Pedro debía responder de acuerdo a las circunstancias; si había algún niño bautizado como pera, respondía así:

 

San Pedro -Tenga Usted la pera y que le haga provecho.

 

Retirándose el ángel con el niño, al que ubicaba en un rincón previamente establecido.

 

Si no se hubiera bautizado a ningún niño como pera, la repuesta era ésta:

 

San Pedro - Váyase al peral que aquí peras no hay.

 

Retirándose el ángel con las manos vacías.

 

Luego, le tocaba el turno al diablo, que procedía de la misma forma y diálogo; repitiéndose las visitas a San Pedro, tantas veces como fuera necesario, hasta terminar con la existencia de las celestiales frutas.

 

El juego concluía, con un ejercicio de fuerza entre el ángel y el diablo, ayudados cada uno de las frutas que hubiese recibido en sus diversas visitas al cielo.

 

Se pintaba una línea, con tiza o carbón que no faltaba en los viejos hogares limeños; San Pedro hacía las veces de juez colocando al ángel y al diablo frente a frente, teniendo cada uno de ellos, atrás y asidos de la cintura formando fila; a las frutas conseguidas.

 

San Pedro, daba la orden de empezar, y el grupo que lograba jalar al otro obligándolo a cruzar la línea, era el equipo ganador.

 

 

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El Grano en la Nariz

 

 

Esta canción, es un couplet, cantado en los teatros y cinemas de Lima en los años 16 y 17 del siglo XX. Pegó tanto en el gusto de nuestros abuelos, que aun se escucha decir a alguien.

– ¡Por qué soy tan infeliz tengo un grano en la nariz!....o....diálogos como éste.

 

Tienes un granito en la nariz... siendo respondido.

– Pero no soy infeliz.

 

Días del asesinato del poeta Yerovi, del asalto al tren de la Oroya, del duelo de “Carita”  y “Tirifilo”, de las  confusiones que produjo a los sandungueros limeños la introducción del sistema decimal.

 

La versión que les presento a pesar que se la escuché millones de veces a la abuela y a su hermana mayor, algunas veces graciosamente cantada a dúo; no la recordaba en su integridad, y siendo parte de esos recuerdos medios jodidones que lo ponen sentimentaloide a uno, no puedo reservarme el comentarles la complacencia que experimenté al descubrirla en “El cancionero de Lima” N.-106 de la imprenta Ledesma, volumen pequeño, humilde, casi oculto en un anaquel de la sala de música de la Biblioteca Nacional.

 

Se las transcribo con grato placer.

 

 

I

 

Como soy tan infeliz

tengo un grano en la nariz

-juy-trila-la-lara.

Este grano me emborracha

Y me huyen las muchachas

Juy-juy-trila-la-lara.

 

II

 

Un mancebo de farmacia

Dice que el grano me engracia

Juy-juy-trila-la-lara.

Y el se cree que yo le creo

Pero yo sé que estoy feo

Juy-juy-trila-la-lara.

 

III

 

Esa niña que me mira

Al ver el grano suspira

Juy-juy-trila-la-lara.

Y le dice a su mamá;

¡Ay Jesús! Que feo está

Juy-juy-trila-la-lara.

 

IV

 

Al pasar por Espaderos

tropecé con un pulpero

Juy-juy-trila-la-lara.

y un puñete me pegó

pero al grano no le dio

Juy-juy-trila-la-lara.

 

V

 

Mi madre quiere casarme

y se sonríe al mirarme

Juy-juy-trila-la-lara.

y cuando salgo a pasearme

me lo tengo que tapar.

 

VI

 

Al bailar una dancita

se me pone mi carita

Juy-juy-trila-la-lara.

que ya no le cabe má

Juy-juy- por Santo Tomás

Juy-juy-trila-la-lara.

 

VII

 

Tengo un cheque circular

que no me quieren cambiar

Juy-juy-trila-la-lara.

¿Saben ustedes por qué?

- Porque el grano se me ve.

Juy-juy-trila-la-lara.

 

 

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El Huevito

 

 

Siendo los infantes más grandecitos; en sus primeros años, se jugaba con ellos tomando sus deditos y diciendo.

 

 

Este niñito,

se compró un huevitose le tomaba el dedo meñique

Este compré la mantecael cordial

Este le echá salsitael anular

Este lo cocinó –el índice

Y este pícaro gordo sé lo comióóóóó –el pulgar

 

Produciendo las carcajadas del infante.

 

 

En los libreros de la avenida Grau en Lima, encontré hace unos pocos años lo que presumo fue un libro de lectura bastante antiguo Se encontraba sin pasta y sólo eran unas veinte hojas unidas en el que aparecía la siguiente versión firmada por Ismael Parraguez, la cual anoté sin un fin preciso y la transcribo confesándoles que de tanto leerla, pareciera haberla escuchado de pequeño; pero sin duda, si fuera así, no fue de las más populares:

 

 

Este es un hacendado

este un escribiente

este es el presidente

este es un abogado

y este un niño mimado.

  

El Cancionero argentino Popular Cuyano, de Juan Draghi Lucero, nos trae esta otra.

 

Este compró un guebito,

éste lo puso a asar;

éste le echó sal;

éste lo revolvió,

¡Y éste picaro mataco se lo comió¡(sic)

 

 

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Esconde la Patita

 

 

Este juego  consistía en sentarse todos los jugadores en un lugar donde las piernas pudieran colgar y balancearse al ritmo de la tonada con la que se  regía. Uno de los niños o algunas veces un mayor, cantaba la tonadilla dando palmadas pierna por pierna de los participantes, obligando al dueño de la pierna que se tocaba cuando se pronunciaba la ultima palabra de la tonada, a esconderla o dejarla quieta, reiniciando nuevamente el juego hasta que solo quedara una piernecita que pertenecía al ganador.

 

Para este juego, conocí dos tonadillas con sus variantes y mis hijas mayores me alimentaron con otra que paso a entregárselas:

 

 

Pim Pim San Agustín

 

Pim pim San Agustín,

a la meca, a la seca

la tortoleca,

el hijo del rey

paso por aquí

comiendo maní

a todos les dio

menos a mí.

Palo con palo

cu cu ru cu

para que salgas tú.

 

 

A la abuela le conocí otra versión, ya en desuso en épocas de mi infancia.

 

Pin, zoropín

la seca, la meca,

la tuturumbeca

el hijo del rey

paso por aquí

vendiendo jabas

a seis maravedís

mariquita la jonda

éste que se quede

y éste que se esconda.

 

 

Un amigo arequipeño, nacido en los años cuarenta, me dictó la siguiente versión.

 

Tin, tin,

San Agustín

la torta, la meca,

la peca

el hijo del rey

paso por aquí

comiendo maní

a todos les dio

menos a mí

palos con palos

para los caballos

tite la cue

para que escondas

la patita hedionda.

 

 

 

Los Maderos de San Juan

 

Esta otra tonadita que se usaba para el mismo juego, era de las más populares..

 

Aserrín, aserrán

los maderos de San Juan

piden pan, no les dan

piden queso, menos eso

piden ají, eso síiiiiiiii.

 

 

Las abuelas la cantaban así.

 

Aserrín, aserrán

los maderos de San Juan

piden queso, piden pan

los de Roque alfandoque

los de Rique, alfeñique

los de Trique, triquitrán

triqui, triqui, triquitrán

triqui, triqui, triquitrán.

 

 

El Maestro don Ricardo Palma,

en su tradición “La honradez de un ánima bendita”

nos entregó la siguiente:

 

Aserrín, aserrán,

los maderos de San Juan;

los del rey aserran bien;

los de la reina también;

los de duque

truque, truque;

los de dique

trique, trique.

 

 

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¡Hola!  ¡Hola! Camarón con Cola

 

 

Los Chiquillos, se formaban en hilera agarrándose de la cintura y a la voz de ¡hola!  ¡hola! Camarón con cola, comenzaba el juego. El que ocupaba el primer lugar, que simulaba ser la cabeza de un gigantesco camarón, debía evitar ser atrapado por el que ocupaba él último lugar  que  hacía las veces de la cola, no pudiendo romperse la hilada en esta operación a riesgo de perder validez la acción y reiniciarse el juego con los jugadores en la misma posición.

 

La motivación consistía, en que la cabeza atrapada pasaba a ocupar el segundo lugar, rotando ágilmente la posición de los jugadores quienes no se comprometían con nadie para poder así avanzar y ser protagonistas principales.

 

Lo costeante del juego, rico en jalones, caídas y risas, lo hizo muy popular en los años treinta y cuarenta del siglo XX.

 

 

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Juegos de Palmadas o Zen Zen

 

 

Juego de palmadas o zen zen;  hoy menos popular que décadas atrás,

aun lo practican las niñas,  tocándose mutuamente las palmas de las manos rítmicamente al son de diversos estribillos.

 

 

La Serpiente

 

Debajo del puente

hay una serpiente,

verdad que sí,

verdad que no,

si te mueves o te ríes

te daré un pellizcón.

 

 

Con su variante.

 

 

Debajo del puente

hay una serpiente,

verdad que sí,

tilín , tilín,

verdad que no,

tolón tolón,

si te mueves o te ríes

te daré un pellizcón.

 

 

El Balcón 

 

Me caí de un balcón con

y me hice un chichón chon chon

vino mi mamá, me quiso pegar

vino mi papá, me quiso ahogar

vino mi abuelita la pobre viejecita

-y me dijo- sana, sana, colita de rana.

 

 

La misma con ligeras variantes .

 

Me caí de un balcón con con

y me hice un chichón chon chon

me sobé con algodón, don don

vino mi mamá, me quiso pegar

vino mi papá, me quiso matar (otras decían, me quiso ahorcar)

vino mi abuelita la pobre viejecita (o viejita)

me dio un centavito y me hizo callar (...y dejé de llorar)

calla, calla, calla, cabeza de papaya

vamos a la playa, no dejes la toalla.(o, Vamos a la playa comiendo papaya).

 

 

El Barquito

 

Me Caí de un barquito, ito ito

se me vio mi calzoncito ito ito.

Vino mi mamá, me quiso pegar

vino mi papá, me quiso matar

vino mi abuelita, la pobre viejita

me dio un centavito y me hizo callar.

 

 

Luna, Lunera

 

 Luna, lunera, cascabelera.

Ojos azules, boca morena

llena de migas y bien caballera

sale el caballito blanco

alumbrando todo el campo

sale el caballito negro

alumbrando todo el cielo

salen las monjas, con sus toronjas

salen los frailes, con sus costales

luna, lunera, cascabelera

ojos azules, boca morena

llena de migas y bien caballera.

  

El maestro don Ricardo Palma en su tradición, “Los panecillos de San Nicolás”

nos entrega la siguiente tonadilla:

 

Luna, lunera,

cascabelera,

cinco pollitos,

y una ternera.

 

 

Las Calaveras

 

 

Cuando el reloj marca la una,

las calaveras salen de su tumba

chúngala, cachúngala, cachúngala.

Cuando el reloj, marca las dos,

las calaveras hacen el dos,

chúngala, cachúngala, cachúngala.

Cuando el reloj marca las tres,

las calaveras se lavan los pies

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las cuatro,

las calaveras se comen un gato

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las cinco

las calaveras se dan un brinco,

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las seis

las calaveras se chupan los pies

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las siete

las calaveras revientan un cohete

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las ocho,

las calaveras comen bizcocho

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las nueve

las calaveras se bañan en la nieve

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las diez

las calaveras saltan otra vez

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las once

las calaveras toman su lonche

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca las doce

las calaveras se comen un tofee

chúngala, cachúngala, cachúngala

Cuando el reloj marca la una

las calaveras vuelven a su tumba,

chúngala, cachúngala, cachúngala.

 

 

Cuando Era...

 

Cuando era bebe, bebe, bebe,

me arrullaban, me arrullaban, me arrullaban. (chupeteaba, chupeteaba, chupeteaba)

Cuando era niño, niño, niño,

chupeteaba, chupeteaba, chupeteaba. (estudiaba, estudiaba, estudiaba)

Cuando era joven, joven, joven,

estudiaba, estudiaba, estudiaba. (coqueteaba, coqueteaba, coqueteaba)

Cuando era adulto, adulto, adulto,

trabajaba, trabajaba, trabajaba.

Cuando era anciano, anciano, anciano,

bastoneaba, bastoneaba, bastoneaba.

Cuando era muerto, muerto, muerto,

apestaba, apestaba, apestaba.

Cuando era ángel, ángel, ángel,

aleteaba, aleteaba, aleteaba.

Cuando era diablo, diablo, diablo,

pellizcaba, pellizcaba, pellizcaba.

 

 

Popeye

 

Po-pe-ye

Popeye el marino,

 soy soy, soy,

comiendo espinaca

parezco, una vaca,

Popeye el marino,

soy, soy, soy.

 

Su padre fue marinero, nero, nero,

su abuelo también lo fue, fue, fue

por eso Popeye es un gran marino.

Popeye el marino soy, soy, soy.

 

 

Me Casé

 

Yo me casé,

con una de mi barrio

que tenía piojos

y se los saqué

con agua salada

caña de azúcar

esencia de limón,

limón, limón, limón

si te mueves o te ríes

te daré un pellizcon.

 

 

La Paloma

 

Había una paloma; punto y coma,

salió de su nido; punto seguido,

fue a Marte; punto aparte,

tuvo dos hijitos; dos puntitos

vino un animal; punto final.

 

 

Mariquita

 

Mi mamá

Me regaló lo lo lo,

Una linda muñequita ita, ita,

Que se llamaba Mariquita ita, ita,

Con la eme, con la a, con la r,

Con la i, con la q, con la u,

Con la te, con la a,

Mariquita, ita ita.

 

 

Mensú

 

Mensú, mensú, mensú,

a la calera love que te love

Escalera, calavera,

estropajo, escarabajo,

donde está minina

haciendo gelatina para su mamita

donde está el ratón

haciendo panetón para su papito de todo corazón

donde está el ají

el ají está aquí.

 

 

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La Panzota

 

 

Tocando cada una de las partes señaladas del bebe,

se concluye el juego haciéndole cosquillas en la barriguita.

 

 

Ese pelito de San Pedrito

Esos ojitos de los gatitos

Esa boquita de Ña Catita

Esa ñatita que cochinita

Y esa panzota que esta grandotaaa.

 

 

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Los Estudiantes

 

 

En esta ronda que probablemente tenga muchos siglos de existencia y que sin duda nos llegó de España, los niños regían para saber quien iría al exterior de la ronda (un niño) y el resto se dividía en dos grupos iguales uno de los cuales era encerrado por el otro que rondaba.

 

Se daba inicio al juego cantando a coro los que rondaban.

 

Ron, roon, Felipito, Felipón

que cosa  es ese ruido

que pasa por aquí;

que de día ni de noche

no nos deja ni dormir

 

El niño  que se encontraba afuera cantaba.

 

Somos los estudiantes

que venimos a rezar

en una capillita

de la Virgen del Pilar

Con un pañuelo de oro

y otro de plata

salga que salga

por esta puerta falsa.

 

 

Al decir esto, todos los niños que estaban al interior de la ronda trataban de salir por debajo de los brazos de los que rondaban, intentando ser impedidos por estos bajando las manos asidas a la del compañero y pegando los cuerpecitos en lo posible. En estas circunstancias se armaba un zafarrancho de padre y señor mío. Los que lograban salir, pasaban a engrosar las filas del inicialmente solitario estudiante que cantaba al exterior. La ronda se repetía hasta la salida del último niño, ocasión en que se trocaban los puestos.

 

 

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Matatiru Tiru La

 

 

Un juego tan popular como el arroz con leche es el Matatiru Tiru La, que no es propiamente una ronda sino más bien la escenificación de una galante solicitud hecha por un decidido mancebo y la respuesta de la previsora madre de la doncella; la que en algunos casos era acompañada en la respuesta a coro por sus eventuales hijas.

 

Las niñas,  tomadas del brazo se  situaban frente al galán; el niño, con las manos atrás iniciaba el canto avanzando y haciendo retroceder a las niñas, las que a su vez, al contestar avanzaban, tocándole al niño retroceder.

 

 

-Buenos días, su señoría

matatiru, tiru, la.

 

-¿que quería su señoría?

matatiru, tiru la.

 

-yo quería a una de sus hijas

matatiru, tiru, la.

 

-¿a cual de ellas Usted querría?

Matatiru, tiru, la.

 

-Yo quería a...........

Matatiru, tiru la.

 

En que oficio la pondría

matatiru, tiru la.

 

La pondría de lavandera

matatiru, tiru la.

 

Ese oficio no me gusta

matatiru, tiru la.

 

La pondría de cocinera

matatiru, tiru la.

 

Ese oficio no me gusta

matatiru, tiru la.

 

La pondría de princesa

matatiru, tiru la.

 

Ese oficio si me gusta

matatiru, tiru la.

 

 

 

El maestro José Gálvez, en sus “Estampas Limeñas” nos cuenta que el juego se cerraba con:

 

 

-Pues hágamosle la fiesta

Matantirum tirum lan...

 

 

Y no como se concluye en la versión que les alcanzo, que es la que conocí en los inicios de esta segunda mitad del siglo, además, en los tiempos del Patricio, en Lima, según observamos por su relato, no se decía matatiru tiru la, sino matatirum tirum lan. En su “Cancionero Popular Cuyano”, Juan Draghi Lucero dice: Matantirurirurá. Ramón Laval en su “Folklore de Carahue-Chile”, publicado en Madrid en 1916, le dice Madundirum dirumdá y Juan Alfonso Carrizo, en “Antología de cantares tradicionales del Tucumán”, Matuntiru lirola.

 

Nimias diferencias, para coplas que se transmitieron de generación en generación, por, sabe Dios cuántos años en nuestra querida América Latina.

 

Una idea de la antigüedad de la tonadilla nos la da, Don Francisco Rodríguez Marín en su obra “Cantares populares españoles”, obra de cinco tomos, que en su capítulo sobre “Varios Juegos Infantiles del Siglo XVI”, incluye esta versión brasileña.

 

 

O Rapaz.- Bon día, meu senhorio,

                  Manda ó tiro-tiro-lá.

Coro.-        Que é que vocé quier?

                  Manda ó tiro-tiro-lá.

O Rapaz.-   Quero uma de vossas fillas,

                   Manda ó tiro-tiro-lá.

                 -Ecolhei a que quizerdes...

                 -Quero dona...(fulana)

                 -Que officio tem voce?

                 -Meu officio á zapateiro...

                 -Este officio ñao me agrada...

 

 

No he tenido la satisfacción de tener en mis manos el trabajo de Rodríguez Marín, la referencia la tomo de la concienzuda obra de Juan Alfonso Carrizo, citada en anteriores líneas.

 

 

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Mi Patria y mi Bandera

 

Federico Barreto

 

 

Desde que ví la luz, mi pecho anida,

Dos amores; mi patria y mi bandera.

Por mi patria el Perú yo doy la vida

Por mi bandera, el alma el alma entera.

 

 

Esta canción a la bandera era entonada por todos los escolares de las primeras décadas de este siglo en todas las formaciones y veladas cívicas, pertenece al escritor tacneño, Federico Barreto; nacido en 1872. Este poeta peruano es autor de la letra del vals argentino ¡Ay Aurora! Al cual Gardel le puso música. Sobre esto, comenta Aurelio Collantes en su trabajo titulado “La canción criolla” lo siguiente:

 

“...En tierras mapochinas, el dueto gaucho de Gardel y Razzano concurre una tarde de remolienda de 1917, a una típica reunión de huasos, realizada en una quinta brava de las afueras; allí entre francas libaciones de chicha baya, aprendieron la tonada chilena La Yeguecita y un vaporino peruano obsequio al Zorzal Argentino el poemario Algo Mío; de Federico Barreto, gustándole mucho el soneto titulado Queja a Dios, al cual pone  música en ritmo de vals argentino y lo institucionaliza con el nombre de ¡Ay Aurora!...”

 

 

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Mira para Arriba

 

 

Mira para arriba.

(Cuando éste alzaba la cabeza, se le decía al niño)

Cosquillas en la barriga.

 

 

O la variante.

 

 

Mira para arriba.

Pim bola.

(Tocándole suavemente con el anular o el índice la garganta)

 

 

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Mundo, Rayuela, Avión

 

 

Visitando Jerusalén en los años 90, traje el recuerdo de una visión familiar de tres niñas árabes que jugaban al “mundo” en Jerusalén y que originó el comentario de mi instructor israelí Dor Eleazar,  cuando le expresé mi sorpresa por la universalidad de este pasatiempo, “... es explicable -me dijo- la rayuela es la expresión más simple de los laberintos acondicionados, para representar el mito del viaje del alma, hacia el cielo y su origen debe perderse en el tiempo...”

 

Por aquellos años, no tenía la menor presunción que escribiría sobre los juegos y el comentario de Eleazar, hombre de vasta cultura, fueron parte de los muchos que le escuché sobre una variedad de temas. Estos motivos y el tiempo transcurrido, explicarán que lo puesto en boca de mi instructor, no es una transcripción textual, pero guarda el sentido y la información que me transmitía.

 

El  juego se practicaba ya en la Roma de los Cesares y  el  Foro Romano, conserva una curiosa prueba de ello; un “mundo” pintado en el suelo, que invita a los de traviesa imaginación, figurarse a Calígula o Nerón, teja en mano dando saltitos para llegar a la partida.

 

Se puede observar sin extrañarnos, en el paisaje urbano o rural de  países tan lejanos entre sí, a grupos de niños que juegan alegremente al “mundo”. En China, Bolivia, Francia, India, México, Alemania o Estados Unidos. Se le denomina en otros lugares rayuela, el sol y la tierra, el cielo y la tierra, el sol y la luna, el avión, el aeroplano, el pijije, la golosa, etc. siendo España, sin duda donde este universal entretenimiento posee mayor cantidad de nombres y variantes.

 

En Tabasco se le llama, cojo pie; en Badajoz, calajanso, teta, chinche y  también rayuela; cruzeta y corozo en Córdoba; en Huelva escanchuela, en Logroño, truco; en Sevilla, pique, pico, teje, teta, toldos y soria; en Soria se le denomina calderon; en Avila, pitajuelo y en Madrid truquemele.

 

Este, como todos los entretenimientos populares, precisa de muy poco, una tiza, que muchas veces era un trozo de yeso arrancado de la pared (antes también se usó el carbón) y una teja.

 

El juego radica esencialmente en pintar en el suelo un sendero dividido en  diez cajones, arrojar la teja a uno de éstos y realizar un recorrido saltando en un pie, recogiendo la teja en el retorno.

 

Cuando jugábamos mundo hace cincuenta o más años,  lo hacíamos con más “profesionalismo” que los chicos de ahora, por ejemplo, éramos incapaces de usar cualquier cosa como teja. Ubicábamos un ramal de cañería de plomo  (de la red de gas en inexplicable desuso en Lima) y cortábamos un trozo que luego doblábamos y  chancábamos con una gran piedra; La abuela nos acondicionaba saquitos de arena, de frijoles o de maíz, y todas estas como verés querido lector, eran tejas por excelencia, poseían el peso y consistencia ideal. Yo alcancé a jugar con todas ellas, siendo mi favorita la de cañería de plomo. A mis hijas las ví  jugar, con  cáscara de plátano, cosa que era ya demostrativa de la ligereza que se observaba en los preparativos del juego, pero hace unos días observé una atrocidad. Una parejita de niños de nueve o diez años, que jugaban mundo cerca al comercio de sus padres, utilizaban a guisa de teja un apretado y húmedo montoncito de papel higiénico, que al ser arrojado hacia el correspondiente cajón por las “sacrílegas” e infantiles manitas,  se desintegraba en trozos que acompañados de profusa lluvia salpicaba alrededor. La repuesta al cisma podría ser, que las cañerías de plomo se acabaron y que las abuelas no cosen ya saquitos de arena.

 

 

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Padrino Sebo

 

 

Esta costumbre de aspecto lúdico y a la vez lucrativo practicada en los bautizos desde la colonia hasta los años 60 del siglo XX, consistía  en que el padrino debía arrojar monedas al salir de la iglesia; los palomillas del barrio enterados siempre de los horarios bautismales, esperaban en la puerta de los templos para beneficiase de la generosidad del padrino que de negarse era perseguido insistentemente hasta obligarlo a pagar el impuesto a la costumbre, algunas veces el padrino se intentaba escapar o no satisfacía las expectativas de los pedilones muchachos los cuales coreaban este efectivo estribillo:

 

 

¡Padrino sebo¡

¡Pata e  candao!

No tiene plata

Y quiere ahijado.

 

y esta otra versión.

 

¡Padrino sebo!

¡Pata e  candao!

¡Bolsillo seco!

¡Calzón cagao!

 

 

Huelga decir que nadie quería ser tildado de amarrete, pobretón y menos de “calzón cagado”, debiendo ir bien provisto de las pesadas monedas de la época.

 

 

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Pollito Asado

 

 

Cuando los bebes tenían algunos meses, las abuelas con la finalidad de llamar la atención de las criaturas y de ejercitarles el movimiento de las manos, les cantaban abriendo y cerrando los puños.

 

 

 Pollito asado

apimentado

a la pucha,

a la pucha

que esta quemao.

 

Y esta otra versión.

 

Qué rico pollo

Muy bien asado

Por un poquito

Ya se ha quemado.

 

 

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¿Tiene Huevos?

 

 

 

Este es el nombre de  un clásico juego limeño de esos que van perdiéndose en el olvido; nos lo recuerda el Patricio Don José Gálvez  en sus Estampas Limeñas: “...hasta en los juegos infantiles había la esquinera preocupación. Había uno muy lindo. Don Ricardo Palma dice es netamente limeño. El muy noble caballero de  Croix, Virrey del Perú en las postrimerías del siglo XVIII era muy aficionado según nuestro tradicionalista, a los huevos frescos pasados por agua caliente... El encargado de buscarlos era su mayordomo Julián de Córdoba, quien llevaba su avaricioso cuidado, hasta el punto de tener un aro y una balanza para medirlos y pesarlas. Los pulperos en la Plaza de Armas, se hartaron del mayordomo regateador y, acordados de consuno, no le vendieron más huevos, diciéndole fuera a buscarlos a otra esquina. El señor Virrey supo los atrenzos de su fámulo y preguntole:

 

¿Dónde compraste hoy los huevos?

En la esquina de San Andrés, Señor. (San Andrés, queda a 8 cuadras de la Plaza Mayor).

 

Pues, replicó el Virrey, mañana iras a la otra esquina por ellos. Y así nació según nos cuenta don Ricardo Palma, el juego de las esquinas  y de los huevos...”

 

En épocas de mi chiquititud, (años 50 del siglo XX) este juego aún no se había extinguido y alcancé a jugarlo en muchas ocasiones, en él  participaban cinco niños que luego de regir cuatro de ellos se colocaban en igual número de esquinas, formando un cuadrado y el quinto niño, se aproximaba a cualquiera de los otros e iniciaba el siguiente diálogo interrogándole:

                                          

¿Tiene huevos?

Contestaba el interrogado

No hay, búsquelos en la otra esquina.

 

En tanto se producía él dialogo; con suma rapidez, los otros niños corrían intercambiándose de esquinas, es en esos momentos que el niño preguntón, que en tanto dialogaba miraba de reojo los movimientos que se realizaban en las esquinas vecinas debía de aprovechar para ocupar una de ellas, el niño que quedaba sin lugar, reemplazaba de inmediato al preguntón, debiendo realizar tantas visitas a las  esquinas, como tiempo le costara ocupar una de ellas.

 

Francisco Rodríguez  Marín, en “Varios juegos infantiles del siglo XVI”, Madrid, tipografía de archivos 1932 nombra al juego de  “La candelita” que trata de las mismas reglas que el “Tiene Huevos” limeño y que se jugaba en España 200 años antes.

 

El niño preguntón en este caso se acercaba a una esquina y preguntaba:

 

¿Una candelita?

Siendo respondido

A la otra casita.

 

¿Una candelita?

A la otra esquinita.

 

Y así, hasta que alguien se descuidaba y el preguntón ocupaba una esquina.

 

Por lo relatado podríamos especular que el juego de  “La candelita” se jugaba en la Lima de aquellas épocas cuando ocurrieron los hechos en que participó don Teodoro de Croix  XXXIV Virrey del Perú, que gobernara por 5 años 11 meses y 21 días desde el 6 de abril de 1784 al 25 de marzo de 1790. Siendo pues, probablemente el juego de ¿Tiene huevos?  Una derivación producto de la travesura limeña atenta a perpetuar con sus ocurrencias los cuadros anecdóticos de la ciudad.

 

 

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Tonadillas para Regir

 

 

Para los tantos juegos de patio que practicaban los niños, era imprescindible tener un mecanismo para elegir quiénes iniciaban, a qué grupo se integraría cada jugador o quién iniciaba el juego. Las tonadillas eran esa deliciosa forma en que se dirimían estas necesidades.

 

El hecho de ser los niños los que la empleaban, contribuyó a que se produjeran muchas variantes, por lo que no pretendo sostener que las que aquí aparecen son las versiones más autenticas y/o valederas pero sin duda, si de las más populares. 

 

Diremos como en el billar: bola al centro y a ajustar que ahí les van las tonadillas con que se regía en la Lima del XIX y del XX antes de la llegada del Yan kem pó.

 

 

Periquito

 

Periquito y su mujer

se sentaron a comer

Periquito no comió

y de pena se murió.

 

 

Felipito

 

Felipito, Felipón

tan chiquito y barrigón

con su suegra y su mujer

se sentaron a comer

Felipito no comió

y de pena se murió.

 

 

Por la Calle La Merced

 

A, b, c, ch

la cartilla se me fue

por la calle La Merced

no me pegues mamacita (maestrita)

que mañana la traeré.

 

 

La Gallina pupujada

 

La gallina pupujada

puso un huevo en la enramada

puso uno, puso dos,

puso tres, puso cuatro,

puso cinco, puso seis,

puso siete, puso ocho

pan y bizcocho

para el perro mocho

Tuturutú para que salgas tú.

 

 

De Tim Marín

 

De tim Marín

de dopim hue

de tútara, mátara  (túcara, mácara)

Títere fue

yo no fui, fue tete

pégala, pégala

que ella fue.

 

Con esta otra versión:

 

Tim marín

de dó pingué

búscala, mátala

que ella fue.

Yo no fui

fue Tete

pégala, pégala

que ella fue.

 

 

Metropolitana

 

Por la metropolitana

un camión, que pasaba por España.

-me dijo, niño ven aquí

-dije, no quiero venir,

Entonces tendrás que salir.

 

 

Taita Huaranguito

 

Taita Guaranguito

Mató a su mujer

Con un cuchillito de palo

Del tamaño de él

Pirí,  pirí pon

Pirí,  pire  pin

Este muchacho salga de aquí.

 

 

Manzanita

-Manzanita del Perú

¿Cuántos años tienes tú?

-nueve años.

-1, 2, 3,4, 5,6,7,8,9.

 

(al llegar a Tú,

respondía con su edad

el niño que hubiese sido señalado

con la última silaba y contándose los años

de éste, ganaba o perdía, según lo acordado

el niño al que le tocara el último año).

 

o esta otra

 

Naranjita del Perú

cuantos años tienes tú

todavía no lo sé

pero pronto lo sabré

- !siete!

Tengo uno, tengo dos,

tengo tres, tengo cuatro,

tengo cinco, tengo seis,

tengo siete.

 

 

Congorito

 

Dicen que ya viene,

no se sabe quién.

Todo el mundo corre caramba,

Tú corres también.

 

(Del cancionero criollo, que fue usada para regir en los años cincuenta).

 

 

Pinocho

 

En la casa de Pinocho,

todos cuentan hasta ocho,

1,2,3,4,5,6,7,8.

 

 

Pito Colorito

 

Pito, pito, colorito;

dónde vas tú tan bonito,

a la acera verdadera,

pin pon, afuera.

 

 

Periquito el Bandolero

 

Periquito el bandolero

se metió en un sombrero

el sombrero era de paja

se metió en una caja

la caja era de cartón

se metió en un cajón

el cajón era de pino

se metió en un pepino

el pepino maduró

y  Periquito se escapó.

 

 

La Vieja

 

Uno, dos, tres, cuatro;

una vieja mató un gato,

con la punta de un zapato,

el zapato se rompió

y la vieja se cayó. (*)

 

(*)  El Doctor Oreste Di Lullo, en su “Cancionero popular de Santiago del Estero” publicado en 1940 en Buenos Aires, por A. Baiocco y Cia. Editores, finaliza esta tonadilla con: y la vieja se embromó.

 

 

Avelino

 

Avelino fue por vino

Rompió el jarro en el camino

y su madre lo azotó

con el rabo de un cochino

pobre jarro, pobre vino

pobre poto (culo) de Avelino.

 

Edna Garrido, en su “Folklore infantil de Santo Domingo” nos entrega una tonadilla similar en la que el protagonista no es Avelino sino Antonino:

 

Antonino fue por vino,

quebró el jarro en el camino

¡Pobre jarro, pobre vino,

pobre culo de Antonino!

 

 

Perico de los Palotes

 

Perico de los palotes

Es un viejo petimetre

De pera y de bigote

A quien la ropa le queda

Apretada como cuete

Tú perdiste, tú saliste

Vete, vete, vete.

 

 

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Tonadilla para un Repique

 

 

Esta tonadilla era usada a principios de siglo para distraer a los bebes  y evitar se asustaran con el repique de campanas, muy comunes en Lima hasta principios del siglo XX, realizando el ejercicio y cantando con atronador acompañamiento.

 

 

Ají con pan

Ají con pan

      las tripas gordas

del sacristán

  Ají con queso

  Ají con queso

    las tripas flacas

  del burro tieso.

 

 

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Tortitas de Manteca

 

 

Tortitas de manteca

para la mama

que da la teta.

 

Tortitas de cebada

para el papa

que no da nada.

Tortitas y tortones,

para los muchachones

sin calzones.

 

 

Esta tonada muy común en Lima y otras ciudades de la costa peruana, también se entonaba en otros pueblos de América Latina, que compartiendo raíces comunes,

nos ofrece paralelismos culturales frecuentes, Edna Garrido de Boggs en su

“Folklore infantil de Santo Domingo, nos entrega esta versión:

                                                          

 

Tortica de manteca,

pa mamá, que da galleta;

tortica de cebada,

pa papá, que no da nada;

Tostones pa papá,

que da calzones.

 

Din, din, din...

El dedito en el bordin,

Don, don, don...

el dedito en el bordón.

 

Dale a mucita,

en la cabecita.

Dale a la muzuela,

en la cabezuela,

din, din, din. (Sic).

 

 

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Yases

 

 

El juego de los yases, se deriva del antiguo juego de las tabas, que se jugó desde las épocas de la Grecia Antigua. Se le denominó “astrologoi”, y  era en sus orígenes, más una herramienta de sortilegio que un juego de niñas.

 

Inicialmente se usaban falanges de carnero o de ciervo, fabricándose posteriormente de marfil y aun en oro y plata.  Las niñas a través de los siglos, lo jugaron con las pepas de algunos frutos o  con piedrecillas, tirando una por alto y recogiendo otra u otras del suelo.

 

En España se le llamaba, chinas o cantillas; en Cuba, chinata; taquichuela en Paraguay, pasote en Puerto Rico, mato o matos en México, payana en Argentina, pallalla o chinas en Chile y en el Perú, zapatero; nombres estos que entraron en desuso en los años cuarenta, cuando; por ese prurito huachafo que tenemos los latino americanos de norteamericanizar todo lo que se pueda, se les enseñó a las niñas que le llamaran “jacks” nombre hoy castellanizado, como yases.

 

Lo que se encuentra en duda es si este juego se practicó por estos lares, antes de la llegada de los españoles. En los años 1600 se le llamaba en aimara, chulusita; pero la sola existencia de este vocablo, consideramos no  prueba su origen nativo; por ejemplo, rodar el aro en aimara se decía  siticusitha y a los palitroques o bolos, sincusitha; en quechua cincuni y al ajedrez taptana, denominaciones éstas que no inducen a dar partida de nacimiento americano a estos juegos.

 

Hasta hace pocos años, y probablemente hasta hoy en menor escala se juegue en Antabamba, provincia de Apurímac, a la pispischa, de sorprendentemente semejanza con el antiguo juego griego “pentalita” que quiere decir, cinco piedras. La pispischa que se jugaba con seis piedrecillas podría ser tranquilamente una derivación del juego de pichca o pichacana que se jugaba en el incanato, y consistía en arrojar una especie de dados de madera, hueso, piedra o simplemente de papa.

 

En el año de 1958, realizándose en Pachacamac la limpieza de la rampa de una pirámide perteneciente al periodo intermedio tardío, se halló uno de estos dados con los que se jugaba la pichca, el cual tiene forma de pirámide trunca y que se puede observar actualmente en el museo de sitio de estas ruinas, situadas a pocos minutos de la ciudad.

 

El limeño juego llamado  zapatero,  curiosamente contaba con un pase denominado pis pis, que se nos antoja, término pariente del antabambino pispischa. Dicho pase consistía en arrojar una de las seis piedrecillas y con el dedo índice tocar el piso recogiendo luego las cinco piedrecillas restantes para recibir antes de que llegara al suelo la piedrecilla que se arrojaba al aire.

 

En México, se observa parecida circunstancia; ya que a un juego similar a la pispischa peruana, ellos la denominaban matatena en azteca, maitl, mano; telt, piedra y tena, llenar.

 

De lo que no debe existir dudas, es que antes de la llegada de los españoles, existieron jugadores en el Imperio, nos refiere el Inca Garcilaso de la Vega, en el tomo cuarto de los Comentarios Reales, del término quechua, chunka camayoc, el cual traduce con el significado de tahúr o perpetuo jugador(*).

 

Don Ricardo Palma, en su tradición “Sistema decimal entre los antiguos peruanos”; del tomo V de sus “ Tradiciones Peruanas”, cita literalmente a Garcilaso... Todos los juegos se llaman en quichua Chunca (diez), porque todos los números van a parar al deceno. Los peruanos tomaron pues, el número diez por el juego y para decir juguemos, dicen chuncasun, que en rigor de significación es contemos por dieces... (Comentarios Reales, capitulo XIV, libro XX).

 

Presumo un paralelismo cultural, que puede apreciarse  también con claridad en juegos como el del trompo y el mundo que se jugaron en otras latitudes desde tiempo atrás.

 

Comentaremos que en Piura, se juega aun con fréjoles, una variante, llamada “La Chunga”, para el cual las niñas se aprovisionan de fréjoles de diversos colores, en igual número, eligiendo cada una de las participantes su color, luego de mezclarlos, la primera jugadora toma un puñado y los arroja hacia arriba, voltea la muñeca dejando la palma hacia abajo, intentando recibir con el dorso de la mano la mayor cantidad de fréjoles, estos los tira nuevamente hacia arriba voltea la mano y recibe los fréjoles.

 

En este juego se mezcla la habilidad y el azar, porque la ganadora es la niña que alcance a tomar el mayor número de fréjoles de su color elegido al principio del juego.

 

Pero diremos como los jugadores de billar de aquellos tiempos antañones, bola al centro y ajustar, y vayamos de lleno al grano.

 

En Lima, como dijéramos líneas arriba se jugaba al zapatero hasta los años cuarenta más o menos, apareciendo en seguida, la  versión del  ahora familiar juego de yases, que se juega, empleando cinco o seis piezas de plástico o metal, con forma de un aspa atravezada por un eje y una pelotita de jebe; él numero de jugadores acostumbra a ser 2, 3, 4, y hasta cinco niñas.

 

Se rige para determinar el turno tirando cada una los yases y recibiéndolos con el dorso de la mano. La que más yases recibía, iniciaba el juego, continuando con la  jugadora que hubiera alcanzado la segunda colocación en esta ronda inicial y así sucesivamente, o algunas veces sólo se tomaba en cuenta a la ganadora y se continuaba por la derecha. En caso de que una jugadora recibiera la totalidad de yases en la regida, ganaba el derecho de omitir uno de los lances convenidos, además de volver a regir. Sin embargo en los últimos años, las niñas determinan la sucesión, apresurándose a decir primi, según, terci, para establecer de esta forma el primero, segundo o tercer lugar.

 

El juego consiste en arrojar  la pelota al aire y recoger los yases antes de que la bola toque el suelo, realizando una serie de lances o pases en un orden predispuesto, siendo él más popular los que nombramos a continuación: Chanchito, Levis, Pasada, Levis con palmada (Chinita ligera), Pasada con palmada (Tacu tacu), Levis con doble palmada, Pasada con doble palmada, El puente, La araña, Mariposa, Comidita, etc.

 

 

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(*) En quechua se denomina pucllay al jugador, pukllaq a jugar y pukllana al juguete.

 

 

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Derechos de Autor © Juan Carlos Arroyo Ferreyros

Jcaf18@hotmail.com

     
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