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Es muy probable, que en el Perú se siga escribiendo en
las paredes, los baños, los paraderos de omnibuses, etc., como se hacía desde antaño, allá por la época
colonial; algo que según rumores transmitidos generación a
generación desde aquel entonces, fue naciendo en la
medida que la población se sentía menos a gusto con sus
autoridades y encontró en este tipo de mensaje, la forma de
criticar sus atropellos e injusticias. Otros, son mensajes sobre
la rutina diaria a la que la gente se ve expuesta, sus problemas, sus
temores, deseos reprimidos, etc.
Desgraciadamente, este tipo de comunicación masiva, creció de tal modo que
ya no simplemente sirvió como acción crítica sino, que se convirtió en
vehículo de morbo, murmuración, chisme y también para denigrar alguna
persona a la que no se veía con buenos ojos, con razón o sin ella.
Es probable que aquel comportamiento tuviera alguna excusa, por la época
en que se vivía. Exclavitud, racismo, abuso de poder, eran actos que
encontraban respuesta en aquellos anónimos que aparecían en las paredes y
puertas de las ciudades. Era una especie de diario vecinal, que de alguna
forma parecían deleitar al vecindario, pues las comidillas sobre lo que se
leía eran vox populi; sin importar si lo escrito, era una real crítica a un
noble, un burgués, un virrey, una dama o una autoridad, o acaso una
denigrante ofensa hacia cualquiera de ellos.
Posiblemente, mediante ese sistema, se descubría muchas veces un secreto
político u otro personal; tan igual como lamentablemente se creaba uno
nuevo; muchas veces basado en una infamia cobarde.
Antíguamente, los comerciantes usaban las paredes para anunciar sus
productos y cada quien de alguna forma iba revolucionando las artes y el
diseño gráfico, cuando utilizaba un dibujo como distintivo para su
promoción. Podía ser la figura de un animal; un felino o una tierna
avecilla; la figura de un Santo o de una persona en forma caricaturezca.
En fin, toda una gama de creatividad iba naciendo de todo ello.
En algunas casonas, en los llamados “traspatios”, sus dueños hacían pintar
una especie de murales con escenas algunas veces históricas, otras
religiosas, tal vez como un rezago del arte rupestre, a través del cual el
hombre, desde tiempo inmemorial, ha querido graficar lo que veía y
admiraba. En su tiempo, era el único medio de hacerlo.
Como texto, como mensaje, este sistema de "comunicación", no aprobado; aun
se desarrolla en muchas partes del mundo y tal vez no acabe nunca,
mientras haya alguien dispuesto a criticar, exponer una idea, mofarse de
algo y en el peor de los casos a
denigrar.
Hoy en día, el
sistema de gobierno democrático que rige en la mayoría de los países del
orbe, permite hacer una crítica sin que ello demuestre una violación de la
Ley. Sin embargo también prolifera lo que se ha dado en llamar “amarillismo”,
cuando la crítica es denigrante, ofensiva y sin base de veracidad; o sea
simplemente una burda calumnia y de aquel graffiti colonial en paredes y
puertas, esto ha ido “avanzando” también con la tecnología y hoy la
encontramos indistintamente, en algunas revistas, diarios y hasta en el
internet.
En la actualidad, algunos lo consideran un medio de expresión urbana, de
la cual existen muchas vertientes. (LARS).
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