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El cronista Guamán Poma de Ayala, según ilustraciones de su obra Nueva Crónica", nos muestra la labor de estos "Guardas de los sembríos", durante el Imperio Incaico y gran parte de la Epoca Colonial.
Según los apuntes sobre historias y leyendas de los indios del padre jesuita Pablo José de Arriaga; los parianas eran los encargados de proteger los sembríos que les eran confiados, contra los animales perniciosos, la gente de mal vivir y contra los demonios.
Estos "espantapájaros" incaicos, eran especialmente seleccionados para dicha labor, bajo estrictos requisitos impuestos por los gobernantes de cada región.
Se les aplicaba reglas que consistían en no usar sal, no comer ají ni tener relaciones sexuales; pero lamentáblemente los cronistas no especifican la relación entre estas prohibiciones y el cultivo en sí; desde el sembrado hasta la cosecha. Tampoco detallan la duración de dichas abstinencias, las que seguramente tuvieron plazos de acuerdo a determinada época.
Una vez nombrado, el Pariana, construía su choza en zona aledaña a los sembríos que se le encomendaba cuidar y tales funciones dependían del tiempo de maduración, que cada clase de fruta, tubérculo u hortaliza requería.
Guamán Poma, quien fuera descendiente directo de la raza incaica, estuvo muy familiarizado con esta labor; lo que le sirvió sin lugar a dudas, para ilustrarnos a través de sus documentos pictóricos con las usanzas del gran Imperio Incaico.
En el caso específico del "Guarda de los sembríos", éste andaba descalzo y se vestía con una prenda tipo camisón, sobre la que se anudaba una especie de pañolón; el que a su vez le servía como un bolsillo. Usaba una especie de gorra, sobre la que se colocaba una piel, que generalmente era de zorro, con las patas delanteras colgando sobre sus hombros, hacia adelante.
Sobre el uso de la piel de este depredador, hay algunas discrepancias entre los cronistas, sobre el por qué de su uso. Para los habitantes de la zona de los Andes, quienes adoraban al Sol; el zorro era un animal de mal agüero, por lo cual hay quienes creen que posiblemente éstos consideraban que las desgracias se contrarrestaban justamente con un símbolo de las desgracias; en este caso, el zorro. Algo así como, un antídoto sacado del mismo veneno. Sin embargo, para otros historiadores, posiblemente esta usanza tenga raíces más antiguas.
Según Garcilazo de la Vega, en la zona de Chimú (Trujillo) y Pachacamac (Lima), se adoraba a la Luna y el zorro era considerado un animal casi sagrado. Por otro lado, el padre Francisco de Avila, creía que el "Guarda-maíz", era una institución Yunka, (adoradores del zorro), que fue adoptada después por la Cultura Inca.
Este personaje, llevaba además: en la mano izquierda, un bastón adornado con una borla, posiblemente de lana y algún tipo de sonaja para ahuyentar a los animales. En la mano derecha, sostenía una honda con la que podía lanzar piedras con gran precisión; utensilios que debía mantener consigo en todo momento.
Hernando de Avendaño, otro cronista de la época; habla también de un baile celebrado inmediátamente después de la cosecha, al que según apuntes del padre Arriaga, se denominaba Ayrihua.
De acuerdo a Pedro Cieza de León, esta ceremonia era conocida como el baile del primer maíz; el cual se escenificaba entre los meses de abril y mayo. Para dicha danza, los indios se amarraban tallos de maíz que contenían choclos, sobre ramas de sauce. Luego del baile, estos choclos eran ofrecidos en sacrificio al Dios del Trueno; al que le solicitaban una buena cosecha para el año siguiente.
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