|
Este próximo 18
de enero, Lima vuelve a cumplir un aniversario más de su fundación. Y uno
de los otros atributos de esta “Ciudad de los Virreyes”; fueron sus
balcones. Aunque no se ha podido determinar con precisión, la fecha en que
se empezaron a construir, algunos cronistas afirman que en 1555 ya
existían; y desde entonces, muchos de los extranjeros que llegaban de
visita a Lima, optaron por considerarla la “Ciudad de los Balcones”.
Estos tallados compartimientos, fueron mandados construir como
complemento de sus mansiones, por nobles y personas adineradas que
llegaron para radicar en épocas coloniales.
Generalmente fueron españoles, que traían preferencias por las
construcciones árabes-moriscas, tan utilizadas en la Península Ibérica. El
pintor e investigador Juan Manuel Ugarte Eléspuru, afirma que el uso de
balcones proviene del Cercano Oriente, de Siria, Damasco y El Cairo. Desde
allí habrían llegado al sur de España y luego hasta nosotros. Por otro
lado, la historiadora alemana Barbara Dahlheimer, detalló que en la propia
Andalucía no se encuentran tantos balcones del mismo tipo que predomina en
Lima; a los cuales el poeta José Gálvez llamó: “El lazo de la mansión a la
calle”.
Otros historiadores dicen que aquellos personajes, no eran muy adeptos a
permitir que sus mujeres estuviesen caminando por las calles, por lo cual
mandaban diseñar estos elegantes balcones, al igual que inmensas ventanas,
para que aquellas damas, desde pequeñas bancas instaladas dentro, pudiesen
apreciar cómodamente sentadas, el movimiento de la ciudad y sus habitantes,
sin ser prácticamente vistas. Hay quienes piensan que igualmente servían
para ocultarse y poder observar a sus galanes. Según Ricardo Palma, “...con
un palmito y un donaire y un aquel capaces de tentar al mismísimo general
de los padres belethmitas”; las limeñas inspiraron amoríos por doquier.
Otros dicen, que eran lugar de reunión de viejas chismosas, con afán de
urgar la vida ajena; pero fueron también lugares propicios para la
tertulia, la intimidad, el goce del fresco despertar con el rocío matinal
limeño y de plateadas noches de Luna llena.
La ostentación de quién tenía el mejor diseñado balcón, contribuyó a que
la capacidad de los ebanistas de aquellas épocas se pusiera de manifiesto
y casi nunca se podía encontrar uno igual al otro. Cada quien creaba un
diseño diferente, una especie de distintivo, como sus escudos de armas. Su
profusión fue tal que el padre Antonio de la Calancha, autor de “Crónicas
Moralizadoras”, dijera alguna vez: “Son tantos y tan largos que parecen
calles en el aire”.
Durante el Virreinato, el verde fue el color predominante. Muchos fueron
decorados con cerámicas y mosaicos sevillanos. Los primeros balcones
fueron construídos de celosías –una especie de enrejados de listoncillos
de madera–, y con los años, igualmente los estilos fueron cambiando y en
algún momento inclusive adquieren una influencia francesa. El bárroco
logró su máxima expresión con el gran balcón tallado del palacio de Torre
Tagle.
A pesar del tiempo transcurrido, los balcones limeños conservan aun su
encanto; atributo que se ganó la admiración de muchos; entre ellos, el
investigador italiano Bruno Roselli, quien expresó que: “Los balcones son
para Lima lo que la Torre Eiffel es para París, la estatua de la Libertad
para Nueva York y los leones de Trafalgar Square para Londres: un sello
cargado de una importante unicidad.”
Con el programa “Adopte un Balcón”, el ex-alcalde de Lima Alberto
Andrade, hace algunos años inició la recuperación de estas joyas
arquitectónicas. En la actualidad, más de un centenar de ellos han sido
restaurados gracias al aporte de importantes compañías.
|