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PERSONAJES

 
     
 
 

El biscochero

El antiguo biscochero, tuvo un sistema de venta que años más tarde imitaron el "turronero" y el "melcochero". Utilizaba una rodela colocada en la cabeza y sobre la que balanceaba su vitrina en la que llevaba sus apetecibles bizcochos.

 

Desde muy temprano, iniciando el día  a las 6:00 de la mañana, emprendía su caminar por las empedradas calles de Lima, con su pregón: ¡Ay! Bizcochero; o tal vez decía ¡Hay Bizcochero!

 

Otras veces se le oía anunciar a todo pulmón ¡Chancayano, muy bueno!, en referencia a los bizcochos de yema que más tarde se conocían simplemente como Chancay; el que seguramente muchos habrán saboreado y recordarán.

 

¡Pan de dulce, pan de dulce y de regalo. Pan de dulce!, era otro de sus pregones y cada cual le daba la entonación buscando la mejor forma de llegar a sus posibles clientes; sobre todo los niños.

 

Estos personajes fueron los primeros empleados que trabajaron ganando un porcentaje sobre sus ventas. Los dueños de panaderías y pastelerías los contrataban y les pagaban de acuerdo a lo que vendían. Generalmente trabajaban en dos turnos, el de las 6:00 de la mañana, durante el cual vendían los nombrados bizcochos y rosquitas. En el de las 12:00 del medio día, incrementaban su variedad, agregando peso y sabor a su vitrina, con sus empanadas y pasteles.

 

El Dr. fuentes relata en su obra "Lima", una anécdota con respecto a este pintoresco personaje de antaño: "No todos los apetitosos bizcochos y dulces que adornaban la tabla del bizcochero, tienen el mismo precio; ni todos los muchachos son tan dichosos que posean la suma de cinco, diez o veinte centavos para regalarse con ellos un bocado exquisito y caro. El bizcochero franquea un camino probable de alcanzar esa felicidad, y hé aquí cómo: coloca su tabla en el suelo, rodeándose de ella los muchachos, cada uno de los cuales pone en el objeto que más codicia, dos o tres centavos. El bizcochero bate su plumero o servilleta para espantar las moscas vecinas y cuando cesa el movimiento del plumero, vuelven las moscas y una de ellas, se para, naturalmente antes que las demás, sobre un bizcocho; el que apostó en él, gana; los demás jugadores pierden sus apuestas, lo cual hace que el bizcochero recoja por un bizcocho, cuatro o cinco veces más de lo que vale. Si la mosca, tiene el antojo de pararse sobre pieza no señalada por algún muchacho, el bizcochero hace suyas todas las apuestas". Parte de la siempre y antigua "criollada" nuestra. (LARS)

 

 

 

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