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LIMA

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 
 
 

Callejón de un solo caño

 

 

Quién no recuerda los famosos "callejones", aquellos a los que muchas canciones populares, nombran apropiadamente como los de "un solo caño". Muchas de estas viviendas datan de años coloniales, desde cuando la gente humilde tuvo que agruparse para casi compartir completamente su "hogar, dulce hogar".

 

Se caracterizaron por ser solares de dimensiones generalmente rectangulares, dentro de los cuales habían otras divisiones de un solo piso, con una o dos habitaciones; sin servicios higiénicos, casi sin ventilación y algunas veces, alumbradas con la luz que podía ofrecer la tenue llama de una vela o la "mecha" de aquellos famosos "lamparines" a kerosene.

 

Estos tugurios, fueron también focos de enfermedades como la viruela o la escarlatina; que se contagiaban y propagaban rápidamente debido al hacinamiento de sus ocupantes.El "callejón" de antaño, venía a ser algo así como, como el "barrio cercado del vecindario"; donde a la portera se le llamaba "misia" Pancha o "misia" Juana. Era ella la encargada de regentar el callejón. A ella acudían préstamente los inquilinos con sus quejas diariamente; para pedir consejos o acaso solicitar un préstamo, para el pago miserable de la renta o comprar algún vívere, mueble o utensilio necesario en casa.

 

La autoridad de la "misia", era incuestionable. A su orden se abrían y cerraban las puertas; se encendían o apagan las luces; se realizaban o supendendían las jaranas. Era la primera receptora de los chismes, rápidamente propagados, como creemos aun se dice, por "las malas lenguas".

 

El punto de reunión en el callejón, era el húmedo "caño"; cañería única para el abastecimiento del líquido elemento de cientos de personas. Allí se comentaban las "buenas y malas nuevas". Era el lugar donde se discutían los hechos policiales; se criticaba a los poetas y gobernantes; se alababa o pisoteaba la reputación de alguien y donde seguramente, hasta se creó parte de la "jerga" o replana y así innovar, para bien o para mal el idioma.

 

Las sufridas amas de casa, eran madres de numerosa prole; porque según la filosofía popular de aquel entonces, "cada niño , llegaba con un pan bajo el brazo"; o porque como más tarde se dijo humorísticamente, no "había televisión", ni "control de la natalidad". Estas mujeres, se multiplicaban desde el amanecer hasta más tarde de pasado el ocaso, para atender las necesidades de su familia.

 

Del callejón salieron los mejores guitarristas, cajoneros y muy buenos compositores, con un talento especial para crear música y letra; que conservan y luego transmiten a las nuevas generaciones; al compás de graves y agudas voces, como aquel vals de Nicomedes y Victoria Santa Cruz, que dice:

 

"Al dulce bordonear de la vihuelas,

hoy día se estremece como antaño;

el viejo callejón de un solo caño,

con el repiquetear de castañuelas..."

 

En los "callejones", se realizaban fiestas o jaranas que duraban varios días. No podía faltar ni el elegante "palabreador" que decía ser el invitado de honor, ni el famoso "zampón" o "paracaidista". Ambos daban un toque especial a la fiesta.

 

En él, se brindaban las más criollas "serenatas’; ofrecidas a una "bella durmiente", durante su plácido sueño de medianoche.

 

El aguardiente que algún inquilino destilaba en su alambique casero, corría a raudales como río torrentoso, capaz de aliviar o aplacar, en su turbulenta libación, las alegrías y decepciones de cada quien. La preparación de los platos criollos, era una especie de rito, realizado generalmente por fornidas morenas; delicias algunas muy picantes que había que bajar con un espumante "poto" de chicha de jora.

 

El landó, la zamacueca, la marinera y otros bailes típicos; servían, al decir de algunos, para botar los malos espíritus al cadencioso compás de sus movimientosos eróticos.

 

No podía faltar la consabida "bronca" con sus trompadas, cabezasos y chalacas, en un escándalo natural, por apagar la frustración en el aguardiente. De allí surgieron, los más guapos, "los faites", "los mechadores" y también los amantes de lo ajeno: "choros", "pericotes", "lanzas", "arrebatadores"...

 

Callejones de antaño, de donde salían las tamaleras, las humiteras, las champuceras y picaroneras a entregarnos su manjar, preparado en algún obscuro rincón de su tan querido "callejón". (LARS)