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Catalina Huanca
Varios son los autores que han querido describir a este personaje, pero la mayoría lo ha hecho como un tema de fantasía; como Ricardo Palma, quien ha llevado a Catalina Huanca, a los límites de la leyenda y su tradición. Es el que más ha inspirado y servido de fuente a cuantos han escrito sobre el tema.
La historia dice que entre el finales del siglo XVII y principios del XVIII, llegó a regentar el poder, tanto de los repartimientos de Hanan Huanca y Hatun Xauxa, la cacica Teresa de Apoalaya, hija mayor del cacique Carlos Apoalaya. Años más tarde, Teresa renunció a los curacazgos en favor de su hijo Blas, quien por una alianza matrimonial regentó también el poder en Lurin Huanca.
Existe un expediente de títulos de la comunidad de Huamanmarca, donde se presenta como procuradora de los ayllus, una "...muy poderosa señora Catalina Guanca"; siendo interesante que el mismo esté firmado el día cinco de junio de 1714, cuando era curaca principal del valle, precisamente la mencionada Teresa. Es posible entonces que "Catalina Huanca", sea un seudónimo utilizado por ella; aun cuando es imposible explicar por qué.
Según Ricardo Palma y otros autores; Catalina Huanca, pasaba casi la mitad del año con su pueblo en San Jerónimo y el resto del tiempo en Lima. El trayecto lo hacía sentada en una litera de plata, escoltada por tres centenares de indios y por cada pueblo o caseríos por donde pasaba, era recibida con grandes vivas, en una muestra de respeto que no sólo le profesaban los indígenas, sino igualmente los españoles.
Dice también la leyenda; que en cada retorno de su paseo anual de la Sierra, regresaba a Lima con cincuenta acémilas cargadas de oro y plata. Nadie se explicaba de dónde provenía toda esa riqueza, pero se decía que formaba parte de un tesoro que durante siglos habían ido acumulando sus antepasados.
La mayoría de esos autores, la han descrito como un personaje de gran devoción y caridad. Una mujer muy devota, que en muchas oportu-nidades, contribuyó a la construcción de iglesias y hospitales; regalando azulejos y maderas para el Convento de San Francisco de Lima, en 1620. Que ayudó igualmente a la edificación del Hospital de Santa Ana, con un cuantioso aporte monetario y para su mantenimiento, donó fincas y terrenos que poseía en Lima. Que era muy caritativa con los pobres y estaba siempre dispuesta a prestarles ayuda. Dicen que colaboró mucho con su pueblo, para lo cual estableció en la Real Caja de Censos de Lima, una fundación cuya recaudación serviría para pagar parte de la contribución correspondiente a los indígenas de su cacicazgo, afin-cados en San Jerónimo y los pueblos aledaños de Chupaca, Cincos, Concepción, Mito, Orcotuna y Sicaya.
Según los cronistas de la época, Catalina Huanca falleció a los 90 años de edad en los tiempos del Virrey Marqués de Guadalcázar. Su deceso causó gran pesar y fue muy llorada por gente de todas las edades y condición social. A su sepelio, asistieron miles de personas.
Siempre se creyó que era una mujer muy rica, lo que hizo a muchos imaginar la existencia de un tesoro oculto, que más de uno se aventuró a buscar. Posiblemente tales tesoros no existan más que en la imaginación de algunos escritores, de lo que sí se puede dar fe es que la riqueza de doña Teresa de Apoalaya, consistió de: casas, estancias de ganado mayor y menor, haciendas, ingenios, molinos, solares, tierras de pan llevar y trapiches.
Algunos historiadores, igualmente afirman que Doña Justa Dorregaray Cueva, dama natural de Huamanga (Ayacucho), y madre del Mariscal Andrés Avelino Cáceres, es descendiente de la Princesa Catalina Huanca y de ilustre españoles vascos.
La arquitectura Lima se distinguió por la existencia de grandes edificaciones piramidales hechas con pequeños adobes denominados “adobitos”. Del período Lima Medio, destacan sitios como Cerro Culebras a orilla del Río Chillón, donde se podían ver pinturas murales, representando seres fantásticos con rasgos felinos y antropomorfos. Del Lima Tardío, los asentamientos del valle medio del Rímac, como Cajamarquilla y Catalina Huanca.
En la actualidad el complejo Catalina Huanca, se encuentra ubicado en el distrito de Ate-Vitarte, en la margen izquierda del río Rímac. Un montículo piramidal de grandes dimensiones, parece marcar el lugar. El centro poblado, se encuentra en una quebrada cercana.
Aun se pueden obsevar construcciones con adobes pequeños, al estilo de la Huaca Aramburú y otras edificaciones de tapial y piedra de campo. En los alrededores también queda un antiguo cementerio. Todo ello como un triste recuerdo de aquel gran personaje de leyenda. |
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BIBLIOGRAFIA: www.jauja.org www.idip.ws/literarios Tradiciones Peruanas |
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