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Este fue otro personaje de nuestra Lima de antaño, quien diariamente y sin interrupción; desde las siete de la noche durante la fría y húmeda época invernal limeña, expendía su llamado "champuz de agrio".
La champucera se ubicaba en la puerta de alguna tienda, solar o callejón, con sus infaltables utensilios: un bracero, una olla, cucharas de madera y su farolito con una vela de sebo encendida.
La ayudaba un muchachito que pregonando la venta de este otro dulce limeño, entonando una canción, que más o menos decía así:
El pregonero, al final recibía como pago por su labor, una gran taza de Champuz y si por suerte se vendía toda la producción, recibía además por recompensa, una moneda de medio real.
Este personaje perteneció al gremio de "las fresqueras y los heladeros", quienes también se apostaban, durante los días cálidos, en el Portal de Escribanos del centro de Lima, para ofrecer, además del "champúz" al que nos referimos, chicha de piña, chicha de guindas, agua de granadas y gran variedad de frutas.
Lo más selecto de la aristocracia limeña, acudía a este lugar y cuentan los cronistas que fue doña Ña Aguedita, la más popular en su gremio; pues sus dulces, que presentaba en enormes recipientes de cristal, eran de lo mejor en aquellas coloniales épocas. (LARS).
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