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Ofrecían dichos productos a la otra parte de la población, quienes al consumirlos habrían de ayudar a mantener las ricas tradiciones y folklore no sólo de Lima, sino de las principales ciudades del Perú; hasta que el ritmo de la vida propició los cambios hacia sistemas más avanzados e higiénicos.
La chichera de antaño era generalmente un personaje de tez morena, quien recorría las calles empedradas del ayer, manteniendo en equilibrio un cántaro de arcilla, sobre su cabeza, en el que llevaba su bebida a la que antíguamente se le conocía como "chicha de terranova". Esta era hecha de jora, de garbanzo, de piña o de maíz morado.
Años más tarde, este personaje buscó lugares más aparentes y estratégicos, como para colocar su humilde mesita, algunas veces con sillas y otras sin ellas, para mejorar su atención.
En la época de festividades, sobretodo religiosas; como se decía antaño, "hacía su agosto"; ya que podía hacer que sus ventas al ser mayores fuesen más fructíferas.
Con el tiempo, la chicha no ha perdido su arraigo popular. Claro que ya no vemos una "chichera ambulante", pero en la mayoría de picanterías y restaurantes criollos, no puede faltar aquella bebida que deleitaba a nuestros primigenios antepasados, los Incas; sobretodo la de "jora". Las de piña y la popular "chicha morada", por el color del maíz de la que es hecha, también sigue formando parte del consumo nacional. Salud. (LARS)
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