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El Convento de Ocopa
Este grato lugar de reposo, se encuentra enclavado en un hermoso valle que alguna vez estuvo poblado por los aguerridos y a la vez muy religiosos indios Huancas; quienes vivían al pie de cerros, en cuyas faldas están diseminadas y hoy destruídas, las ruinas de sus hogares. Toda esta zona tiene una riqueza arqueológica abundante. Casi a ras del piso se pueden encontrar objetos de cerámica y metal. Muchos otros, forman parte del Museo del Convento de Ocopa.
Este inmenso paraje se denomina Valle del Mantaro. Cruzado de Norte a Sur por el río del mismo nombre, es considerado como uno de los más altos y bellos del Perú. Está ubicado a casi 3,500 metros s.n.m.; poco más abajo que Ticlio, cuya cumbre, alcanza los 4,884 metros s.n.m.
"Foco perenne de peruanidad y de luz evangélica", dijo el historiador Raúl Porras Barrenechea, al referirse a este claustro fundado en el siglo XVII, por el fraile Francisco de San José, quien pertenecía a la Congregación Franciscana. El convento está casi ubicado entre la triangulación que conforman las ciudades de Jauja, Huancayo y Concepción; más exactamente a la altura de Matahuasi, por la Carretera Central del Perú.
A mediados del año 1500, padres dominicos y franciscanos se establecieron en la ciudad de Concepción. De allí se desplazaban hacias otras ciudades de la región para realizar sus obras misioneras. Ocopa, por su cercanía, fue considerada como punto intermedio de su zona de catequización y decidieron erigir una pequeña capillita en honor a Santa Rosa de Lima.
Junto a esa capilla, el padre Francisco de San José, decidió fundar éste hoy histórico Convento e iniciar su ampliación el 19 de abril de 1725.
El nombre Ocopa, proviene de la palabra quechua "ucupi" que significa "dentro" o "rinconada". Hacia el lado norte de la entrada principal, se yergue el cerro Jerusalén, en cuya cima, los estudiantes de teología de Ocopa, sembraron entre 1950 y 1954, una gigantesca cruz de eucalipto.
En el interior, sus altares muestran el estilo barroco en el que fueron diseñados. Sus paredes lucen altorelieves cincelados en piedra de Huamanga y en sus claustros, se puede apreciar una importante colección de pinturas coloniales en su mayoría de la Escuela Cuzqueña. Una de dichas obras lleva por nombre Nuestra Señora del Rosario con Santo Domingo y Santa Catalina, de pintor anónimo. La Sagrada Familia, Virgen del Carmen, Misterios del Rosario, son otros nombres de obras pintadas en el siglo XVII. Una colección de 29 diferentes escenas llamada Vida de San Francisco de Asis, fue pintada en el siglo XVIII por el artista cuzqueño Ignacio Chacón. También se encuentra otra colección de la escuela flamenca, compuesta por 156 vistozos lienzos y de autor desconocido representando Escenas de la Pasión de Cristo.
En la Capilla de la Misericordia, se venera precisamente una imagen de Nuestra Señora de la Misericordia, que lleva la siguiente leyenda: "...sudó, lloró el 29 de setiembre de 1675". Esta pintura está rodeada de otra valiosa colección de cuadros en honor a Santa Rosa de Lima, tallados en piedra de Huamanga. A la entrada de la biblioteca, existe otro cuadro, posiblemente de la Escuela Huamanguina, en honor a la Virgen del Carmen. Otros lienzos de pinturas conventuales, como la colección denominada Martirio de los Misioneros de Ocopa en la Montaña. El Vía Crucis, es otra bella colección compuesta de 14 lienzos, pertenecientes al pincel del padre Antonio Gravolosa.
El padre misionero, explorador, cartógrafo, músico y pintor Gabriel Sala, también dejó 3 importantes obras: Procesión en la Sierra, Rebelión de Juan Santos Atahualpa y Restauración de las misiones del Cerro de la Sal.
Casi todas las paredes, exhiben un lienzo. En 1970, se acondicionó un salón especialmente para que sirviera de pinacoteca. En ella se exhibe un lienzo que se cree pertenece al pintor español Bartolomé Esteban Murillo y se conoce como Virgen con el Niño en los brazos.
Su biblioteca cuenta con más de 20,000 volúmenes, entre los que se encuentran numerosos incunables. Valiosa colección, perfectamente archivada y catalogada, que representa una reliquia de notabe valor, sobre todo intelectual. Tomos sobre temas religiosos, derecho canónico; historia franciscana e historia en general, forman parte de dicha colección, convertida en una basta fuente de información para estudiosos e historiadores.
Un Museo de Historia Natural de la Selva, complementa sus centenarias instalaciones. En él, se detalla el trabajo científico-cultural realizado por los padres franciscanos, durante las obras evangelizadoras que realizaron en la Sierra Central. (LARS)
● Junín |
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