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El Fantasma Una historieta del pasado
Hace un tiempo, estuvimos releyendo listines cinematográficos antiguos y nos encontramos con una película de largo metraje en la que el héroe es "El Fantasma". Estando en la era de la computación; miles de neuronas, cual "chips" computarizados, activaron algunos de los muchos programas que parecían haber estado perdidos en nuestro "hard drive".
La era de la computación avanza cada día más y más; diríamos a pasos agigantados y nos parece lógico pensar que nuestra computadora principal, aun cuando no usa "back up", ni "diskets" de repuesto, tendría que tener lo que ha almacenado en tantos años, "impreso" en alguna parte. Tal vez una especie de "CD Ram", o la propia "memoria" como siempre la hemos conocido.
"El Fantasma", era una de las pocas historietas favoritas durante nuestra niñez. Recordamos que nuestro padre, Fidel Ramírez Lazo, era jefe de locutores en "Radio La Crónica" y tenía la facilidad de poder llevar el diario del mismo nombre a casa. A veces cuando teníamos la suerte de acompañarlo a sus labores y como el diario se imprimía en el sótano del mismo edificio de la avenida Tacna, nos dábamos el lujo de poder leerla antes de su edición del día siguiente.
Recordamos a Diana, su eterna compañera y a su caballo blanco; imágenes que nos trajeron infinidad de "bits" de recuerdos, que van de la mano con otras vivencias que corren paralelas a través de nuestros años de adolescente. También aparecieron unos cuantos amigos; aquellos de los años de niñez, cuando la amistad es más limpia, transparente y sincera. Recordamos a gratos amigos de infancia y juventud, especialmente a quienes se nos adelantaron en el camino: Juan Noriega "Juancho", un gran amigo que se fue cuando recién empezaba a conocer la vida. A Pepe Taboada, también en el amanecer de su existencia, que cayó abatido por un disparo que no supo dialogar con su verbo aguerrido; lamentablemente politizado. A Jorge Cadenas, otro gran amigo a quien se le desactivó el diástole-sístole que daba vida a su simpatía y don de amigo. A Javier Lengua, con quien pedaleábanos juntos a diario, en camino a nuestra GUE Bartolomé Herrera. A "Lalo" Wisteter, compañero en inolvidables aventuras.
Recordamos muchas bromas y palomilladas de entonces. Los panes con camote, atún o huevo frito que vendía el gordo del kiosko de la GUE "Bartolomé Herrera", donde estudiamos la secundaria y que hacíamos resbalar para calmar el hambre, con un jarro de leche en polvo con chocolate, que llevaban para los alumnos que estudiaban bajo la condición de medio-internado; pero en cuya cola nos "zampábamos", porque la verdad era agradable.
Cómo dejar de recordar al regente del colegio, el Sr. Zárate, severo casi siempre y el Dr. Castro Nestarez. Al "loco", César Urueta; el mejor Jefe de Normas Educativas que tuvimos durante nuestros años de estudiante de Secundaria.
A la hora de salida, nos esperaba el "mambito"; una especie de flan que tenía una consistencia ni muy dura ni muy suave; la que le hacía crear un movimiento tembloroso y por lo cual quien lo preparaba y vendía, lo había bautizado así. Este era el consabido postre, que a veces cambiábamos con una porción de "zanguito" que vendía un fornido moreno también en la esquina del colegio, luego de saborear una porción de "chanfainita" con su mote, que preparaba otra señora.
Las "mini papitas" rellenas de dos pulgadas que se vendían en "delantero", del Cine Breña; que de rellenas no tenían absolutamente nada. Eran pura papa, pero en realidad agradables.
Así, el "Fantasma", una historieta viviente en nuestra inocente mente de niño; aparecía nuevamente, cual duende que surgía de entre las penumbras del pasado para hacernos recordar en el presente, aquellos momentos de agradable secuencia ya idos.
En un sistema tan agitado como en el que vivimos en esta tan grande y cosmopolita ciudad de Nueva York; los fantasmas del pasado no siempre son aquellos duendes o "penas", de las que contaban nuestros abuelos y que casi muchas veces causaban pánico a quienes tenían "ojos de ver", como los viejos decían.
Este fue en realidad, un "fantasma" rejuvenecedor, que trajo un oasis espiritual en el espacio-tiempo; para calmar las viscisitudes en esta selva de cemento, a veces tan rígida y fría como un desierto.
─────────────────── © Luis A. Ramírez S. Editor |
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