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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

 

 

 

 

 

 

¿Existe o no el Tiempo?

 

 

No hace mucho, por ponerlo en un modo de "tiempo", se estuvo celebrando la llegada de un nuevo milenio y parece que fue ayer. Hoy nuevamente estamos a las puertas de un nuevo año, el que sí realmente representa la llegada del Nuevo Milenio. El tiempo pasa tan inexorable que casi no se tiene conciencia de ello; sin embargo un famoso científico ha expuesto nuevamente que el tiempo no existe, por lo menos en la forma como nosotros lo interpretamos.

 

San Agustín ya había dicho que el tiempo no existía y que era solo una propiedad específica del universo, creada por Dios, al momento del Big Bang.

 

Julian Barbour, un físico inglés cree haber encontrado por qué los científicos no pueden encontrar el eslabón que una la teoría cuántica, que se refiere a los sucesos en menor escala, con la teoría de la relatividad, que estudia, a su vez, los sucesos en mayor escala. Según esta teoría, si podemos interpretar su ecuación, querría decir que todo es eterno, como la energía universal que nunca ha cambiado. Nuestra vida, por dar un ejemplo, sería algo así como, una película en la cual cada cuadrícula estática, representaría una secuencia de nuestra existencia. O sea, existirían tantos yo, como pudiesen haber desde nuestro nacimiento hasta la muerte.

 

Esta novedosa teoría, que aun necesita ser demostrada, representa un paso más en el deseo del hombre, por poder encontrar una respuesta adecuada, sobre cómo se inició toda esta magnífica Creación de la que forma Parte.

 

El reloj vendría a ser sólo una medida que el hombre ha creado para, enca-sillar o medir de alguna forma, determinada vivencia o momento de su vida. Lamen-tablemente no hay un reloj, tipo de medida o marco, con que medir, los eventos a nivel universal.

 

Explayarnos en este tema, sería perdernos en esa ecuación del espacio-tiempo que creó Einstein para interpretar su teoría de la relatividad. Sólo quisimos hacer referencia a ello, por ser un tópico interesante y porque, como iniciamos nuestra plática líneas arriba, el "tiempo" pasa cada vez más raudo y en esta era de la globalización, con acceso a miles de eventos sucediendo a diario mundialmente; ese "tiempo" se hace cada vez más y más corto; o lo hacemos más corto, cuando se trata de, -por ejemplo-, seguir una tradición.

 

Dentro de la gran cantidad de tarjetas que hemos recibido y que agradecemos de todo corazón, nos llegó una que consideramos muy especial. El grato amigo que tuvo la gentileza de escribirnos de puño y letra su saludo, inició su párrafo indicando -y demostrando-, que él aun conservaba la vieja costumbre de escribir, no en una máquina, tampoco en una computadora. Que aun no había sido infectado con el virus de todo lo virtual que hoy satura nuestras neuronas. Que no era amante de simplemente agrupar una docena o más de "correos electrónicos" y a todos enviarles el mismo pensamiento, pues aun podía darse el "tiempo" para hacerlo y llegar a cada quien en la medida y escala de amistad que sentía por cada cual.

 

Por eso, nos preguntamos, "...¿el "tiempo", existe o no? ¿Podemos o no darnos "tiempo", para no dejar que estos nuevos sistemas nos alejen cada vez más de la afectividad que no debemos perder a nivel del amor al prójimo que nos inculcó nuestro Creador?

 

¿Estamos acaso perdiendo noción de aquel "tiempo", que el hombre mismo ha querido medir, para lo cual inventó su llamado reloj? ¿Es éste un simple artilugio o es realmente uno de los grandes inventos del ser más inteligente del planeta?

 

Si los físicos se han encontrado con esta encrucijada de si existe o no el "tiempo", no nos dejemos engañar. Ellos se están refiriendo al "tiempo" en la escala de Dios, nuestro Creador. Una escala de valor, a la que si bien es cierto, no podemos acceder aún cuando él nos haya creado a su imagen y semejanza; pero de la cual, nos iremos alejando cada vez más, en la medida en que "dejemos para mañana" lo que debemos hacer hoy o en otras palabras, no nos demos "tiempo", para realizar el esfuerzo, con el cual, nuestras vivencias, podamos cronometrarlas con nuestro "reloj" y encasillarlas en un instante de felicidad; que quede marcado en el "tiempo", y deje huella por siempre.

 

Dejemos que los científicos lidien con los sucesos de gran escala a nivel interplanetario. En nuestra querida Tierra, seamos dueños de nuestro propio "tiempo", pues creemos vale más que el oro, como nos lo recuerda un viejo refrán.

 

 

 

© Luis A. Ramírez S.

Editor

     
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