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Hay Fiesta en el Suburbio
Hay fiesta en el suburbio, la campiña arequipeña viste de seda. Las vacas, los burros y los "tanccas" están de cumpleaños. Las campanas de la Iglesia del distrito, repiquetean entusiasmadas con voces de coristas. Derroche de risas chacareras. Rebuznos de pollins románticos. Gorjeos de pájaros vivarachos. Alegría en el campo a cantarilladas.
El Filiberto, el guapo mozo del pago, está armando un altar, "pa la procisión". Con todo recogimiento, va colocando poco a poco los cuadros de los santos en el altar de palos. Con todo cuidado llegó a colocar 50 cuadros. Arriba eb uba especie de trono, pone un santo de yeso: San Isidoro, el labrador. En los extremos de los palos coloca dos banderitas peruanas, que flamean como en batalla.
–Apúrate Filiberto, –habla su hermana Fortunata–, ya está saliendo la procisión y tuaviya nuas colocau ni las vilas... –Déjame a mí no ma solito, que yo se lo quiago. Mas bien, ¿por qué no vais a ayudar a mi "mamá" a que "pele" las gallinas...?
En el cielo los cohetes voladores baten "records" de velocidad y explosionan como truenos.
Los "lonqquitos" se entretienen recogiendo los pedazos de cañas de los cohetes que caen del cielo. Otros levantan del suelo los cohetes "chinos" a puñados, para hacer salvas minúsculas.
La picantería, el restaurante criollo de los chacareros, está repleto de gente. Hay consumo de picantes yde chicha al por mayor. Varias mesas con manteles y bancas "huishuis". En unas bancas se sientan los chacareros y en otras los "ccalas" de la ciudad.
Sigue llegando gente. Doña Manuela, la vieja picantera, inflada como un globo, con tronante voz llama clientela.
–Véngaste compadrito a tomar un "vasito y chicha".
Y la gente sigue entrando. La hija de doña Manuela, una robusta joven de 20 años, coloradota y de piernas bien formadas, en amplia charola sirve los picantes: Es la Candelaria, la enamorada de Filiberto. Deja los picantes "vasiando" sobre las mesas y vuelve portando la chicha. Cuatro vasos grandes de un solo golpe. Los "Ccalas" al ver la maestría de la "loncca" como equilibra los vasos en las manos, se ríen semi salvajes...
Y así se pasan las horas. La chicha embriagadora baila pampeñas en los cerebros de los "lonccos" y de los "ccalas". En un rincón de la "ramada", un individuo traposo (alias) el "Pájaro Verde", da vueltas al manubrio de un pianito ambulante. El instrumento típico que toca tonadillas bailables, comienzan las marineras.
–Maver, bailen pues, –grita doña Manuela, a toda la concurrencia–.
Risas por todos lados.
Un perrito "chajualla", ladra debajo de una mesa, muy animoso...
Y comienzan los bailes. La Candelarias, simpática como un botón de rosa, ale a bailar acompañada de Filiberto. Bailan la marinera con todo salero. Vueltas y más vueltas. Los pañuelos en el aire parecen palomas volando. Los "ccalas" aplauden. Los chacareros "jalean".
–Mamitay... ya viene la procisión!!!...
Se oye la voz de un muchacho en medio de las rizas. Es el "Huiro Seco", un hijo del pueblo quien da el aviso.
Toso se levantan de las mesas. Cesa la músiva del ianito ambulante. Efectívamente pasa la procesión por delante de la picantería. Las viejas se arrodillan con mucha devoción y rezan al paso del Señor.
La procesión avanza.
Cristo de yeso sobre los hombros de varios hombres chacareros, pasa respetuoso. Por detrás de él, toda la "lonqquiada", hombres y mujeres, niños y viejos. Las velas cirios en las manos de los "lonccos" se doblan como culebras.. Después viene el "Santísimo". Debajo del palio, el señor Cura, reza a media voz como si mascara chiclets. Un chiquitín con tendencia a sacristán por todo el camino hace sonar una campanilla. Y atrás viene la banda de músicos del pueblo: "los ccaperos". Tocan una marcha fúnebre. El bombo da impresión de ser el vientre de doña Manuela...
–Oyito Candelarias, delante del Señor que pasa, te diré que nos casaremos. –Es el Filiberto, que le habla en voz baja a "su" muchacha.
–¡Por la Chiva!... ¿Deveras?
Y la Candelaria lloró a moco tendíu". No se sabe si de gozo o de pena...
Y la procesión pasaba, dando vuelta a otra calle del suburbio.
A los pocos momentos se sintió en la Picantería, el tronar lejano de los cohetes de suelo o "salva" que indicaban la entrada de la procesión al templo.
–Mamitayyyyyy... ya se está dentrando la procisión...!!!
Es el "mocoso", el "filipillo" del pueblo, quien da la noticia.
Termina la fiesta en el suburbio. Las campanas ya no gritan. La noche se viene de golpe como un agüero de sombras. La chichería cerrada a "puertailodo".
El perrito "chajualla" de bajo de la mesa, sueña que baila marinera...
De: CUENTOS LONCCOS LIBRO FOLKLORICO AREQUIPEÑO Arequipa, 1949. |
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