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Tal vez de allí proviene la popular frase o refrán, ni chicha ni limonada. La gustosa chicha morada es una mezcla de estas dos bebidas, no es chicha, ya que no es de maíz fermentado, y no es limonada porque contiene el sabor del hervido de la misteriosa y llamativa mazorca de maíz de un profundo color morado o púrpura; éste, originario del Perú y de difícil reproducción en otros lares. Era la bebida sagrada de los Incas, Curacas y Caciques, y estuvo presente en sus ofrendas a los dioses Inti y Wiracocha, quienes eran adorados mediante ritos en grandes ceremonias, al igual que a la Pachamama y los Apus.
Qué es en realidad los llamados Orines del Niño; es el nombre que le dieron a la bebida usada por los sacerdotes Bletemitas en la época de Navidad. El Nacimiento de este convento era famoso por la abundancia de muñecos automáticos y por los villancicos con que festejaban al Divino Niño. Ricardo Palma en sus Tradiciones Peruanas dice:
"...Cada visita al nacimiento se agasajaba con un vaso de jora, chicha morada u otras frescas horchatas, bautizadas con el nada limpio nombre de "Orines del Niño...".
Igualmente, José Gálvez Barrenechea, escribe sobre los famosos nacimientos en las iglesias y conventos limeños, siendo el mejor el que se exhibía en el de los padres Belethmitas (sic) o Barbones; quienes llegaron a Lima en 1671, durante en el gobierno del Virrey Conde de Lemos. Actualmente existen mil y un recetas de esta curiosa bebida, Los Orines del Niño.
La costumbre de los nacimientos o pesebres en Lima llega junto con los españoles, el primer Misterio, según documentos en la Catedral de Lima, se encuentra en 1535, éste lo mandó traer don Francisco Pizarro para su primogénita Francisca, (1534-1598) hija que tuvo con la bella ñusta Inés Huaylas Yupanqui, hermana de Atahualpa e hija del Emperador Huayna Cápac, años después, Francisca donó su nacimiento a la Catedral de Lima.
Posteriormente y para poder catequizar al indígena, se colocaron las figuras en el comúnmente llamado retablo, siendo su verdadero nombre "Cajón de San Marcos"; allí guardado y de fácil transporte, diseñado como altares o capillas portátiles en su interior se encontraba el Nacimiento. Esta tradición se utilizó hasta que el imaginero Joaquín López Antay, (1897-1981) y Premio Nacional de Fomento a la Cultura Ignacio Merino, 1975, innovó el cajón San Marcos de un elemento ceremonial y religioso, transformándolo en objeto profano, siendo el tema más conocido el de la Cárcel de Huancavelica realizado en la década de 1940.
Fueron muchos los nacimientos famosos en Lima; la de los padres Betlemitas verdaderamente admirable en una quinta en las afueras de Lima; doña Juana Oyárzabal y de la Canal, conservó la costumbre de hacer anualmente un nacimiento que ocupaba todo un cuarto de su quinta; notables también los de las Casas de Ejercicios, entre otros. Era costumbre hasta mediados del siglo XX que el día 13, el de Santa Lucía, se sembraran los "triguitos", indispensables en todo nacimiento; las visitas al Papa Noel de la puerta de la Casa Klinge para dejar la "Cartita". El 24 y 25 eran las festividades propias de la Navidad; el 28 se conmemoraba el día de los Inocentes; el 6 de enero era la gran fiesta de bajada de Reyes. En la década de 1960 uno de los más famosos nacimientos era el de los padres de San Juan de Dios; actualmente son renombrados los de Javier e Yvonne Luna Elías, quienes muestran sus cientos de nacimientos y Manuelitos, ofreciendo los Orines del Niño, refresco tradicional desde el siglo XVII.
Casi todas las costumbres se han ido para no volver. Antes las fiestas de Navidad y de Reyes eran "Las Fiestas". Ya no son los solemnes Reyes los que traen los juguetes a los niños, ahora es Santa Claus o Papá Noel. Ya no, la cena con tamales, ricos potajes, dulces de convento, chicha morada y un buen Pisco de pura uva. En casi todos los hogares limeños se hacían nacimientos, hoy sólo queda el "Misterio del nacimiento de Jesús". En remplazo a eso, se adornan las calles limeñas con la Virgen, San José y el Niño totalmente contorneados de luces alumbrando a la ciudad, uno de los más famosos es el de la Alameda Monte Umbroso, en Chacarilla de Estanque.
Pero seguimos sin coplas como antaño, perdiéndose el sabor limeño y la tradición.
© Gabriela Lavarello de Velaochaga Diciembre, 2006
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