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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

 

 

 

 

 

 

"DOUGLAS  MARTINEZ", no  está abajo !!!(*)

 

 

"Mis energías van  disminuyendo, a pesar que ningún día he dejado de tomar leche... Sí, esta leche bendita que debió alimentar a mucha gente que llega a las torres, a miles de visitantes, a los clientes del restaurant donde trabajo.

 

¿Pero, qué ha pasado...?

Todo fue tan rápido...

 

Ese día, en la mañana, escuché un estruendo, y ví gente que despavoríidamente corría gritando, clamando; luego, todo se vino abajo; y yo quedé donde me encontraba, a quince metros más o menos del primer piso, en uno de los depósitos del  restaurant donde laboro; de una de las "Torres Gemelas", de la conocida como la número 2.

 

Desde esa fecha, no sé cuántos días han transcurrido; sólo sé que ese hecho ocurrió el 11 de Septiembre, en horas de la mañana. Yo regresaba al depósito, para sacar azúcar y llevarla al restaurant del piso 32 de la mencionada torre.

 

Ni bien abrí la puerta, escuché el estrépito ese; y luego sucedieron los derrumbes. Instintivamente atiné a cobijarme bajo el dintel  y desde allí, pude ver cómo caían, en inmensos trozos, las gruesas lunas; cómo se doblaban y hundían las columnas de la acerada construcción.

 

Escuchaba, una serie de estrépitos, llantos, gritos, y otras cosas más, confundidas con sonidos de alarmas que poco a poco desaparecieron. Todo fue rapidísimo.

 

Hasta ahora creo que hubo un fuerte terremoto y que todo lo de arriba se vino abajo. No sé nada más. Felizmente, no sufrí daño alguno, pero estoy apresado en una parte del depósito. El espacio donde me movilizo es pequeño, y por desgracia, no hay teléfono en él, ni yo tengo en mi poder mi celular. He pretendido ubicar alguna salida, y nada. Todo está rodeado de escombros. Inmensas columnas de concreto, vidrios de todo tamaño y grosor, rotos y dispersos; interminables fierros de diversas contexturas sobresalen, y se pierden en las ruinas de esta parte del edificio. Así lo recuerdo, por lo que mis ojos espectaron al iniciarse este trastorno. Además, concluyo en esto porque se siente, palpando  el  ambiente donde me encuentro; a tientas se percibe.

 

No sé, pero, creo que estoy enterrado bajo toneladas de esas residuales partes que un día formaron las columnas, las estructuras, los inmensos ventanales de las admiradas y visitadas torres gemelas; no hay duda, bajo toneladas de escombros, y a varios metros de profundidad del primer piso.

 

Si es así,  creo que jamás podré salir, no podrán rescatarme; me parece que jamás  podré abrazar y besar a mi madre, a mi esposa ni a mis hijitas, otra vez; máxime si la leche que todavía existe en esta parte de lo que era el almacen, por el sabor que le siento, se está malogrando.

 

Yo estoy a oscuras, en una absoluta oscuridad; pero como conocí bien este lugar, sé dónde se encuentra el preciado líquido, que nunca me agradó. A Dios gracias ha quedado, bajo mi alcance; cómo es la vida. El espacio, libre debe  tener una extensión de cuatro por tres metros. Me parece estar en una caverna sin salida. En un lateral, a la derecha entrando, hago mis necesidades corporales; no tengo papel y uso algún resto pequeño, y aparente, de la construcción que, palpando, encuentro a la mano. El olor, se hace cada día más insoportable; y se respira en el ambiente, una miasma, al punto que yo mismo logro sentirme nauseabundo; sudo frío al pensar que en cualquier momento pueden aparecer las ratas u otros bichos; pero tanta es mi esperanza, en que seré encontrado, que no lo tomo en cuenta. Esto es algo indescriptible que ni siquiera acepto hablarlo conmigo mismo, ni deseo que alguien lo experimente...

 

Si supiera al menos, qué pasó, sabría a qué atenerme; pero, lo ignoro. Por la oscuridad en que me encuentro, mi visión se confunde con la negrura más negra de las tinieblas y hasta he perdido la noción del tiempo; no sé qué día  es hoy, ni cuantos días han transcurrido desde el 11 de setiembre... Para mí, la noche forma parte del día; y, el día de la noche en esta mi triste, dura y oscura realidad.

 

Estando acá abajo, y  recordando los griteríos, y los ululares de las ambulancias,de los vehículos de los bomberos, y de los carros policiales, supongo que muchas muertes han ocurrido, y que  muchísima gente ha quedado aplastada en otros lugares de la parte baja de la torre y en los pisos superiores. En realidad, no sé si las dos torres y otros edificios, de esta bella zona, se han venido abajo; sea lo que sea, una gran catástrofe, ocurrió ese día... Yo recuerdo muy bien todo.

 

Esa mañana, en mi casa, preparé mi desayuno, dejando que mi esposa siguiera en su reposo; antes de salir, fui hasta el dormitorio y le dí un suave beso en su mejilla. Como nunca, me dijo que llevase conmigo el teléfono portátil para cualquier emergencia. Quizá su noble corazón presintió algo; pero de nada sirvió ya que al llegar, el artefacto lo puse en mi chaqueta que dejé en el vestidero del restaurant; y si lo tuviera, no sé si me sería útil.

 

A mis dos hijas tambien les dí un beso diciéndoles que se portaran bien en la escuela, contestándome, ambas, que no me preocupara. Ese día, yo llegué temprano; no tuve problemas con el tráfico, y estacioné mi auto en el lugar de siempre. Salí contento, porque la noche anterior, mi madre me había telefoneado, haciéndome saber que el Consulado norteamericano le había otorgado la visa, para viajar a los Estados Unidos; siendo así, pasaría Navidad y Año Nuevo con nosotros... Con cuánta alegría nos dió la información.

 

En el camino, pensaba en lo hermoso que sería este encuentro, después de doce años de separacion. Me la imaginaba avejentada, canosa, pero siempre alegre, entregando los regalos a sus nietas, con sano y alborotado entusiasmo.... Al salir de mi trabajo, dentro de mí decía, le compraré el boleto para que viaje el  Jueves 13  de Diciembre ya que el 15 es mi cumpleaños; y tendríamos el Sábado y Domingo para sacarla a pasear.

 

Qué lindo, pasear con mi mamá por la Isla de Manhattan, para que admire los inmensos edificios, esos hermosos "rascacielos" del centro de Nueva York, los barrios de las grandes modas, que se ubican entre las calles 14 y 32; la famosa "Quinta Avenida" para que  vea los grandes almacenes. La llevaré, por el inmenso y magnífico puente de Brooklin, por el barrio de Queens y visitaremos el Empire State desde donde podrá apreciar panorámicamente todo Nueva York; nos tomaremos muchas fotos, para el recuerdo. Ah, también en  la Estatua de la Libertad. Y, en una tarde, de algún jueves, que no trabajo, la traeré especialmente para que conozca las llamadas Torres Gemelas, y el lugar donde laboro. Ojalá no se asuste cuando el ascensor, en  58 segundos nos lleve al lugar que se conoce con el nombre de "El Mirador"; y el día menos pensado, alquilaré una limosina para pasearnos por los lugares más bonitos de Queens; mi viejita se lo merece; ah, y la llevaré también a un buen restaurant italiano, al Bene Bene a comer la Pizza, porque, según me ha dicho, le gusta mucho las pastas; y esto, no por ostentación, ni vanidad, sino porque, ¿a qué viene aparte de visitarnos, a conocer a sus nietos, a su nuera?, pues a conocer Nueva York; ¿y quién otro, que no seamos mi mujer y yo para pasearla?

 

Gracias a Dios tengo mis ahorritos... Todo será bien planeado, nos daremos tiempo para ello; y estoy seguro que mis hijitas gozarán mucho con su "grandma", su mama mama, con la mama vieja, con su abuela."

 

Todo esto, pensaba mientras conducía mi automóvil, camino a mi trabajo; y ahora acá; qué desgracia. Vaya sueños, que al parecer, no podrán realizarse. Siguen transcurriendo las horas, y nada. Por más que cada cierto tiempo grito pidiendo auxilio, ayuda, todo sigue igual... Y siempre, con el mismo pensamiento metido en mi cabeza: ¿Qué habrá pasado?  ¿Qué  habrá ocurrido?,  y no encuentro explicación alguna.

 

Cuando ya tengo sueño, presumo que  es de noche. Cuando esto llega, oro mucho para que Dios, me dé un  profundo y reparador descanso y logre despertar... Alimentando mi fe, y mis esperanzas, me quedo dormido, pensando en lo que más quiero, mi madre, mis hijas, mi esposa. Recuerdo también a mis amigos del pueblo donde nací y crecí; y la triste despedida de mis viejos; ese viaje de Chiclayo a Lima en el Olano, y ese enganche hasta Venezuela, Panamá y México hasta llegar a la frontera  con  Estados Unidos, ¡la muerte!; todito lo recuerdo claramente. Cuánto tuve que sufrír, para cruzar esa frontera de Tijuana hace doce años; realmente cuánto tiempo ha pasado, cuánto tiempo que no veo a mi viejita. Me parece ver a ese maldito "coyote" mexicano que casi me roba mi plata cuando me quedé dormido en la camioneta, y cuando su contacto quiso estafarme en Texas, con el cuento del precio de la identificación, o quizá lo malentendí; pero qué suerte porque hasta ahora el "social" que me vendió no me ha traído problemas en los trabajos que he tenido ni con el pago de mis taxes... Todo lo revivo cual si estuviera espectando una serie de televisión; y como si todo  hubiera ocurrido ayer; pero felizmente eso forma parte del pasado, llegué y seguí hasta donde quise llegar, hasta Nueva York, la capital del mundo, el centro del poder financiero de toda la tierra... Y aquí estoy, pero ahora en penosa situación, metido en un socavón sin salida. Esto me está alocando, a medida que pasan las horas...

 

No, no debo sulfurarme, debo tener tranquilidad absoluta, dominio de mí mismo; debo seguir ensimismado con esta conversación, sin obsesión alguna; no debo dejarme llevar por ideas que pueden deprimirme; debo seguir alentándome hasta que el sueño me llame; hasta que me rescaten. ¡Qué horrible pesadilla estoy viviendo! Este lugar  parece una tumba construida por la adversidad. ¡Oh my God! ¿Me encontrarán? ¿Me sacarán?

 

En caso que no pudiera salir, mentalmente te digo  adorada esposa, que te cuides, y protejas a mis niñas y quieras a mi madre como la quiero yo, y que nunca, otro, ocupe la cama donde tantas veces te adoré; yo no te perdonaría que a mis hijas le pongas un padrastro...

 

Es en este momento, en que la afliccción me aturde y aparece en mi mente la idea que quizá ellas tambien han sido víctimas de esta desgracia, y me pongo mal, muy mal. Muevo la cabeza, como para cambiar de asunto, pero reanudo el monólogo mental, con lo mismo.

 

¿Qué, tan fuerte ha sido este terremoto? O lo que haya sido. ¿Les habrá ocurrido algo también?... Y así, me duermo; pero luego me despierto a sobresaltos. Me acuerdo de esa película, que  vimos  juntos en el cine, un sábado por la noche  de cuando un asteroide cayó en el Océano Atlántico, frente a Nueva  York y se salieron las aguas del mar, por las inmensas olas que se formaron...  ¿Habrá ocurrido eso?, me pregunto... Mi mente se inunda de esas imágenes de gente corriendo con sus cosas, llorando, gritando, cargando a sus hijos, llevando  lo necesario; los caminos abarrotados  de camiones, camionetas, autos y personas, porque todos quieren ir a  lugares seguros; me parece ver la tremenda cantidad de vehículos y paréceme escuchar el ruido de las bocinas de los carros y camiones... Me parece ver gente herida, sangre, muertos, regados por todo lado... Esas imágenes de horror se reproducen y me parece estar confundido con ellos, corriendo, también, en busca de mi mujer y mis hijas; vuelvo a serenarme; y  sin embargo, la realidad que me tiene envuelto en esta inmensa y negra soledad, hablando conmigo mismo, sin cesar, sacude todo mi ser.

 

Al verme así, me voy desesperando nuevamente; y luego empiezo a orar, a conversar con Dios, sin intermediario alguno, y logro tranquilizarme. Y esto, se ha vuelto ya una rutina, pero trato de mantener ecuanimidad; pero la cosa se va prolongando; y poco a poco voy sintiendo que mis energías van disminuyendo, que mis nervios, se van deteriorando... En este creciente conflicto, he logrado valorar lo maravilloso que es el ser humano. Estar solo, y poder ver cosas; recordar con nitidez, las vivencias dulces y amargas que uno ha experimentado a lo largo de su vida; verse en lugares recorridos, imaginarse cosas jamás pensadas, ni vividas; estar solo y conversar consigo mismo; en verdad, no conocía los límites de mi conciencia.

 

¡¡¡Qué fabuloso !!!

 

Y todo, pasando por la mente en brevísimos lapsos... Nunca me percaté de esto, en la forma que hoy lo hago. También, como una cosa que se repite, impensadamente, en cualquier momento, efectúo un balance de mi vida, cosa rara; un balance de mi vida, que en otras circunstancias jamás me preocupé en hacer, pues siempre creí, que estaba en paz con Dios, en la que desfilan una cantidad y variedad de actos y hechos no confesados, sí, ahora soy consciente de eso, y muchos de los cuales me generan honda tristeza y culpas a destiempo, y tiemblo… Es entonces cuando  comienzo a pedir perdón a Dios otra vez, como jamás lo hice, y le pido clemencia; que escuche mi clamor y fortalezca mi espíritu y me conforte en el sufrimiento de esta penalidad, como buen soldado de Cristo, que he pretendido ser.

 

¡¡Oh mi Dios!!, me siento cansado, agotado. De pronto estoy sintiendo mucho frío y comienzo a temblar. ¿Hasta cuándo permaneceré aquí?, es la interrogante que golpea sin cesar mi atormentado cerebro. Una voz extraña, que nada tiene de divina, se apodera de mi conciencia y parece responderme: "Hasta el día en que el hambre y la inmundicia del ambiente permitan que te enfermes, o cuando el frío intenso te congele y exploten tus pulmones; ese día, "DOUGLAS MARTINEZ", natural de la ciudad de Texas, habrás de morir, con tus sueños e ilusiones, si es que primero, no te alocas al saber que en vida, ya estas muerto...  Yo, la rechazo, pero, cual un presentimiento, me genera escalofríos.

 

"Douglas Martínez", seguía en sus hablares internos, repitiendo y haciendo lo mismo, a medida que pasaban las horas y los días, en medio de una incertidumbre, y en lo que parecíale, como en efecto era, estar en camino hacia  la muerte, en la noche más negra de su vida. A sus 38 años, era protagonista de un fin de película, en que a alguien se le entierra vivo, aunque en la realidad, sin tener culpa alguna, sin saber por qué, sin que exista una sentencia que así lo ordene. Allí, estaba, en algo parecido a una madriguera construida por hombres destructivos, por aquellos que arman trampas, por asesinos extraños que actuaron como instrumentos de la malicia, como perros feroces, llenos de baba y de rabia con  el disfraz de corderos.

 

Allí se encontraba un hombre venido del sur, que a base de esfuerzos, sacrificios e ingenio logró su cometido; establecerse en el lugar pensado, Nueva York, a la que logró conocer, de cabo a rabo, como el patio de su casa; pero de un momento  a otro, enclaustrado en un ajuguero, debajo de una de las twin towers, en una  severa instrospección con la enemiga soledad. Allí, quedó, quien hacía 12 años había llegado a estas nuevas tierras, después que dejó su labor de obrero campesino cuando fue liquidado de la hacienda donde trabajaba por culpa de la llamada reforma agraria que impulsó un gobierno militar en la adorada patria...

 

"Aquí, no veo futuro; yo me voy a los Estados Unidos; ya veré cómo llego..." dijo, como en efecto lo hizo años más tarde.

 

Fue así, que engrosó la nación andante, el batallón de emigrantes, de aquellos, que sin maldecir, calladamente, se van fuera de su patria en busca de  una  "nueva vida". Se iba solo, llevándose unicamente el adiós de los que le querían y apreciaban; un poco de dinero y unas que otras prendas de vestir, y un banderín del club de sus amores, de los "Diablos Rojos" de Chiclín.  Partía, no como refugiado ni desplazado; se iba consciente, en ejercicio de su plena libertad, en pos de la ciudad de sus esperanzas juveniles, desconociendo sí, toda la  complejidad que esa partida enceraba; mucho más, si el destino que había fijado, era la ciudad más deslumbrante de la tierra, donde la discriminación, los matices xenofóbicos, la marginación eran la expresión viviente, que la sufrían, y sufren, todavía, –aunque ya en menor grado–, quienes tienen "la desgracia" de tener el color, aspectos físicos, indumentaria, idioma y otras características propias de etnias distintas, de quienes son naturales del lugar...

 

Que sufrió mucho para llegar a su destino; que sufrió adversidades, que laboró en actividades humildes –denigrantes para los llenos de prejuicios–, que le costó sudor y lágrimas para, y hasta, llegar a tener un techo donde establecerse con mando, comida, cama y ropa limpia, establecerse en su  hermosa casita al lado de una esposa y sus dos  hijitas, él lo reconoce. Que se asustó con los cambios telúricos, las torrenciales lluvias, los relámpagos, los truenos, la nieve, la temperatura bajo cero, las tempestades; que muchas veces sintió miedo, frío intenso; que sacó fuerzas y se dió tiempo para aprender y dominar el Inglés, que puso a prueba su "chispa" peruana, NADIE PUEDE DUDARLO. Que jamás se olvidó de su familia, que  parte de sus ganancias, la compartía con su madrecita que quedó viuda al cuarto año de su partida, que siempre envió regalos en las fechas más importantes, incluso a los hijos de sus amigos, sólo sus seres queridos lo saben, y los beneficiados.

 

Que siempre llevó en su alma, vida y corazón las sagradas notas del himno patrio, que siempre recordaba sus alegres marineras, el seco de chabelo, el ceviche, y que siempre cantaba con nostalgia "Tengo el orgullo de ser peruano, y soy feliz...", sin baratos chauvinismos, trabajando a conciencia,  nadie lo puede desconocer.

 

Fue así como  "Douglas Martínez", se enfrentaba a las nuevas situaciones  que lo llevaron a superar su calidad, al punto de no sentirse un forastero, extranjero ni advenedizo. A pesar que jamás se le vió envuelto, enredado, en las cosas mundanas, en los "negocios de la vida", algunas veces creyó doblarse, pero nunca llegó a romperse. No se convirtió en uno más de los cientos de miles, millones de pobres hombres, que en esa ciudad o en otra, del país desarrollado, caminan como muertos en vida hasta su final, y son encontrados y recogidos por la policía para ser llevados a la morgue, sin pena ni gloria, sin la presencia de un amigo o familiar que en su final diga: "Sí, es él".  Tampoco se dió a matar como lo hacen otros. Muchas veces  se dijo "Yo vine aquí a trabajar y no a matarme" y esto lo repetía en inglés constantemente "I came here To work and not  to kill myself", cuando, le ofertaban over time sobre over time sabiéndose agotado. Y esto, porque nunca desoyó ni mucho menos menospreció el consejo de su padre; al contrario las tomó como sus reglas maestras y,  además, supo guardar corrección y prudencia y no ambiciones desmedidas en su diario  discurrir.

 

"Tengo que cuidarme, porque si me enfermo, el  hospital se lleva toda mi plata", expresó, alguna vez en una de las tantas cartas remitida a su adorada madrecita. Y estaba en lo cierto. En nueva York, como en cualquier parte de los Estados Unidos, una enfermedad, resulta muy onerosa aun cuando haya centros de asistencia social  públicos. Quería una nueva vida; como supo decirlo; mejorar la suya y la situación de su familia, pero no matarse...

 

Fue consciente que al ser indemnizado, sus posibilidades de trabajo, eran reducidas por lo que su magra indemnización supo convertirla en dólares y esperar la hora... Pátapo, no ofrecía nada. La situación económica de la familia paterna se basaba en un salario semanal, que arrastraba –siempre– una deuda, en la tienda de Don Genaro. Esta estrechez, no le permitió avanzar más, quedándose solamente con su segundo año de secundaria. Era así en todas las ex haciendas del Perú, con rarísimas excepciones; hoy, son muy pocas las variaciones.

 

El problema del empleo, en su medio lo avisoraba como algo  imposible; y no quería terminar como muchos.

 

"Irme a Lima, decía, nada resuelve; allá no tengo familia, y yo no quiero perderme, como se  han malogrado los hijos de Don Rafo; hay muchas tentaciones en la capital; mejor me quito al extranjero, me voy a los Estados Unidos y punto..."

 

El, era consciente que la vida abre sus puertas a todas las personas positivas que tienen ideales, que se enfrentan al mundo con energía. Era consciente de los grandes retos, a los que tenía que enfrentarse, pero se tenía fe y confianza... Sabía que en Nueva York, particularmente, había muchos peligros, muchos riesgos, pero su ser tenía mecanismos de control, bien establecidos gracias a sus prácticas del fútbol y el tener abiertas siempre sus orejas al consejo de sus mayores, aún cuando ésto, sólo, no basta.

 

"Procuraré no tomar; ya no fumaré y respetaré todas las costumbres y formas de vida de la gente de allá. Buscaré amistades de una Iglesia cristiana que sé, son muy buena gente y apoyan a los que recién llegan; a lo mejor me ayudan a buscar trabajo; lo demás, lo hago yo", supo comentar alguna vez a sus familiares.

 

Después de la partida, algunos amigos, oraban por él; otros, sin embargo, movidos por la envidia no dejaron de expresar sus negativos comentarios e incluso pretendían decidir por él. Se olvidaban esas personas que en estas decisiones, sólo la propia persona que pretende emprender el vuelo es la única privilegiada, en decidir, dado que sólo ella y nadie más es la  poseedora de la iniciativa y voluntad y la que recibirá los embates de las nuevas circunstancias.

 

Hay en este tipo de personas un estímulo diferente, como un aditivo, que las lleva a otros lugares, no siempre pensando en la riqueza material representada por  las cuentas corrientes,  o cosas patrimoniales, sino por el sano, justo y legítimo deseo de vivir mejor; y esto, bajo el impulso, el ejercicio de la soberanía  individual, eso que llamamos libertad, independencia, y responsabilidad en el actuar, enterrando prejuicios y vanidades.

 

El deseo de conseguir cosas mejores en la vida es un sueño general de todos los humanos; convertido en ideales, los que lo conciben tienen la necesidad de un desplazamiento, una movida, hacia su plasmación; para ello, se requiere hacer uso de todos los recursos existentes en nuestra humanidad, físicos y mentales. Claro, que otros buscan la ruta fácil, el dinero dulce, en los rieles de la corrupción robo o prostitución; pero, otros, como "Douglas Martínez" lo halló en base del trabajo, que aunque humilde, le permitió vivir con seguridad, confort, alegría, gozando de vigorosa salud –merced a su cuidado–, disfrutando de buena ropa de marca, comer bien; conocer y hablar perfectamente el inglés, y algo de otros idiomas, lo suficiente para  destacar en la atención a los consumidores del  restaurant donde lo encontramos laborando, y  una buena relación social en una Iglesia Cristiana, donde el espíritu de camaradería transcurría en medio de un gozo especial; pero sobre todo, compartiéndolo, viviéndolo con su familia, la  gente latina y familias norteamericanas animadas por sentimientos solidarios.

 

Es que en Nueva York, puso en práctica aquello que mejorar la vida no está reflejado en la ostentación material, ni la obtención de muchísimo dinero, únicamente; sino en gozar de salud corporal y mental, contemplar, admirar y valorar lo bueno que hace el hombre, luchar honestamente por la vida, ser mejor en su trabajo, mantener un espíritu  alegre, optimista, una buena relación hogareña –sino ejemplar– ; una  armoniosa relación laboral que sobrepase el nivel de ser útil nada más, el cultivo de la ecuanimidad para no sentirse menos ni mejor que nadie, y cuidar su conducta para evitarse problemas con la policía, y las autoridades judiciales. Todo esto, puesto en práctica le ayudó a ser respetado y respetable en su centro laboral y en  la comunidad cristiana; a tratar y ser tratado como un ser humano.

 

Por la naturaleza de su trabajo llegó a tener relación social con miles de personas de diversos países del mundo, a quienes sirvió sin dejar de mencionarles con medida y oportunidad, aspectos de  nuestro patrimonio cultural Inca:  SACSAHUAMAN, MACHUPICCHU, entre otros, de los que informaba cual si fuese un erudito, pues manejando en su casa una hermosa computadora Compaq MV 540 con todos sus accesorios, en sus horas de descanso ingresaba, vía internet, a todas las páginas turísticas del Perú, informándose, además de todo lo que acontecía en la distante patria y de todo lo que pasaba en el mundo. Vivía actualizado en típica conducta autodidacta.

 

Con esta maravillosa invención también se divertía de lo lindo con sus  niñas Teresita y Malenita, en el manejo de sus nintendos y programas para niñas...

 

Nadie podrá medir si fue mucho o poco lo que consiguió el humilde muchacho chiclayano, en su estadía en Nueva York; pero era muy cierto que vivía feliz, muy feliz; sin esa carga de conciencia con que viven muchos de esos que mojan las paredes de sus casas con la plata del pobre, con su llanto, su esperanza maltratada; o como están esos "líderes" de cuello blanco, hoy tras los barrotes de una celda; los depredadores del poder, y la función pública, los actores y los extras reales de la novela más larga que ha conocido la televisión peruana bajo la dirección de Vladimiro Montesinos en la pacífica patria que llamamos Perú, –y en muchas otras–, y cuyo nombre o título, la historia será quien se encargue de ponerle. Esos culpables, estimulantes de las tristes partidas de padres, de madres, de hijos e hijas a otras partes del mundo, esos que llegando al poder, se olvidan que sus actos, no deben inspirarse en el dominio o beneficio personal ni de grupo, sino animarse en el espíritu de servicio, tender hacia el bien integral de la persona y la comunidad donde se sirve o donde se es elegido; esos, deben pagar, sin permitirse negligentes ni interesadas prescripciones ni lesivas impunidades.

 

Todo eso logró "Douglas Martínez"; el que hace 12 años integró la legión de aquellos que prefieren jugárselas en otros lares, en otras formas y  capeando las circunstancias; todo eso obtuvo, merced a su constancia, quien escuchando la voz de su conciencia que le decía "sal de tu tierra, deja a la parentela y amigachos y anda al lugar que yo te mostraré", se alistó en la inmensa cohorte de emigrantes, resuelto, cruzando miles de  kilómetros de carretera, desafiando todo, hasta llegar a su destino... De pronto se vió envuelto en la aventura más grande de su vida, en ese torbellino al que ingresan africanos, vietnamitas, chinos, coreanos, cubanos, chilenos, ecuatorianos, colombianos, hondureños, los de Puerto Rico, de argentina, Nicaragua,  mexicanos, etc., etc., con visas o sin visas por miles y miles, cada día, usando para ello medios ingeniosos, impensados, en la transmigración. Emigrante, migrante, inmigrante palabras que  siempre tuvieron un  significado gramatical únicamente sin importar el  sujeto, o la persona aludida, hoy, felizmente, tienen sentido, esencia, valor, importancia legal y humanitaria... Hoy muchos gobiernos  han desempolvado esa indiferencia burocrática y desde la alta magistratura política han dispuesto que las embajadas y consulados velen y protejan en sus status y derechos humanos, a sus connacionales, estuvieren donde estuvieren, y cómo estuvieren. Sin duda, un rescate hermoso, propio de juristas, que complementariamente, cada emigrante, en el exterior, ejercitará en todo tiempo y lugar... Hoy, este problema que hasta hace poco importaba sólo a las familias de los emigrantes, hoy, importan también a los Estados y de mejor manera al organismo mundial que los agrupa. Hoy confiamos, que el inmigrante, en cualquier parte del mundo, será reconocido, antes que nada, como un ser humano.

 

En ese remolino impetuoso del fenómeno migratorio, poniendo lo mejor de sí, desafiando y venciendo los obstáculos, el deseo que generan las visiones, las visiones de la carne y la vanagloria de la vida "Douglas Martínez", se fue adentrando en la ciudad cosmopolita, sin dejarse seducir por las apariencias fugaces, hasta que conoció a su adorada Guadalupe en una reunión hispana. Su Lupe, su "chaparrita", su noble compañera, la que un día juró acompañarlo, en las buenas y las malas; la que también puso su cuota de estímulo en su hombre con sus repetidas muestras de empuje y sus permanentes locuciones: "ándale", "échale ganas"; y supo darle dos hermosas criaturas, mezcladas en el crisol del  amor  construido por elementos herederos de dos razas aguerridas y de acero, la Inca y la Azteca...

 

"Douglas Martínez", en ese negro socavón "construído" por la adversidad delicuencial, ignoraba  lo del ataque a las torres gemelas. No sabía, en concretro, qué había ocurrido. Desconocía que el 11 de Septiembre, un grupo de insanos, habían  estrellado dos aviones de dos importantes compañías aerocomerciales norteamericanas, contra dos colosales obras de ingeniería civil de Nueva York. Los que estábamos muy lejos del lugar, en nuestros hogares o  en nuestro centro de trabajo, nos enteramos que terroristas en el marco de su plan diabólico, suicida y delicuencial previamente, secuestraron a las naves en pleno vuelo y las enrrumbaron hacia Manhattan, tomando como objetivo, las Torres Gemelas del World Trade Center, a las torres símbolos del poderío económico del mundo, del progreso y de la modernidad;  a dos edificios fastuosos que daban encanto a la "gran manzana", colisionádolas, generando sus derrumbes, y por ende una hecatombe; y que otros dos aviones, también secuestrados ese mismo día, de otra empresa importante,  tuvieron destinos y finales distintos.

 

Antes de ser estrellada la aeronave Boeing 767 del vuelo 11 de American Airline, que seguía la ruta Boston - Los Angeles, cerca de las nueve de la mañana, en la torre norte, con sus 92 pasajeros, "Douglas Martínez", había bajado hasta el depósito del restaurant donde desde hacía 6 años trabajaba a gusto y satisfacción de los propietarios y de los clientes; es decir, se encontraba aproximadamente a 15 metros más abajo del primer piso del edificio; allí  había quedado  ignorando todo lo que ocurría en la parte superior. Allí estaba, en la circunstancia, modo y forma que nos lo ha informado. Mientras tanto, cerca de él, pero distante por los imposibles, en un barrio circundante a la ciudad de Nueva York, en un acto inusual, sus niñas, que fueron llevadas a la escuela que se sitúa en dirección sur, un poco elejado del centro de la ciudad, fueron regresadas a su casa, al igual que los demás  estudiantes del plantel, como medida de seguridad, frente a la terrorífica catástrofe. Allí, estaba  Guadalupe, la adorada mujer, espantada, mirando la televisión, con el teléfono en la mano. Por más que marcaba y marcaba el número telefónico del centro de trabajo de su esposo, no obtenía respuesta.

 

Cuando las niñas tocaron la puerta, Guadalupe se levantó como un robot, dirigiéndose hacia ellas. Las tomó de las manos; y, luego, abrazándolas  fuertemente,  les dijo:

 

"Ay hijitas, dónde trabaja papá, ha ocurrido una desgracia... Estoy tratando de comunicarme con él, pero no contesta".

 

Las  niñas, con los ojitos bien abiertos, instintivamente miraron, la televisión y recién se dieron cuenta a qué se refería su madre; y de rato en rato, dirigían sus miradas hacia los enrojecidos ojos de Guadalupe. Las tiernas criaturas no hablaban ni preguntaban nada, sólo miraban las imágenes  que se repetían constantemente en el aparato, y los amorosos, pero hoy entristecidos ojos de su madre. Al verla llorar, ellas también lo hicieron, en silencio, mezclando su llanto con  seguidos y prolongados suspiros. Al cabo de unos minutos, sentáronse en el amplio sofá, de la sala, y allí permenecieron por varias horas, hasta quedarse dormidas. Llegaba la noche y la fiel Lupe esperaba con ansias el toque conocido de su esposo; pero, ese día, éste no sonaba, ni los tres timbrazos, santo y seña de su arribo.

 

Guiada por las informaciones, al tercer día de la tragedia, Guadalupe encargó a sus hijas a una vecina amiga; y, antes del medio día, se presentó ante los funcionarios de la Cruz Roja, Bomberos y socorristas instalados, en la zona cercana al desastre, en la famosa "zona cero". En una penosa y sacrificada travesía, personalmente quiso indagar sobre su esposo; no lo había hecho antes, por el temor natural y comprensible que se produzcan otros atentados, y en la idea que en cualquier momento su esposo se comunicaría con ella. No obtuvo respuesta positiva alguna. A los encargados, les dió a conocer el nombre verdadero de su esposo, y el de "Douglas Martínez", explicando las razones de esta duplicidad de nombres; y antes de retirarse del lugar pegó varias fotografias de su amado, en la galería de "desaparecidos", encendió varias velas, por los muertos y para iluminar mejor sus esperanzas; sola, en silencio, oró con tanto ahinco, que muchas lágrimas vertió aquella mañana, esas de amor y dolor que brotan del corazón de mujeres fieles, y dignas.

 

En los días sucesivos, a par de recibir la visita de la sicóloga del plantel donde estudian sus hijas, y de otras comisiones de comités de ayuda, mantuvo constante comunicación con los responsables de la búsqueda y rescate de los heridos, sobrevivientes o muertos, pero nunca  recibió noticia alentadora alguna...

 

Diez días han transcurrido desde la fecha del atentado; la remoción de los escombros ha continuado y la búsqueda de sobrevivientes también. Muchos muertos se han encontrado, y otros tantos cuerpos mutiladas y aplastados, pero ninguno corresponde al esperado "Douglas Martínez".

 

Guadalupe, cansada y agotada, pero con fuerzas aun, sigue en ese trance de ir y venir, de llamar y preguntar, en esa desazón, de vana o esperanzada espera. Con sus dos hijas, vive el drama de miles de personas; el drama de amor y dolor, que las lleva a  llorar desconsoladamente la desaparición de sus seres queridos. Unas veces se hace la idea que el cuerpo de su "cholo" como cariñosamente le decía, forma parte de la inmensa cantidad de columnas de concreto, fierros acerados retorcidos, inmensas y gruesas lunas diseminados a  lo largo de una gran extensión; de ese enorme  cerro de toneladas de material de construcción deshechos, difíciles de extraer; en otras, mantiene la firme creencia de volverlo a ver ingresar a la casa con su grito familiar, característico de amor:

 

¡¡¡"Chaparrita", ya llegueeeé!!!

 

Así van pasando los días; y en esa dolorosa duda, todo lo que hace,conoce y siente, lo conunica a su suegra, de quien  sólo conoce su voz . El tiempo, incesante, discurre encargándose de matar las dudas, esclareciendo situaciones; y, mientras que en la calle, las autoridades y organizaciones se movilizan sin cesar, para lograr sus cometidos, en una cruzada oficial, patriótica y humanitaria jamás vista en los Estados Unidos, en ese hueco oscuro y tenebroso, solitario, y silencioso a varios metros de profundidad, de lo que fue una de los hermosos "rascacielos" de Nueva York, hállase  un joven peruano, hállase un bravo, exitoso varón, noble y luchador; ejemplar hijo, digno padre y esposo, enfrascado en una dura pelea contra la soledad, el tiempo, la vida; la salud y, su identidad. Allí está "Douglas Martínez", esperando un milagro de Dios; con él, y dentro de él, "muerto" ya, Lorenzo Baca, oriundo de Chiclayo- Perú... Sí, porque a la hora de los atentados, Lorenzo Baca ya no era tal, era "Douglas Martínez", natural de Texas, para toda la nación norteamericana.

 

Allí está este inmigrante peruano, con su identidad alterada, a la usanza mexicana, repitiendo, hasta la saciedad, su sentir, en un jamás querido ni pensado ostracismo; allí está, deshaciéndose, muriendo, sin saber por qué; muriendo con sus recuerdos, y sus súplicas, por culpa de los amantes de la cultura de la muerte, de los malditos terroristas, sin querer aceptar que quizá  debe esperar el momento final, para tramontar el  "sueño americano"...  A lo mejor, cuando eso ocurra, el correo de Nueva York, le lleve la buena nueva: que ha calificado para obtener la residencia, vía la llamada "amnistía tardía", por lo que le fijan día y hora para la toma de las huellas digitales, y para hacerle entrega de su Social Security, documento oficial, con el que puede trabajar, legalmente con su verdadera identidad en el país más poderoso del mundo.

 

Mientras él prosigue  envuelto en esa conversación consigo mismo, muy lejos, muy lejos, muchas velas se han prendido... Si, al frente de la casa de la familia Baca, en lo que fue la  hacienda Pátapo, allá en el lejano Chiclayo, parte del norte peruano, muy distante de Nueva York, cientos de velas se siguen prendiendo desde el 13 de setiembre, en honor del querido, respetado y auténtico Lorenzo Baca; mientras que en otra parte de la tierra, defensores de la patria americana de la paz y la libertad, siguen buscando a los autores de la masacre terrorista de Manhattan, para detenerlos y ponerlos a buen recaudo,  en manos de una corte marcial militar.

 

Y mientras esto ocurre en Afghanistan, en la tierra emerge el peligro de extenderse, una nueva acción terrorista bacteriológica, por parte de  fundamentalistas del llamado Taliban, generando preocupación  en la humanidad; la misma que si se inicia, no sabemos cómo se habrá de encarar ni cómo teminará; por lo pronto, el Antrax ya tiene una lista de muertos; de muertos inocentes. Esta atrocidad, nos revela un nuevo cuadro de lo anticuado que resulta estar en la mira de un cañon. Los hombres y mujeres de cualquier país del mundo, no necesitamos estar ya en el frente de batalla: la guerra se ha globalizado, llevando también, más allá de los lugares donde resuenan las balas, de donde los misiles hacen blancos, la muerte virósica o bacterial, la muerte blanca. Hasta recibiendo una carta donde vivimos, con aparente contenido de una buena y agradable noticia, estamos expuestos a morir; sin que nadie responda la pregunta, ¿Por qué yo?

 

Y, en los Estados Unidos, como "postre", los riesgos legales, post 11 de setiembre, se ciernen con mayor intensidad sobre los inmigrantes. Una ley antiterrorista aprobada para reprimir interiormente a cualquier sujeto sospechoso, o conductas delictivas de muerte y de terror, impacta su tranquilidad. Sí, por los malditos excesos que jamás dejan de darse en situaciones de preocupación social. Con esta ley resumidas en las siglas PATRIOT, cualquier persona sospechosa puede ser detenida por la autoridad y sometida a una investigación, sin derecho a accionar cargo alguno; puede intervenirse los teléfonos, los correos electrónicos, la naturaleza y situación de sus visas, y exponerse a una eventual deportación en caso de presencia ilegal... Es la defensa inmediata de un Estado frente al enemigo que no dá la cara, ni se sabe dónde está. Esta situación, me trae recuerdos de los aciagos días del demencial lapso terrorista que vivimos en Perú. Recuerdo que aparte del signo de muerte y destrucción que esos engendros tienen como logotipo, la figura de cualquier extraño en mi calle, mi barrio, mi pueblo, lo imaginaba como integrante del clan de la muerte.. Por eso, frente a esa ley dictada como medio de defensa legal, me pregunto, si esta apreciación no ocurrirá tambien acá; qué hispano, qué sujeto con rasgos diferentes al  nacional norteamericano, no aparecemos como sospechosos, para un agente lleno de resabios, con mentalidad y postura anti-inmigrante; para esos "nacionalistas blancos" que reacomodan su accionar?

 

Felizmente, ahi están algunas mujeres y hombres, moviendo las ruedas de su organización ACLU, haciendo conocer su disidencia, para evitar excesos en la delicada tarea que tienen los encargados de erradicar de la patria americana a quienes atentan contra su  legítimo derecho de vivir en paz,  felicidad, y  libertad. Allí están los diamantes, hecho mujer, irradiando el destello defensor de los derechos civiles, de los que en una patria ajena, son vulnerables, muy vulnerables: los inmigrantes inocentes...  Allí está la noble hermana, que alienta al hispano que parece tener el alma en pena... Allí están otros hombres demandando al Gobierno, con la fuerza de la ley, disintiendo en muchos extremos de PATRIOT, porque quieren saber cuántos detenidos hay ya,  y qué tratos se les viene dando. Gente especial, seres que son luceros radiantes de  saber y amor que tramontan circunstancias, y evidencian  sus amores, su fe en los seres humanos, en sus derechos; gente que tiene compromiso con la vida en su conjunto, en todas sus formas, sin importarle color, situación, raza ni de dónde es. Seres  que como agujas de las balanzas están  actuando ubicados, justo en el punto del equilibrio legal, político, y social, del accionar de los estamentos oficiales cuyos efectivos tienen la misión  de atrapar a los que dentro del país, son enemigos asolapados; de encarcelar a los que llegando y estableciéndose en estas tierras, con cautela, taimadamente ocultan sus delicuenciales intenciones y forman parte de ese clan internacional del terror... Gente luz, que acatan la ley, pero se elevan sobre las imperfeciones de la misma contribuyendo a hacer más perfectible las relaciones entre el Estado y la población y entre los hombres en general; todo esto sin dejar de amar a su patria; pero sin permitir que "el tío Sam" se extralimite. Dura tarea, bilateral, expresada en una singular taxonomía de profilaxia social, por un lado; y de respeto a los derechos humanos, por otra.

 

Son las dos de la tarde del día 23 de setiembre, del 2001; en ese hueco donde debieran estar los autores del terror, sigue un hombre postrado de rodillas. Se le ve desgastado, implorando un perdón divino. Es consciente que en cualquier momento doblará su cuerpo para quedar en el más profundo sueño del cual no despertará.

 

"Bien sabes Señor, que llegado a estas tierras me despojé de la pasada manera de vivir; y escuchando tu santa palabra, dejé todo lo viciado, todos esos deseos engañosos que el mundo nos pone  en el camino. Sabes bien señor, que siendo así no dejé de trabajar, y  aprendí a compartir. Sabes TU mi Santo Dios que he procurado andar en amor cristiano, con mi esposa, mis hijas, mi  familia y con todos cuantos han vivido cerca a mí... Aun con todo,  Señor, te pido perdón por algo que te haya hecho y te pueda haber entristecido; te pido perdón mi Dios, desde lo más profundo de mi corazón...

 

Una luz iluminó el  ambiente, y un  Angel hizo su aparición;"Douglas Martínez" nombre máscara de LORENZO BACA  acababa de ser  rescatado por el Espíritu Santo, para iniciar un nuevo viaje. Justo cuando su hálito expiraba, entre los muros y la oscuridad, Lorenzo Baca pidió perdón; Dios que conoció su alma y su corazón, lo tomó en sus brazos y le dió visa divina para su final peregrinación. Y en ese mismo instante, el orbe comenzó a inundarse con las melodías de  una  hermosa canción cantada por Jhon Mijulovich, otrora artista  quien fue muerto en Cañete-Perú, y cuyas letras se estamparon en el firmamento:

 

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TODOS SOMOS HERMANOS

 

 

"Más amor, por favor, más amor,

no destruyan, al hijo de Dios;

a ese ser, negro, amarillo, indio,

es persona, es tu hermano

eres tú.

 

No mantengan en hambre a los pueblos,

ni prediquen matar al nonato,

que las guerras,

se acaben, hermano,

que no mueran por tí,

los que culpa

no tienen:

 

Que la paz,

reyne siempre en la tierra,

la justicia, y la caridad;

que no hayan venganzas ni odios,

y que el hombre, se sienta feliz.

 

Más amor, por favor más amor,

no destruyan al hijo de Dios;

a ese ser, negro amarillo, indio,

es persona,

es tu hermano,

eres tú...

 

Más amor, por favor, más amor.

 

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Con este trabajo de corte literario, Antonio Ruiz Tovar, rinde homenaje póstumo a los que quedaron sepultados, bajo los escombros de las Torres Gemelas, después del atentado terrorista, diabólica conducta, ocurrido en Nueva York, el 11 de Septiembre del 2001. Ha mezclado realidades con personajes y nombres ficticios; para significar una triste y cruda realidad. Brinda así mismo, con este trabajo, su profundo reconocimiento a los hermanos latinos que emigran a los EEUU, y logran superarse, gracias  a su ingenio, laboriosidad y honradez; asi como su profundo respeto a los emigrantes, del mundo, por quienes hay muchísimo que hacer.

 

Beloit Wisconsin.

U.S.A

 

"Todos Somos Hermanos"

Balada  que pertenece al autor de este apunte literario  fue grabada en  1973 en el sello Virrey de Perú, por el artista Johnny Al, ex primera voz de PERU NEGRO; muerto de un balazo en época de la delincuencia terrorista en el PERU.

     
   

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