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“El Llanto de
un Criollo”
Por: Víctor A. Hurtado Riofrío
Desde muy niño
aprendí a querer y admirar la música que escuchaban mis queridos padres;
no sólo eso, recuerdo bien que en mi casa la radio se encendía desde las
tempranas horas de la mañana. Recuerdo a mi papá alistándose para ir al
trabajo y a mi mamacita preparándonos el desayuno mientras nos planchaba
la ropa del colegio… Me acuerdo como si fuera ayer!!!!
Ahora que soy un hombre maduro me pregunto: ¿Cómo hacía mi madre para
criar, cuidar y amar a tanto muchacho?; éramos ocho y dábamos lata duro.
Creo que era por eso que mi mamacita se entretenía escuchando música en la
radio y los fines de semana viendo los show criollos de la TV. Recuerdo
también estar siempre presente en todas las actividades escolares, creo
que era yo el primero en apuntarse para las actuaciones de las fiestas
cívicas y era mi madre la que nos preparaba, enseñándonos las canciones o
poemas… Recuerdos que no volverán, pero que vivirán por siempre en un
rinconcito de mi corazón.
Por mucho tiempo las canciones más populares del cancionero criollo, eran
cantados por la afinada voz de mi señora madre a quien yo le preguntaba:
“Mami ¿de quién es esa canción?"; a lo que ella contestaba: “Oh! ese es un
gran compositor hijito, se llama Felipe Pinglo Alva”. Fue esa la primera
vez que escuché ese ilustre nombre y desde ese entonces NUNCA se me olvidó.
Siempre indagué sobre la vida e historia del más grande compositor que ha
dado el Perú y busqué ansiosamente por sus canciones, al comienzo sin
mucho éxito. Hoy por hoy, cuento en mi colección con casi todos sus temas,
que además están muy bien interpretados por un sin número de cantantes
criollos de primera línea. También cuento en mi haber con un par de buenos
libros que hablan de la vida y obra del gran “Bardo Inmortal” de quien me
convertí en acérrimo admirador y seguidor de su basta obra.
Mi viejita gusta de la buena música y los buenos intérpretes. Mi padre
siempre me habló de grandes cantantes criollos que él había visto en
persona como los hermanos Govea, los Hnos. Ascue y muchos otros. Mi
viejito era chalaco, pero se iba hasta Lima, para disfrutar de las jaranas
de rompe y raja que por esos lares se desarrollaban. Con esta reseña
familiar trato de decir que desde muy niño, siento gran apego por el
cancionero nacional patrio y lo simplifico así: “Soy Peruano, Soy Chalaco,
Soy Criollo y de mi Tierra canto el Vals”.
Hace exactamente dos años (2001), viajé una vez más a mi Perú querido, lo
hice en esta ocasión acompañado de mi amada esposa. Entre los planes
habíamos previsto pasear Lima y el Callao (de punta a punta), ya que
vivimos hace 24 años en los EE.UU. y en viajes anteriores me había
dedicado exclusivamente a la familia. En este viaje recorrer la capital y
nuestro primer puerto eran una prioridad. Así, uno de esos días de
nuestras vacaciones, emprendimos nuestro hermoso paseo. Les cuento que
entre las atracciones que quería conocer, estaba la casa donde nació y se
crió el gran Felipe Pinglo Alva. Creo que mi esposa no se imaginaba el
tremendo interés que tenía por pisar dicho lugar, que muchas veces soñé
con conocer y así fue. Eran aproximadamente las dos de la tarde cuando uno
de mis sueños se hacía realidad. Conocer la vivienda del compositor más
grande de nuestro cancionero nacional, era algo que mi emoción contenida
en mi pecho no daba más. Mi esposa me decía: “Pareces un niño”, les juro
que no sabía qué hacer, trataba de preguntar a cuanta persona que pasaba
por los alrededores si alguien sabía más acerca de tan importante
personaje de nuestro cantar. Me tomé fotos, mi esposa filmaba, etc.; hasta
que la euforia o la adrenalina se normalizaron y pude ver la realidad, esa
realidad que empaño mi alegría…
Quizá para mí, esa realidad era mucho más trágica, ya que aun a la
distancia yo amo nuestras costumbres y tradiciones, me siento tan
orgulloso de ser peruano y de todas esas cosas que el Perú sabe dar, fue
por eso que mis ojos se llenaron de lágrimas, esas lagrimas que muchas
veces la impotencia y el dolor hacen que un hombre con ““H”” llore.
¿Cómo era posible que la casa en donde nació y se crió “El Maestro”
estuviera convertida en una fábrica de soldadura? No sólo eso, se hallaba
en un estado deplorable y de abandono. Mi pregunta era entonces, ¿Por qué
las autoridades correspondientes no han hecho absolutamente nada por
preservar ese histórico lugar? En otro país sería algo así como una
reliquia. Es que acaso las autoridades de nuestro país, no saben el
significado de “Patrimonio Nacional”. Echarse la culpa los unos a los
otros a estas alturas no soluciona nada.
Hablemos de la
forma que el Municipio ha permitido que esto suceda, no hay excusas que
valgan, lo primero es lo primero. Creo que el gobierno debería impulsar
una ley de protección y conservación de nuestros patrimonios culturales en
la nación.
Después de seguir caminando e indagando más sobre el “Bardo Inmortal”,
seguí mi paseo, pero con un dolor que me tenía de mal humor, dolor que
tenía que callar para no arruinarle el paseo a mi esposa. Pero mi
indignación no tuvo limites cuando llegando a la “Plaza de Armas”, me doy
cara a cara con un monumento erigido al “Conquistador” Francisco
Pizarro... qué ironía!!!... qué vergüenza!!!... qué desgracia!!!
Recuerdo que cuando alzo mi voz de protesta, alguien dijo por allíí: “No
te molestes hermano, eso es parte de la historia”, qué parte de la
historia ni que ocho cuartos!!!, alguien me puede decir, ¿En qué parte del
mundo se le hace un monumento a un criminal?, hay que llamar las cosas por
su nombre, ese hombre no fue ningún “conquistador”, en todo caso, fue un
vil ladrón y un asesino, que llegó a nuestra patria, humilló, robó,
avasalló y acabó con lo que fue nuestro “IMPERIO”, o es que ¿acaso ya se
nos olvidó?
Historia!!!, lo mismo digo cuando nunca he estado de acuerdo con eso de
que Cristóal Colón “descubrió” América. Una vez más, llamemos las cosas
por su nombre, Cristóbal Colón no nos “descubrió”, en todo caso nos “encontró”.
Cuando su expedición llegó a nuestras tierras, nosotros ya éramos una
civilización bien constituída, a la cual nunca los “Conquistadores”
supieron respetar, por que lo único que querían era apoderarse de nuestras
riquezas.
Si la cosa fuera tan simple, díganme entonces, “¿Acaso los judíos le han
levantado un monumento a Hitler?”, no me venga nadie a decir ahora que una
cosa nada tiene que ver con la otra, por que claro está que los dos
aparecen en la historia entre los criminales más grandes del mundo.
¿Cómo es posible que nos obliguen a tener presente a ese individuo que
causó tanto dolor en nuestra patria y lo exhiban como si fuera un “heroe”
en un lugar que debería ser ocupado por algún verdadero heroe peruano que
reuna los méritos suficientes para estar engalanando nuestra bella “Plaza
de Armas”?
Hagamos un examen de conciencia, los invito a que se sientan peruanos de
verdad y que veamos y llamemos las cosas por su nombre. Permitir estas
irregularidades constituye falta de amor por lo nuestro. Se imaginan la
casa de Felipe Pinglo Alva convertida en un museo donde nuestra juventud
pueda ir y enterarse de quién fue “El Bardo Inmortal”, de conocer sus
canciones, sus anécdotas, y lo bello de su obra. Todo nuestro pueblo, en
especial las nuevas generaciones, deberían de saber del “padre del
criollismo”.
Si el “Maestro” pudiera escucharme, le pediría disculpas en nombre de los
criollos que nos enorgullecemos de que él haya nacido en nuestro Perú, de
los criollos que como yo siempre lo recordamos e interpretamos sus
canciones.
Le pediría que nos ayude a iluminar la mente a nuestros gobernantes para
que le presten atención debida al significado de “Patrimonio Nacional”
para así poder tenerlo en el alto lugar que él se merece, como “El Bardo
Inmortal”, como el "Maestro de Maestros", Felipe Pinglo Alva un gran
compositor.
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