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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

El Llanto de un Criollo
Por: Víctor A. Hurtado Riofrío

 

 

Desde muy niño aprendí a querer y admirar la música que escuchaban mis queridos padres; no sólo eso, recuerdo bien que en mi casa la radio se encendía desde las tempranas horas de la mañana. Recuerdo a mi papá alistándose para ir al trabajo y a mi mamacita preparándonos el desayuno mientras nos planchaba la ropa del colegio… Me acuerdo como si fuera ayer!!!!


Ahora que soy un hombre maduro me pregunto: ¿Cómo hacía mi madre para criar, cuidar y amar a tanto muchacho?; éramos ocho y dábamos lata duro. Creo que era por eso que mi mamacita se entretenía escuchando música en la radio y los fines de semana viendo los show criollos de la TV. Recuerdo también estar siempre presente en todas las actividades escolares, creo que era yo el primero en apuntarse para las actuaciones de las fiestas cívicas y era mi madre la que nos preparaba, enseñándonos las canciones o poemas… Recuerdos que no volverán, pero que vivirán por siempre en un rinconcito de mi corazón.


Por mucho tiempo las canciones más populares del cancionero criollo, eran cantados por la afinada voz de mi señora madre a quien yo le preguntaba: “Mami ¿de quién es esa canción?"; a lo que ella contestaba: “Oh! ese es un gran compositor hijito, se llama Felipe Pinglo Alva”. Fue esa la primera vez que escuché ese ilustre nombre y desde ese entonces NUNCA se me olvidó. Siempre indagué sobre la vida e historia del más grande compositor que ha dado el Perú y busqué ansiosamente por sus canciones, al comienzo sin mucho éxito. Hoy por hoy, cuento en mi colección con casi todos sus temas, que además están muy bien interpretados por un sin número de cantantes criollos de primera línea. También cuento en mi haber con un par de buenos libros que hablan de la vida y obra del gran “Bardo Inmortal” de quien me convertí en acérrimo admirador y seguidor de su basta obra.


Mi viejita gusta de la buena música y los buenos intérpretes. Mi padre siempre me habló de grandes cantantes criollos que él había visto en persona como los hermanos Govea, los Hnos. Ascue y muchos otros. Mi viejito era chalaco, pero se iba hasta Lima, para disfrutar de las jaranas de rompe y raja que por esos lares se desarrollaban. Con esta reseña familiar trato de decir que desde muy niño, siento gran apego por el cancionero nacional patrio y lo simplifico así: “Soy Peruano, Soy Chalaco, Soy Criollo y de mi Tierra canto el Vals”.


Hace exactamente dos años (2001), viajé una vez más a mi Perú querido, lo hice en esta ocasión acompañado de mi amada esposa. Entre los planes habíamos previsto pasear Lima y el Callao (de punta a punta), ya que vivimos hace 24 años en los EE.UU. y en viajes anteriores me había dedicado exclusivamente a la familia. En este viaje recorrer la capital y nuestro primer puerto eran una prioridad. Así, uno de esos días de nuestras vacaciones, emprendimos nuestro hermoso paseo. Les cuento que entre las atracciones que quería conocer, estaba la casa donde nació y se crió el gran Felipe Pinglo Alva. Creo que mi esposa no se imaginaba el tremendo interés que tenía por pisar dicho lugar, que muchas veces soñé con conocer y así fue. Eran aproximadamente las dos de la tarde cuando uno de mis sueños se hacía realidad. Conocer la vivienda del compositor más grande de nuestro cancionero nacional, era algo que mi emoción contenida en mi pecho no daba más. Mi esposa me decía: “Pareces un niño”, les juro que no sabía qué hacer, trataba de preguntar a cuanta persona que pasaba por los alrededores si alguien sabía más acerca de tan importante personaje de nuestro cantar. Me tomé fotos, mi esposa filmaba, etc.; hasta que la euforia o la adrenalina se normalizaron y pude ver la realidad, esa realidad que empaño mi alegría…


Quizá para mí, esa realidad era mucho más trágica, ya que aun a la distancia yo amo nuestras costumbres y tradiciones, me siento tan orgulloso de ser peruano y de todas esas cosas que el Perú sabe dar, fue por eso que mis ojos se llenaron de lágrimas, esas lagrimas que muchas veces la impotencia y el dolor hacen que un hombre con ““H”” llore.


¿Cómo era posible que la casa en donde nació y se crió “El Maestro” estuviera convertida en una fábrica de soldadura? No sólo eso, se hallaba en un estado deplorable y de abandono. Mi pregunta era entonces, ¿Por qué las autoridades correspondientes no han hecho absolutamente nada por preservar ese histórico lugar? En otro país sería algo así como una reliquia. Es que acaso las autoridades de nuestro país, no saben el significado de “Patrimonio Nacional”. Echarse la culpa los unos a los otros a estas alturas no soluciona nada.

 

Hablemos de la forma que el Municipio ha permitido que esto suceda, no hay excusas que valgan, lo primero es lo primero. Creo que el gobierno debería impulsar una ley de protección y conservación de nuestros patrimonios culturales en la nación.


Después de seguir caminando e indagando más sobre el “Bardo Inmortal”, seguí mi paseo, pero con un dolor que me tenía de mal humor, dolor que tenía que callar para no arruinarle el paseo a mi esposa. Pero mi indignación no tuvo limites cuando llegando a la “Plaza de Armas”, me doy cara a cara con un monumento erigido al “Conquistador” Francisco Pizarro... qué ironía!!!... qué vergüenza!!!... qué desgracia!!!


Recuerdo que cuando alzo mi voz de protesta, alguien dijo por allíí: “No te molestes hermano, eso es parte de la historia”, qué parte de la historia ni que ocho cuartos!!!, alguien me puede decir, ¿En qué parte del mundo se le hace un monumento a un criminal?, hay que llamar las cosas por su nombre, ese hombre no fue ningún “conquistador”, en todo caso, fue un vil ladrón y un asesino, que llegó a nuestra patria, humilló, robó, avasalló y acabó con lo que fue nuestro “IMPERIO”, o es que ¿acaso ya se nos olvidó?


Historia!!!, lo mismo digo cuando nunca he estado de acuerdo con eso de que Cristóal Colón “descubrió” América. Una vez más, llamemos las cosas por su nombre, Cristóbal Colón no nos “descubrió”, en todo caso nos “encontró”.


Cuando su expedición llegó a nuestras tierras, nosotros ya éramos una civilización bien constituída, a la cual nunca los “Conquistadores” supieron respetar, por que lo único que querían era apoderarse de nuestras riquezas.


Si la cosa fuera tan simple, díganme entonces, “¿Acaso los judíos le han levantado un monumento a Hitler?”, no me venga nadie a decir ahora que una cosa nada tiene que ver con la otra, por que claro está que los dos aparecen en la historia entre los criminales más grandes del mundo.


¿Cómo es posible que nos obliguen a tener presente a ese individuo que causó tanto dolor en nuestra patria y lo exhiban como si fuera un “heroe” en un lugar que debería ser ocupado por algún verdadero heroe peruano que reuna los méritos suficientes para estar engalanando nuestra bella “Plaza de Armas”?


Hagamos un examen de conciencia, los invito a que se sientan peruanos de verdad y que veamos y llamemos las cosas por su nombre. Permitir estas irregularidades constituye falta de amor por lo nuestro. Se imaginan la casa de Felipe Pinglo Alva convertida en un museo donde nuestra juventud pueda ir y enterarse de quién fue “El Bardo Inmortal”, de conocer sus canciones, sus anécdotas, y lo bello de su obra. Todo nuestro pueblo, en especial las nuevas generaciones, deberían de saber del “padre del criollismo”.


Si el “Maestro” pudiera escucharme, le pediría disculpas en nombre de los criollos que nos enorgullecemos de que él haya nacido en nuestro Perú, de los criollos que como yo siempre lo recordamos e interpretamos sus canciones.


Le pediría que nos ayude a iluminar la mente a nuestros gobernantes para que le presten atención debida al significado de “Patrimonio Nacional” para así poder tenerlo en el alto lugar que él se merece, como “El Bardo Inmortal”, como el "Maestro de Maestros", Felipe Pinglo Alva un gran compositor.