ISAAC GOLDEMBERG

Escritor - Poeta

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

 

 

 

 

 

 

 

TIERRA DE NADIE

 

 

ISAAC GOLDEMBERG Y LA PROPIEDAD DE LAS ESCRITURAS

Por RAÚL ZURITA (Poeta chileno)

 

 

La literatura es posiblemente el único Juicio Final al que tenemos acceso. Más que por un futuro se escribe por lo irremediable del mundo y de las cosas que sólo en la obra literaria pueden encontrar la compasión y el humor del que los hechos en sí carecen. Es lo que, en dos palabras, nos muestra Tierra de nadie, un libro al cual resulta imposible imponerle un género porque su apuesta también tiene que ver con la anulación de las filiaciones literarias. En este nivel, la escritura de Isaac Goldemberg evidencia de inmediato la falsedad o al menos, lo antojadizo de encasillarlo en categorías. Reconocido como uno de los narradores y poetas importantes de la literatura peruana y latinoamericana, en Tierra de nadie, Goldemberg alcanza una dimensión nueva, un tono (es decir; un despojamiento, una distancia, una ironía) que hacen que este libro represente uno de los logros más cuestionadores y brillantes de la escritura de hoy.

 

A partir de la nostalgia por lo imposible; la de un lugar que no ha sido, Tierra de nadie despliega una suerte de ruta de la pérdida dentro de este reino de la necesidad, como el nuestro, donde los acontecimientos, uno tras otro, hacen que el mundo sea sobre todo el intento de recuperar aquello de lo cual no se tiene otro antecedente que el de la constatación de su ausencia. Sin embargo, con un lenguaje que cumple con la exigencia de ser  directo y al mismo tiempo de significaciones múltiples, estos textos plantean una crítica extrema a nuestro tiempo, en el cual el ser humano se revela como un fiel reflejo de la confusión y el caos, como en este maravilloso retrato:

Se le vio incoordenado y difuso. Se le vio  intentando hacer desaparecer ese rostro humano que lo perseguía, a ese modesto ser que acabaría asesinando. Se vio al humano esperando un acontecimiento vinculado con una historia real o imaginaria. Y es que en él todo era confusión, desgarro, imposibilidad de ser. Se le vio pretendiendo encontrar el centro absoluto, sin poder llegar a ser otra cosa que una nada rodeada de todo. Se le vio pretendiendo arrancarse los párpados. Abriéndolos y cerrándolos en el drama de la desaparición.

Estos textos de Isaac Goldemberg  nos entregan una versión tan brillante como desolada de ese derrumbe generalizado que ha venido a ser el presente, asumiendo el riesgo de que ese reconocimiento pueda no ser otra cosa que el reconocimiento de la nada, título, precisamente de uno de los textos de este libro:

Entonces, aquí uno‚ allá otro‚ el humano eligió lo que carecía de sentido, prefirió el instinto y la nada en la propia persona: ser pensante constituyó un enigma. Todo el universo le fue problemático‚ pero también aprendió el modo de dar respuesta al enigma y colocó firmemente su pie sobre el abismo.

De ese modo la sucesión de las 50 unidades que conforman Tierra de nadie van construyendo una cosmogonía; un tratado general y descripción del estado del mundo, que en su propia puesta en escena despliega, por así decirlo, una doble alma: por una parte está el desatado y a menudo desollante humor de los textos, su arrasadora agudeza y claridad que, como ya lo ha expresado la crítica, nos reconfirma que se está frente a uno de los más brillantes y originales escritores hispanoamericanos de hoy y, por otra parte, la sensación opuesta de que esa claridad no es sino la máscara de un hecho conmocionante que los grandes poetas de hoy no pueden sino trasmitir; esto es que a lo humano o a lo que todavía podamos entender bajo esa acepción, se le ha despojado del poder sobre la escritura. Es aquí donde la imagen que levanta Isaac Goldemberg se sitúa dentro de lo más acuciante y develador de la literatura de nuestro tiempo: lo que su autor nos dice es que, tomemos los puntos de vista que tomemos, no será el juicio de la escritura sobre las cosas sino que serán las cosas mismas las que conquistarán por asalto el protagonismo que el yo, ese yo que con el capitalismo se define ontológicamente como dueño, como acumulador, como propietario, le había quitado.

Con el tiempo la escritura descubrió en el camino que no estaba hecha para escribir, aun cuando escribía bien. Tal vez no era su vocación o no era el medio en el que quería expresarse.

Tierra de nadie es efectivamente un lugar de nadie porque se ha provocado el efecto óptico de invertir el mundo. Son las construcciones humanas y no los hombres quienes dan cuenta de ese descalabro monstruoso, cómico, irreparable, que pareciera señalarnos que, paradójicamente, la principal víctima del lenguaje es precisamente quien se creyó con el poder de ejercerlo y de ejercerlo además, a este que es “el más peligroso de los bienes” (Hölderlin), sin costos. En una lectura que no me cabe duda es reductora y parcial, me ha parecido que la propiedad del lenguaje es el tema principal que recorre estos textos.

Entonces la escritura se preguntó cómo reconstruir el relato. Se matriculó en un taller de narración. Las tareas debían ser preparadas consistentemente y leídas en la clase. El resumen debía ser esquemático, enfocado en la idea principal y tenía que venir preparada para hacer un resumen oral del capítulo asignado. La escritura comentó: Escribo porque me gusta elaborar mis pensamientos.

Lo asombroso es que al desplazar el hablante y asumir que es la lengua la que se habla a sí misma efectivamente se da cuenta del mundo. La inversión de Isaac Goldemberg desplaza al yo al mimo tiempo que lo parodia. El efecto de extrañeza que estos relatos van provocando (más cercana a la patafísica de Jean Tardieu o Raymond Queneau que a la solemnidad del ensayismo) interroga al habla, sus convencionalismos y acuerdos, sus estructuras, para mostrarnos sobretodo esa “Ley del retorno” en la cual “fue propuesta la creación de una ruta de la lengua para recuperar el camino que recorrieron los expulsados”. Lo que la obra de Isaac Goldemberg nos muestra y de una manera crucial, es que esos expulsados somos nosotros. Tierra de nadie nos narra esa expulsión, para lo cual a menudo se sitúa en un futuro representado bajo las formas de los hisperespacios, y donde palabras como “red”, “galaxia” o “blog”, cumplen con el papel de recordarnos que el porvenir es siempre una deformación barroca del presente. La gran lección de estas microficciones, como las llama su autor, es haber sido capaz de construir la más seria de las obras, una de las más agudas y abarcadoras que nos pueda mostrar hoy la literatura latinoamericana, pero haberlo hecho bajo la premisa desencantada y exaltante de la autoironía, de la autoparodia, del autoenmascaramiento. Se trata de una fábula. Pero el lector de hoy eso puede entenderlo; obras devastadoras y enjuiciantes como los cuentos de los hermanos Grimm, el Apocalípsis de Juan, la Tierra desolada de Eliot, también lo son.

 

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TIERRA DE GOLDEMBERG

Por MAURIZIO MEDO (Poeta peruano)

 

 

 

Si bien Isaac Goldemberg es uno de los narradores imprescindibles en el ámbito hispanoamericano y una presencia vital de la poesía peruana, esta vez nos sorprende.

 

Despojado de todo atavío atraviesa la ruta de la lengua para recuperar el camino a la Oikoumene inmemorial. Es decir a aquella geografía en la que el hombre y el lenguaje, el hombre y el símbolo convivían apaciblemente.

 

Tierra de nadie, un libro inusual en la literatura peruana, da cuenta del fin de esa armonía, es la bitácora de un extravío, el cual parecemos haber olvidado en  tiempos como éstos, donde los acontecimientos, uno tras otro, convierten el orbe en un reino con la necesidad de recuperar aquello perdido, aunque ignorado, para que el hombre obre el reencuentro con lo humano: su velada esencialidad.

 

Lo curioso de estos textos goldembrinos es que valiéndose de la  evocación, falsa o verdadera, el narrador urde una secreta invención, casi fabulesca, a través de la cual, como un viejo bardo, nos narra a la luz de una fogata espiritual los acontecimientos y avatares de ese “había una vez”, el cual ni él ni nosotros conocimos pero que todos imaginamos. Pero este evocare no trae consigo únicamente una atmósfera de añoranza sino que también, y eso es lo fascinante, plantea una crítica transparente a esa entidad metafísica denominada postmodernidad.

 

Nos cuenta el autor:

Entonces un día la escritura se hartó de su blog y decidió darle muerte. No le tembló la mano para borrarlo todo, hasta los archivos, por si alguna vez se le ocurría levantarlos de nuevo.  La vida era blanco y negro otra vez: la gente, las cosas de siempre, los papeles en blanco.

Pero la crítica de Isaac Goldemberg no tiene como fin establecerse de acuerdo a los decálogos de la sociología sino que parte de una verdad, surgida desde una serie de intuiciones primordiales que se eslabonan explicándonos  nuestra propia manera de ser. En tal sentido me aventuraría a denominar la “ruta” de Tierra de nadie como la de una búsqueda de nuestra génesis, entendida como el espejo en el cual estamos obligados a mirar a fin de reconocernos. En un texto que apunta a un futuro convertido en pasado, el autor nos dice:

Para los humanos de la diáspora intergaláctica, la adhesión espiritual al Planeta Madre constituyó un factor de identidad humana más definitorio que la religión. En otras épocas, algo semejante hubiera sido impensable. Pero el mundo cambió y los humanismos cambiaron en la era de la globalización intergaláctica.

En este otro, describe de esta manera al humano:

Todo el universo le fue problemático‚ pero también aprendió el modo de dar respuesta al enigma y colocó firmemente su pie sobre el abismo.

Eso que el narrador denomina como  “enigma” es lo que nos va  revelando volviéndolo nuevamente a nosotros, dando un puntapié contra el muro que separaba al humano del humano hasta derrumbarlo, permitiéndonos reencontrarnos. La crítica ha discutido mucho sobre la existencia de una “prosa poética” o la de una “poesía prosada”. El lenguaje que cultiva Isaac Goldemberg no se inclina con el riesgo de caer en uno de estos extremos. Es equilibrado, prístino, claro (casi escrito a contrapluma de la narrativa efectista y de la poesía abigarrada), todo fluye con tal diafanidad que el lector tiene la sensación de estar abriendo aquellas cajas chinas, encofradas una dentro de la otra, hasta que finalmente, al destapar la última él mismo desencierra el gran secreto: su propia humanidad y, más importante aún, más sombrío e inevitable, el secreto de la pérdida de esa humanidad.

 

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TIERRA DE NADIE

 

Microficciones

 

 

 

FILOSOFÍA

 

La filosofía se instaló en los jardines de un monasterio donde los monjes leían cuentos de hadas a los niños. Eran momentos de verdadera felicidad porque la lectura iba acompañada de bofetadas en sus tiernas mejillas. Aconteció entonces la primera iluminación: si un cordero pudiera hablar no podríamos entenderlo. Así eran los juegos del lenguaje y ya no sería posible alcanzar la esencia de las palabras. Entonces la filosofía se sentó en una butaca y se dedicó a ver películas de cowboys mientras comía popcorn y los indios caían como moscas.

 

RETRATO (I)

 

Se le vio como una silueta trémula, ajustándose los anteojos, meditando y actuando. Se le vio prudente, cauteloso, tímido, disimulador, con unos ojos que no desmentían la angustia de aquellos antepasados suyos planetarios. Se diría que pesaban sobre sus hombros todas las preocupaciones de la especie humana, las angustiosas dudas de la multitud acorralada en la Tierra. Estaba lleno de pequeños recelos y de pequeñas osadías. Era tímido y de ahí sus audacias naturales: se lanzaba y se ocultaba, se escondía y preparaba nuevas embestidas; era una verdadera linterna sorda, una linterna que ocultaba la llama sin apagarla. Todo eso se revelaba en sus innumerables pseudónimos, en los que tenía y en los que no se sabía que tenía y en los que habría de tener.

 

Se le vio incoordenado y difuso. Se le vio intentando hacer desaparecer ese rostro humano que lo perseguía, a ese modesto ser que acabaría asesinando.  Se vio al humano esperando un acontecimiento vinculado con una historia real o imaginaria. Y es que en él todo era confusión, desgarro, imposibilidad de ser. Se le vio pretendiendo encontrar el centro absoluto, sin poder llegar a ser otra cosa que una nada rodeada de todo. Se le vio pretendiendo arrancarse los párpados. Abriéndolos y cerrándolos en el drama de la desaparición.

 

POESÍA

 

La poesía sufrió la mayor devastación. Fue expulsada de nación en nación. ¿Dónde estaba la justicia en esto? Al examinar lo ocurrido, la poesía llegó al corazón del asunto: podía ser que hubiese sido la víctima por haberse dedicado a  servir sus propios propósitos. Cierto, tuvo una visión y una perspectiva del Universo, pero permaneció oculta al humano. Su perspectiva fue nada más que una proyección de sí misma y quedó bastante satisfecha de su conclusión: no se encontraba a disposición de los humanos, y no era sensible a sus términos, estaba oculta y se revelaba sólo cuando lo deseaba. La poesía era la poesía y el humano era el humano y ocurrió que ya casi nunca se encontraban la una con el otro. Esto puso al humano en su lugar, golpeó en la raíz de su error, de su concepción de la realidad misma.

 

¿Pero por qué se dio en el humano esa aversión tan profunda? El humano dijo que su mismísima presencia lo había puesto en peligro y tenía que hacerla perecer para no ser su amenaza. Luego rehusó voltear a mirarla.

 

NADA

 

Se dijeron muchas verdades acerca de la incomprensión del humano para la figura y doctrina del Ser Supremo‚ pero sería erróneo creer que llegó a odiarlo. Ocurrió que no estaba en relación con El. Ocurrió que se sintió turbado‚ desagradablemente irritado‚ ante algo que estaba más allá de su entendimiento. ¿Qué necesidad interna impulsó al humano a fundar la religión del Ser Supremo? ¿El deseo de extinguir el primitivo ser? ¿Libró la batalla decisiva solo y en pie, y sin moverse de su lugar?

 

El humano nació y no encontró resuelto ningún problema. En él todo estaba amenazado y en peligro‚ y todo debió de conquistarlo por su propio esfuerzo. Tembló ante la posibilidad del pecado, materialmente diverso para cada uno. Ocurrió que fundó la religión del Ser Supremo porque en él albergaron las pasiones terrenas‚ y hubo de permanecer cuarenta días en el desierto‚ luchando con el enemigo interior. Ocurrió que humanizó al Ser Supremo, pero no pudo vencerlo.

 

Entonces, aquí uno‚ allá otro‚ el humano eligió lo que carecía de sentido, prefirió el instinto y la nada en la propia persona: ser pensante constituyó un enigma. Todo el universo le fue problemático‚ pero también aprendió el modo de dar respuesta al enigma y colocó firmemente su pie sobre el abismo.

 

PSICOANÁLISIS

 

Una noche, hundido en el sueño, el psicoanálisis vio que el humano era muy dado a la sugestión. A la mañana siguiente, se puso los anteojos y se dedicó a llenarlo de culpas imperdonables. Genio de la publicidad, un día se emplazó en la plaza pública y desde allí logró convencerlo de ser el único capaz de curarlo en profundidad. Así desprestigió a todas las otras teorías tildándolas de paranoicas, reprimidas sexuales, etcétera.

 

De ahí pasó a ser un genio reconocido por todos: el humano se sintió tan impresionado que aceptó todo lo que le dijo. El psiconálisis decía "Usted tiene una homosexualidad reprimida", y el humano contestaba "Claro, naturalmente". Con el tiempo llovieron los ataques. Temeroso de desaparecer, el psicoanálisis se enfrentó a sus más enconados enemigos, amenazándolos con curarlos de sus síntomas histéricos. Luego se internó en una clínica psiquiátrica y se dedicó a tratar pacientes incurables, sin alcanzar ningún éxito. Los ratos de ocio los ocupó en lanzar rumores falsos contra colegas y discípulos renegados. Dotado de un don excepcional para la especulación teórica y dueño de una confianza casi absoluta en sus propias teorías, el psiconálisis creyó que todo lo que pensaba era la verdad absoluta. Él mismo sabía que no era consciente de ello.

 

Otro día, andando el tiempo, el humano le dijo que ya no creía en su método. Sentado detrás de su escritorio y luego de encender su pipa, el psicoanálisis respondió, de manera inconsciente: –Si usted no cree, es porque nunca se autoanalizó en un diván.

 

 

CURRICULUM VITAE

 

Destruyó para crear, y tanto se ocultó dentro de sí que no existió sino exteriormente. Fue la escena viva por la que pasaron varios actores representando varios personajes. Pretendiendo ser exterior aun en los más íntimo, simulando observar lo que acontecía fuera de ellos, el humano sólo pudo ver una cosa: el incesante desprenderse de esa carne con la que los unos intentaban configurar la silueta de los otros y el lento emerger de ese esqueleto que se desmoronaba sin llegar a encontrar ese vocablo misterioso que lo haría auténticamente soberano de su propia existencia.

 

La búsqueda no fue sino el reflejo de esa desesperada ansia de unicidad que el humano no consiguió atrapar nunca. Porque la más pequeña cualidad que pudiera permitirle diferenciarse del caos que lo amenazaba con devorarlo, se transformó en impersonal y gris ceniza que le mostraba esa vida que intuía pero a la que no le era posible acceder más que desapareciendo.

 

Pero el problema fue que todo el resto, incluso la paciente obra creada, no fueron sino rastros de la penosa ascensión. Ni más allá ni más acá existía nada. Todo el resto fue mentira. Sólo fue real el abismo de la derrota. Y esto fue evidente en el intento de disfrazarse una y otra vez con la piel del contrario para, en definitiva, no conseguir otra cosa que ese agujero insondable del que manaba sin cesar una lava arrolladora que fue transformándolo en la efigie de esa figura humana que cualquier transeúnte no advertido confundiría con la imagen de no importa qué melancólico oficinista.

 

Evidentemente, ese disfraz debió observarlo en un espejo que invertía totalmente las imágenes ya que el humano no hizo otra cosa durante toda su vida que intentar acceder a ese paraíso al que fue a parar su silueta como bronce y muerta estatua, de pie en una plaza y para consumo fotográfico de turistas apresurados, siempre auscultando el misterio de lo hondo, ese misterio tan verdadero como el sueño de la superficie, con la duda de esto u otra cosa, o de ni una cosa ni otra.

 

HUMANISMOS

 

No había un humanismo único y la idea de que alguna vez lo hubo fue un espejismo histórico. Una vez se le preguntó al humano qué clase de humanismo profesaba. Respondió que su humanismo era privado. ¿Una postura excéntrica?

 

Lo cierto es que la posición que definió al humanismo por el vientre materno estaba totalmente obsoleta. Ya no era el nacimiento lo que definía la identidad y los ejemplos que brindaba la vida eran infinitos tanto en la Tierra como en la diáspora. Hubo cónyuges no convertidos que compartieron intensamente la vida humana de su pareja y que tuvieron un claro sentido de pertenencia a la especie humana. Más que nadie, ellos supieron lo difícil que fue ser humano.

 

Para los humanos de la diáspora intergaláctica, la adhesión espiritual al Planeta Madre constituyó un factor de identidad humana más definitorio que la religión. En otras épocas, algo semejante hubiera sido impensable. Pero el mundo cambió y los humanismos cambiaron en la era de la globalización intergaláctica.

 

RELIGIÓN

 

Al rehusar interpretar correctamente la situación la religión puso en movimiento la catástrofe final. Tal fue la trágica continuación de la historia. Sabía que nadie podía decir más del humano como el humano. Existían muchas cosas que se podían decir pero las más profundas, las más reveladoras, las más extremas se hallaban en la concepción de sí mismo.

 

Entonces la religión decidió hacer y decir algo. Deseó ser reconocida por el humano y que éste se definiera por sus preceptos. No quiso ser fruto de su imaginación. Luego se sentó sobre un trono alto y sublime y desde ahí dio voces, cubriéndose el rostro. Le advirtió al humano que su casa quedaría destruida y cualquier cosa demoníaca tendría libre derecho para atacarlo. Suplicó y lloró sobre el humano pero el humano ya no quiso.

 

ARTE

 

Adinerado, el arte pintaba desde una vieja y distinguida mansión campestre llena de imágenes fantasiosas. Angeles y demonios lo acechaban por todas partes, pérdidas irrecuperables. Afuera sucedió una guerra y luego otra. Su anterior paleta de colores dejó paso a tonalidades oscuras y efectos tenebrosos.

 

Otro día subió hasta el techo del gran salón para decorarlo. Este trabajo estuvo impregnado de un humor y una fantasía salidos de su subconsciente. Sombras y luces hacían resaltar la dignidad solitaria de las cosas. La infancia fue un río en el que le gustaba sumergirse para enseñar su otra cara, pesadillas que determinaron su definitiva consagración universal.

 

VIDA NUEVA

 

Los árboles darán sombra y ricos y pobres serán iguales debajo de la tierra. Niños y adultos estarán conectados a la red celestial del internet y se encenderán cirios recordatorios desde cualquier rincón del planeta. Nacionales como extranjeros estarán protegidos por una compañía de seguros y el precio del pasaje estará incluido. Además,  se asegurará el transporte del difunto y de familiares y amigos que deseen acompañarlo. Se ofrecerán también servicios de jardinería y de mantenimiento.

 

COSAS DE DIOS

 

Cuando los asesinatos en masa comenzaron, el mundo estaba bien informado mediante sus propios canales diplomáticos y una gran variedad de otros contactos. Pero el silencio fue real. Nadie advirtió a nadie que el prestigio de la humanidad estaba en peligro gracias a las atrocidades cometidas por el humano en contra del humano e incluso en contra de algunos animales domésticos. Nadie llamó la atención de nadie. Hacerlo hubiera adelantado la masacre de las víctimas. Sin embargo particularmente notorio fue el memorandum anónimo que denunciaba los hechos detallando lo que hasta el momento nadie había visto.

 

Y en cuanto al futuro de los humanos no hubo elemento alguno de misterio en los discursos que proclamaban su aniquilación durante por lo menos mil años. El mundo trató con suma cautela la amenaza y hubo quienes la tildaron de exagerada y parte de la guerra psicológica. Funcionarios dispersos del planeta fueron los primeros en propagar reportes siniestros respecto a la significancia de las deportaciones ese año y al poco tiempo de los asesinatos en masa. Un funcionario anónimo estuvo lo suficientemente preocupado como para enviar el siguiente correo electrónico: Humanos. Situación horrible. No puede haber duda alguna, la mayoría ya ha sido aniquilada. Campos de muerte especiales en diversos planetas. Transportados allí en naves espaciales de ganado, herméticamente selladas.

 

PROPIEDAD

 

La tierra será de Dios y El deberá trabajarla para que ricos y pobres vivan de Su trabajo. Las deudas terrenales del pobre serán saldadas con una libra de su propia carne pero acumulará nuevas deudas con franca desventaja frente a su prójimo.

 

Ricos o pobres que deseen adquirir una propiedad que pueda servir de reposo para sus restos mortales o los de sus deudos, firmarán un contrato en el que se asegurará que nadie jamás despojará a Dios de la tierra.

 

ESTADO DE LA GALAXIA

 

La nuestra fue una galaxia potencialmente muy rica, con grandes reservas de materias primas, fuentes de energía baratas, grandes posibilidades para la producción agraria y una excelente ubicación geográfica.

 

Sin embargo, dos tercios de la población tenían un ingreso per capita menor al promedio de las otras galaxias. Todo era muy desigual: la distribución de los ingresos, las oportunidades para obtener créditos y para acceder a la informática.

 

La desigualdad había ido subiendo en las últimas décadas. Aparecieron los llamados  "nuevos planetas pobres": planetas que la situación económica intergaláctica había lanzado por debajo de la línea de la pobreza.  Sin embargo, existía el mito de que la galaxia tenía una muy próspera situación económica. Muchas familias se dedicaron al pequeño comercio y éste fue asfixiado por las cadenas intergalácticas de supermercados y tiendas de enseres y ropa. Laspequeñas y medianas industrias no resistieron la libre importación y millones de trabajadores perdieron sus puestos de funcionarios en las sucesivas reducciones del Estado Intergaláctico.

 

Millones de familias lograron que sus hijos completaran una carrera universitaria, logro que se consideraba en la galaxia como una garantía de poder pertenecer a la clase media.

 

Un día la situación cambio drásticamente. Muchas carreras se quedaron virtualmente sin mercado de trabajo. Aun las más codiciadas, como la medicina, tuvieron que afrontar severos problemas. En las nuevas organizaciones de la salud de corte empresarial intergaláctico, los médicos jóvenes debían trabajar larguísimas jornadas, para obtener ingresos muy mínimos.

 

Y no sólo el tema fue con los desocupados de la clase media. También muchos de los que sí tenían ocupación ganaban sueldos que los colocaban casi en la pobreza, como fue el caso de los maestros, el personal paramédico y numerosos funcionarios públicos.

 

Por otra parte, los jubilados se encontraron con pensiones mínimas. Existían profesionales que no conseguían trabajo siquiera como porteros, veinte millones de familias habían perdido sus viviendas y muchas de ellas vivían en una sola pieza. Se encontraron familias enteras viviendo debajo de puentes y en plazas públicas.

 

La única movilidad social importante que se observó en diversos planetas de la galaxia, fue hacia abajo, la tierra.

 

RETRATO (II)

 

Esta fue la cara del humano, la cara de su cara, la cara de su otra cara. Su nariz históricamente oblícua fue de su otra cara, de la otra cara de su cara. Su antebrazo tatuado en su cara, un número más uno más otro, fue de la otra cara de su otra cara. La historia alargada de su cara, la aritmética de su antebrazo fueron de la cara borrada de su cara.

 

DESIERTO

 

El humano caminó por el desierto con una cantimplora vacía. Fue para encontrarse con viejos amigos y conocidos por caminos que no conducían a ninguna parte. El humano no dudó en arrojarse a la arena para que se abriera el desierto y pudieran pasar los otros.

 

Pero los humanos estaban desconcertados. Pasaban gran parte del día sentados en las dunas sin saber qué hacer porque todo el mundo conocido había sido destruido por el fin de la historia. Antes se le había prohibido al humano comer la sangre del humano porque la sangre representaba el alma.

 

PERSONAJE

 

Impresionaba la precisión de sus gestos y la plenitud con que vivía la vida. Fue contenido, triste, irónico, capaz de provocar en el lector una sonrisa inesperada. Se quejaba de la urgencia del escritor por terminar el relato y cada vez era mayor la brecha que separaba su vida con la de su creador. Este repetía sus pasos, pero con variaciones. Ciertas impresiones, detalles, frases se grababan en su memoria para toda la vida. Pasaban los años y de pronto revivían.

 

Una mañana el escritor retomó el relato y fueron tantas las interrupciones en el trabajo que el personaje se impacientó y escondió el teléfono. Entonces quiso apartar al escritor de todo lo que lo molestara en su trabajo literario. Si lo veía desanimado, él cambiaba su modo de caminar, le imprimía un timbre diferente a su voz, no lo dejaba distraerse. Se levantaba temprano, al amanecer. No dejaba en el escritor espacio para visiones nebulosas, hipérboles provocadas por el insomnio, sensaciones febriles y confusión de sentimientos. Lo que el escritor escribía y pasaba en limpio, él lo volvía a corregir. El propio escritor lo reconoció: –Nadie como él para enriquecer lo que escribo con nuevos detalles, para liberar a la frase de todo adorno superfluo.

 

Un día los otros personajes del escritor se indignaron: –Por favor hay que quitarle el manuscrito. De lo contrario, dejará en su obra sólo a sí mismo y nos expulsará a nosotros. El contestó: –El argumento, los personajes, hay que vivirlos, evaluarlos, y reevaluarlos.

 

Otro día, pasado un tiempo, cansado de la falsedad e hipocresía de los personajes que lo rodeaban, escribiendo, sudando, corrigiendo, viendo que los cortes que su pluma infligía al relato no lograban mejorarlo, decidió borrarse. Antes dijo al escritor: –El fin ha llegado, y lo más difícil y complejo recién comienza.

 

ORACIÓN FUNEBRE

 

En la luz indecisa del alba o del atardecer, tus ojos me miran atravesando las paredes de plástico de tu sarcófago. ”SIPAN – PERU”, reza sobre tu tumba a manera de epitafio. Tu máscara parece reírse de mí. ¿O me estará diciendo algo?

 

Escucho. Tú eres mi intermediario, el nudo entre el cielo y la tierra. Me miras y tu mirada nos transporta al desierto. Estamos en el reino de la abstracción. En el dominio del Sol. Un Sol que se parece a tu máscara.

 

Del reino de mi niñez surge una presencia: mi abuelo. Mi abuelo el huaquero viejo que viene de sacar huacos del mundo de abajo, del mundo de arriba. Escucha, me está llamando. Me acerco a él pisando descalzo pedazos de wakos. “Chepén”, dice él, “madre de arena, Che-pén”. El espacio se expande. Doy vueltas y vueltas en el vientre materno. “Che-pén”, “Che-pén”, susurra el desierto.

 

El desierto es mi exilio y mi casa. Una madre que es tiempo, fragmentos de hilos y huesos. Encuentro, identidad, ritmo. Por ahí andamos todavía los dos entre las altas dunas.

 

El viento pasa uniendo pasado y presente. Mire todo  lo que fue suyo, noble Señor: cementerios, templos, fortificaciones, palacios. ¿En cuál habitó usted? Vengo de antes y nunca, vengo de siempre y ahora”, pareces decirme tú. Te ríes de mí, lo sé.

 

Está escrito que el desierto es texto, tejido de arena. Tejido de voces, tejido de cuerpos, tejido de lenguas. El desierto es texto y paisaje. Arrastra sabiduría, cuenta historias. Es laberinto y lugar de purificación: la escritura.

 

Ahora el crepúsculo baña tu mascara: las arenas de la escritura comienzan de nuevo a animarse. El espacio se expande, el tiempo salta de una cosa a otra, del desierto de Chepén al desierto de la Judea bíblica. ¿De cuál de las doce tribus desciendes tú? Observo tu máscara y soy la metamorfosis de mí mismo.

 

El brillo de tus ojos estalla en imágenes que había creído perdidas para siempre. En el espacio del desierto veo otro espacio. En el tiempo del desierto veo otro tiempo: Por la ventana veo las aguas inmóviles del río Hudson mientras tú duermes detrás de tu máscara. El desierto es como tu máscara, una crisálida que prepara su última metamorfosis.

 

Ahora que no se sabe si el sol despunta o se oculta, el río adquiere la unidad de lo visible y lo invisible, lo real y lo mágico, los ritmos de la reciprocidad. Tú reposas a mi lado observándome con tus ojos encendidos de verde. Oigo tu respiración, la respiración del desierto. Y otra vez el tiempo brinca de una cosa a otra, de un espacio a otro,de un rostro a otro: combinación de signos que descifro a diario al atardecer o al alba.

 

Miro tu rostro hundido en la media luz,y para serme fiel me pongo tu máscara.

 

LIBRO

 

Ante la multitud agolpada al pie del cerro, el libro abrió la boca y dijo que era un regalo de los dioses. Nadie pudo imaginarse en ese instante su progresiva evolución. Primero su voz resonó en los templos: transmitió al humano el origen, las acciones y las cualidades de sus Creadores, pronunciando ritos, conjuros y plegarias. Su voz –libresca desde un comienzo– reemplazó a la memoria del humano,  perfeccionada durante milenios para recordar. Hablaron a través del libro y para la posteridad, políticos y gobernantes, sacerdotes y soldados:  Fue un gesto de vanidad, cultivada y favorecida por sus páginas. Luego el libro transcribió cantos y poemas para la lectura individual, poniendo sólo al alcance de unos pocos y en privado lo que en su forma oral fue disfrutado por todos y en grupo.

 

MURO

 

Solo, el muro que separaba al humano del humano no sabía cómo derrumbarse. No sabía cómo. No sabía. No.

 

BIEN

 

Mientras el bien vivió sepultado en una cueva, no  supo nada acerca de los humanos, pero al salir al mundo empezó a conocerlos y se alarmó por lo que escuchó de ellos.

 

Se contaba que el humano era bueno pero que estaba dominado por el instinto y que hubiese preferido una muerte tranquila en lugar de tener la responsabilidad de vivir.

 

Una vez unos humanos fueron coronados ante un gran público y se cayeron unas tablas y unos muros donde éste se encontraba y murieron 20,000 presentes. Otra vez otros humanos fueron criticados por la guerra que se desencadenó con el planeta vecino y en la cual los ejércitos humanos fueron vencidos. El bien vio que los humanos estaban siempre rodeados de predicadores del futuro, curanderos, hipnotizadores, gente que aseguraba haber visto al Ser Supremo, etc.

 

El bien había visto a los humanos y si ellos le pidieran ayuda, él podía hacerlo. El lado fuerte del bien era las luchas de las almas, pues el alma gobernaba al cuerpo y el que curaba el alma, curaba también el cuerpo.

 

Un día los humanos se encontraron en medio de una terrible tormenta: huelgas en los cuatro rincones del planeta, desórdenes en el parlamento planetario, y todo esto disgustaba al humano. El bien no era un político, pero al ver el pesar de los humanos, no pudo quedar indiferente.

 

A comienzos de año, tuvo la oportunidad de encontrarse varias veces con los humanos, quienes lo recibieron en su palacio y para el bien esto significó haber llegado a la cumbre. Uno de los humanos gobernantes era alto, hermoso, de pelo negro, de ojos pardos y delicados, pero cada vez que se emocionaba su cara se llenaba de ronchas. El criticaba a la sociedad de los humanos y decía que ésta era inmoral. Parecía un buen padre de familia, ¿pero sabía gobernar el planeta? La hija del humano se enfermó y tuvo un derrame de sangre interno. El humano decidió llamar al bien. Al llegar, éste puso de lado todas las medicinas que habían recetado los médicos, se sentó a la cabecera de la cama de la enferma y ni una sola vez tocó a la niña con sus manos y sólo la miraba con una mirada profunda.

 

Al día siguiente la niña sonrió y todos estuvieron de acuerdo de que éste era un milagro. El bien se basaba en el amor que sentía por el humano y le traspasaba la fe en sí mismo. Desde ese día la reputación del bien fue ya de otra escala, llegaba al palacio frecuentemente y jugaba con la niña. El bien hablaba con los humanos con honestidad y sencillez.

 

Así, el bien se convirtió en una fuerza muy solicitada por los humanos más célebres del planeta. El nunca exigió dinero por sus servicios, pero el humano se lo daba sin preguntarle y sus bolsillos empezaron a llenarse. El bien aconsejaba salir los domingos a paseos, ver la naturaleza y levantar los ojos al cielo y sentir que había un solo Ser Supremo.

 

Sin él hacer nada, poco a poco se fue creando alrededor del bien un mito. Decían: –El no sólo atenúa el alma, puede también atenuar el deseo de la carne al amor. Contaban que tenía un enorme miembro viril, pero que su corazón era de santo.

 

Con el tiempo se recibieron quejas con respecto al comportamiento del bien. Los humanos investigaron sus actos y llegaron a la conclusión que el bien era un pícaro y un impostor, que usaba su poder de convencimiento para atrapar a los humanos y que tenía unos impulsos sexuales desenfrenados, que había seducido a varios humanos y que era un pecador del peor grado.

 

Pero en su fuero interno el bien sabía que era un santo verdadero, un santo especial. En lugar de elevarse limpio de pecados, él lo hacía después de pecar él mismo. A pesar de ser santo él continuaba con todas sus debilidades y sus defectos, siendo por ello más cercano al humano y no hería al Ser Supremo, sino que lo servía en la oscuridad y en la luz. Para él, el deseo carnal no era un pecado, si no un excelente medio para llegar a un éxtasis religioso superior.

 

Un día, en vista de la gran oposición del humano contra él, el bien decidió sepultarse nuevamente en la cueva de donde salió. Desde la entrada exclamó: –Al Supremo le gusta que el humano se arrepienta de sus pecados, pero para que haya de qué arrepentirse, primero hay que pecar. Si no existiera el mal, tampoco podría existir yo.

 

TERROR

 

Un día el terror convocó a la civilización, se quitó la careta y ya nunca más dejó de estar presente en la vida cotidiana. Ejerció el poder a partir del derecho que le proporcionaba la ideología. Supo que era necesario mantener al humano en la situación de ceder su poder por el orden divino de las cosas: se apoyó en la religión y en el miedo a la libertad por parte del humano. Fue así cómo el terror le proporcionó una seguridad que no se vio capaz de lograr por sí mismo. Al poco tiempo, el terror vio que la historia era siempre pendular y dinámica. Otro día surgió una  revolución. En forma explosiva, el humano aunó su poder colectivo y provocó una profunda remezón en el cuerpo social. Pero el poder ejercido por el humano fue de corto alcance porque el terror se vio obligado a desnudarse para automantenerse. Entonces explicó al humano, por escrito, cuáles serían las estrategias y las tácticas para sentarse sobre el poder para siempre.

 

HUECOS

 

En medio de la ciudad, rodeado de calles y del denso tráfico capitalino, el hueco abrió sus fauces y llamó con un alarido a los arqueólogos. Estos decidieron sacar una radiografía de su interior, valiéndose de un detector de rayos cósmicos. Declararon que esperaban encontrar evidencia de entierros ceremoniales y cámaras ocultas. Precisaron que una vez que los rayos cósmicos atravesasen el objeto de estudio efectuarían un mapeo de la cantidad de partículas cósmicas, en función de su dirección. El arqueólogo jefe declaró a la prensa: –Si llegan más de estas partículas en alguna trayectoria quiere decir que posiblemente el hueco sea más que un hueco, es decir una cámara oculta o una tumba de algún noble humano.

 

Los arqueólogos cavaron toda la noche hasta toparse con unas osamentas que les permitiría reconstruir por primera vez los rostros de los antepasados del humano. Entonces, así lo hicieron y vieron que los rostros reconstruidos pertenecían a un hombre y una mujer. Eran de ojos grandes, con narices y orejas protuberantes y pómulos salientes.

 

– Fue un trabajo muy complicado –dijo el arqueólogo forense–. Los huesos estaban muy fragmentados por el paso del tiempo y la humedad. Lo que hicimos fue establecer el sexo, la edad, la estatura, el patrón racial: todos eran humanos.

 

Los cálculos indicaron que el hombre tenía unos 40 años, medía más o menos un metro setenta de estatura y tenía lesiones en la columna, lo que hizo suponer que se dedicaba al arado. La mujer tenía aproximadamente 30 años, medía 1.45 y las evidencias señalaron que tuvo dos hijos hombres. Estos habían sido colocados encima de los cuerpos de sus padres. Uno de los hijos mostraba una extraña mancha en la frente, una especie de quemadura. El otro, una herida profunda en el cráneo. Los arqueólogos reconocieron en esta pareja y sus hijos a la fuente verdadera de los humanos. Sin embargo, dos días más tarde, otro hueco hizo su aparición a dos metros del primero. Todo indicaba que era un hueco mucho más antiguo. En él yacían sepultadas cuatro personas: una pareja con sus dos hijos, también hombres. Los arqueólogos miraron confundidos primero a un hueco y luego al otro, pero los huecos guardaron silencio.

 

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Estas "Microficciones", han sido enviadas especialmente a nuestra Revista Digital por el autor y pertenecen a un libro inédito, el cual aun está en desarrollo.

   

 

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