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La cholita picantera
Ha amanecido el día con cara de domingo. Las campanas del lejano distrito tocan a misa. Los campesinos borrachos de trabajo abandonan la lampa y el azado para ir al culto religioso.
Din-gan-lan-ga-lan-Booommm. Din-gan-lan-ga-lan-Booommm.
Repique de campanas metálicas, anuncian la fiesta en el suburbio. La Baltazara, jovencita picantera del pueblo, se levantó a las 4:00 a.m.
¡Froilán!, ¡Jacinto!, ¡Matilde! Con gritos de cántaro de lata, despierta a sus hermanitos. Y el Froilán, el Jacinto y la Matilde, restregándose los ojos comienzan a luchar contra el sueño que solloso domina.
Los chacareros vestidos de fiesta concurren a la anticuada iglesia del puebo; en el templo se entremezclan el aroma del incienso y el olor a zapallo, la lechuga y las cebollas del campo. El curita párroco "dice" la misa rezada, para abreviar el tiempo. Arrodillados en penitencia, todos los chacareros se "sangolotean" el pecho con las manos callosas, al tiempo que "alza el santísimo".
Terminó la misa y en un "santiamén" salió la gente del templo. La Baltazara apresurada se va a la "plaza" a comprar el "RECAU" para hacer almuerzo. En la plaza se encontró derrepente con el hijo del Gobernador, el niño Enrique. El niño Enrique tiene 30 años de edad y es tan "sabíu" como que es hijo de la "ciuda". El niño Enrique la enamora a la Baltazara y le dice "Venus de Milo, ¡Oh tu cabeza perfumada por los místicos ensueños!" Y la Baltazara se ruborisa como una rosa abierta a las caricias del Sol.
A la'ura que viene esta "CCALINCHA". Ande tias dimorau Baltazara. No sabis que tenís que hacer el chupe, como te veya ontra vez conversando con el niño Enrique te rompo la crisma.
– Mimita, qué culpa tengo yo pué si él vino a hablar.
La Baltazara después del "sermón" materno, se puso a pelar papas, sentada en cuclillas cerca del fogón. El Froilán, el Jacinto y la Matilde, sus hermanitos menores, se entretenían en el "corral" abriendo "ñocos", pa'jugar con CHINICOLCA, sin importarles el resto de la vida...
Las diez de la mañana. Ya está el CHUPE "vajiando" en los platos floreados de porcelana. En el "corredor" hay dos mesas llenas de chacareros. Dentro de la cocina hay otra mesa, donde se reunen Don Pantaleón, gordo como una chomba de chicha y Doña Catita su mujer y propietaria de ocho guaguas. La Baltazara alista otra mesa para el señor gobernador que dentro de poco vendrá a almorzar con su hijo el niño Enrique. Un mantel recién "laváu" extiende sobre la mesa y sobre las bancas de madera pone el mantón de "mama" y el poncho de su "tata", doblados en 4 a lo largo.
– ¿Qué es de doña Pascuala? ¿Ya está el almuerzo? – Es el Gobernador que entra acompañado de su hijo. – Pase usté señor Gobernador. Felices los ojos que lo ven.
Doña Pascuala le tiende el brazo desnudo para saludar a la "autoridá" del pueblo, pidiendo disculpas por la mano que la tiene sucia de carbón y de "llatán".
– ¿Cómo está Baltazara? ¡Caramba, que cada día te veo más gordita! – No creyasté señor Gobernador. ¿Le parece?
El Gobernador se acomoda en la banca, sentándose como "autoridá". El niño Enrique (30 años de edad), observa lascivamente las piernas de Baltazara, por debajo de la mesa.
Después de un suculento almuerzo, la chicha asoma su presencia en sendos vasos de cristal. La "autoridá", bebe saboriándose hasta emborracharse. A la una, se retira de la chichería prometiendo volver a la hora de los picantes. El niño Enrique al tiempo de despedirse, le entrega un papelito a la Baltazara y disimulando camina tras de su padre encendiendo un cigarrillo e hipócritamente sale de la ramada...
A escondidas la Baltazar lee el papelito del niño Enrique en que le dice: "Baltazara. Te espero a la noche en la esquina de la ronda, porque tengo que darte unas cosas que te van a gustar".
La "cholita picantera", con la ingenuidad de su propia edad, concurre a la cita. El niño Enrique la engaña trístemente haciéndole mil promesas...
Al día siguiente el niño Enrique sin despedirse se fue para el extranjero. La Baltazara durante los días cercanos de la ausencia lloró mucho sin saber por qué.
Pasó un año. La Baltazara está sentada en cuclillas junto al fogón "dándole teta" a su primogénito, y leyendo la carta que fue su perdición. Noticias del niño Enrique, no tiene ninguna.
Y la "guagua" que no adivina el pesar hondo de su madre, cruelmente solloza queriendo decir pa-pá.
Dan-dan-dan-dan. La campanita del templo parroquial "dobla a muerto" y la nohe se cae de repente como una manotada de infortunio, sobre la apacible campiña del suburbio...
¡Ha muerto la Baltazara, la cholita picantera!
CUENTOS LONCCOS LIBRO FOLKLORICO AREQUIPEÑO OLIVARES DEL HUERTO Arequipa, 1949. |
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