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¡Let's Go New York!
Hace unos momentos tuvimos oportunidad de ver la última conferencia de prensa ofrecida por el presidente de los EE.UU. George Bush y fue bastante emotiva. Ver al mandatario de la nación más fuerte del orbe en su lado humano, creemos que no sólo ha conmovido a su nación, sino a todos aquellos quienes creemos en la libertad y el respeto, no sólo por el ser humano, sino por todos los seres que pueblan el planeta que nos brindó el Creador para habitarlo.
Estamos seguros que esas lágrimas, muestran no sólo la impotencia del propio presidente, sino la de todos quienes vivimos en este país.
Pero, ojo; no deben malinterpretar esas lágrimas, aquellos indeseables que perpetraron ni los que apoyaron este vil acto; porque no son lágrimas de debilidad, también se llora por entereza, porque se es humano y el serlo realmente, está dentro de los valores que nos inculcó nuestro Creador.
El hombre que llora, muestra su capacidad de saber ser partícipe del dolor ajeno, más aun si se trata, como en este caso, de vidas perdidas infamemente.
Ahora, New York empieza a reponerse paulatínamente de su pérdida. Tal vez no con el ímpetu que se le conoce al "newyorkino", pues la pérdida de aquellas elegantes y gallardas Torres que apuntaban hacia el azul cielo de Manhattan y que saludaban en cada nuevo amanecer a la Estatua de la Libertad o acaso, la resguardaban como viriles soldados; ya no están.
Aquel horizonte que podía divisarse desde casi 50 millas a la redonda, ya no es el mismo.
Cada vez que algún familiar nuestro llegaba desde el Perú, era obligarorio el visitar las torres gemelas. Luego de esta tragedia, muchos nos han llamado, para recordarnos aquellas visitas, de las que sólo quedarán como gratos y tristes recuerdos a la vez, las fotografías que pudimos tomar en cada oportunidad.
Recordamos que cuando trabajábamos en Manhattan, hacia donde viajábamos a diario por más de diez años seguidos; dejábamos nuestro hogar entre las 5 y 5:30 de la mañana, para poder llegar sin problemas de tráfico a la ciudad. (Quienes vivimos en zonas rurales, así llamamos a Manhattan). Tomábamos el Long Island Expressway (495) y nos dirigíamos hacia el oeste, siguiendo la misma ruta del Sol. Luego de más de una hora de viaje, casi 15 minutos antes de llegar a Manhattan, ya podíamos divisar en el horizonte el perfil de su arquitectura, como una inmensa postal en perspectiva multidimensio-nal; en la que por su altura, el World Trade Center, nos parecía indicar el camino y a la vez dar la bienvenida a la ciudad a la que Frank Sinatra, llamó "...la ciudad que nunca duerme".
Nueva York, luego de esta tragedia; tal vez haya dormido menos, pensando en aquellos que aun permanecen entre los siniestros escombros de lo que fuera el emblema de New York, la "Gran Manzana". Pero volverá el tráfico a ponerse lento, volverán los trenes a verse abarrotados de gente; volverán los taxis a circular temerariamente por sus calles; volverán los mendigos a pedirnos una "quora" en el camino; volverán los artistas de la calle a posarse en las entradas o corredores del "subway" y en las esquinas de las avenidas principales, para ofrecernos sus pinturas, su música y el arte que en ellos se encierra.
Y mañana más tarde, sin olvidar esta tragedia; en Manhattan, nuevas torres apuntarán hacia su cielo azul, en señal de agradecimiento al Gran Creador.
Acción de Gracias, por habernos permitido ver no el lado malo de esta desgracia, sino por el contrario, el lado positivo, reflejado en los rostros y acciones de todos aquellos que sienten el dolor ajeno.
© Luis A. Ramírez S. Editor 18 de septiembre 2001
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