LITERATURA

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

El firmamento, la Tierra y el erizo

 

 

En tiempos remotos, la bóveda del firmamento no estaba tan alta como ahora. Entre ella y la tierra mediaba solamente un espacio de la altura de un árbol. Los machiguengas, los viracochas (blancos) y los puñarunas (indios de la sierra andina), eran en aquel tiempo, todos buenos.

 

Desde la tierra, se oían las risas de los saangarites o espíritus buenos que estaban en el cielo.

 

El firmamento o cielo, tenía un apéndice u ombligo omóguito inkite que los unía con la tierra y era el único sostén de ella. En ese apéndice, había una suerte de escalera inclinada por la cual subían los machiguengas y penetraban en el cielo por un agujero que había allí, donde el ombligo enraizaba en el firmamento. También descendían por él de visita a la tierra, los saangarites.

 

Viracochas, machiguengas y puñarunas, todos hablaban la lengua machiguenga. Sólo había un hombre malo que cuando subía al inkite y era invitado por los saangarites a beber masato, tomaba hasta embriagarse. En esto se diferenciaba de los otros, quienes se detenían en el justo medio del grato y prudente equilibrio.

 

Queriendo terminar los saangarites con las visitas de este hombre, decidieron cortar el apéndice y dejar que la tierra se hundiese en los abismos. Comunicaron su propósito a los buenos. Apenas avisados, recogieron éstos las flechas, ollas, vestidos y demás objetos de su propiedad y cargados con ello, subían por la escalera con ánimo de ponerse a salvo en el firmamento.

 

No dejó de trascender este plan y llegar a oídos del hombre malo, quien recogiendo apresuradamente el bulto de sus cosas, corrió hacia la escalera con las flechas en la mano.

 

Inició la subida cuando nadie estaba en ella. Parte de los buenos, estaban seguros arriba, en la tierra del inkite y parte abajo, en la tierra Kipachi.

 

Ya el hombre malo se creía seguro; mas cuando iba a penetrar en el cielo, cortaron los saangarites el apéndice. El firmamento se levantó de repente hasta donde ahora le vemos; mientras la tierra se hundía desapareciendo en los abismos.

 

El lugar de la tierra en que estaban los buenos, no se cayó y por eso se salvaron.

 

Al hombre malo, al caer, se le clavaron en el cuerpo las flechas que levaba y él se convirtió en erizo tóntori.

 

En aquel momento, apareció la tierra nueva; o sea la tierra actual y los buenos saltaron a ella. El erizo logró hacer lo mismo y así vemos que anda por el monte. Las flechas que llevaba, son las espinas que ahora tiene como pelo.

 

Apenas había saltado, cuando el pedazo de tierra vieja, que permanece apoyado en la nueva tierra, se hundió también; y el hueco en que anidaba, se cerró, quedando la tierra compacta.

 

Antes de esto, no morían los machiguengas, viracochas ni puñarunas. No había enfermedades. Desde entonces comenzaron las enfermedades y la muerte. Y los machiguengas, empezaron a saber lo malo y a ser pecadores.

 

 


De: EL FIRMAMENTO, LA TIERRA Y EL ERIZO

Fray ENRIQUE ALVAREZ O.P.

Misiones Dominicales

Lima, 1940.