LITERATURA

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

 

La mano peluda de Lambayeque(*)

 

 

Cuenta la tradición que en la calle llamada Santa Catalina, hoy San Martín, cuadra comprendida entre las calles Real y San Roque, que se conocía con el nombre de calle de la Mano Peluda; todas las noches, una mano velluda y grasosa, llamaba indistintamente a todo aquel que por ella transitara, llamado que después se convertía en signo de amenaza. Esa mano aparecía primeramente por una de las dos ventanas de la antigua Escuela de la Patria, que por tanto tiempo dirigiera el maestro Chanamé y después recorría toda esa cuadra, en actitud de búsqueda y en ademán desafiante.

 

Indagando sobre las causales de esta visión, que era aceptada por los hombres, temida por las mujeres y terrorífica para los muchachos, la tradición nos cuenta los siguientes hechos: Fray Francisco Díaz de Cabrera fue el primer Obispo de Trujillo, pero debido al terremoto que tuvo lugar en dicha ciudad el 14 de febrero de 1619, llamado el terremoto de San Valentín, se trasladó a Lambayeque, estableciendo su sede en esa ciudad. A pesar de la orden dada por el Virrey del Perú, Príncipe de Esquilache, para que regresara a Trujillo, el Obispo Cabrera se resistió y desobedeció, habiendo muerto en Lambayeque, el 25 de abril de 1619, siendo por lo tanto esta última ciudad, sede del Obispado de Trujillo por algo más de dos meses.

 

Según parece, al Obispo Cabrera, que había instalado su oficina en la indicada Escuela de la Patria, seguramente para estar más cerca de la Iglesia y de la Casa Parroquial, le había mortificado profundamente la orden y no sólo la había desbedecido, sino que le había enviado algunos recados y misivas poco afectuosas al Virrey, quien exasperado por tales hechos le mandó decir que ya tendría "oportunidad de agarrarlo". En cambio, el Obispo que contaba únicamente con sus prerrogativas canónicas, se contentó con responder: "Primero lo agarraré yo", y pretendió formular un remedo de excomunión haciendo el signo condenatorio, pero la muerte piadosa se lo llevó a la tumba, junto con su cólera y sus deseos.

 

De aquí resulta claramente explicable por qué el Obispo, no habiendo podido "agarrar" en vida al Virrey, pretendía hacerlo ya muerto, y por cuya causa todas las noches, alrededor de las diez, hora en que falleció el Obispo Cabrera, su mano peluda y gordiflona vaga en búsqueda afanosa del Príncipe de Esquilache, quizá para darle algunos mojicones o tal vez para hacerle el signo maléfico del anatema.

 

Con el fin de contrariar, hasta el mayor extremo al Virrey del Perú, el Obispo Cabrera, no sólo no quiso regresar de Obispo a Trujillo, sino que tampoco quiso entrar allí en calidad de cadáver y, para este fin, dio instrucciones precisas para que se  le sepultara en la Iglesia de Lambayeque.

 

Y en efecto, el Obispo de Trujillo, Fray Francisco Díaz de cabrera, se encuentra sepultado en el altar del Rosario, como religioso dominico que era, entre la pared maestra que sostiene el retablo y el camarín de la Virgen. Cuando el cura de Lambayeque, don Justo Modesto Rubiños y de Andrade, en 1977, después de más de un siglo, hizo cambiar el retablo antiguo por el nuevo, encontró el cadáver, con su mitra de cartón dorado y en el ataud las letras siguientes: Y. R. D. D. F. F. C. E. I., que tradujo así: "Ilusstríssimo y Reverendíssimo Señor doctor don Fray Francisco Cabrera, Obispo de Trujillo".

 

 

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(*) Mitos, Leyendas y Tradiciones Lambayecanas

Augusto D. León Barandiarán

Lima, 1938

 

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