LITERATURA

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

Los Piratas en Paita

 

 

La pequeña ciudad –puerto al Norte del Perú– de Paita, cuenta en sus anales con varias invasiones y saqueos de los filibusteros ingleses.

 

En sus correrías por las costas de Chile, Jorge Anson, pirata inglés, había apresado el navío, "Nuestra Señora del Carmen", entre cuyos pasajeros se encontraba un inglés llamado Williams.

 

Williams informó al capitán pirata que Paita era un puerto indefenso, que no tenía guarnición y que guardaba mercaderías de gran valor, pertenecientes al comercio del Perú.

 

Anson, al saber estas noticias e informaciones, siente despertarse su codicia y se dispone a sorprender –era el año 1741– a Paita. Hacia ese puerto dirige el rumbo de sus naves, disponiendo que cincuenta hombres de la tripulación, se encarguen de la toma y del saqueo de la población, sin defensa y sin armamento.

 

Anson puso al frente de esos cincuenta hombres al Teniente Brest y en varias chalupas entró la fuerza expedicionaria al puerto. Dos pilotos peruanos tomados prisioneros, tuvieron que guiar a los piratas que no conocían la Bahía de Paita.

 

El grito "¡Ingleses, Ingleses!", salido de un barco cuando desembarcaron los bucaneros, dio la alerta al puerto. Sin hacer caso de ese grito, los piratas saltaron a tierra y se formaron en una calle estrecha. Con pífanos y cajas, hacían ruido y metían algarabía. Prontamente tomaron la Plaza y la Tesorería, no sufriendo más que una descarga de sus enemigos, descarga que les ocasionó un muerto y dos heridos.

 

Y comenzó el pillaje, el robo y la rapiña. Los cincuenta hombres de la armada pirata, despacharon prontamente la razzia de la pequeña ciudad. Cuando al día siguiente, desembarcó el jefe y se hizo el recuento del saqueo, habían más de treinta mil esterlinas, además de piedras preciosas y alhajas.

 

Un magnífico tesoro que bien hubiera podido apaciguar la ira del capitán corsario. Pero no quiso Anson dejar ni huellas del pequeño puerto, que tan pingües ganancias le había dado. Había que quemar Paita y para que el incendio se efectuase con rapidez, los bucaneros sacaron de los almacenes, tejidos y sacos de algodón, que untados de alquitrán, se introdujeron en las casas.

 

Las llamas envolvieron prontamente la ciudad, que se hizo cenizas. Sólo se salvaron dos iglesias en las que se había encerrado a 80 prisioneros.

 

De los navíos anclados en la Bahía, los piratas echaron a pique a cinco.

 

 


EL MAR Y LOS PIRATAS

Maria Wiesse

Lima