LITERATURA

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

Serwinakuy

 

 

El "Serwinakuy", cuyo significado es servirse mutuo apoyo, consiste en el amancebamiento o matrimonio a prueba entre dos amantes. Esta unión puede regularizarse prontamente, mediante el matrimonio que se efectúa generalmente al advenimiento del primer hijo o cuando es incluído en los matrimonios masivos de las misiones religiosas; de lo contrario, es una institución permanente. Puede el vínculo disolverse a voluntad de las partes, ya sea por falta de consentimiento o incompatibilidad de caracteres, por ociosidad, vicio y la falta de dedicación al trabajo; por último, podría dar lugar a la separación, el mal comportamiento de uno de ellos y disolverse el "serwinakuy".

 

Recuerdo que cuando estudiante, retorné de la capital para gozar de las vacaciones y fui al distrito de Luricocha. Una tarde me encontraba sobre el puente del río de Luricocha, contemplando el decurso de las aguas turbulentas que habían cargado el río con las lluvias y recordaba que ya en otra ocasión estuve en ese lugar junto con mi señora madre, quien con lágrimas en los ojos me comunicó su determinación de que viaje a Lima a fin de estudiar una carrera, para lo cual había escrito a un pariente residente en la capital.

 

Interrumpió mis meditaciones, la llegada de don Apolinario; un antiguo amigo, un hombre campesino y aburguesado, dueño de propiedades que celebró mi regreso y me manifestó que precisamente había salido de su casa en busca de un amigo que se prestara para acompañarle esa noche a cumplir un compromiso; me manifestó que iba a ir con Pedro, su hortelano, a casa de una moza, porque el muchacho había puesto los ojos en la hija de un vecino, una agraciada muchacha y me pedía que los acompañara esa noche a casa de los padres a realizar el "yaukupaku". Me interesaba estar presente en esta ceremonia y gustoso acepté la invitación.

 

Partimos en la noche a caballo, con las alforjas repletas que don Apolinario había preparado con diversos artículos; botellas de aguardiente, vino Copa de Oro, azúcar, té, panes, bizcochos, velas para la luz de la casa, cigarrillos y fósforos y como obsequio para la dueña de la casa, galletas, fideos y arroz.

 

En una noche estrellada y con la luz de la Luna, viajamos por un sendero estrecho, bordeado de arbustos y árboles, absorbiendo el fresco y el perfume emanado de las flores del campo. El silencio de la noche, era a veces interrumpido con el salto de algún animal asustado con la presencia de los caballos y después de cerca de una hora de viaje, llegamos a las proximidades de la casa.

 

Los ladridos de los perros, anunciaron nuestra presencia; bajamos de los caballos que Pedro se encargó de atender y don Apolinario se asomó a la puerta y con toques, anunció su presencia, mientras que los perros redoblaron sus ladridos; luego desde el interior preguntaron quiénes éramos. Don Apolinario dio su nombre y al poco rato abrieron la puerta.

 

El dueño de casa a medio vestir, se presentó portando en las manos un plato de tierra con una mecha de sebo que iluminó a los presentes y fuimos invitados a pasar, con sorpresa y a la vez con desconfianza; pero don Apolinario los tranquilizó, presentando a los visitantes.

 

En el interior de la casa, nos acomodamos en pequeños asientos y la conversación versó sobre el clima, las cosechas y el tiempo para emprender la faena próxima, hasta que don Apolinario sacó el mate contenido en las alforjas y se insinuó para tomar una copa; luego se sucedieron otras nuevas y el ambiente fue animándose hasta que don Apolinario abordó el tema con un preámbulo amistoso y jovial; manifestando que el objeto de nuestra visita era pedir su consentimiento para que Pedro formase familia con su hija. En su discurso, dijo que Pedro era un muchacho huérfano y a su servicio; por esa circunstancia hacía las veces de su padre y pedía su consentimiento. Hizo elogio de las cualidades personales del muchacho, asegurando que era un trabajador honrado y responsable, capaz de lograr hacer la felicidad de su hija.

 

El padre protestó de las pretensiones del muchacho y a su vez, elogió las cualidades de su hija: hacendosa, trabajadora, dócil, obediente y sobre todo honrada; por consiguiente, el pretendiente no estaba a la altura de las cualidades que adornaban a su hija. Emplazó a la muchacha para que se manifestara, pero ella sólo atinó a llorar; tampoco el muchacho logró manifestarse, apenas tartamudeó frases ininteligibles.

 

La conversación estimulada con el alcohol se convirtió en un tropel de palabras, matizado con interjecciones. Don Apolinario y el padre competían en hablar y en elocuencia y al fin el padre accedió a la petición del muchacho y dio su consentimiento de incorporar a un nuevo miembro a la familia, mientras que la muchacha y su madre continuaban llorando inconsolablemenye.

 

En un descuido, los novios desaparecieron del escenario sin que los demás se dieran cuenta, hasta que la madre, embargada en llanto nos sorprendió co la noticia que los novios habían partido. El afortunado galán, había marchado con su amada a iniciar una nueva vida, el "serwinakuy". El padre, empezó a lanzar improperios; don Apolinario trató de calmarlo y reiteró sus promesas de ayuda e insistió en las cualidades del muchacho.

 

Habíamos cumplido con nuestro cometido, contribuyendo al inicio del "serwinakuy" o matrimonio de prueba, de acuerdo a las costumbres del lugar.

 

Tomamos nuestros caballos, y soñolientos y silenciosos, nos dirigimos al pueblo muy de madrugada.

 

 


GUILLERMO LUDEÑA DE LA VEGA