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Tumbes y el primer negro que pisó el Perú
Muchos creen que el negro llegó al Perú bastante después de la conquista española y sólo para dedicarse a determinados trabajos. La verdad es otra y muy distinta. Los africanos están presentes desde el segundo viaje de los conquistadores, aquel que descubrió el Tahuantinsuyo al Occidente. Aun más, un negro, al lado de un español, pisó tierra peruana antes que lo hiciera don Francisco Pizarro.
El suceso acaeció en las playas de Tumbes, cuando asombrados los conquistadores de los palacetes que veían en las orillas, decidieron enviar un bote con algunos obsequios. Venían en la carabela, los trece valientes del Gallo, pero no hubo muchos voluntarios para la audaz empresa. Fue entonces cuando Alonso de Molina, joven aventurero allí presente, decidió bajar, y así lo hizo en compañía de un negro anónimo.
Es Cieza de León quien mejor informe nos proporciona de este hecho, del cual obtuvo infomación directa de un testigo, el más tarde famoso Nicolás de Rivera.
En el capítulo vigésimo de la tercera parte de la Crónica del Perú, leemos que Molina y el negro, llevaron ante la muchedumbre de indios apiñada en la orilla, un gallo, cuatro gallinas, un puerco, un verraco y un hacha de hierro; cosas todas que provocaron el entusiasmo delirante de los asombrados lugareños.
Pero nada excitó tanto a los tumbecinos como el negro: "...como lo veían negro, mirábanlo, hacíanlo lavar, para ver si su negrura era color o confacción puesta". Precisa el cronista que el esclavo "...echando los dientes blancos de afuera, se reían los indios y allegaban unos a otros a verlo y luego otros, tanto que aun no le daban lugar de no dejar comer... andaba de unos en otros, que lo querían mirar como cosa tan nueva y por ellos no vista".
Después de ser atendidos espléndidamente, los dos regresaron a la carabela, donde inquietos, los aguardaban Francisco Pizarro y el resto de los expedicionarios. Tantas maravillas contaron, que decidió el Gobernador enviar al Capitán Pedro de Candía a tierra en una barca para confirmar lo escuchado. El griego reafirmó lo dicho por Molina y el negro. Luego, entre albricias de los indios, siguieron viaje por mar al sur y retornaron más tarde a Panamá. Muchos años faltaban aun, para que en un tercer viaje, se iniciara la conquista del Perú.
No sabemos, si el negro de nuestra historia, retornó al lado de tantos otros de su raza que vinieron a forjar el nuevo Perú. Candía sí regresó y habría de ser personaje destacado de la conquista y de las Guerras Civiles. En cuanto a Molina, fue tan gratamente impresionado por los tumbecinos y las acllas, así como por la hospitalidad brindada, que optó por quedarse, en calidad de dios viviente. Su muerte aun constituye un misterio, pues ya no fue hallado por Francisco Pizarro, cuando regresó al Perú en 1532, para iniciar la conquista del Tahuantinsuyo. Parece que murió a manos de los indios de Puná, enemigos de los tumbecinos, en una de las tantas guerras intestinas que se libraron en el Imperio por esa época.
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INCAS, DIOSES Y CONQUISTADORES JUAN JOSE VEGA Fondo de Cultura Lima
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