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El fanático espíritu limeño alcanzó hasta las pecadoras. Magdalena siempre será un tipo encantador en la cristiandad, y el cielo está lleno de arrepentidos. No queremos ni necesitamos describir a nuestros lectores a aquella Perricholi, encanto de la Colonia, menuda flor del jardín limeño, para quien un Virrey de madrigal quisiera un día reproducir el elegante y airoso arte de Versalles, bajo el encaje de luz y sombra de aquel Palacio, hoy tan descuidado y entre el rumor cantarino de aquel Paseo, que es hoy un muladar y una vergüenza.(1)
Cuentan las crónicas y don Ricardo Palma lo relata con su donairoso decir; que en cierta ocasión iba en su rica calesa la Perricholi, cuando se encontró con el Párroco que llevaba el Santísimo a un moribundo. Movida a piedad y emocionada ante el contraste de su vida pecadora y suntuosa, con el aspecto del humilde cortejo, en que pobremente, sobre las desiguales piedras, iba el representante del Señor, llevando la consagrada forma, sintió que algo tierno, recóndito y bueno ascendía como una blanca nube de bondad y de pureza en su alma y bajó avergonzada y compungida de su riquísima calesa; la ofreció al sacerdote y con religiosa unción, formó a pie parte del dolorido cortejo.
La calesa se conservó en la Parroquia de San Lázaro muchos años y en el recuerdo de las viejas del barrio, quedó estereotipada la visión elegante de aquella Dama bella y majestuosa que había obsequiado a Nuestro Amo su carroza.
——————————— (1) El Paseo de Aguas al que se refiere el autor en 1947, luce diferente en la actualidad al haber sido renovado.
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"UNA LIMA QUE SE VA" JOSE GALVEZ Lima. Editorial PTCM, 1947
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