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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

Los Heraldos Negros

 

 

ABSOLUTA

AGAPE

ALDEANA

A MI HERMANO MIGUEL

AMOR

AMOR PROHIBIDO

ASCUAS

AUSENTE

AVESTRUZ

BABEL

BAJO LOS ALAMOS

BORDAS DE HIELO

CAPITULACION

COMUNION

DESHOJACION SAGRADA

DESHORA

DESNUDO EN BARRO

DIOS

EL PALCO ESTRECHO

EL PAN NUESTRO

EL POETA A SU AMADA

EL TALAMO ETERNO

ENCAJE DE FIEBRE

ENEREIDA

EN LAS TIENDAS GRIEGAS

ESPERGESIA

FRESCO

HECES

HOJAS DE EBANO

HUACO

IDILIO MUERTO

IMPIA

● LA ARAÑA

LA CENA MISERABLE

LA COPA NEGRA

LA DE A MIL

LAS PIEDRAS

LINEAS

LOS ANILLOS FATIGADOS

LOS ARRIEROS

LOS DADOS ETERNOS

LOS HERALDOS NEGROS

LOS PASOS LEJANOS

LLUVIA

MAYO

MEDIALUZ

NERVAZON DE ANGUSTIA

NOCHE BUENA

NOSTALGIAS IMPERIALES

ORACION DEL CAMINO

PAGANA

PARA EL ALMA IMPOSIBLE DE MI AMADA

RETABLO

ROMERIA

ROSA BLANCA

SANTORAL

SAUCE

SETIEMBRE

TERCETO AUTOCTONO

UNIDAD

VERANO

YESO

 

 


 

 

ABSOLUTA

 

Color de ropa antigua. Un julio a sombra,
y un agosto recién segado. Y una
mano de agua que injertó en el pino
resinoso de un tedio malas frutas.

 

Ahora que has anclado, oscura ropa,
tornas rociada de un suntuoso olor
a tiempo, abreviación... Y he cantado
el proclive festín que se volcó.

 

Mas ¿no puedes, Señor, contra la muerte,
contra el límite, contra lo que acaba?
Ay! la llaga en color de ropa antigua,
cómo se entreabre y huele a miel quemada!

 

Oh unidad excelsa!

Oh lo que es uno
por todos!
Amor contra el espacio y contra el tiempo!
Un latido único de corazón;
un solo ritmo: Dios!

 

Y al encogerse de hombros los linderos
en un bronco desdén irreductible;
hay un riego de sierpes
en la doncella plenitud del 1.
¡Una arruga, una sombra!

   

   
   

 

   

AGAPE

 

Hoy no ha venido nadie a preguntar;
ni me han pedido en esta tarde nada.

 

No he visto ni una flor de cementerio
en tan alegre procesión de luces.
 

Perdóname, Señor: qué poco he muerto!

En estas tardes todos, pasan
sin preguntarme ni pedirme nada.

 

Y no sé qué se olvidan y se queda
mal en mis manos, como cosa ajena.

 

He salido a la puerta,
y me da ganas de gritar a todos:
 

Si echan de menos algo, aquí se queda!

Porque en todas las tardes de esta vida,
yo no sé con qué puertas dan a un rostro,
y algo ajeno se toma el alma mía.

 

Hoy no ha venido nadie;
y hoy he muerto qué poco en esta tarde.

   

   
   

 

   

ALDEANA

 

 

Lejana vibración de esquilas mustias
en el aire derrama
la fragancia rural de sus angustias.
En el patio silente
sangra su despedida el sol poniente.
El ámbar otoñal del panorama
toma un frío matiz de gris doliente!

 

Al portón de la casa
que el tiempo con sus garras torna ajosa,
asoma silenciosas
y al establo cercano luego pasa.
la silueta calmosa
de un buey color de oro,
que añora con sus bíblicas pupilas,
oyendo la oración de las esquilas,
su edad viril de toro!

 

Al muro de la huerta,
aleteando la pena su canto,
salta un gallo gentil, y, en triste alerta,
cual dos gotas de llanto,
tiemblan sus ojos en la tarde muerta!

 

Lánguido se desgarra
en la vetusta aldea
el dulce yaraví de una guitarra,
en cuya eternidad de hondo quebranto
la triste voz de un indio dondonea,
como un viejo esquilón de camposanto.

   

   
     
   

A MI HERMANO MIGUEL (*)

 

 

Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,
donde nos haces una falta su fondo!
Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá
nos acariciaba: "Pero, hijos...".

 

Ahora yo me escondo,
como antes, todas estas oraciones
vespertinas, y espero que tú no des conmigo.
 

Por la sala, el zaguán, los corredores,
después te ocultas tú, y yo no doy contigo,
Me acuerdo que nos hacíamos llorar,
hermano, en aquel juego.

 

Miguel, tú te escondiste
una noche de agosto, al alborear;
pero, en vez de ocultarte riendo, estabas triste.
 

Y tu gemelo corazón de esas tardes
extintas se ha aburrido de no encontrarte.

Y ya cae sombra en el alma.

 

Oye hermano, no tardes
en salir. Bueno? Puede inquietarse mamá.

 

———————

(*)  In Memorian

   

   
     
   

AMOR

 

 

Amor, ya no vuelves a mis ojos muertos;
y cual mi idealista corazón te llora.
Mis cálices todos aguardan abiertos
tus hostias de otoño y vinos de aurora.

 

Amor, cruz divina, riega mis desiertos
con tu sangre de astros que sueña y que llora.
¡Amor, ya no vuelves a mis ojos muertos
que temen y ansían tu llanto de aurora!

 

Amor, no te quiero cuando estás distante
rifado en afeites de alegre bacante
o en frágil y chata facción de mujer.

 

Amor, ven sin carne, de un icor que asombre;
y que yo, a manera de Dios, sea el hombre
que ama y engendra sin sensual placer!

   

   
     
   

AMOR PROHIBIDO

 

 

Subes centelleante de labios y orejas!
Por tus venas subo, como un can herido
que busca el refugio de blandas aceras.

 

Amor, en el mundo tú eres un pecado!
Mi beso es la punta chispeante del cuerpo
del diablo; mi beso que es creo sagrado!

 

Espíritu, es el horópter que pasa
                ¡puro en su blasfemia!
¡el corazón que engendra al cerebro!
que pasa hacia el tuyo, por mi barro triste.
                ¡Platónico estambre
que existe en el cáliz donde tu alma existe!

 

¿Algún penitente silencio siniestro?
Tú acaso lo escuchas? Inocente flor!
... Y saber que donde no hay un Padrenuestro
el Amor es un Cristo pecador!

   

   
     
   

ASCUAS (*)

 

 

Luciré para Tilia, en la tragedia
mis estrofas en ópimos racimos;
sangrará cada fruta melodiosa,
como un sol funeral, lúgubres vinos
                Tilia tendrá la cruz
que en la hora final será de luz!

Prenderé para Tilia, en la tragedia,
la gota de fragor que hay en mis labios;
y el labio, al encresparse para el beso,
se partirá en cien pétalos sagrados.
                Tilia tendrá el puñal,
el puñal floricida y auroral!

Ya en la sombra, heroína, intacta y mártir,
tendrás bajo tus plantas a la Vida;
mientras veles, rezando mis estrofas,
mi testa, como una hostia en sangre tinta!
                Y en un lirio, voraz,
mi sangre, como un virus, beberás!

 

————————————

(*) Para Domingo Parra del Riego

   

   
     
   

AUSENTE

 

 

Ausente! la mañana en que me vaya
más lejos de lo lejos, al Misterio,
como siguiendo inevitable raya,
tus pies resbalarán al cementerio.

 

Ausente! La mañana en que a la playa
del mar de sombra y del callado imperio,
como un pájaro lúgubre me vaya,
será el blanco panteón tu cautiverio.

 

Se habrá hecho de noche en tus miradas;
y sufrirás, y tomarás entonces
penitentes blancuras laceradas.

 

Ausente! Y en tus propios sufrimientos
ha de cruzar entre un llorar de bronces
una jauria de remordimientos!

   

   
     
   

AVESTRUZ

 

 

Melancolía, saca tu dulce pico ya;
no cebes tus ayunos en mis trigos de luz.
Melancolía, basta! Cuál beben tus puñales
la sangre que extranjera mi sanguijuela azul!

 

No acabes el maná de mujer que ha bajado;
yo quiero que de él nazca mañana alguna Cruz,
mañana que no tenga yo a quien volver los ojos,
cuando abra su gran O de burla el ataúd.

 

Mi corazón es tiesto regado de amargura;
hay otros viejos pájaros que pastan dentro de él...

Melancolía, deja de secarme la vida,
y desnuda tu labio de mujer...!

   

   
     
   

BABEL

 

 

Dulce hogar sin estilo fabricado
de un solo golpe y de una sola pieza
de cera tornasol. Y en el hogar
ella daña y arregla; a veces dice:
"El hospicio es bonito; aquí no más"
Y otras veces se pone a llorar!

   

   
     
   

BAJO LOS ALAMOS (*)


 

Cual bardos prisioneros,
los álamos de sangre se han dormido,
Rumian arias de yerba al sol caído,
las greyes de Belén en los oteros.

 

El anciano pastor, a los postreros
martirios de la luz, estremecido,
en sus pascuales ojos ha cogido
una casta manada de luceros.

 

Labrado en orfandad baja el instante
con rumores de entierro, al campo orante
y se otoñan de sombra las esquilas.

 

Supervive el azul urdido en hierro,
y en él, amortajadas las pupilas,
traza su aullido pastoral un perro.

 

———————————

(*) Para José Eulogio Garrido

   

   
   

 

   

BORDAS DE HIELO

 

 

Vengo a verte pasar todos los días,
vaporcito encantado siempre lejos...
Tus ojos son dos rubios capitanes;
tu labio es un brevísimo pañuelo
rojo que ondea en un adiós de sangre!

 

Vengo a verte pasar; hasta que un día,
embriagada de tiempo y de crueldad,
vaporcito encantado siempre lejos,
la estrella de la tarde partirá!

 

Las jarcias; vientos que traicionan; vientos
de mujer que pasó!
Tus fríos capitanes darán orden;
y quien habrá partido seré yo...!

   

   
     
   

CAPITULACION

 

 

Anoche, unos abriles granas capitularon
ante mis mayos desarmados de juventud;
los marfiles histéricos de su beso me hallaron
muerto; y en un suspiro de amor los enjaulé.

 

Espiga extraña, dócil. Sus ojos me asediaron
una tarde amaranto que dije un canto a sus
cantos; y anoche, en medio de los brindis, (me hablaron
las dos lenguas de sus senos abrasadas de sed).

 

Pobre trigueña aquella; pobre sus armas; (pobres
sus velas cremas que iban al tope en las salobres
espumas de un mar muerto. Vencedora y vencida).
se quedó pensativa y ojerosa y granate.

 

Yo me partí de aurora. Y desde aquel combate,
de noche entran dos sierpes esclavas a mi vida.

   

   
     
   

COMUNION

 

 

Linda Regia! Tus venas son fermentos
de mí noser antiguo y del champaña
negro de mi vivir!

 

Tu cabello es la ignota raicilla
del árbol de mi vid
Tu cabello es la hilacha de una mitra
 

De ensueño que perdí!

Tu cuerpo es la espumeante escaramuza
de un rosado Jordán:
y ondea, como un látigo beatífico
que humillara a la víbora del mal!

 

Tus brazos dan la sed de lo infinito,
con sus castas hespérides de luz,
cual dos blanco caminos redentores,
dos arranques murientes de una cruz.
 

Y están plasmados en la sangre invicta
de mi imposible azul!

Tus pies son dos heráldicas alondras
que eternamente llegan de mi ayer!
 

Linda Regia! Tus pies son las dos lágrimas
que al bajar del espíritu ahogué,
un Domingo de Ramos que entré al Mundo,
ya lejos para siempre de Belén!

   

   
     
   

DESHOJACION SAGRADA

 

 

Luna! Corona de una testa inmensa,
que te vas deshojando en sombras gualdas!
Roja corona de un Jesús que piensa
trágicamente dulce de esmeraldas!

 

Luna! Alocado corazón celeste
¿por qué bogas así, dentro de copa
llena de vino azul, hacia el oeste,
cual derrotada y dolorida popa?

 

Luna! Y a fuerza de volar en vano,
te holocaustas en ópalos dispersos:
tú eres tal vez mi corazón gitano
que vaga en el azul llorando versos!...

   

   
     
   

DESHORA

 

 

Pureza amada, que mis ojos nunca
llegaron a gozar. Pureza absurda!

 

Yo sé que estabas en la carne un día,
cuando yo hilaba aún mi embrión de vida.

 

Pureza en falda neutra de colegio;
y leche azul dentro del trigo tierno.

a la tarde de lluvia, cuando el alma
ha roto su puñal en retirada.

cuando ha cuajado en no sé qué probeta
sin contenido una insolente piedra.

 

Cuando hay gente contenta; y cuando lloran
párpados ciegos en púrpureas bordas.

Oh, pureza que nunca ni un recado
me dejaste, al partir del triste barro

ni una migaja de tu voz; ni un nervio,
de tu convite heroico de luceros.

 

Alejáos de mi, buenas maldades,
dulces bocas picantes...

Yo la recuerdo al veros ¡oh, mujeres!
Pues de la vida en la perenne tarde,
nació muy poco ¡pero mucho muere!

   

   
   

 

   

DESNUDO EN BARRO

 

 

Como horribles batracios a la atmósfera,
suben visajes lúgubres al labio,
 

Por el Sahara azul de la Substancia
camina un verso gris, un dromedario.

 

Fosforece un mohín de sueños crueles.
Y el ciego que murió lleno de voces
de nieve. Y madrugar, poeta, nómada,
al crudísimo día de ser hombre.

 

Las Horas van febriles, y en los ángulos
abortan rubios siglos de ventura.
¡Quién tira tanto el hilo; quién descuelga
sin piedad nuestros nervios,
cordeles ya gastados, a la tumba!

 

Amor! Y tú también. Pedradas negras
se engendran en tu máscara y la rompen.
 

¡La tumba es todavía
un sexo de mujer que atrae al hombre!

   

   
     
   

DIOS

 

 

Siento a Dios que camina
tan en mí, con la tarde y con el mar.
Con él nos vamos juntos. Anochece.
Con él anochecemos, Orfandad...

 

Pero yo siento a Dios. Y hasta parece
que él me dicta no sé qué buen valor.
 

Como un hospitalario, es bueno y triste;
mustia un dulce desdén de enamorado:
debe dolerle mucho el corazón.

 

Oh, Dios mío, recién a tí me llego.
hoy que amo tanto en esta tarde: hoy
que en la falsa balanza de unos senos.
mido y lloro una frágil Creación.

 

Y tu cuál llorarás... tú, enamorado
de tanto enorme seno girador...
 

Yo te consagro Dios, porque amas tanto;
porque jamás sonríes; porque siempre
debe dolerte mucho el corazón.

   

   
     
   

EL PALCO ESTRECHO

 

 

Más acá, más acá. Yo estoy muy bien.
Llueve; y hace una cruel imitación.
Avanza, avanza el pie.

 

Hasta qué hora no suben las cortinas
esas manos que fingen un zarzal?
Ves? Los otros, que cómodos, qué efigies.
Más acá, más acá!

 

Llueve. Y hoy tarde pasará otra nave
cargada de crespón
será como un pezón negro y deforme
arrancando a la esfíngica Ilusión.

 

Más acá, más acá. Tú estás al borde
y la nave arrastrarte puede al mar.
Ah, cortinas inmóviles, simbólicas...
 

Mi aplauso es un festín de rosas negras:
cederte mi lugar!
 

Y en el fragor de mi renuncia triste,
un hilo de infinito sangrará.

 

Yo no debo estar tan bien;
Avanza, avanza el pie!

   

   
     
   

EL PAN NUESTRO (*)

 

 

Se bebe el desayuno... húmeda tierra
de cementerio huele a sangre amada.
Ciudad de invierno... La mordaz cruzada
de una carreta que arrastrar parece
una emoción de ayuno encadenada!

 

Se quisiera tocar todas las puertas,
y preguntar por no sé quién; y luego
ver a los pobres, y, llorando quedos,
dar pedacitos de pan fresco a todos.
 

Y saquear a los ricos sus viñedos
con las dos manos santas
que a un golpe de luz
volaron desclavadas de la Cruz!

 

Pestaña matinal, no os levantéis!
¡El pan nuestro de cada día dánoslo, Señor...!

Todos mis huesos son ajenos;
Yo tal vez los robé!
 

Yo vine a darme lo que acaso estuvo
asignado para otro;
y pienso que, si no hubiera nacido,
otro pobre tomara este café!


Yo soy un mal ladrón... A donde iré.

Y en esta hora fría, en que la tierra
trasciende a polvo humano y es tan triste,
y suplicar a no sé quién, perdón.
y hacerle pedacitos de pan fresco
aquí, en el horno de mi corazón...!

 

_______

(*) Para Alejandro Gamboa

   

   
   

 

   

EL POETA A SU AMADA

 

 

Amada, en esta noche tú te has crucificado
sobre los dos maderos curvados de mi beso;
y tu pena me ha dicho que Jesús ha llorado,
y que hay un viernesanto más dulce que ese beso.

 

En esta noche rara que tanto me has mirado,
la Muerte ha estado alegre y ha cantado en su hueso.

En esta noche de setiembre se ha oficiado
mi segunda caída y el más humano beso.

 

Amada, moriremos los dos juntos, muy juntos;
se irá secando a pausas nuestra excelsa amargura;
y habrán tocado a sombra nuestros labios difuntos.

 

Y ya no habrán reproches en tus ojos benditos;
ni volveré a ofenderte. Y en una sepultura
los dos nos dormiremos como dos hermanitos.

   

   
     
   

EL TALAMO ETERNO

 

 

Sólo al dejar de ser, Amor es fuerte!
Y la tumba será una gran pupila
en cuyo fondo supervive y llora
la angustia del amor, como en un cáliz
de dulce eternidad y negra aurora.

 

Y los labios se encrespan para el beso,
como algo lleno que desborda y muere,
y, en conjunción crispante,
cada boca renuncia para la otra
una vida de vida agonizante.

 

Y cuando pienso, así, dulce es la tumba
donde todos al fin se compenetran
en un mismo fragor;
dulce es la sombra, donde todos se unen
en una cita universal de amor.

   

   
     
   

ENCAJE DE FIEBRE

 

 

Por los cuadros de santos en el muro colgados
mis pupilas arrastran un ¡ay! de anochecer;
y en un temblor de fiebre, con los brazos cruzados
mi ser recibe vaga visita del Noser.

 

Una mosca llorona en los muebles cansados
yo no sé qué leyenda fatal quiere verter:
una ilusión de Orientes que fugan asaltados;
un nido azul de alondras que mueren al nacer.

 

En un sillón antiguo sentado está mi padre
Como una Dolorosa, entra y sale mi madre,
Y al verlos siento un algo que no quiere partir.

 

Porque antes de la oblea que es hostia hecha de Ciencia,
está la hostia, oblea hecha de Providencia.
Y la visita nace, me ayuda a bien vivir...

   

   
     
   

ENEREIDA

 

 

Mi padre, apenas,
en la mañana pajarina, pone
sus setentiocho años, sus setentiocho
ramos de invierno de Santiago, untado
en alegre año nuevo, está a la vista.
 

Cuántas veces sus pasos cortaron hacia él,
y tomaron de algún entierro humilde.

Hoy hace mucho tiempo que mi padre no sale!
Una broma de niños se desbanda.

 

Otras veces le hablaba a mi madre
de impresiones urbanas, de política;
y hoy, apoyado en su bastón ilustre
que sonara mejor en los años de la Gobernación,
mi padre está desconocido, frágil.
mi padre es una víspera.
 

Lleva, trae, abstraído, reliquias, cosas,
recuerdos, sugerencias.
La mañana apacible le acompaña
con sus alas blancas de hermana de caridad.

 

Día eterno es éste, día ingenuo, infante,
coral, oracional;
se corona el tiempo de palomas,
y el futuro se puebla
de caravanas de inmortales rosas.
 

Padre, aún sigue todo despertando:
es enero que canta, es tu amor
que resonando va en la Eternidad.
Aún reirás de tus pequeñuelos
y habrá bulla triunfal en los Vacíos.

 

Aún será año nuevo. Habrá empanadas;
y yo tendré hambre, cuando toque a misa
en el beato campanario
el buen ciego mélico con quien
departieron mis sílabas escolares y frescas,
mi inocencia rotunda.
 

Y cuando la mañana llena de gracia,
desde sus senos de tiempo
que son dos renuncias, dos avances de amor
que se tienden y ruegan infinito, eterna vida,
cante, y eche a volar Verbos plurales
jirones de tu ser,
a la borda de sus alas blancas
de hermana de caridad! ¡oh, padre mío!

   

   
     
   

EN LAS TIENDAS GRIEGAS

 

 

Y el Alma se asustó
a las cinco de aquella tarde azul desteñida.
 

El labio entre los linos la imploró
con pucheros de novio para su prometida.

 

El pensamiento, el gran General se ciñó
de una lanza deicida.
 

El Corazón danzaba, más, luego sollozó:
¿la bayadera esclava estaba herida?

 

Nada! Fueron los tigres que la dan por corres
a apostar en aquel rincón, y triste ver
los ocasos que llegan desde Atenas.

 

No habrá remedio para este hospital de nervios,
para el gran campamento irritado de este atardecer

 

Y el General escruta volar siniestras penas allá.................
en el desfiladero de mis nervios!

   

   
     
   

ESPERGESIA

 

 

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que yo vivo,
que soy malo; y no saben
del diciembre de ese enero.
 

Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hay un vacío
en mi aire metafísico
que nadie ha de palpar:
el claustro de un silencio
que habló a flor de fuego.

 

Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Hermano, escucha, escucha...
Bueno. Y que no me vaya
sin llevar diciembres,
sin dejar eneros.
 

Pues yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.

Todos saben que vivo,
que mastico... Y no saben
por qué en mi verso chirrían,
oscuro sinsabor de féretro,
luyidos vientos
desenroscados de la Esfinge
preguntona del Desierto.

 

Todos saben... Y no saben
que la Luz es tísica,
y la Sombra gorda...
y no saben que el Misterio sintetiza...
que él es la joroba
musical y triste que a distancia denuncia
el paso meridiano de las lindes a las Lindes.

 

Yo nací un día
Que Dios estuvo enfermo,
grave.

   

   
     
   

FRESCO

 

 

Llegue a confundirnos con ella,
tanto...! Por sus recodos
espirituales, yo me iba
jugando entre tiernos fresales,
entre sus griegas manos matinales.

 

Ella me acomodaba después los lazos negros
y bohemios de la corbata. Y yo
volvía a ver la piedra
absorta, desairados los bancos y el reloj
que nos iba envolviendo en su carrete,
al dar su inacabable moliente.

 

Buenas noches aquéllas,
que hoy le dan por reír
de mi extraño morir,
de mi modo de andar meditabundo.

 

Alfeñiques de oro,
joyas de azúcar
que al fin se quiebran en
el mortero de losa de este mundo.

 

Pero para las lágrimas de amor,
los luceros son lindos pañuelitos
lilas,
naranjos,
verdes,
que empapa el corazón.

 

Y si hay ya mucha hiel en esas sedas,
hay un cariño que no nace nunca,
que nunca muere,
vuela otro gran pañuelo apocalíptico,
la mano azul, inédita de Dios!

   

   
   

 

   

HECES

 

 

Esta tarde llueve como nunca; y no
tengo ganas de vivir, corazón.

Esta tarde es dulce. Por qué no ha de ser?
Viste gracia y pena; viste mujer.

 

Esta tarde en Lima llueve. Y yo recuerdo
las cavernas crueles de mi ingratitud;
mi bloque de hielo sobre su amapola,
más fuerte que su "No seas así!"

 

Mis violentas flores negras; y la bárbara
y enorme pedrada; y el trecho glacial.
Y pondrá el silencio de su dignidad
con óleos quemantes el punto final.

 

Por eso esta tarde, como nunca, voy
con este búho, con este corazón.

Y otras pasan; y viéndome tan triste,
toman un poquito de ti.
y en la abrupta arruga de mi hondo dolor.

 

Esta tarde llueve, llueve mucho. ¡Y no

tengo ganas de vivir, corazón!

   

   
   

 

   

HOJAS DE EBANO

 

 

Alta, mi cigarrillo;
su luz se limpia en pólvoras de alerta
Y a su guiño amarillo
entorna un pastorcillo
el tamarindo de su sombra muerta.

 

Ahoga en una enérgica negrura
el caserón entero
la mustia distinción de su blancura.
Pena un frágil aroma de aguacero.
 

Están todas las puertas muy ancianas,
y se hastía en su habano carcomido
una insomne piedad de mil orejas.
Yo las dejé lozanas;
y hoy ya las telarañas han zurcido
hasta el corazón de sus maderas
coágulos de sombra oliendo a olvido.
 

La del camino, el día
que me miró llegar, trémula y triste,
mientras que sus dos brazos entreabría.
chilló como en un llanto de alegría.
Que en toda fibra existe,
para el ojo que ama, una dormida
novia perla, una lágrima escondida.

 

Con no sé qué memoria secretea
mi corazón ansioso.
- Señora?... - Sí, señor; murió en la aldea;
aún la veo envuelta en su rebozo...
Y la abuela amargura
de un cantar neurasténico de paria
¡oh, derrotada musa legendaria!
afila sus melódicos raudales
bajo la noche oscura;
como si abajo, abajo,
en la turbia pupila de cascajo
de abierta sepultura,
celebrando perpétuos funerales,
se quebrasen fantásticos puñales.

 

Llueve... Llueve... Sustancia el aguacero,
reduciéndolo a fúnebres olores,
el humor de los viejos alcanfores
que velan tahuashando en el sendero
con sus ponchos de hielo y sin sombrero.

   

   
   

 

   

HUACO

 

 

Yo soy el coraquenque ciego
que mira por la lente de una llaga,
y que atado está el Globo,
como a un huaco estupendo que girara.

 

Yo soy el llama, a quien tan sólo alcanza,
la necesidad hostil a trasquilar
volutas de clarín,
volutas de clarín brillantes de asco
y bronceadas de un viejo yaraví.

 

Soy el pichón de cóndor desplumado
por latino arcabuz;
y a flor de humanidad floto en los Andes,
como un perenne Lázaro de luz.

 

Yo soy la gracia incaica que re roe
en áureos coricanchas bautizados
de fosfatos de error y de cicuta.
 

A veces en mis piedras se encabritan
los nervios rotos de un extinto puma.

Un fermento de Sol;
¡levadura de sombra y corazón!

   

   
     
   

IDILIO MUERTO

 

 

Que estará haciendo esta hora mi andina y dulce Rita
de junco y capulí;
ahora que me asfixia Bizancio, y que dormita
la sangre, como flojo cognac, dentro de mí.

 

Dónde estará sus manos que en actitud contrita
planchaban en las tardes blancuras por venir;
ahora, en esta lluvia que me quita
las ganas de vivir.

 

Qué será de su falda de franela; de sus
afanes; de su andar;
de su labro a cañas de mayo del lugar.

 

Ha de estarse a la puerta mirando algún celaje,
y al fin dirán temblando: "Qué frío hay... Jesús".
Y llorará en las tejas un pájaro salvaje.

 

De codos yo en el muro,
cuando triunfa en el alma el tinte oscuro
y el viento reza en los ramajes y yertos
llantos de quenas, tímidos, inciertos.
suspiro una congoja, al ver que en la penumbra gualda y roja
llora un trágico azul de idilios muertos!

   

   
     
   

IMPIA

 

 

Señor! Estabas tras los cristales
humano y triste de atardecer;
y cuál lloraba tus funerales
            esa mujer!

 

Sus ojos eran el jueves santo,
dos negros granos de amarga luz!
Con duras gotas de sangre y llanto
            clavó tu cruz!

 

Impía! Desde que tú partiste,
Señor, no ha ido nunca al Jordán,
en rojas aguas su piel desviste.
y al vil judío le vende pan!

   

   
   

 

   

LA ARAÑA

 

 

Es una araña enorme que ya no anda;

una araña incolora, cuyo cuerpo,
una cabeza y un abdomen, sangra.

 

Hoy la he visto de cerca. Y con qué esfuerzo
hacia todos los flancos
sus pies innumerables alargaba.
 

Y he pensado en sus ojos invisibles
los pilotos fatales de la araña.

 

Es una araña que temblaba fija
en un filo de piedra;
el abdomen a un lado,
y al otro la cabeza.

 

Con tantos pies la pobre, y aún no puede
resolverse. Y, al verla
atónita en tal trance,
hoy me ha dado qué pena esa viajera.

 

Es una araña enorme, a quien impide
el abdomen seguir a la cabeza.
 

Y he pensado en sus ojos
y en sus pies numerosos...
¡Y me ha dado qué pena esa viajera!

   

   
     
   

LA CENA MISERABLE


 

Hasta cuándo estaremos esperando lo que
no se nos debe… Y en qué recodo estiraremos
nuestra pobre rodilla para siempre… Hasta cuándo
la cruz que nos alienta no detendrá sus remos.

 

Hasta cuándo la Duda nos brindará blasones
por haber padecido…
                Ya nos hemos sentado
mucho a la mesa, con la amargura de un niño
que a medianoche, llora de hambre, desvelado…

 

Y cuando nos veremos con los demás, al borde
de una mañana eterna, desayunados todos.
Hasta cuándo este valle de lágrimas, a donde
yo nunca dije que me trajeran.
                De codos
todo bañado en llanto, repito cabizbajo
y vencido: hasta cuándo la cena durará.

 

Hay alguien que ha bebido mucho, y se burla,
y acerca y aleja de nosotros, como negra cuchara
de amarga esencia humana, la tumba…
                Y menos sabe
ese oscuro hasta cuándo la cena durará!

   

   
     
   

LA COPA NEGRA

 

 

La noche es una copa de mal. Un silbo agudo
del guardia que atraviesa, cual vibrante alfiler.
Oye tú mujerzuela, ¿cómo, si ya te fuiste,
la onda aún es negra y me hace aún arder?

 

La tierra tiene bordes de féretro en la sombra.
Oye tú, mujerzuela, no vayas a volver.

Mi carne nada, nada
en la copa de sombra que me hace aún doler;
mi carne nada en ella,
como en un pantanoso corazón de mujer.

 

Ascua astral... He sentido
secos roces de arcilla
sobre mi loto diáfano caer.
Ah, mujer! Por tí existe
la carne hecha de instinto. Ah, mujer!
 

Por eso ¡oh, negro cáliz, aun cuando ya te fuiste,
!me ahogo con el polvo,
y piafan en mis carnes más ganas de beber!

   

   
   

 

   

LA DE A MIL

 

 

El suertero que grita "La de a mil"
contiene no sé qué fondo de Dios.

Pasan todos los labios. El hastío
despunta en una arruga su ya nó.
 

Pasa el suertero que atesora, acaso
nominal, como Dios,
entre planes tantálicos, humana
impotencia de amor.

 

Yo le miro al andrajo. Y él pudiera
darnos el corazón;
pero la suerte aquella que en sus manos
aporta, pregonando en alta voz,
como un pájaro cruel, irá a parar
adonde no lo sabe ni lo quiere
este bohemio dios.

 

Y digo en este viernes tibio que anda
a cuestas bajo el sol:
¡por qué se habrá vestido de suertero
la voluntad de Dios!

   

   
     
   

LAS PIEDRAS

 

 

Esta mañana bajé
a las piedras ¡Oh las piedras!
Y motivé y troquelé
un pugilato de piedras.

 

Madre nuestra, si mis pasos
en el mundo hacen doler,
es que son los fogonazos
de un absurdo amanecer.

 

Las piedras no ofenden; nada
codician. Tan sólo piden
amor a todos, y piden
amor aun a la Nada.

 

Y si algunas de ellas se
van cabizbajas, o van
avergonzadas, es que
algo de humano harán...

 

Más, no falta quien a alguna
por puro gusto golpee.
Tal, blanca piedra es la luna
que voló de un puntapié...

 

Madre nuestra, esta mañana
me he corrido con las hiedras,
al ver la azul caravana
de las piedras,
de las piedras,
de las piedras...

   

   
     
   

LOS ANILLOS FATIGADOS

 

 

Hay ganas de volver, de amar, de no ausentarse,
y hay ganas de morir, combatido por dos
aguas encontradas que jamás han de istmarse.

 

Hay ganas de un gran beso que amortaje a la Vida.
que acaba en el áfrica de una agonía ardiente.
suicida!
 

Hay ganas de... no tener ganas, Señor:
a tí yo te señalo con el dedo deicida:
hay ganas de no haber tenido corazón.

 

La primavera vuelve, vuelve y se irá. Y Dios
curvado en tiempo, se repite. y pasa, pasa
a cuestas con la espina dorsal del Universo.

 

Cuando las sienes tocan su lúgubre tambor.
cuando me duele el sueño grabado en un puñal,
¡hay ganas de quedarse plantado en este verso!

   

   
     
   

LINEAS

 

 

Cada cinta de fuego
que, en busca del Amor,
arrojo y vibra en rosas lamentables,
me da a luz el sepelio de una víspera.
 

Yo no sé si el redoble en que lo busco,
será jadear de roca,
o perenne nacer de corazón.
hay tendida hacia el fondo de los seres,
un eje ultranervioso, honda plomada.

 

¡La hebra del destino!
Amor desviará tal ley de vida,
hacia la voz del Hombre;
y nos dará la libertad suprema
en transubstanciación azul, virtuosa,
contra lo ciego y lo fatal.

 

¡Que en cada cifra lata,
recluso en albas frágiles,
el Jesús aún mejor de otra gran Yema!

Y después... La otra línea...
Un Bautista que aguaita, aguaita, aguaita...
Y cabalgando en intangible curva,
un pie bañado en púrpura.

   

   
     
   

LOS ARRIEROS

 

 

Arriero, vas fabulosamente vidriado de sudor.
La hacienda Menocucho
cobra mil sinsabores diarios por la vida.
Las doce. Vamos a la cintura del día.
 

El sol que duele mucho.

Arriero, con tu poncho colorado te alejas,
saboreando el romance peruano de tu coca.
 

Y yo desde una hamaca.
desde un siglo de duda,
cavilo tu horizonte y atisbo, lamentado,
por zancudos, y por el estribillo gentil
y enfermo de una "paca-paca".
 

Al fin tú llegarás donde debes llegar,
arrieron, que, detrás de tu burro santurrón.
te vas...
te vas...

 

Feliz de tí, en este calor en que se encabritan
todas las ansias y todos los motivos;
cuando el espíritu que anima al cuerpo apenas,
va sin coca, y no atina a cabestrar
su bruto hacia los Andes
occidentales de la Eternidad.

   

   
     
   

LOS DADOS ETERNOS (*)

 

 

Dios mío, estoy llorando el ser que vivo;
me pesa haber tomádote tu pan;
pero este pobre barro pensativo
no es costra fermentada en tu costado:
¡tú no tienes Marías que se van!

 

Dios mío, si tú hubieras sido hombre,
hoy supieras ser Dios;
pero tú, que estuviste siempre bien,
no sientes nada de tu creación.
¡Y el hombre sí te sufre: el Dios es él

 

Hoy que en mis ojos brujos hay candelas,
como en un condenado,
Dios mío, prenderás todas tus velas,
y jugaremos con el viejo dado...
 

Tal vez ¡oh jugador! al dar la suerte
del universo todo,
surgirán las ojeras de la Muerte,
como dos ases fúnebres de lodo.
 

Dios mío, y esta noche sorda, obscura,
ya no podrás jugar, porque la Tierra
es un dado roído y ya redondo
a fuerza de rodar a la aventura,
que no puede parar sino en un hueco,
en el hueco de inmensa sepultura.

 

——————————

(*) "Para Manuel González Prada, esta emoción bravía y selecta, una de las que, con más entusiasmo, me ha aplaudido el gran maestro".

   

   
     
   

LOS HERALDOS NEGROS

 

Hay golpes en la vida, tan fuertes... Yo no sé!
Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos,
la resaca de todo lo sufrido
se empozara en el alma... Yo no sé!

 

Son pocos; pero son... Abren zanjas oscuras
en el rostro más fiero y en el lomo más fuerte.
Serán tal vez los potros de bárbaros atilas;
o los heraldos negros que nos manda la Muerte.

 

Son las caídas hondas de los Cristos del alma,
de alguna fe adorable que el Destino blasfema.
Esos golpes sangrientos son las crepitaciones
de algún pan que en la puerta del horno se nos quema.

 

Y el hombre... pobre... pobre, vuelve los ojos, como
cuando por sobre el hombro nos llama una palmada;
vuelve los ojos locos, y todo lo vivido
se empoza, como un charco de culpa, en la mirada.

Hay golpes en la vida, tan fuertes...

Yo no sé!

   

   
     
   

LOS PASOS LEJANOS

 

 

Mi padre duerme. Su semblante augusto
figura un apacible corazón;
está ahora tan dulce...
si hay algo en él de amargo, seré yo.

 

Hay soledad en el hogar; se reza;
y no hay noticias de los hijos hoy.
Mi padre se despierta, ausculta
la huída a Egipto, el restañante adiós.
 

Está ahora tan cerca;
si hay algo en él de lejos, seré yo.

Y mi madre pasea allá en los huertos,
saboreando un sabor ya sin sabor.
 

Está ahora tan suave,
tan ala, tan salida, tan amor.

Hay soledad en el hogar sin bulla,
sin noticias, sin verde, sin niñez.
 

Y si hay algo quebrado en esta tarde,
y que baja viejos caminos blancos curvos.
Por ellos va mi corazón a pie.

   

   
     
   

LLUVIA

 

 

En Lima... En Lima está lloviendo
el agua sucia de un dolor
qué mortífero! Está lloviendo
de la gotera de tu amor.

 

No te hagas la que estás durmiendo.
recuerda de tu trovador:
que yo ya comprendo... comprendo
la humana ecuación de tu amor.

 

Truena en la mística dulzaina
la gema tempestuosa y zaina,
la brujería de tu "sí".

 

Mas, cae, cae el aguacero
al ataúd de mi sendero
donde me ahueso para tí...

   

   
   

 

   

MAYO

 

 

Vierte el humo doméstico en la aurora
su sabor a rastrojo;
y canta, haciendo leña, la pastora
un salvaje aleluya!
            Sepia y rojo.

 

Humo de la cocina, aperitivo
de gesta en este bravo amanecer.
 

El último lucero fugitivo
lo bebe, y, ebrio ya de su dulzor,
¡oh celeste zagal trasnochador!
se duerme entre un jirón de rosicler.

 

Hay ciertas ganas lindas de almorzar,
y beber del arroyo, y chivatear!
 

Aletear con el humo allá, en la altura;
o entregarse a los vientos otoñales
en pos de alguna Ruth sagrada, pura,
que nos brinde una espiga de ternura
bajo la hebraica unción de los trigales!

 

Hoz al hombro calmoso,
acre el gesto brioso,
va un joven labrador a Irichugo.
 

Y en cada brazo que parece yugo
se encrespa el férreo jugo palpitante
que en creador esfuerzo cotidiano
chispea, como trágico diamante,
a través de los poros de la mano
que no ha bizantinado aún el guante.
 

Bajo un arco que forma verde aliso,
¡oh cruzada fecunda del andrajo!
pasa el perfil macizo
de este Aquiles incaico del trabajo.

 

La zagala que llora
su yaraví a la aurora,
recoge ¡oh Venus pobre!
frescos leños fragantes
en sus desnudos brazos arrogantes
esculpidos en cobre.
 

En tanto que un becerro,
perseguido del perro,
por la cuesta bravía
corre, ofrendando al floreciente día
un himno de Virgilio en su cencerro!

 

Delante de la choza
el indio abuelo fuma;
y el serrano crepúsculo de rosa,
el ara primitiva se sahuma
en el gas del tabaco.

 

Tal surge de la entraña fabulosa
de epopéyico huaco,
mítico aroma de broncíneos lotos,
el hilo azul de los alientos rotos!

   

   
     
   

MEDIALUZ

 

 

He soñado una fuga. Y he soñado
tus encajes dispersos en la alcoba.
A lo largo de un muelle, alguna madre;
y sus quince años dando el seno a una hora.

 

He soñado una fuga. Un "para siempre"
suspirando en la escala de una proa;
he soñado una madre;
unas frescas matitas de verdura,
y el ajuar constelado de una aurora.

 

A lo largo de un muelle...
Y a lo largo de un cuello que se ahoga!

   

   
     
   

NERVAZON DE ANGUSTIA

 

 

Dulce hebrea, desclava mi tránsito de arcilla;
desclava mi tensión nerviosa y mi dolor...
desclava, amada eterna, mi largo afán y los
dos clavos de mis alas y el calvo de mi amor!

 

Regreso del desierto donde he caído mucho;
retira la cicuta y obséquiame tus vinos;
espanta con un llanto de amor a mis sicarios,
cuyos gestos son férreas cegueras de Longinos!

 

Desclávame mis clavos ¡oh nueva madre mía!
¡Sinfonía de olivos, escancia tu llorar!
Y has de esperar, sentada junto a mí carne muerta,
cual cede la amenaza, y la alondra se va!

 

Pasas... vuelves... Tus lutos trenzan mi gran cilicio
con gotas de curare , filos de humanidad,
la dignidad roquera que hay en tu dignidad,
y el judithesco azogue de tu miel interior.

 

Son las ocho de la mañana en crema brujo...
Hay frío... Un perro pasa oyendo el hueso de otro
perro que fue... Y empieza a llorar en mis nervios
un fósforo que en cápsulas de silencio apagué!

 

Y en mi alma hereje canta su dulce fiesta asiática
un dionisíaco hastío de café... !

   

   
     
   

NOCHEBUENA

 

 

Al callar la orquesta, pasean veladas
sombras femeninas bajo los ramales,
por cuya hojarasca se filtran heladas
quimeras de luna, pálidos celajes.

 

Hay labios que lloran arias olvidadas,
grandes lirios fingen los ebúrneos trajes.
Charlas y sonrisas en locas bandadas
Perfuman de sedas los rudos boscajes.

 

Espero que rían la luz de tu vuelta;
y en la epifanía de tu forma esbelta,
cantará la fiesta en oro mayor.

 

Balarán mis versos en tu predio entonces,
canturreando en todos sus místicos bronces
que ha nacido el niño-jesús de tu amor.

   

   
     
   

NOSTALGIAS IMPERIALES

 

 

En los paisajes de Mansiche labra
imperiales nostalgias el crepúsculo;
y lábrase la raza en mi palabra;
como estrella de sangre a flor de músculo.

 

El campanario dobla... No hay quién abra
la capilla... Diríase un opúsculo
bíblico que muriera en la palabra
de asiática emoción de este crepúsculo.

 

Un poyo con tres patas, es retablo
en que acaban de alzar labios en coro
la eucaristía de una chicha de oro.
 

Mas allá, de los ranchos surge y a establo,
como si se exhumara un firmamento.
 

II

 

La anciana pensativo, cual requieve
de un bloque pre-incaico, hila que hila;
en sus dedos de Mama el huso leve,
la lana gris de su vejez trasquila.

 

Sus ojos de esclerótica de nieve
un ciego sol sin luz gualda y mutila... !
Su boca está en desdén, y en calma aleve
su cansancio imperial tal vez vigila.

 

Hay ficus que meditan, melenudos
trovadores incaicos en derrota,
la rancia pena de esta cruz idiota.

en la hora en rubor que ya se escapa,
y que es lago que suelda espejos rudos
donde náufrago llora Manco-Cápac.
 

III

 

Como viejos curacas van los bueyes
camino de Trujillo, meditando...
Y al hierro de la tarde, fingen reyes
que por muertos dominios van llorando.

 

En el muro de pie, pienso en las leyes
que la dicha y la angustia van trocando:
ya en las viudas pupilas de los bueyes
se pudren sueños que no tienen cuándo.

 

La aldea, ante su paso, se reviste
de un rudo gris, en que un mugir de vaca
se aceita en sueño y emoción de huaca.

 

Y en el festín del cielo azul yodado
gime en el cáliz de la esquila triste
un viejo coraquenque desterrado.

 

La Grama mustia, recogida, escueta
ahoga no se qué protesta ignora;
parece el alma exhausta de un poeta,
arredrada en un gesto de derrota.

 

La Ramada ha tallado su silueta,
cadavérica jaula, sola y rota
donde mi enfermo corazón se aquieta
en un tedio estatual de terracota.

 

Llega el canto sin sal del mar labrado
en su máscara bufa de canalla
que babea y da tumbos ahorcado!

 

La niebla hila una venda al cerro lila
que en ensueños miliarios se enmuralla,
como un huaco gigante que vigila.

   

   
     
   

ORACION DEL CAMINO

 

 

Ni sé para quién es esta amargura!
Oh, Sol, llévala tú que estás muriendo,
y cuelga, como un Cristo ensangrentado,
mi bohemio dolor sobre su pecho.
            El valle es de oro amargo;
            y el valle es triste, es largo.

 

Oyes? Regaña una guitarra. Calla!
Es tu raza, la pobre viejecita
que al saber que eres huésped y que te odian,
se hinca la faz con una roncha lila.
            El valle es de oro amargo
            y el trago es largo... largo...

 

Azulea el camino, ladra el río...
Baja esa frente sudorosa y fría,
fiera y deforme. Cae el pomo roto
de una espada humanicida!

Y en el mómico valle de oro santo,
la brasa de sudor se apaga en llanto!

 

Queda un olor de tiempo abonado de versos,
para brotes de mármoles consagrados que hereden
la aurífera canción
de la alondra que se pudre en mi corazón!

   

   
     
   

PAGANA

 

 

Ir muriendo y cantando. Y bautizar la sombra
con sangre babilónica de noble gladiador.
Y rubricar los cuneiformes de la áurea alfombra
con la pluma del ruiseñor y la tinta azul del dolor.

 

La vida? Hembra proteica. Contemplarla asustada
escaparse en sus velos, infiel, falsa, Judith;
verla desde la herida, y asirla en la mirada,
incrustando un capricho de cera en un rubí.

 

Mosto de Babilonia, Holofornes sin tropas,
en el árbol cristiano yo colgué mi nidal;
la viña redentora negó amor a mis copas;
Judith, la vida aleve, sesgó tu cuerpo hostial
 

Tal un festín pagano. Y amarla hasta en la muerte,
mientras las venas siembran rojas perlas de mal;
y así volverse al polvo, conquistador sin suerte,
dejando miles de ojos de sangre en el puñal.

   

   
   

 

   

PARA EL ALMA IMPOSIBLE DE MI AMADA

 

 

Amada: no has querido plasmarte jamás
como lo ha pensado mi divino amor.
                Quédate en la hostia,
                ciega e impalpable,
                como existe Dios.

 

Si he cantado mucho, he llorado más
por ti ¡oh mi parábola excelsa de amor!
                Quédate en el seso,
                y en el mito inmenso
                de mi corazón!

 

Es la fe, la fragua donde yo quemé
el terroso hierro de tanta mujer;
y en un yunque impío te quise pulir.
                Quédate en la eterna
                nebulosa, ahí,
en la multicencia de un dulce no ser.

 

Y si no has querido plasmarte jamás
en mi metafísica emoción de amor,
                deja que me azote,
                como un pecador.

   

   
     
   

RETABLO

 

 

Yo digo para mí: por fin escapo al ruido;
nadie me ve que voy a la nave sagrada.
Altas sombras acuden,
y Darío que pasa con su lira enlutada.

 

Con paso innumerable sale la dulce Musa,
y a ella van mis ojos, cual polluelos al grano.
La acosan tules de éter y azabaches dormidos,
en tanto sueña el mirlo de la vida en su mano.

 

Dios mío, eres piadoso, porque diste esta nave,
donde hacen estos brujos azules sus oficios.
Darío de las Américas celestes! Tal ellos se parecen
a ti! Y de tus trenzas fabrican sus cilicios.

 

Como ánimas que buscan entierros de oro absurdo,
aquellos arciprestes vagos del corazón,
se internan, y aparecen... y hablándonos de lejos,
nos lloran el suicidio monótono de Dios!

   

   
   

 

   

ROMERIA

 

 

Pasamos juntos. El sueño
lame nuestros pies qué dulce;
y todo se desplaza en pálidas
renunciaciones sin dulce.

 

Pasamos juntos. Las muertas
almas, las que, cual nosotros,
cruzaron por el amor,
con enfermos pasos ópalos,
salen en sus lutos rígidos
y se ondulan en nosotros.

 

Amada, vamos al borde
frágil de un montón de tierra.
 

Va en aceite ungida el ala,
y en pureza. Pero un golpe,
al caer yo no sé dónde,
afila de cada lágrima
un diente hostil.

 

Y un soldado, un gran soldado,
heridas por charreteras,
se anima en la tarde heroica,
y a sus pies muestra entre risas,
como una gualdrapa horrenda,
el cerebro de la Vida.

 

Pasamos juntos, muy juntos,
invicta Luz, paso enfermo;
pasamos juntos las lilas
mostazas de un cementerio.

   

   
   

 

   

ROSA BLANCA

 

 

Me siento bien. Ahora
brilla un estoico hielo
en mí.
 

Me da risa esta soga
rubí
que rechina en mi cuerpo

 

Soga sin fin,
como una
voluta
descendente
de
mal...
soga sanguínea y zurda
formada de
mil dagas en puntal.

 

Que vaya así, trenzado
sus rollos de crespón;
y que ate el gato trémulo
del Miedo al nido helado,
al último fogón.

 

Yo ahora estoy sereno,
con luz.
Y maya en mi Pacífico
un náufrago ataúd.

   

   
     
   

SANTORAL

 

(Parágrafos)

 

 

Viejo Osiris! Llegué hasta la pared
de enfrente de la vida.

 

Y me parece que he tenido siempre
a la mano esta pared.

 

Soy la sombra, el reverso: todo va
bajo mis pasos de columna eterna.

 

Nada he traído por las trenzas; todo
fácil se vino a mí, como una herencia.

 

Sardanápalo. tal, botón eléctrico
de máquinas de sueño fue mi boca.

 

Así he llegado a la pared de enfrente;
y siempre esta pared tuve a la mano.

 

Viejo Osiris! Perdónote! Que nada
alcanzo a requerirme, nada, nada...

   

   
     
   

SAUCE

 

 

Lirismo de invierno, rumor de crespones,
cuando ya se acerca la pronta partida;
agoreras voces de tristes canciones
que en la tarde rezan una despedida.

 

Visión del entierro de mis ilusione
en la propia tumba de mortal herida.
 

Caridad verónica de ignotas regiones,
donde a precio de éter se pierde la vida.

 

Cerca de la aurora partiré llorando;
y mientras mis años se vayan curvando,
curvará guadañas m ruta veloz.

 

Y ante fríos óleos de luna muriente,
con timbres de aceros en tierra indolente,
cavarán los perros, aullando, un adiós!

   

   
     
   

SETIEMBRE

 

 

Aquella noche de setiembre fuiste
tan buena para mí... hasta dolerme!
 

Yo no sé lo demás; y para eso,
no debiste ser buena, no debiste.

 

Aquella noche sollozaste al verme
hermético y tirano, enfermo y triste.
 

Yo no sé lo demás... y para eso
yo no sé por qué fuí triste... tan triste...

 

Sólo esa noche de setiembre dulce,
tuve a tus ojos de Magdalena, toda
la distancia de Dios... y te fuí dulce!

 

Y también fue una tarde en tus brasas de setiembre
cuando sembré en tus brasas, desde un auto,
los charcos de esta noche de diciembre.

   

   
     
   

TERCETO AUTOCTONO

 

I

 

El puño labrador se aterciopela,
y en cruz en cada labio se aperfila.
 

Es fiesta! El ritmo del arado vuela;
y es un chantre de bronce cada esquila.

 

Afílase lo rudo. Habla escarcela...
En las venas indígenas rutila
un yaraví de sangre que se cuela
en nostalgias de sol por la pupila.

 

Las pallas, aquenando hondos suspiros.
como en raras estampas seculares,
enrosarían un símbolo en sus giros.

 

Luce el Apóstol en su trono, luego;
y es, entre inciensos, cirios y cantares,
el moderno dios-sol para el labriego.

 

II

 

Echa una cana al aire el indio triste.
hacia el altar fulgente va al gentío.
 

El ojo del crepúsculo desiste
de ver quemado vivo el caserío.

 

La pastora de lana y llanque viste,
con pliegues de candor en su atavío;
y en su humildad de lana heroica y triste;
copo es su blanco corazón bravío.

 

Entre músicas, fuegos de bengala,
solfea un acordeón! Algún tendero
de su reclame al viento: "Nadie iguala"!

 

Las chispas al flotar lindas, graciosas,
son trigos de oro audaz que el chacarero
siembra en los cielos y en las nebulosas.
 

III

 

Madrugada. La chicha al fin revienta
en sollozos, lujurias, pugilatos;
entre olores de úrea y de pimienta
traza un ebrio al andar mil garabatos.

 

"Mañana que me vaya..." se lamenta
un Romeo rural cantando a ratos.
 

Caldo madrugador hay ya de venta;
y brinca un ruido aperital de platos.

 

Van tres mujeres... silba un golfo... Lejos
el río anda borracho y canta y llora
prehistorias de agua, tiempos viejos.

 

Y al sonar una caja de Tayanga,
como iniciado un huaino azul, remanga
sus pantorrillas de azafrán la Aurora.

   

   
     
   

UNIDAD

 

 

En esta noche mi reloj jadea
junto a la cien oscurecida, como
manzana de revólver que voltea
bajo el gatillo sin hallar el plomo.

 

La lucha blanca, inmóvil, lagrimea,
y es un ojo que apunta... y siento cómo
se acuña el gran Misterio en una idea
hostil y ovóidea, en un bermejo plomo.

 

¡Ah, mano que limita, que amenaza
tras de todas las puertas, y que alienta
en todos los relojes, cede y pasa!

 

Sobre la araña gris de tu armazón,
otra gran Mano hecha de luz sustenta
un plomo en forma azul de corazón.

   

   
     
   

VERANO

 

 

Verano, ya me voy, Y me dan pena
las manitas sumisas de tus tardes.
 

Llegas devotamente; llegas viejo;
y ya no encontrarás en mi alma a nadie.

 

Verano! Y pasarás por mis balcones
como gran rosario de amatistas y oros,
como un obispo triste que llegará
de lejos a buscar y bendecir
los rotos aros de unos muertos novios.

 

Verano, ya me voy. Allá, en setiembre
tengo una rosa que te encargo mucho;
la regarás de agua bendita todos
los días de pecado y de sepulcro.

 

Si a fuerza de llorar el mausoleo,
con luz de fe su mármol aletea,
levanta en alto tu responso, y pide
a Dios que siga para siempre muerta.
 

Toda ha de ser ya tarde;
y tú no encontrarás en mi alma a nadie.

 

Ya no llores, Verano! En aquel surco
muere una rosa que renace mucho...

   

   
     
   

YESO

 

 

Silencio. Aquí se ha hecho ya de noche,
ya tras del cementerio se fue el sol;
aquí se está llorando a mil pupilas:
no vuelvas; ya murió mi corazón.
 

Silencio. Aquí ya todo está vestido
de dolor riguroso; y arde apenas,
como un mal kerosene, esta pasión.

 

Primavera vendrá. Cantarás "Eva"
desde un minuto horizontal, desde un
hornillo en que arderán los nardos de Eros.
 

¡Forja allí tu perdón para el poeta,
que ha de dolerme aún,
como clavo que cierra un ataúd!

 

Mas... una noche de lirismo,

tu buen seno, tu mar rojo
se azotará con olas de quince años,
al ver lejos, aviado con recuerdos
mi corsario bajel, mi ingratitud.

 

Después, tu manzanar, tu labio dándose,
y que se aja por mí por la vez última,
y que muere sangriento de amar mucho,
como un croquis pagano de Jesús.

 

Amada! Y cantarás;
y ha de vibrar el femenino en mi alma,
como en una enlutada catedral.