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Algunas las incrustaba con clavo de olor y otras las
adornaba con bellas flores artificiales, formadas con
tronquitos de canela entera.
En
unos frescos y grandes membrillos, insertaba banderitas de seda, figuras de ángeles y santos, finamente adornados.
Completaba su preciada carga, unas pastillas de azúcar y
canela, que eran preparadas por monjas de los conventos de
Lima e iban envueltas en papeles de diferentes y vistosos
colores.
Estos manjares,
eran repartidos luego de finalizada la celebración religiosa, generalmente
entre quienes tenían la suerte de estar cerca de ella.
(LARS)
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