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Desde las seis de la mañana, aparecía este personaje montado en una mula, con dos inmensas canastas y algunos costalillos llenos de pan, colgados a cada lado del noble animal. Desde aquella temprana hora, iniciaba su recorrido, a veces muy largo, cuando tenía que repartir ese alimento matutino en pueblitos alejados de la zona capitalina. En su trayecto, tenía que visitar a su "casería", recorriendo puestos de mercado, pulperías y directamente los hogares.
Antíguamente, hasta poco antes de la guerra con el vecino país sureño; los días domingo se repartía el pan gratis en los hogares limeños o sea cuatro veces al mes. Costumbre que el tiempo y nuevas disposiciones, hizo abolir.
Era grato recibir aquella cantidad de variedades que el panadero nos entregaba en su reparto. Pan francés, tolete, carioca; los cachitos, el chancay, las rosquitas, las marraquetas, etc., etc., etc.; ahhhhhh y el budín que preparaban con el pan sobrante del día anterior. ¡Qué tiempos aquellos! (LARS).
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