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PERSONAJES

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 
     
 

 

 

 

 

La Aclla

 

 

 

 

 

Aclla

siguiendo un tratamiento de belleza,

antes de ser obsequiada por el Inca.

 

(Huamán Poma)

     

La aclla era una joven, elegida por su belleza, desde cuando apenas tenía entre 8 a 10 años, para integrarse a un grupo especial, que durante el Imperio estuvo vinculado a la clase sacerdotal. Eran, generalmente hijas de los curacas provincianos y cusqueños.

 

Una vez seleccionadas en las aldeas, se les internaba en una especie de convento que se denominaba aclla-huasi, donde eran instruidas para desenvolverse en los altos niveles de la nobleza. Aprendían también a cocinar, hilar, tejer, preparar la chicha, que era la bebida especial que se bebía.

 

A los 14 años de edad, las jóvenes que habían obtenido este status, dejaban de pertenecer al ayllu de donde fueron  seleccionadas y gozaban de un mejor trato.

 

Según el cronista Santa Cruz Pachacuti, las mamaconas se dividían en varias categorías de acuerdo a sus orígenes, belleza y aptitudes. Las Huayrur Aclla eran las más hermosas y entre ellas el inca elegía sus esposas secundarias.

 

Las Yurac Aclla, de sangre inca, estaban consagradas al culto y consideradas esposas del Sol. Era un reducido grupo, especialmente las que se habían distinguido por su capacidad, quienes permanecían para siempre en el aclla-huasi, para ser instructoras de las "novicias", servir de "sacerdotisas" en los cultos y administrar el convento. Como hacían votos de castidad, fueron llamadas "Vírgenes del Sol" por los españoles; término que erróneamente se hizo extensivo a todas las acllas.

 

Las Paco Aclla, se convertían en mujeres de los curacas que se hubiesen distinguido por su lealtad al Inca. El soberano, también las entregaba como obsequio, cuando quería afianzar alguna alianza con sus enemigos; igualmente las ofrecía para ser concubinas de guerreros, por su valor. A todos ellos, se les permitía la poligamia; en cambio, la bigamia por parte de alguna de ellas, sí era castigada con su inapelable condena a una muerte cruelmente ejemplar, pues se le dejaba morir de inanición. No era la mano del hombre la que mataba a las sacerdotisas, sino el abandono

 

Las Yanac Aclla, que eran las que no destacaban ni por su rango ni por su belleza, debían servir de sirvientas a las demás. Las Taqui Aclla, quienes sobresalían por sus aptitudes musicales, cantaban  acompañadas de tambores y pincullos (flautas). Según afirma Pedro Pizarro en su crónica de 1571, sólo las Yurac Aclla, permanecían vírgenes para ser consagradas al Sol y seguían tejiendo e hilando en reclusión perpetua. (LARS)