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Muchos decían temerle, sobre todo al pedestre, pues al menor descuido, su especial y grasosa carga, que llevaba en una amplia batea, balanceándose sobre su cabeza al vaivén de su lento caminar, podía caer sobre la vestimenta de cualquiera y causarle más de una molestia.
No existían en tales épocas, los numerosos tipos de detergente, con los que hoy es posible quitar ese tipo de manchas. Ni el famoso "boliche" o las bolsitas de "añil", podían lograrlo y quienes no tenían la menor intención de comprar aquellas tajadas espesas y blanquecinas del producto, preferían cederle el paso y cambiar de vereda al menor indicio de su presencia.La limeñas de antaño, consideraban que a la hora de preparar aquellos deliciosos platos que hoy en día, ya forman parte de recetarios internacionales, era menester utilizar manteca de chancho.
Según sus experiencias culinarias, ésta era mucho mejor que la preparada con grasa de ganado vacuno. (LARS).
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