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Manuel Hilarión
Roldán y Manuel Guerra
Héroes desconocidos
Cuenta una historia que tal vez haya tenido poca
difusión, sobre el valor de dos patriotas peruanos; dos tocayos, quienes
compartían un mismo nombre. Uno de tez morena, negro como el luto que
envolvía su futuro, llamado Manuel Hilarión Roldán y el otro, un mestizo,
un cholo colorado, como la sangre que se había derramado, de nombre Manuel
Guerra. Uno tenía de Inga, legada por sus milenarios ancestros y el
otro de Mandinga, herencia llegada con los esclavos negros que
trajeron los españoles; empero los unía el amor a su nación.
Un día nefasto de los muchos que duró la Guerra con Chile, se desarrolló
en el legendario Puente Balta, sobre el Río Rímac; cuya construcción se
iniciara en 1880 y precisamente se terminara en 1885, en pleno desarrollo
de dicha guerra.
La suerte había determinado que un 15 de noviembre, en el mismo puente se
encontraran como adversarios, el negro Roldán y el cholo Guerra,
hermanados en la defensa de su patria, contra un soldado chileno de
apellido Zorrilla, perteneciente al Batallón Esmeralda, del ejército
invasor.
La ciudad ya había sido ocupada y en Palacio de Gobierno, se enarbolaba el
pabellón del ejército enemigo. Un mayor contingente fue enviado para
apresar a los soldados peruanos, quienes luego de ser encadenados por los
pies, fueron encarcelados y poco tiempo después, condenados a muerte por
una Corte Marcial.
El negro Roldán, que andaba enamorado de una simpática y joven mulata de
nombre Rosa; pide como último deseo que se le permitiera casarse con ella;
pedido que para su suerte, fue aceptado. Se ordena que un Capellán bendiga
la boda y ésta se realiza unos días antes de Navidad; en el mismo sucio
calabozo, donde el negro Roldán, había permanecido algunas semanas
recluído, por defender el derecho de su patria a no ser invadida.
Al día siguiente fue llevado al mismo escenario de su enfrentamiento con
el enemigo a quien ultimó. Allí moriría fusilado, junto a su amigo, el
cholo Guerra; mientras si viuda, lloraba desconsolada un matrimonio tan
fugaz.
Sus cuerpos fueron algunos años después enterrados en la Cripta de los
Héroes y una fría placa de bronce, tiene grabados sus nombres en recuerdo
postrero.
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