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"Taita" Cabrito
En el criollísimo barrio bajopontino del Rímac, existió un personaje al que sólo se le conoció como "Taita" Cabrito. Parece que la labor de sacristán que ejercía en la Iglesia de Copacabana, le impedía revelar abiertamente su identidad, aun cuando llegó a ser muy famoso.
Esa fama creció con la imaginación popular y puede que alguna de las aventuras que de él cuentan no sean ciertas; pero el caso es que hasta Manuel Ascencio Segura, hizo referencia a este personaje en su literatura costumbrista; cuando en alguna de aquellas obras con las que captaba la atención de sus lectores, el escritor escribió:
Allá por el Patrocinio, en casa de Ña Chambita Alias "La Flor de Membrillo", mulata de alto coturno, hija del "Taita Cabrito", sacristán al mismo tiempo que maestro de baile eximio.
Dicen que era tan buen jaranista, como beato. Gran cateador de pisco y muchos otros aguardientes, así como calificado bailador a la hora de ejecutar cualquier ritmo negroide: agua e'nieve, congorito o zamacueca. Era descrito como un gran amigo, leal y servicial.
Su casa, que quedaba muy cerca de la Iglesia donde acompañaba al sacerdote de turno a la hora de la Santa Misa; fue conocida como el lugar donde se dieron las fiestas más famosas de aquellos tiempos. Eran aquellas jaranas que nuestros abuelos describían como de tres días de duración. El climax de la algarabía, luego de los aperitivos para entrar en calor, llegaba cuando el "Taita" Cabrito, como dueño de casa, aseguraba la cerradura de las puertas de acceso y posible escape. La llave la entregaba a su hija Ña Chambita, quien se las ingeniaba para esconderla donde alguno menos se lo imaginara.
Aparte del baile y jarana, no faltaba la degustación de variados platos criollos: desayuno con caldo de gallina, seguido por un ceviche muy reconfortante; arroz con pato o ají de gallina en el almuerzo y para culminar la tarde, pescado frito con ensalada o carapulcra.
Con el tiempo, su hija, Ña Chambita, "La Flor de Membrillo", adquirió casi todas las habilidades de su padre y así pudo mantener viva dicha tradición, por algunos años más. (LARS)
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