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Pintura en la tumba
de Ramose, de la época de Amenofis III (1380 a. C.).
"Plañideras"
ataviadas con elegantes túnicas, lloran su dolor por el
difunto. |
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La
Plañidera En épocas
no muy lejanas, en el Perú estuvo muy arraigado el sentimentalismo;
del cual, inclusive algunas de sus manifestaciones aun se conservan
hoy en día; como la nostalgia por los lugares en los que uno ha
vivido o el apego a las cosas que se han adquirido con esfuerzo. |
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El amor al prójimo o el aprecio a quienes parecen merecerlo, aun cuando
algunas veces se pueden recibir muchas decepciones. Otra antigua
costumbre fue el llorar la muerte de un ser querido, utilizando los
servicios de un personaje femenino, a quien solía llamársele
“plañidera” o “llorona”.Empero, esto no
fue una creación del folclor peruano; como lo demuestran hallazgos que
datan de muchos siglos antes de Cristo. Por lo menos, en Egipto fue una
costumbre muy antigua y una pintura encontrada en la tumba del faraón
Ramose, de la época de Amenofis III (1380 a.deC.); las muestra en plena
actividad.
La historia describe que en el antigo Egipto, sacerdotes de Osiris,
acompañaban el cuerpo embalsamado del difunto; cuyo sarcófago de madera,
era transportado por las calles de Tebas, sobre un carro tirado por bueyes.
Al cortejo, se sumaban las entonces ya famosas “plañideras”, o también
llamadas “Cantoras de la diosa Hator”, la gran vaca celeste, que protegía
la bondad de los muertos. Ellas, antes de acompañar el cortejo, se
purificaban masticando natrón y perfumándose con incienso. Se vestían
totalmente de blanco o azul y usaban pelucas rizadas. Iban danzando
delante del carro, golpeándose el pecho, llorando y lanzando gritos de
dolor en recuerdo de quien viajaba al más allá.
En el Perú, esta costumbre se abolió hace mucho tiempo; pero en su época,
las “plañideras” fueron mujeres especializadas en el arte de llorar,
incitando con sus lágrimas el dolor por el recién fallecido. Había una
“llorona” principal, quien comandaba el grupo y sus “damas”; las que
realizaban este trabajo como cualquier otro, mediante el cual gozaban de
una remuneración que variaba de acuerdo a la “clase” del difunto; por
quien lloraban desconsoladamente al pie de su ataud aun sin haberlo
conocido nunca.
Según versiones
de Ricardo Palma, a través de alguna de sus tradiciones; durante las
celebraciones del Viernes Santo, se contrataba una “plañidera”, “...vieja,
fea, desgreñada y sucia, para acompañar al Santo Sepulcro, vociferando
contra Judas, Pilatos y Caifás; personajes a quienes maldecía con palabras
obscenas”.
El Virrey
Croix, quiso eliminar este tipo de manifestación mediante un Bando
prohibitivo del 31 de agosto de 1786, pero no lo logró. Las lágrimas y
gritos lastimeros de las “lloronas”; siguieron formando parte de los
sepelios limeños por algunos siglos más. (LARS).
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