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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

   

 

 

 

 

Adiós a un amigo


 

Una noticia triste vuelve a llenar nuestro espíritu de nostalgia. Otro amigo zarpa desde un puerto imaginario hacia esa otra dimensión, donde se viaja apenas cesan nuestros signos vitales, antes de quedar nuestro cuerpo convertido en polvo, de lo cual -según la Biblia- fue creado.


Otro amigo, cuya figura se nos presenta en el horizonte tan lejos como aquella infancia que hermanó nuestra niñez, se sumó al grupo que paulatínamente se va alejando físicamente de nosotros, dejando aquellas calles de nuestro querido Pueblo Libre, aun más sombrías.


Julio Fernández Velásquez, perdió luego de tenaz batallar, su lucha contra el cruel y terminal cáncer, mal que lo mantenía postrado desde hace algunos meses en el Hospital del Empleado. Se llevó con él, gran parte de sueños no cumplidos por la terrible enfermedad; pero dejó una trayectoria limpia y llena de enseñanzas que su capacidad logró absorber en la intensidad de sus horas de estudio.


Julio era un poco menor que yo, ya que mi generación es la de su hermano Gerardo “Lalo”, empero igual; tuve oportunidad de conocer a toda su familia y de alguna forma mantener una amistad, que quedó latente en el tiempo y la distancia a pesar de mi alejamiento del barrio, cuando decidí emigrar hacia los EE.UU., en busca de mejores horizontes. Lo recuerdo con su pausado dialogar, pero lleno de convicciones que irían afirmando su espíritu luchador para lograr las metas que se iba planteando.


Julio fue uno de aquellos valientes que decidieron “Apostar por el Perú”. Amó entrañablemente su patria y se quedó a gozar del ambiente, los lugares y la cercanía de nuestra gente; algo que yo me perdí.


Se quedó para aprender cómo ayudar al engrandeciemiento de su nación, a través de su lucha social. Fue una persona íntegra, sencilla, decente, honrada y sobretodo respetuoso de los demás. Un luchador que no se amilanaba ante las adversidades de la vida; menos ante la irreverencia de gobernantes que han mantenido al Perú o mejor dicho a nuestros compatriotas, oprimidos bajo falsas promesas de prosperidad.


Julio deja dos hijos: Lucía, talentosa artista plástica y Diego, doctorado en Psicología. De su obra literaria, quedan dos libros y uno más en prensa.


El día de su velorio, alguien puso una bandera peruana sobre su féretro. "Como si fuera un héroe", dijo acongojada, su hija Lucía a Juan Acevedo, otro de nuestros gratos amigos, presente en dicha despedida; a lo que él agregó "que le parecía bien... porque Julio había amado intensamente al Perú”.


Julio... Descansa en Paz.

 

 

© Luis A. Ramírez S.

5 de septiembre, 2005

 

 

 

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