Peruvian Flag.gif (27917 bytes)

PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

Carta a mi Madre

 

 

¡Madre! Hoy es tu día y pensé escribirte esta carta, con la cual postrarme ante tí y pedirte perdón por mis errores. Se me hace tan difícil empezarla, pues las ideas, los pensamientos, los recuerdos se arremolinan en mi mente, en un torbellino de emociones, distantes y presentes, lleno de nostalgia y alegría, de amor, de ternura.


La vida es dura Madre; quién te lo podría refutar. A tí que la has palpado a cada instante; a tí, quien en aparente fragilidad, tienes el alma de acero; el metal forjado en mil cambios de temperatura, como tu alma forjada en batallares y luchas, luchas y esperanzas por el bienestar de tus hijos.


El tiempo pasa Madre y es inexorable. Ya no están ni estarán más tus niños, tus bebes; ya desarrollaron..., ya crecieron, algunos con los errores que no hubieras querido ver en ellos. Pero, ¿quién es perfecto? Errar es humano y muchas veces de ese error debemos aprender y seguir aprendiendo y a pesar del yerro, seguir sintiéndonos cobijados bajo tu regazo protector, cual ave que cuida sus críos a quienes todo perdona.


MADRE, es sinónimo de vida, sinónimo de Creación; a veces quisiera volver a estar en tus entrañas, alimentándome de tu alimento, viviendo de tu vida; sintiendo de tus emociones.


Es largo el camino de la vida.... y corto a la vez. ¿Recuerdas nuestras travesuras?... a veces sonrío a solas recordándolas; y tú, cómo podrás olvidarlas: eran tus travesuras también, eran tus vivencias, tu vida, tus propias entrañas tratando de encausarce en la vorágine de la vida.

Creo aun recordar a Mamá María; su tierno rostro de resignación, cuando cual rompecabezas, en travesura infantil, despojamos de su forma los ladrillos de aquella estufa milenaria, bajo cuyo calor preparaba los alimentos y calentaba noches frías de tertulia. Aquella casita en la Santa Tierra, Chiclayo, como la llamaba papá, me trae muchos recuerdos... Nos despertaba el gallo con su canto altanero... nos arrullaban las cuculís con su quena nostálgica en el pico y nos amabas tú... y nos sigues amando, prodigándote por encima de tu pena, por encima de tu dolor; iluminándonos con los rayos de plata que cubren tu cabecita. Canas ganadas en tu lucha por la vida. Canas... de un siglo cada una, cada cual una nostalgia, otras alegrías y recuerdos.


Sabes, te quería preguntar si recuerdas nuestra casita de Belgrano; luego me dije ¡Qué tontería!, vaya pregunta... Tus canas nacieron allí, crecieron allí, blanquearon allí. ¿Recuerdas nuestro jardín?... lo sembrábamos con papá... eran otros tiempos... tiempos que cambiaron tanto... tanto.


Recuerdo los platanales entre cuyo follaje escondía mis travesuras; en donde a veces pasaba el día entero, huyendo de todo y de nada; pensando en querer ser grande, crecer rápido; ¡Qué ironía!, cuando a veces pienso que quisiera volver a ser niño nuevamente y jugar con los panales de avispas en infantil osadía, donde el premio era un aguijón en mi cuerpo. Volver a jugar a las bolitas, a los trompos, las chapitas, los cartones. Pero, el tiempo no se detiene, ya no están esas avispas, ni mis amigos de infancia; ni tampoco está el panadero, ni el lechero, ni el humitero.

 

Todo cambió, todo fue ayer y hace siglos, Dios Sabe. Sólo tu cariño permaneció inalterable, se acrecentó con el paso de los años y seguimos siendo niños en tu espíritu, en tu corazón; a pesar de tu congoja, a pesar de haber perdido en el camino, cual desvanecimiento etereo, la solidez de tu compañero, mi padre.


Creo Madre que llorarás al leer estas líneas; sería inhumano no hacerlo, pero quiero que en este día... tú día; lloremos juntos, pero de alegría... por lo que logramos vivir juntos... por lo que podemos recordar unidos; por lo que logramos crecer uno al lado del otro; nosotros en madurez y tú en bondad.


 

¡Feliz Día Madre!

 

 

© Luis A. Ramírez S.