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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

 

 

 

Comisión de la Verdad y Reconciliación

 

 

Por mucho tiempo, la democracia, la igualdad ante la ley, la moral de nuestros gobernantes y sus detractores, se vió perdida, sin horizonte, dando paso al abuso, a la dictadura, a la corrupción y al crimen.


Y cuando el Perú, pareció salir de un régimen de gobernantes corruptos y trataba de recobrar plenamente su tambaleante democracia, uno de los primeros pasos que se dieron, fue la creación de la llamada “Comisión de la Verdad y Reconciliación”. Es muy problable que se tratara de buscar en los errores cometidos durante las últimas casi tres décadas, la forma de enmendar rumbos. No se nos ocurre pensar, que dicha iniciativa fuera motivada por la venganza y el revanchismo.


El Perú, a través de su historia, ha pasado por momentos muy difíciles. Los esoteristas podrían decir que estamos condenados a ese tipo de castigo; total, uno se ve en el mismo espejo, si recorre la historia de casi todos los países de latinoamérica especialmente. Pero, nuestra forma de ver las cosas es más pragmática y debemos de buscar los problemas sociales que nos llevaron a esa debacle.


La misma CVR, dice en su discurso inicial de presentación que: “La historia del Perú registra más de un trance difícil, penoso, de auténtica postración nacional. Pero, con seguridad, ninguno de ellos merece estar marcado tan rotundamente con el sello de la vergüenza y el deshonor como el fragmento de historia que estamos obligados a contar en las páginas del informe que hoy entregamos a la Nación. Las dos décadas finales del siglo XX son –es forzoso decirlo sin rodeos–, una marca de horror y de deshonra para el Estado y la sociedad peruanos.”


En su informe la CVR, dice haberlo elaborado en base a “...16,986 testimonios recogidos en todo el territorio nacional de la boca de miles de peruanos, hombres y mujeres en su mayoría humildes que nos abrieron sus puertas y sus corazones”; sin embargo, la cifra de muertes y desaparecidos, llegó casi a los 70,000, quienes no sólo sucumbieron ante la violencia de organizaciones subversivas, sino del propio Estado. Esta cifra, parece también no ser la más cercana a la verdad, pues según otros analistas, el sector que fue diezmado, carecd en muchos casos de documentación que pruebe su existencia. Mejor dicho, hay muchos sin documentos de identidad, que por una u otra causa, nunca los tramitan.


Se le pidió a dicha comisión, averiguar la verdad sobre la violencia y es dable pensar, que la asumió con seriedad. Que el informe entregado, contiene realmente la verdad como el título de su comitiva y que ella -la verdad-, encontrada, no puede ni debe ser ignorada, si lo que se pretende es, volver a ser una República, con los ideales de libertad e igualdad que nos quisieron delegar nuestros libertadores.


Durante esas décadas de violencia y de corrupción, también hubo dejadez e indiferencia. A muy pocos pareció incomodar que el número de corruptos fuera creciendo en forma ascendente así como parte de la población en forma descendente; sobre todo aquellos indefensos campesinos, de aquel Perú profundo del que queremos sentirnos orgullosos; “...sector de la población históricamente ignorado por el Estado y por la sociedad urbana, aquella que sí disfruta de los beneficios de nuestra comunidad política”.


¿Fueron tan insignificantes estos seres humanos “...sin que nadie en la sociedad integrada, en la sociedad de los no excluidos, tome nota de ello”.


Muchas veces, aquellos que hemos emigrado hacia nuevas sociedades, nos escandalizamos cuando encontramos algún tipo de discriminación que atenta contra nuestros derechos; empero, paradójicamente, el racismo es más cruel en nuestras propias sociedades, donde la discriminación cultural, social y económica, aun persiste. “La Comisión no ha encontrado bases para afirmar, como alguna vez se ha hecho, que éste fue un conflicto étnico. Pero sí tiene fundamento para aseverar que estas dos décadas de destrucción y muerte no habrían sido posibles sin el profundo desprecio a la población más desposeída del país, evidenciado por miembros del PCP-Sendero Luminoso y agentes del Estado por igual...”.


No es curioso entonces, que las críticas al informe de la CVR, mayormente provengan de los partidos políticos AP, Apra, PPC, fujimoristas y militares, quienes se han sentido aludidos por dichas conclusiones. Desgraciadamente, existe una culpa general, una culpa compartida por uno y otro lado; la que pese a quien le pese, no debe quedar en la impunidad. “La impunidad es incompatible con la dignidad de toda nación democrática”. Con ello, no avanzaríamos nada, ni tampoco serviría un informe que se estaría botando a la basura; esa basura desde la que emergió en busca de justicia.


Con ese tipo de disculpas, nuestro país jamás resolverá sus problemas, mucho menos se podrá pensar positívamente en alcanzar un futuro expectante. ¿Sobre qué base?, ¿la de no saber aceptar errores y seguir justificando infantilmente las faltas cometidas? Se nos ocurre pensar, que debería ser humanamente imposible, convivir con el desprecio, el olvido o la omisión; daños que hoy nos están demostrando su peligro. La política de nuestros gobernantes, es siempre la de querer engañarnos, afirmando que jamás cometen errores ni trasgreden nuestros derechos. Que el mismo hecho de haberles dado nuestro voto, ya los inmuniza contra el error, que en todo caso es el nuestro, al haberles demostrado nuestra confianza.


Por lo tanto, estas reacciones de muchos líderes políticos, justificando sus gestiones de gobierno y descalificando a la CVR y a sus miembros; sólo sirven para aumentar la desconfianza y a mostrarnos que debemos aprender a ser más selectivos a la hora de votar. Lamentablemente, el mayor porcentaje de la población votante, tiene poco acceso a estas verdades que desconoce y peor aun, son los más proclives a ser ignorados y a la vez ganados con un mísero saco de arroz o una barata camiseta con colores partidarios.


La verdad que se ha presentado, “...expone, pues, un doble escándalo: el del asesinato, la desaparición y la tortura masivos, y el de la indolencia, la ineptitud y la indiferencia de quienes pudieron impedir esta catástrofe humanitaria y no lo hicieron”.


¿Será aun posible, una reconciliación capaz de forjar un futuro mejor? Es lo que nos gustaría creer y no queremos ser negativos ni sarcásticos, pero el Perú acaba de iniciar un nuevo camino abrupto en sus relaciones internas. ¿Existe aun, tanto inmaduro y falto de nobleza de espíritu? Da tanta pena aceptarlo, sabiendo que en ese saco tal vez estemos también colocando a muchos que querrían sí, un real cambio.
 

Como dicen los norteamericanos Dios bendiga y salve al Perú.

 

 

© Luis A. Ramírez S.

Septiembre 2, 2003

     
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