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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

   

 

 

Día del Trabajo

 

 

Siempre escuché decir que “El trabajo, dignifica al hombre”, fue algo que inclusive me inculcaron mis padres y al pensar en el primero de mayo, que se conoce como el día de Trabajo; vienen a mi mente una serie de recuerdos. Por ejemplo el más importante, el hecho de haber dejado mi lejana patria en busca de un mejor bienestar para mí y el de mi familia. Claro, un mejor “trabajo”. Pero, ¿Cómo catalogamos cuál trabajo es mejor que otro?


Considerando que la necesidad de una remuneración para subsistir y progresar dentro de la sociedad en la que vivimos es vital e importante, lógico sería afirmar que el mejor trabajo es aquel que nos permite depositar más dinero en nuestra cuenta. Sin embargo, no necesariamente es así. Hay miles de trabajos diferentes. Hay trabajos fáciles y otros tediosos que pueden igualmente alcanzar el mismo nivel de remuneración. Un trabajo que es fácil para una persona, puede ser difícil para otra. En uno se puede trabajar con la mejor sonrisa y actitud positiva, en otro, sólo la misma necesidad, permite sacar por lo menos el ímpetu necesario para no sucumbir.


Para mí no fue tan difícil adaptarme a un sistema totalmente diferente, dentro del cual me había desarrollado antes de llegar a este país; a pesar de haber sido diametralmente opuesto. Creo que la enseñanza de mi madre, de ser siempre humilde, me permitió lograrlo. Aquí en EE.UU. de América del Norte, sin saber el idioma, es imperativo trabajar en lo que sea, así que sin temor a sentirme menos, realizé trabajos que en nuestro Perú se catalogan como de obreros. La idea está en ir progresando paulatinamente para que al ir uno superándose, en determinado momento se pueda obtener un mejor estatus laboral.


Dicen algunos estudios, que el trabajo es uno de los mayores pesares del hombre. Seguramente porque no todos están contentos con el que tienen. Pero por otro lado, existen aquellos trabajadores compulsivos o “workoholics” como los denominan algunos haciendo uso del “spanglish”, para referirse a quienes lo harían aun a sabiendas de que no recibirían más que lo estrictamente necesario para sobrevivir. Ellos disfrutan trabajando, al igual que como seguramente lo harán muchos otros, especialmente quienes realizan labores como, cantantes, actores y deportistas, cuyas remuneraciones muchas veces alcanzan cifras exhorbitantes. A decir verdad, algunos lo merecen, pero hoy en día parece que la gente no tiene oídos, no sabe distinguir qué es una buena actuación o tiene muy arraigada su admiración por un personaje que opta por minimizar las faltas de sus ídolos, por más graves que sean. Hoy en día, cualquiera es cantante, cualquiera es actor y cualquiera es “buen” deportista; o sea, muchos realizan un mal trabajo.


El Primero de Mayo, fue declarado Día Internacional de los Trabajadores, en recuerdo a las luchas de fines del siglo XIX, por la reducción de la jornada laboral de doce horas de trabajo, a ocho como máximo. Lastimosamente, aun existen patrones que parecen haber quedado atrapados en aquel siglo, ya que siguen abusando, sobretodo de aquel que no ha tenido la suerte de arreglar su situación migratoria; algo que debe suceder no sólo en los EE.UU. de América del Norte, sino en todo el mundo.


Hay muchos trabajos que el nativo de este país, no quiere hacer. Según ellos, algunos de esos trabajos no son “dignos”, mejor dicho, no los dignifican; por lo que prefieren no hacerlos.


Hay gente que llega y realiza cualquier labor que se le presente a la mano. También hay quienes dejan pasar la oportunidad, por encontrar un “mejor trabajo” y mientras esperan, pierden muchas oportunidades de superación.


Todo esto me ha llevado a concluir que la Vida nos pone a prueba una vez que arribamos a un medio diferente. Nos coloca frente a una escalera que debemos subir peldaño por peldaño. Si empezamos por el primero será más fácil en el futuro, saltar algunos subsiguientes. Si por el contrario queremos eludir ese primer y gran escalón, la caída puede ser más aparatosa.


Muchas personas emigaron de la patria lejana y llegaron en algún momento a mi hogar, como trampolín en busca de un mejor trabajo. Algunos fueron y siguen siendo familiares; otros “fueron” amigos. Muy pocos se adaptaron al ritmo en esta nueva sociedad que nos acoge; otros se dieron por mal servidos. A pesar de ello, debo reafirmar que “El trabajo, sí dignifica al hombre”; en la medida en que cada cual lo realiza y disfrute.


Feliz Día, para quien lo merezca.

 

 

© Luis A. Ramírez S.

Mayo 1, 2005