|
|
|
"Donde se pone el dedo, salta la pus" Esta fue una frase, hoy ya célebre, dicha por Manuel González Prada a
finales de los 1800, cuando fustigaba la entonces decadente clase
dirigente que gobernaba el país. Una frase que desde aquella época sigue
manteniendo vigencia en el Perú, hasta los momentos actuales, cuando
nuevamente los casos de corrupción siguen saliendo a la luz pública.
Esta semana los diarios limeños a los que siguieron medios internacionales,
gracias a la nueva era de la globalización, informaron que el Ministro de
Comercio y Primer Vicepresidente estaba involucrado en un tráfico de
influencias. Inmediatamente tratando de apaciguar los hechos, como acto de
contricción, renuncia al primer cargo, pero no al segundo. ¿Tiene
esto sentido?
En estos mismos días, Freddy Ghillardi, del APRA, es cuestionado por
malversación de fondos en la presidencia del gobierno regional de Ancash.
No hace mucho, se suscitó un caso parecido, en otro gobierno regional,
igualmente con un presidente afiliado al APRA y podríamos seguir
enumerando una serie de actos de corrupción que se siguen cometiendo a diario con la
mayor impunidad y desvergüenza.
Cuando Alberto Fujimori asumió al poder, destronó a la mayoría de los partidos
políticos en vigencia y prometió una nueva era
para el Perú. Dijo que protegería los dineros del Estado, sacando de la
administración pública, a quienes hubiesen llegado a esos puestos por
favoritismos políticos. Se nombró el paradigma de la anticorrupción.
Sin embargo, la historia narra los hechos en forma diametralmente opuesta
y hoy tiene muchas acusaciones en su contra, al igual que su mano derecha
Montesinos.
Según una investigación realizada por la periodista
Patricia Vásquez Salinas, "las planillas de remuneraciones del Banco
Central de Reserva del Perú (BCRP), le cuestan anualmente al país, 120
millones de nuevos soles, que son repartidos entre 1027 trabajadores, de
los cuales cerca de 800 son familiares. De acuerdo a una investigación de
la Comisión de Fiscalización del Congreso de la República, ante una
denuncia de nepotismo en el 2001, se confirmó la existencia de 104
cónyuges, 154 hermanos, 124 cuñados, 80 primos hermanos, 14 padres e hijos
y 38 tíos con sobrinos; es decir, un total de 514 enmparentados,
desconociéndose aún, las cifras de los suegros, yernos, convivientes,
ahijados, padrinos, compadres, etc, etc, etc.". ¡De Ripley!
Cuando Sale Fujimori, ingresa Toledo, quien también hizo de la lucha
contra la corrupción, su caballo de batalla durante su campaña electoral,
ofreciendo cambiar las reglas de juego y dirigir limpiamente las
instituciones del Estado. Pero, al poco tiempo, el periodista Jaime Baily
en mayo del 2001, denuncia que "Coqui" Toledo, sobrino y ayudante personal
del presidente, manejaba cuentas bancarias de 700 mil dólares en los
Estados Unidos. (First Union Bank de Charlotte, Carolina del Norte).
Posteriormente, este mismo personaje aparece sorpresi-vamente como "consultor"
del Programa de Naciones Unidas para el desarrollo (PNUD) y para colmo,
poco tiempo después, se sabe que la señora Eliane Karp, siendo "primera dama" recibía 10 mil dólares mensuales
del banco Wiese; además, había firmado clandestinamente, un contrato de 6
mil dólares mensuales con la CAF (Corporación Andina de Fomento), para
hacer cierta "investigación en el sector indígena" del Perú, siendo ella
presidenta de CONAPA (Consejo Nacional de Pueblos Andinos Amazónicos y
Afroperuanos).
En la última década, la corrupción copó ámbitos institucionales del Estado,
el sistema bancario, los partidos políticos, medios televisivos y
periodísticos, etc.; cuyos integrantes se vieron involucrados en
actos de nepotismo, malversaciones en las contrataciones y adquisiciones del
Estado, lavado de
dinero y transferencias a través del sistema financiero, tráfico de
influencias, tráfico de armas, apropiaciones ilícitas, narcotráfico,
extorsiones, etc.; actos rereflejados en la compra del dólar MUC, la
construcción del tren eléctrico, depósitos en el BCCI, compra de armas y
carne malograda, soborno a jueces y congresistas, soborno a periodistas,
soborno a empresarios y dueños de canales; construccion de penales y
colegios; dinero que fue utilizado para el enriquecimiento ilícito de los
corruptos.
Con esta mentalidad, nunca saldremos del subdesarrollo. Si quienes se
autodenominan líderes, supuestos baluartes de la ética y la decencia,
delinquen de esta manera, promoverán la vuelta de otros Fujimoris,
Montesinos, etc., con los mismos “atributos” y la historia será de nunca
acabar, multiplicando los dedos y la pus en nuestro país.
© Luis A. Ramírez
Editor
Noviembre 11, 2003
|