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PUNTO DE CONVERGENCIA

Página del editor

"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA

"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA

 

 

 

 

Don Jorge Kajatt

 

 

Se fue Don Jorge, dejando una estela de tristeza en su partida. Se fue llevándose en el recuerdo, más de 80 años de un pausado caminar por esta dimensión.


Mucho antes de que él siquiera pensara en emigrar a la tierra del Tío Sam desde su querido Ayacucho, yo ya había tenido oportunidad de conocer a parte de su familia en New York; por intermedio de César Arrascue, un muy querido amigo y sin que Don Jorge supiera, ya había empezado a conocerlo a través de las conversaciones familiares, en las que tuve oportunidad de participar.

El vivió gran parte de esas décadas cerca de la Pampa de la Quinua, lugar donde el Perú había sellado su independencia siglos atrás. Había nacido en una de las ciudades de mayor misticismo del Perú, donde más de 30 iglesias, forman parte de la religiosidad de sus habitantes; allí donde también, en algún momento de la historia, el Perú empezó a desangrarse por el surgimiento de pseudos defensores de los más necesitados, haciendo un nefasto honor al significado de su nombre “Rincón de Muertos”.

Fue Ayacucho, su cuna; una ciudad milenaria, que si la historia hubiese seguido un curso diferente y los Chankas los vencedores y no los Incas, tal vez podría haber sido el ombligo del mundo andino, antes de la llegada de la cultura española.

Don Jorge inició su vida en esa bella ciudad de la serranía del Perú. Supo hacerse conocido y rodearse de amigos que nunca quiso dejar. La mayoría de sus familiares emigraron de aquellos pueblos, buscando nuevos horizontes; transponiendo inclusive las fronteras de la patria. Muchos llegaron hasta los Estados Unidos, donde el “Sueño Americano”, cuesta lograrse en base a sacrificio y a donde en algún momento él debía también llegar, para participar de los nuevos logros que su ejemplo y dedicación, había legado en sus hijos.

Fue difícil hacerlo dejar aquellas verdes campiñas y elevadas montañas que circundaban su pueblo. Sólo el susto de un mal funcionamiento en aquel órgano que con su constante flujo sanguíneo, nos inyecta vida a través de su equilibrado “Diástole” - “Sístole”; pudo más y llegó, casi obligado por las circunstancias, a una urbe desconocida para él. Una ciudad donde ya no lo despertaría el sonoro cantar de un viril ave como el gallo, ni tampoco encontraría una “Plaza de Armas” con sus retretas y miles de sus paisanos, disfrutando las consabidas caminatas de fin de semana.

Tuve oportunidad de conversar con él, más de una vez y descubrir en su pausado dialogar, su nostalgia por el suelo que lo viera nacer; lo cual no es un pecado. ¿Quién no tiene grabado en algún lugar de su ser y con tinta indeleble, un inmenso plano de todo lo recorrido en nuestro caminar?, más aun de los primeros pasos. Aquí logró de alguna forma retomar el cariño de sus hijos, que no lo dudo, siempre estuvo latente, pero que la distancia convierte muchas veces en angustia para ellos. Viajó por algunos estados de este gran país, donde residían sus familiares y tal vez se extrañó de no ver los rebaños de esbeltas vicuñas retozando en los alrededores de inmensas carreteras que empezaba a conocer. Tampoco no vería la Cordillera de los Andes, delineada en el horizonte, ni podría apreciar el elegante vuelo de gallardos cóndores. Su lejano Ayacucho, sólo sería un recuerdo muy nostálgico.

 

Hace unas semanas tuvo que ser hospitalizado y aun cuando su corazón seguía trabajando impulsándolo a seguir adelante; fueron otras las causas que hicieron paralizar su palpitar. Se detuvieron sus signos vitales e inició el trayecto hacia otros lugares que nos tiene deparado el Gran Creador.

Don Jorge había llegado para quedarse, pero sólo mientras durara su estadía física. Ahora, camino a la eternidad; sus cenizas volverán de acuerdo a sus últimos deseos, para ser esparcidas y seguir formando parte de su pueblo natal, una tierra con mucha historia.

Descanse en Paz Don Jorge Kajatt.

 

 

© Luis A. Ramírez S.

Enero 14, 2004

 

 

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