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Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA


ISAAC GOLDEMBERG

Escritor - Poeta


SALOMON VALDERRAMA C.

Poeta

 
 

El chino de la esquina...

 

Hace unos días estuve tratando de acordarme de una quinta donde pasé dos o tres años de mi niñez, en el barrio de Jesús María. Creo fue entre 1945 y 1949, antes de mudarnos a Pueblo Libre. Anteriormente habíamos vivido en la Calle Maynas en Los Barrios Altos, donde mis padres llegaron luego de una travesía desde su lejano Chiclayo. Mi madre ya me cargaba en el vientre por casi 8 meses, que por poco doy mi primer grito en Trujillo, a mitad de la travesía.

 

Lo simpático fue que posiblemente, oyendo cantar a mi padre, de alguna forma decidí permanecer en tan grato aposento y esperar pocos días más, hasta cuando por fin nací, seguramente al acompasado acorde de guitarras, cajones y gratas voces de cuanto criollo vivió en aquellas épocas por tan jaranero barrio.

 

La de Jesús María, era una pequeña quinta en la Calle Huamachuco. Al frente en diagonal hacia la izquierda, había un tienda que funcionaba en lo que había sido antes un garage. En la esquina opuesta hacia la derecha, estaba el "Chino" Jorge, uno de aquellos peculiares personajes descendientes de otros orientales, que habían llegado al Perú, desde inicios de 1849 cuando nuestro país, luego de su independencia de España, necesitaba con urgencia, mano de obra para las nuevas industrias y comercios que iban apareciendo. A los negros, se les había abolido de su esclavitud y había que construir carreteras, puertos; sembrar tierras, trabajar en las Islas guaneras, etc.

 

Para fines de los 1800s, ya vivían en el Perú, entre 60.000 y 70.000 hijos de la Gran Muralla. Los más pudientes abrieron sus bodegas y otros, sus restaurantes. Estos últimos luego de una simbiosis paulatina con la cocina peruana, dieron paso a los famosos "Chifas". Lamentablemente, como siempre sucede en las grandes urbes con los inmigrantes, miles vivieron hacinados en callejones, precisamente cerca de donde más tarde, muchos de ellos se ubicaron: la Calle Capón.

 

El "chino" Jorge, era una especie de ídolo en aquella niñez. No sólo nos regalaba caramelos y una que otra "yapa" luego de cada compra, sino que tuve oportunidad de verlo muchas veces, danzando acrobáticamente en la trastienda de su establecimiento. Más tarde aprendí que no era un baile lo que practicaba, sino un Arte Marcial: Kung Fu. Allí nacieron mis primeras pretensiones de ser un Bruce Lee acholado, claro, en aquel entonces "El pequeño Dragón" tendría también mi edad y posiblemente vivía en San Francisco, donde nació o tal vez ya había sido llevado a Hong Kong por su padre, pero no se conocía aun en la dimensión que años más tarde, lograría alcanzar.

 

Este simpático oriental, era muy diferente a otros que había también tenido oportunidad de conocer. Eran totalmente opuestos y a diferencia de Jorge, con una interminable manía de fumar, prendiendo un cigarro tras otro, aparte de su falta de paciencia. "Fuela de aquí, matapelo", era una frase muy arraigada en su expresión poco entendible de la nueva lengua que les tocó aprender.

 

El "chino" de la esquina, fue un personaje, que formó parte de nuestra vida cotidiana; cuando, no habiendo los modernos supermercados de hoy en día, su establecimiento fue el lugar obligado donde obtener lo más necesario para nuestro hogar.

 

De allí nos mudamos a Pueblo Libre, pero en ninguna de las esquinas cercanas al nuevo barrio, volví a encontrar otro "chino". Estos fueron dando paso a nuevos comerciantes, que más tenían de Inga, muchos de los cuales también han ido desapareciendo.

 

Y la vida igualmente ha ido cambiando. Las nuevas generaciones, ya no se reunen como antaño solíamos hacerlo nosotros en dichas esquinas; para dialogar por horas, jugar ajedrez, cantar, tocar guitarra o acaso admirar el paso airoso de las bellas "chicas" del barrio.

 

Ya no están los amigos de antes. Muchos han emigrado fuera del país y a pesar de que el mundo se ha vuelto más "chico" con la globalización, no nos vemos; no físicamente. A veces, apenas si la nueva tecnología de las comunicaciones, nos permiten tener un enlace virtual.

 

¡Qué gratos tiempos!

 

 

© Luis A. Ramírez S.

Editor

13 de Julio, 2006