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¿Fauna inteligente? Hoy, como hace
varios días, fuimos despertados por el arrullo de un ave muy familiar para
nosotros. Era una Paloma Cuculí, como aquellas que se posaban en los
algarrobos de Piura, o los sauces de la Plaza de Armas de Chiclayo.
También las escuchábamos trinar allá en las áreas verdes que colindaban
nuestro hogar, en la querida patria lejana.
Cu-cuuuuuuuuuu-líiii, es más o menos la onomatopeya de aquel canto, un
tanto triste para anunciar el alba y nacimiento de un nuevo día. Un canto
que no necesita traducción, porque las aves no tienen fronteras en pedazos
de tierra, que limiten su procedencia a una zona específica. Son de alguna
forma ”ciudadanas del mundo”; porque tampoco intentaron “construir” una
Torre de Babel, con el propósito de retar a su Creador. Por lo tanto, su
“idioma” no fue cambiado; sigue siendo universal y no necesita traducción.
Los animales, cada día van demostrando que poseen un tipo de lenguaje para
comunicarse entre sí, y tienen además muchas habilidades que su hermano
mayor, el hombre, poco a poco va descubriendo.
En la Universidad de Arizona, en EE.UU., la etóloga Irene Pepperberg ha
estado experimentando con un papagayo, al que se conoce con el nombre de
Alex, sobre la capacidad intelectual que éste parece demostrar, al ser
interrogado sobre el color, tamaño y consistencia de objetos con los que
ha sido entrenado. De tal forma, dicho animalito puede fácilmente y sin
equivocarse, mostrar de acuerdo a lo que se le pide, una pieza de metal o
de madera, según su consistencia y también diferenciarla por su forma o
color.
Mattie Sue Athan, con experiencia en conducta de los papagayos, dice a su
vez que: “Dos papagayos pueden sentirse atraídos uno al otro, con una
especie de amor a primera vista”. Explicaba su apreciación, contando
que en una oportunidad, buscando pareja para una cacatúa macho, consiguió
una hembra bastante atractiva en cuanto a su edad, plumaje y vistosidad. A
pesar de las cualidades que ella encontraba en la cacatúa hembra, el macho
no parecía darse por enterado. Luego de cierto tiempo, tuvo que apartarlos
al no conseguir que hicieran cría. Un tiempo después, le llevaron para que
tratara a una cacatúa hembra, que lucía terrible al haber perdido mucho de
su plumaje y parecía bastante vieja como para poder tener crías; sin
embargo apenas el macho la vió, mostró una actitud muy diferente, como que
había sido flechado y poco tiempo después, pudieron procrear.
En el Centro de Estudios del Lenguaje de la Universidad de Georgia, en los
EE.UU., Kanzi, un chimpancé de 12 años de edad, ha logrado desarrollar su
habilidad mental, aprendiendo de sus instructores, quienes con un lenguaje
simple y enseñándole los símbolos que concuerdan con determinadas palabras,
le han dado las pautas para aprender a diferenciarlos. No habla, pero
señalando diferentes caracteres, expresa sus sentimientos y deseos. Los
biólogos que lo han estudiado, consideran que por ejemplo, su comprensión
gramatical, es equivalente a la de un niño de 2½ años de edad.
En el Laboratorio Marino de la Universidad de Hawai; científicos que han
dedicado sus estudios a la conducta de los delfines y orcas, han llegado a
la conclusión, que éstos, también pueden llegar a entender mediante signos,
pero mucho más complejos que los que entienden los chimpancés. Los
delfines, son entrenados para servir de salvavidas en las costas oceánicas,
inclusive durante esta última guerra con Irak, han sido usados para
detectar minas submarinas; un trabajo que las focas hacen con la misma
destreza. En el aspecto médico, según algunos especialistas, los delfines
parecen tener una influencia especial en el proceso de tratamiento para
niños autistas.
Estudios sobre la conducta de los animales, han demostrado que éstos
también muestran en cierta medida; fidelidad a su pareja, amor por sus
crías y dolor cuando pierden alguno de ellos. Konrad Lorenz, un estudioso
de las costumbres de los animales, dice por ejemplo que: “Dos gansos
tiene mayor posibilidad de enamorarse, si han tenido la oportunidad de
conocerse de pequeños"; como compárandolos con la conducta que suele
ser común entre los humanos.
Hope Ryden, un conocido naturalista ha observado que los coyotes antes de
emparentarse, juegan juntos, se acarician lamiéndose la cara y el lomo;
cazan juntos y comparten sus alimentos. Una vez que el macho posee a la
hembra, se acarician nuevamente y luego duermen juntos. Nuevamente,
similitud con la conducta humana.
Had Williams, otro estudioso de la etología animal, dice que: “Es
importante reconocer que los animales no muestran en realidad un verdadero
amor; sólo están haciendo lo que su genética les induce a seguir”. Nos
expresa así, que al igual que en los humanos, le ha sido programado
genéticamente, el gen del amor.
Como se sabe, la conducta humana, se rige también por la genética. Está
reconocido que por ejemplo entre el hombre y el ratón, hay un 70% de
similitud genética. Es precisamente estudiando a estos animales, que se
logran salvar vidas humanas.
Hasta hace poco se creía que sólo los perros tenían la capacidad para
aprender a ser guías de personas con impedimentos visuales. Ahora se están
entrenando ponis, con los mismos buenos resultados. Existen aves marinas
que desalinizan el agua del mar, como las gaviotas, los pelícanos y las
tortugas marinas, entre otros; beben el agua salada y mediante glándulas
especiales que tienen ubicadas en la cabeza, remueven el exceso de sal. El
hombre para realizar el mismo trabajo, ha debido construir complicadas y
enormes fábricas.
Hay una clase de hormigas llamadas Parasol, que diseñan su propio huerto,
fabrican su propio abono y crían su propio ganado desde tiempo inmemorial.
Cultivan un tipo especial de hongo que les sirve de alimento, el que
abonan con desechos de hojas combinados con su propio excremento. Esta
mezcla, forma una masa esponjosa, que utilizan como fertilizante.
Estudios de científicos galeses, han mostrado que inclusive, estas
hormigas tienen la capacidad de equilibrar sus esfuerzos de trabajo, de
acuerdo a las necesidades alimenticias de su colonia, ahorrando tiempo y
energía. Mantienen además, una especie de pulgones rojos, a los que
ordeñan y les extraen una secreción dulcete. Brillante labor agrícola y
ganadera de estos pequeños insectos.
Una tarea
parecida de cultivo de hongos, realizan las termitas que viven en zonas de
selva y allí no termina la cadena que une al hombre con los animales y
vegetales. Estos hongos, que se desarrollan en el interior de la tierra, a
su vez descomponen la materia vegetal, liberando nitrógeno, fósforo,
calcio y otros elementos que constituyen nutrientes para las plantas, a
las que llegan a través de sus raíces. Luego éstas, nos sirven de alimento.
Las antenas de los mosquitos, son capaces de percibir un cambio de
temperatura de 1/300 de un grado Farenheit. La serpiente de cascabel,
mediante unas cavidades especiales ubicadas en su cabeza, puede por su
parte percibir el cambio de 1/600 en la misma escala. Luego el hombre creó
los sensores que permiten realizar este trabajo, pero seguramente éstos no
son tan perfectos como los de la naturaleza.
Un ave diminuta,
de la especie Dendrioca Striata, inicia cada año su vuelo migratorio
otoñal, desde Alaska, hasta las costas de Canadá o los EE.UU.; punto
intermedio de su larga travesía, donde se provee del alimento necesario
para guardar reservas y poder proseguir su viaje hacia las selvas del Perú
y Brasil. Su instinto le dice que debe esperar por una corriente de viento
frío que cruza a más de 20,000 pies de altura, la misma que la llevará
sobre el océano Atlántico en dirección al continente africano. Reanuda su
viaje y llega hasta otro punto intermedio y nueva etapa de su vuelo, en la
que ingresa en el torbellino de otras corrientes de aire que la hacen
cambiar de rumbo y la dirigen esta vez sí, hacia Sudamérica, su destino
final; una travesía de más de 4,000 kilómetros en unas cuantas semanas. ¿Qué
la guía en todo ese trayecto?
Se cree que los
animales rigen su orientación, por medio de su instinto; pero, ¿cómo fue
éste, programado en sus genes? ¿La naturaleza en este caso, también lo
determinó, simplemente por la unión de ciertos elementos, mediante un
proceso químico solitario?
Muchos
científicos han encontrado evidencias de que los animales aprenden de sus
padres muchas de las acciones que luego en el desarrollo de su vida
realizan. En otras palabras, lo que aprenden se graba en su “memoria”. ¿Es
entonces la vida animal más compleja de lo que creemos?
¿Existe o no,
una inteligencia expresa en las acciones de la naturaleza? En 1637, René
Descartes ya consideraba que algunas especies menores, “...eran más que
simples y aparentes autómatas”.
Por su parte, la Biblia, en el capítulo 12 del Libro de Job, versículos 7
y 8, nos dice: “En efecto, pregunta ahora a las bestias y ellas te
enseñarán; a las aves de los cielos y ellas te lo mostrarán; o habla a la
tierra y ella te enseñará; los peces del mar, te lo dirán también.”
©
Luis A. Ramírez S.
Editor
1 de mayo, 2003 |