"La
nostalgia está de moda", lo escuchamos alguna vez, seguramente en
alguna de las audiciones radiales a las que constantemente
acompañabamos a nuestro padre. Desconocemos quién es el autor de tal
pensamiento, pero creemos que es una frase para siempre. La
nostalgia mantiene perenne el recuerdo de gratas vivencias, y ser
nostálgico, no es vivir de penas como algunos creen, no, por el
contrario, quien no tiene nostalgia, no tiene pasado, no tiene nada
que recordar, no ha vivido lo suficiente como para recrear en su
mente vivencias que hayan dejado huella.
Y hoy
estuvimos en Lima, recorriendo algunos de los lugares que solíamos
frecuentar en la niñez y adolescencia. Nos vimos de pronto en la
Huaca que está ubicada en la Avenida 28 de Julio en Pueblo Libre y
si la memoria no nos falla y el profesor Miranda estuvo en lo cierto
cuando nos enseñaba Historia en la G.U.E. Bartolomé Herrera, se
llamaba Malanca y fue un importante Centro Comercial durante el
Imperio de los Incas.
Pensar
que en aquellas torres y planicies de barro, que muchas veces
frecuentamos, siglos antes habían
coexistido nuestros antepasados, intercambiando productos de metal,
de cerámicos y algunos otros que movían su sistema económico. Todo
ese complejo se ubicaba en lo que hoy comprende los terrenos de las
actuales Universidades La Católica y San Marcos, el Fundo Pando y el
Parque de las Leyendas. A pocas cuadras quedaba Mateo Salado, otro
Centro Administrativo Inca muy importante.
Recordaba
que muchas veces era esa Huaca milenaria, nuestro centro de
esparcimiento, junto con amigos, generalmente compañeros de colegio.
Jugábamos a los "ladrones y celadores", acaso a las "escondidas" e
inclusive al fútbol, en la emplanada de la parte alta. Era tal el
polvo que levantábamos, que todos quedábamos con un color plomizo en
el cuerpo y la ropa.
Esa misma
especie de meseta, a una altura de mas o menos 4 o 5 pisos, otras
veces, era nuestro inmenso salón al aire libre, donde estudiábamos
para los exámenes de finales del año escolar. Era un lugar apacible
donde sólo se escuchaba el trinar de las aves. Unas volaban y otras
reposaban en las chacras contiguas.
Pero lo
simpático es que, todo el viaje y breve estancia por esos lares, fue
por asociación de ideas y recuerdos. Lo que paso es que para hacer
una diligencia en Bayport, un pueblo a media hora de casa, nos
fuimos escuchando un CD que hace poco recibimos de obsequio, con
canciones de la Sonora Matancera y cada uno de aquellos cantantes,
como Leo Marini, Daniel Santos, Carlos Argentino, Nelson Pinedo,
Bienvenido Granda y otros, impregnaron su estilo en nuestras
juveniles neuronas de aquella épocas y todo apareció asi de pronto y
con un don de la ubicuidad increible, nos vimos transportados a un
espacio-tiempo de grata recordación.
Esta
famosa orquesta, llegaba a Lima siempre para animar las fiestas por
Carnavales y de Año Nuevo en el Circolo Sportivo Italiano. Nosotros
vivíamos a cuatro cuadras de la parte posterior que daba a la Ave.
del Río en Pueblo Libre; pero en el silencio de la noche, sus notas
llegaban claras hasta casa y algunas veces, tambien hacíamos
nuestras fiestas con ese fondo musical.
Entre
Malanca y Mateo Salado, en lo que hoy es la Plaza de la Bandera,
también fue un lugar de encuentro para nosotros. Primero con su
permanente Feria, donde íbamos no sólo a pasearnos en los "Carrouseles",
"la Rueda Chicago", los ‘Chachi Kars", sino a saborear muy
agradables anticuchos, hígado, panzita y choncholíes, luego de lo
cual eran infaltables los picarones.
Cuando se
remodeló el sistema vehicular en esa zona y se hizo la Plaza en sí,
en ella se habilitaron canchas de fulbito, donde también llegábamos
sábados y domingos a hinchar redes, driblear adversarios y en la
adrenalina del momento, expulsar tensiones y confraternizar con
gente de otros barrios. Mas tarde, todo ello cambió y se colocó una
inmensa asta con la bandera nacional en el medio.
Hoy
despues de 20 años, muchas otras cosas habrán cambiado en nuestro
querido Pueblo Libre.
Regresando de Bayport, se acabó también el viaje a Lima. Fue un
rejuvenecedor y fugaz recorrido.
© Luis A.
Ramírez S.