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"CORREO DE SALEM"

Colaboración de

EDUARDO GONZALEZ VIAÑA


"CRONICAS DESDE LIMA"

Colaboración de

JOSE LUIS MEJIA


ISAAC GOLDEMBERG

Escritor - Poeta


SALOMON VALDERRAMA C.

Poeta

 
 

Hoy, estuve en Lima

 

"La nostalgia está de moda", lo escuchamos alguna vez, seguramente en alguna de las audiciones radiales a las que constantemente acompañabamos a nuestro padre. Desconocemos quién es el autor de tal pensamiento, pero creemos que es una frase para siempre. La nostalgia mantiene perenne el recuerdo de gratas vivencias, y ser nostálgico, no es vivir de penas como algunos creen, no, por el contrario, quien no tiene nostalgia, no tiene pasado, no tiene nada que recordar, no ha vivido lo suficiente como para recrear en su mente vivencias que hayan dejado huella.

 

Y hoy estuvimos en Lima, recorriendo algunos de los lugares que solíamos frecuentar en la niñez y adolescencia. Nos vimos de pronto en la Huaca que está ubicada en la Avenida 28 de Julio en Pueblo Libre y si la memoria no nos falla y el profesor Miranda estuvo en lo cierto cuando nos enseñaba Historia en la G.U.E. Bartolomé Herrera, se llamaba Malanca y fue un importante Centro Comercial durante el Imperio de los Incas.

 

Pensar que en aquellas torres y planicies de barro, que muchas veces frecuentamos, siglos antes habían coexistido nuestros antepasados, intercambiando productos de metal, de cerámicos y algunos otros que movían su sistema económico. Todo ese complejo se ubicaba en lo que hoy comprende los terrenos de las actuales Universidades La Católica y San Marcos, el Fundo Pando y el Parque de las Leyendas. A pocas cuadras quedaba Mateo Salado, otro Centro Administrativo Inca muy importante.

 

Recordaba que muchas veces era esa Huaca milenaria, nuestro centro de esparcimiento, junto con amigos, generalmente compañeros de colegio. Jugábamos a los "ladrones y celadores", acaso a las "escondidas" e inclusive al fútbol, en la emplanada de la parte alta. Era tal el polvo que levantábamos, que todos quedábamos con un color plomizo en el cuerpo y la ropa.

 

Esa misma especie de meseta, a una altura de mas o menos 4 o 5 pisos, otras veces, era nuestro inmenso salón al aire libre, donde estudiábamos para los exámenes de finales del año escolar. Era un lugar apacible donde sólo se escuchaba el trinar de las aves. Unas volaban y otras reposaban en las chacras contiguas.

 

Pero lo simpático es que, todo el viaje y breve estancia por esos lares, fue por asociación de ideas y recuerdos. Lo que paso es que para hacer una diligencia en Bayport, un pueblo a media hora de casa, nos fuimos escuchando un CD que hace poco recibimos de obsequio, con canciones de la Sonora Matancera y cada uno de aquellos cantantes, como Leo Marini, Daniel Santos, Carlos Argentino, Nelson Pinedo, Bienvenido Granda y otros, impregnaron su estilo en nuestras juveniles neuronas de aquella épocas y todo apareció asi de pronto y con un don de la ubicuidad increible, nos vimos transportados a un espacio-tiempo de grata recordación.

 

Esta famosa orquesta, llegaba a Lima siempre para animar las fiestas por Carnavales y de Año Nuevo en el Circolo Sportivo Italiano. Nosotros vivíamos a cuatro cuadras de la parte posterior que daba a la Ave. del Río en Pueblo Libre; pero en el silencio de la noche, sus notas llegaban claras hasta casa y algunas veces, tambien hacíamos nuestras fiestas con ese fondo musical.

 

Entre Malanca y Mateo Salado, en lo que hoy es la Plaza de la Bandera, también fue un lugar de encuentro para nosotros. Primero con su permanente Feria, donde íbamos no sólo a pasearnos en los "Carrouseles", "la Rueda Chicago", los ‘Chachi Kars", sino a saborear muy agradables anticuchos, hígado, panzita y choncholíes, luego de lo cual eran infaltables los picarones.

 

Cuando se remodeló el sistema vehicular en esa zona y se hizo la Plaza en sí, en ella se habilitaron canchas de fulbito, donde también llegábamos sábados y domingos a hinchar redes, driblear adversarios y en la adrenalina del momento, expulsar tensiones y confraternizar con gente de otros barrios. Mas tarde, todo ello cambió y se colocó una inmensa asta con la bandera nacional en el medio.

 

Hoy despues de 20 años, muchas otras cosas habrán cambiado en nuestro querido Pueblo Libre.

 

Regresando de Bayport, se acabó también el viaje a Lima. Fue un rejuvenecedor y fugaz recorrido.

 

 

© Luis A. Ramírez S.

Editor

24 de enero, 2007

 
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