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La Inmigración Peruana,
Industria peruana más productiva en el
extranjero
Cuando Zavalita,
el personaje principal de “Conversación en la Catedral”, novela del
laureado escritor Mario Vargas Llosa; se pregunta "...¿En qué momento se
jodió el Perú?", no hace mas que plantearse una dolorosa interrogante.
Este personaje, dotado de una fuerte complejidad sicológica, inyectada por
el autor, hace las veces de cada peruano y tristemente inquiere, sobre el
hecho de la debacle que ya se veía venir, por la insolvencia de nuestros
gobernantes y su corrupta posición.
¿Cuál podría ser la respuesta adecuada? En algún otro artículo, el mismo
Vargas Llosa, responde: “¿Todavía lo preguntas, imbécil? El Perú es el
país que se jode cada día". Y con él, también de “jode” todo aquel que ve
limitadas sus aspiraciones, en un medio hostil a esos deseos de superación
y con poco o ningún motivo para aplaudir posiciones políticas, más que
nada demagógicas.
Uno de los peores problemas que surgió ante esta situación, fue el
paulatino desangramiento migratorio del Perú, que se inició desde la
segunda parte del gobierno de Alan García, hasta la fecha, con Toledo.
Alguna vez, el insigne Luis Alberto Sánchez, acusó prácticamente de
cobardes, a todos aquellos que habíamos decidido no seguir colaborando con
regímenes de facto, y menos con civiles corruptos. Este gran pensador, no
se puso nunca en los zapatos del peruano que llegó al climax de la
desesparación, al no encontrar aliciente en su propia tierra.
Y así, se consolidó la paulatina fuga de talentos; claro, de los que aun
tenían cómo hacerlo; los que sí podían, fueron los primeros en irse
alejando. Hoy en día, desgraciadamente hasta los que no pueden, tienen que
ingeniarse la forma de hacerlo; para lo cual, si es posible, “venden su alma al diablo” al decir
de muchos de ellos.
Empero, eso no parece molestar a nuestros gobernantes; por el contrario,
mientras más compatriotas se alejen de la patria, mayor será el envío de
dinero que recibirá el país, con las remesas que enviamos periódicamente y
que les ayudará a nivelar un presupuesto, que sólo favorece sus bolsillos
y el de sus familiares, salvo algunas raras excepciones. La nuestra, la de
los autoexilados peruanos en el exterior, es una industria peruana en el
extranjero, que produce casi $ 2,000.000.000 (dos mil millones de dólares)
anuales, equivalentes al 15% del Presupuesto General de la República.
Ninguna otra industria dentro del país, produce con tal capacidad, ni se
incrementará constantemente como ésta.
Barrios enteros, recolectaron fondos para financiar el viaje de uno o más
amigos. Familias enteras, hicieron lo mismo con sus integrantes; viéndolos
partir uno a uno y muchos de ellos no volverán; pues el aliciente aún no
existe. La “Ley del Retorno”, no le favorece en lo absoluto. El Programa
“Mi Vivienda”, es un mérito propio, no del gobierno. Es el mismo
autoexilado, quien
va a pagar e indirectamente invertir. Los “Consejos de Consulta”, ¿...a quién
consultan?
Al inmigrante peruano, sólo le queda la satisfacción de haber logrado en
un medio extraño, el anhelo que sus gobernantes le negaron. Sin embargo,
al ayudar a sus familiares en la patria lejana, desgraciadamente, colabora
con los mismos gobernantes que lo obligaron a vivir de nostalgias en otras
sociedades extrañas, donde aprendió cuan duro es lograr surgir y donde
seguirá haciendo patria, lástima, lejos de la suya.
Hoy en día es tan importante en el desarrollo del país, la empleada
doméstica que labora en España o Italia; aquel obrero que trabaja en Suiza, Australia
o Alemania; como el Profesor Universitario que enseña en Harvard, el
Médico Cirujano que ejerce en EE.UU. o el científico que labora en Japón o
China.
Este año,
seguirán alejándose más compatriotas. Según últimas encuestas, entre Enero
y Abril, otros 130,000 peruanos ya partieron. Un 74%, desea emigrar (a
España y EE.UU. principalmente). Igualmente, muestra que un 83%, compuesto
por jóvenes entre las edades de 18 y 24 años, tiene el deseo de emigrar,
sobre todo, las mujeres.
¿Hasta cuándo
se seguirá jodiendo el Perú?
© Luis A. Ramírez S.
1 de junio, 2005
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