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La
Pasión de Cristo
Asistí a ver la película “La pasión de Cristo”, que en estos días está
causando mucha controversia y a la vez convirtiéndose en un record de
taquilla y no he visto por ningún lado, motivo para “odiar a los judíos”,
como dicen los “puritanos” norteamericanos; aun cuando en realidad, fueron
los soldados romanos los ejecutores de tal atrocidad.
No hace mucho, visité Pearl Harbor en Hawai, donde formando parte del paquete
turístico está el hacer conocer la historia de este puerto, para lo cual
se proyecta fílmicamente, el condenable ataque del que fue objeto por
parte de los japoneses y a pesar de salir conmovido por lo visto, no se me
ocurrió alimentar en mí, algún tipo de odio hacia los japoneses, a quienes
en esa misma oportunidad veía por miles en ese mismo escenario.
Por otro lado, me pregunto si los judíos, cada vez que ven la película
"Schindler's List", realizada en 1993, por el cineasta Steven Spielberg,
odian más a todos los alemanes. Pienso que
son hechos cuya culpabilidad o no, pertenecen a los hombres que vivieron
en ese espacio-tiempo.
Desde que pude ver la primera versión de esta parte de la historia del
“hombre”, el guión o mejor dicho la historia no ha cambiado y no tendría
por qué cambiar, algo que se inició aproximadamente por el año 30, en un
pueblo palestino, donde un carpintero judío inició su prédica para salvar
a la humanidad. Fue el mismo pueblo judío que creyó ver en él, aquel
Mesías prometido que por siglos, esperaban con ansiedad. Sin embargo, una
parte de aquellos judíos, sobretodo los integrantes del Senado romano,
fueron sus enemigos y quienes conspiraron para su muerte, encontrando en
la ambición de Judas Iscariote, el medio para lograrlo.
Fueron judíos, quienes condenaron a Jesús, seguramente porque la
historia se vivió en esa parte geográfica del mundo, como igualmente, estamos seguros que si hoy mismo volviera el “Mesías”, sería nuevamente
torturado por gran parte de algún pueblo, donde la historia se volviera a
repetir. A nadie humanamente consciente, se le puede escapar que el
escenario es el mismo, en unos lugares más gravemente que en otros, donde
el individualismo, el afán de lucro y la sexualidad tergiversada y sin
barreras, está haciendo mella.
Ahora, el actor y director australiano Mel Gibson, está viviendo su propio
“via crucis”, por atreverse a querer contar nuevamente este relato del
evangelio.
Que la obra, es cruda y violenta, no cabe duda. La flagelación de 39
azotes sufridos por Jesús, con la corona de espinas ya incrustada en su
piel y con el peso de una inmesa cruz a cuestas, es crudo y violento; como igualmente lo fue el acto de ser clavado de pies y manos en dicho madero y
luego, cuando se encontraba más indefenso aun, al ser acometido con una lanza en las
costillas.
Que no es apta para niños ni jóvenes, tal vez; pero ello no cambia la
historia. Este largo metraje es una escenificación de lo que realmente
aconteció tal como el evangelio lo enseña y lo que no entiendo es cómo
estos “puritanos”, han puesto el grito en el cielo por la violencia que
dicen tiene la obra, cuando existen cientos de otros largo metrajes y
juegos electrónicos, que la incitan impúnemente, siendo más perjudiciales
en el desarrollo emocional de los niños y jóvenes, por quienes dicen
protestar.
Lo que pasa es que estos puritanos, quieren que la religión sea como un
partido político, en donde cada quien tenga el “libre albedrío” de cambiar
de opción, de acuerdo con lo que los candidatos ofrezcan. Una religión
como la cristiana con tantos adeptos, es un obstáculo para sus ideales y
lamentablemente, toman ventaja de la poca fe de muchos. Como prueba, vemos
como nacen nuevas “religiones”, cada día.
El único consuelo que nos queda es que el “Mesías” volverá y con el inmeso
amor que nos ha enseñado, ofrendará nuevamente su vida, en haras de la
renovación de nuestra humanidad pecadora; aun cuando para ello,
lamentablemente habrá de pesar nuevamente por el mismo salvajismo del que hoy,
muchos, hipócritamente se horrorizan .
© Luis A. Ramírez S.
8 de marzo,
2004
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