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Nación Aymara
La corrupción, la crisis política y económica, el racismo que no es
privilegio de países más avanzados, donde la inmigración masiva en parte
lo causa; también se vive en esta parte del planeta, desde tiempo
inmemorial. Desde cuando igualmente otros “inmigrantes” llegaron,
desgraciadamente con afanes de conquista y fue precisamente contra gran
parte de la civilización aymara, que se realizaron tantos actos de
violencia y sometimiento.
A pesar de los 5 siglos transcurridos, este grupo étnico aun poseen todas
las características de una nación: tienen territorio, el que está
compartido entre Bolivia, Chile y Perú; lengua, costumbres, cultura e
historia; y como se van dando los acontecimientos, parecería que esta
nación, desea emerger desde dentro de sus cenizas, en rechazo del racismo
y postergación al que es sometida, directa e indirectamente.
Hay que considerar que la posible nación Aymara, cuenta con una población
de casi 2 millones de habitantes repartidos en territorios de Bolivia,
Perú y Chile; en el mismo orden según cantidad de habitantes. Bolivia
alberga a casi un millón y medio de ellos, siendo la mayor. Mantienen su
lengua, el aymara, que es la más usada en las zonas rurales, desde Puno (Perú),
hasta Oruro (Bolivia) y en ciudades importantes como El Alto, La Paz. Su
rasgos son peculiares: tez oscura y contextura baja y corpulenta. De
espíritu comunitario y creencias en la divinidad de la tierra, las
montañas y el cosmos.
Según sus reclamos, los gobiernos del Perú, Chile y de Bolivia, han estado
realizando trabajos de captación y succión de aguas subterráneas, además
de la desviación del curso de los ríos, provocando un desequilibrio
ecológico que altera el eco-sistema, de la madre tierra (Pachamama), al
cortar los flujos de aguas que refluyen a la superficie, como manantiales
y ríos, fuente de vida principal para valles, cuencas hidrográficas e
higrográficas; acción que atenta directamente contra sus hábitos de vida
cotidianos alrededor de las montañas andinas. Todo ello, ha motivado la
sequedad de la tierra y como consecuencia la muerte o emigración de sus
animales y la de ellos mismos.
Ninguno de los tres gobiernos que comparten el territorio Aymara, parece
tener interés en apoyarlos y peor aun, parecen querer aniquilarlos
teniendo como objetivo el apoyo a nuevos latifundistas asentados en las
costas del Pacífico e inclusive crear divisiones sobre qué curso ha de
seguir el gas boliviano de Tarija. Hay quienes se oponen al nacionalismo
que tienen y pretenden fomentar una confrontación entre los bolivianos de
las tierras altas con las bajas, que podría favorecer que el gasoducto
pase por Chile. Hay otras tendencias que quieren por el contario que éste,
pase por el Perú.
En las últimas semanas, la electrónica globalizante, nos ha llevado a
saber de una ola de ‘‘ajusticiamientos’’ populares contra alcaldes “corruptos”.
Una especie de “Fuente Ovejuna”, aquella obra de Lope de Vega que
estudiáramos en Secundaria. En ella, también el pueblo se levantó en
contra de su gobernante en forma unánima “...todos a una”.
Algo parecido ocurrió por ejemplo en Ilave, ciudad aymara del Perú, cuando
una turba de más de 10 mil personas, linchó a su Alcalde, el 26 de Abril
pasado. Luego, el 19 de mayo en Desagüadero, tierra que comparten Bolivia
y Perú; otro grupo de personas ejecutó a un ladrón. El 15 de junio, el
Alcalde de Ayo Ayo, pueblo de 7,000 habitantes que se encuentra entre La
Paz y Oruro; fue secuestrado y linchado. Todos estos actos, tiene los
mismos patrones de “justicia” y rebelión.
La pregunta ahora es si en un futuro, podríamos estar enfrentando
conflictos étnicos más graves como los que se viven en el medio oriente:
judíos y paletinos. En Irak y Afganistán: Chiitas, Sunitas y Kurdos. O
como los sucedidos en el viejo mundo, como la desintegración de la Unión
Soviética y la federación Yugoslava.
La resolución N.-1514(XV) de la Asamblea General de las Naciones Unidas,
de fecha 14 de diciembre de 1960, condena la subyugación, dominación y
explotación que atente contra los derechos fundamentales de los pueblos.
La misma norma reglamenta que todos ellos, tienen el derecho a la libre
determinación en su condición política, económica, social y cultural.
De esta forma, la reconstrucción de la Nación Aymara, parece estar amparada
por su propia
historia y la legalidad de los derechos que poseen para su libre
determinación, sin embargo habrá que esperar a que la capacidad
de sus dirigentes, pueda mostrarles el camino más adecuado a seguir.
© Luis A. Ramírez S.
Junio 16, 2004 |